Ozeka (1727)

 

 

11 vecinos propietarios, 5 moradores, 2 viudas y 1 pobre. 7 que habian donado sus bienes

 

 

Miguel de Zubiaga Arechavala, casado con Ángela de Acha Menoyo, de esta misma localidad

Lucas de Zubiaga Menoyo, casado con Maria de Rebilla Gorbea, natural de Beotegi. En el barrio Palacio

Juan de Echavarri Murga, casado con Maria de Lafuente Belaunde. Maria de Belaunde ya había donado sus bienes. Posiblemente, en el barrio Gorbea

Andres de Acha Menoyo, casado con Manuela de Echaurren Mendia. Joseph de Acha ya había donado sus bienes. Posiblemente, en el barrio Gorbea

Domingo de Velasco Trasviña, casado con Lorenza de Gorbea Villodas

Francisco de Zubiaga Menoyo, casado con Maria Rosa de Belaunde Garay

Manuel de Zubiaga Gorbea, casado con Madalena de Iturricha Echaurren, natural de esta misma localidad

Francisco de Zubiaga Gorbea, natural de Salmanton, casado con Casilda de Menoyo Irabien, de Beotegi. En Ulibarri

Asencio de Zubiaga Menoyo, hijo del anterior, casado con Teresa de Menoyo Echaurren. Francisco de Menoyo y su mujer habían donado sus bienes.

Domingo de Cereceda Obaldia, de esta localidad, casado con Felipa de Arechabala Echaurren. Domingo de Cereceda ya había donado sus bienes. En el barrio Palacio

Juan Antonio de Zubiaga Arana

 

Moradores

Alonso de Angulo Ochoa de Mugaburu, natural de Artziniega, casado con Francisca de Ulibarri Arrate

Valentin de la Fuente Zubiaga, natural de Ozeka, casado con Maria de Ulibarri Arratia, de Menagarai

Pedro de Angulo Retes, casado con Antonia de Gorbea Mendieta, y Domingo de Gorbea

Francisco de Ripa

Pedro de Norzagarai Añes, natural de Añes, casado con Maria de Malquartu Robina, de Beotegi. Al parecer, residían en Arraza

 

 

Viudas:

Thomasa de Villodas Campo, viuda de Domingo de Gorbea, en bienes de su hijo menor

Maria de Angulo moradora

 

 

Pobre:

Maria de Urrutia Uliarte, viuda de Matheo de Gorbea Oribe

 

 

Tenian donados sus bienes:

Domingo de La Viña

Francisco de Zubiaga

Juan de Arratia

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Erbi (1727)

 

 

14 vecinos propietarios, 2 moradoras, 4 viudos/as moradores y 2 pobres. 6 que habian donado sus bienes

 

 

Francisco de Urruela Aldama, natural de Erbi, casado con Maria de Llano La Viña, natural de Soxo

Antonio de Norzagarai Inorriza, de Llanteno, casado con Casilda de Llano

Juan de Arana

Miguel de Menoio Mendieta, casado con Isabel de La Camara Urruela, de Soxo

Francisco de La Fuente, quizá casado con una mujer apellidada Respaldiza

Francisco de Madaria Chabarri, casado con Maria de Cereceda Obaldia. Hay un Juan de Cereceda que había donado sus bienes

Juan de Zubiaga, casada con Campo

Domingo de Gorbea Zubiaga, natural de Menoio, asado con Juana de Lapresa La Fuente

Juan de La Fuente

Pedro Simon del Campo Zubiaga, casado con Maria del Campo Castresana, de Añes

Domingo del Campo

Domingo de Urruela Aldama, de Erbi, