El mundo perdido

El caserío es el edificio por antonomasia del mundo rural de la vertiente cantábrica, incluido el Alto Nervión. Hay diferentes tipos de caserío en función de sus características arquitectónicas pero, independientemente de ello, se caracteriza por reunir vivienda, cuadra y pajar bajo un mismo techo. El caserío como elemento arquitectónico tal y como lo hemos conocido nació tras el final de la lucha de bandos en los primeros años del XVI o, quizá, ya en los últimos de la centuria anterior, cuando sustituyeron a las mucho más modestas casas de madera en las que habitaron previamente los labradores vascos.

La sustitución del hábitat característico de la Edad Media por el mundo de los caseríos fue todo un cambio en el paradigma habitacional aunque muy probablemente por lo general los segundos se superpusieron a las primitivas casas de madera. En todo caso, creemos que en este proceso de cambio hubo una serie de barrios y casas que no experimentaron esa transformación, o la experimentaron sin éxito, para desaparecer de la historia. Diversas referencias documentales que reseñamos a continuación nos impulsan a desarrollar la citada idea.

 

En primer lugar, las fogueraciones de Urduña/Orduña de los años 1511 y 1514 constituyen una fuente de enorme valor para acercarnos al hábitat y a la gente que habitaba la ciudad por aquel entonces. Nosotros nos fijamos en la de 1514 y en la Junta de Ruzabal; suponemos que en este momento se debía estar produciendo el cambio de un modelo constructivo a otro. Por ejemplo, en Lendoñogoiti existían 9 fuegos o casas –la cantidad más elevada de toda su historia conocida- además de otras 6 casas vacías sin habitar. No es esta localidad la única que presentaba entonces un censo edificatorio notablemente superior al que tendría en momentos posteriores. Así, Belandia estaba muy poblada en 1514: había 11 casas en el barrio de Ugarte, 9 en Arbe, 19 en Belandiabizkaiar (y varias de ellas con 2 fuegos) y 5 en Urrutxi, cantidades ellas muy superiores a las que mostrarán en siglos sucesivos. Existían, además, dos casas vacías.

En Belandia en concreto nos llama la atención un vecino que aparece en el barrio Bizkar: Pedro de Gabiña “dicho de Ynsuardi”. En 1511 figuraba Juan de Gabiña y ambos son citados en una escritura de 1491[1]. Pensamos que estos hombres procedían de la casa y solar de Gabiña: en 1654 se sitúa el solar de este apellido en Belandia, en una casa ya inhabitable y demolida[2]. Suponemos que estuvo en el término de Gabiña, alejado del barrio Bizkar, más próximo al Camino Real de la Sopeña y muy posiblemente donde se localizó la “villa de Gavinea” que Alfonso VII de Castilla donó en el siglo XII al abad de San Clemente de Obaldia.

Al igual que la casa de Gabiña terminó por desaparecer seguramente a lo largo del XVI, tampoco sobrevivieron las “caserías de Garay” que aparecen en un apeo de 1454, cuestión tratada por S. Velilla en la revista Aztarna. Ambos términos ocupan una posición más elevada y próxima al Camino Real de la Sopeña que el resto de barrios de Belandia; creemos que la pérdida de importancia de este camino sin duda hubo de influir en la despoblación no solo de los citados barrios sino también de Lendoñogoiti y otros lugares que citamos a continuación.

Es el caso de la casa de Garboaran, en jurisdicción de Madaria, que se menciona como “solar” en documentación del convento de San Juan de Quejana y que en 1562 estaba habitada por Juan Martínez de La Llosa. En la fogueración de 1590 posiblemente ya no aparece. Y antes aún debió desaparecer el solar de Menerdo, entre Agiñaga y Madaria, de donde habría procedido Bela Álvarez de Menerdo, documentado en 1114; y quizá el de Munika Arriaga en Salmanton, ya que el mismo año se citaba a Álvaro Muñoz de Munica Arriaga.

Otros solares desaparecidos, estos de manera más inmediata al momento de la transición habitacional, son los de Utiligaña en Beotegi y el de Iturriotz, al parecer también en esta misma localidad, que para 1521 estaban caídos según se refleja en documentación conservada en el archivo del convento de San Juan. Por último, desconocida nos es también la ubicación de la torre de Ugando, propia de Juan Fernández de Torre, que Pedro López de Ayala quemó a mediados del siglo XV junto a la de Diego de Balza y otras.

 

Otro ejemplo lo tenemos en Saratxo. Disponemos de una lista de casa diezmeras de la parroquia de San Nicolás, también procedente del archivo del convento de San Juan, posiblemente del año 1552, en la que el número de casas es indudablemente superior a las que aparecen en las fogueraciones de 1562 y sobre todo 1590. Es decir, se redujo el censo habitacional. Además, aparecen topónimos como las casas de Senasur, Mendigar o el molino de Lesasu, del todo desconocidos hasta el momento. Y es necesario destacar también los cinco vecinos que tenía en el barrio de Akexolo, que pronto se redujeron a una o dos.

Quizá lo mismo que en Belandia ocurrió en Lezama, si bien la referencia documental es muy posterior. En un apeo de 1736 entre Lezama y Aloria se citan las “casas viejas de Gurbista”, de las cuales no tenemos ningún tipo de noticia previa, ya que en las fogueraciones del XVI ya aparecen las mismas casas de Gurbista que existieron en los siglos siguientes. Puede que haga referencia a la existencia pretérita de otras casas en una situación más elevada a la que luego ocupó el barrio de Gurbista.

 

Tenemos noticias de una serie de casas que desaparecieron a lo largo del XVI y primeros años del XVII sin que podamos precisar si fueron casas que desaparecieron por incendios u otros motivos o caseríos de muy corta vida, etc. Una de ellas estuvo en Lezama, muy próxima al barrio Unzueta. En 1580, cuando se describen los bienes de Pedro Martínez de Landa, el topónimo de Ugarte se repite varias veces: la barrera de Ugarte, la cerrada de Ugarte, el camino de Ugarte, río que viene de Ugarte al molino de Landa y, finalmente, la propia casa de Ugarte[3], cuya mitad había sido de los difuntos Juan Martínez de Landa y su hijo Juan. En 1562 estaría habitada por Juan Pérez de Ugarte pero ya no aparece en 1590. En 1631, el manzanal de la casa encimera de Landa estaba “pegante con las heredades que de la dicha acera estan a la propia acera hasta la casa de Ugarte”[4]. En 1656, finalmente, se citaba la “casa cayda de ugarte sita en este dicho lugar”, que era o había sido de Pedro de Ugarte y su madre Maria de Urrujola, personas que no hemos podido localizar en registros parroquiales.

No muy lejos de allí se encuentra el coto redondo de la casa de Egiluz, dentro del cual se encontraba el solar de Alpitxu. Aquí debieron habitar Martín López de Alpichu y Maria de Oyardo Aramburu en el siglo XVI. En 1663 estaba caída, quedando solo unas ruinas, e incluso testigos de mucha edad afirmaban no haberla visto nunca en pie[5].

En Amurrio, los enviados a certificar la hidalguía de Francisco de Murga Orue, de Artomaña, no encontraron más que un trozo de pared vieja de lo que había sido el solar de Orue, propiedad en 1629 de Antonio de Orue, hijo de Diego. Poco antes, en 1626, Diego de Uriarte el mayor recibió posesión de la casa demolida de Latatu, en una zona entre la iglesia y Zabalibar, que había sido de Francisco de Larrazabal López de Ugarte. También en esta localidad, en 1663-64, en el expediente de hidalguía de Domingo de Lasarte Larrarte se cita la casa solar de Larrarte “la antigua”, que se deshizo.

Finalmente, en 1674 los testigos del expediente de hidalguía del vecino de Bilbao Juan Bautista de Barambio Olarte dijeron que la casa de Barambio estaba en el lugar del mismo nombre, que era muy vieja y estaba caída y prácticamente inhabitable pero hecha en forma de palacio y sus ruinas daban grandes indicios y demostraban mucha antigüedad y nobleza. Era propiedad de Martín de Barambio pero no tenemos ninguna otra noticia ni sobre la casa ni sobre esa familia, a pesar de que los registros parroquiales y notariales sobre esa época no son pocos.

 

Son noticias dispersas encontradas al azar, unidas solo por una teoría que fácilmente puede estar errada, pero que invitan a profundizar en el conocimiento de una cuestión, el paso del hábitat medieval al moderno (entendido como propio de la Edad Moderna, siglos XVI-XVIII), apenas estudiada. Unas noticias que nos ponen también en contacto con un pasado ya desaparecido, con una realidad que se agota, como tarde o temprano les ha ocurrido a todas las sociedades históricas. No es una reflexión estéril a la luz del gran cambio que ha experimentado el paisaje de nuestra comarca sobre todo en el último medio siglo y ante la incertidumbre qué nos depara el futuro que estamos construyendo.

 

 

[1] Salazar Arechalde, J.I.: La Comunidad de Aldeas de Orduña. La Junta de Ruzábal (Siglos XV-XIX). Orduña, 1989. pp. 152-154.

[2] Archivo Foral de Bizkaia: Administración de Bizkaia, Gobierno y Asuntos Eclesiásticos AJ03213/011

[3] Real Chancillería de Valladolid, Registro de Ejecutorias, Caja 3080, 20

[4] Ibidem

[5]Archivo Foral de Bizkaia: Administración de Bizkaia, Gobierno y Asuntos Eclesiásticos, AJ03216/019

 

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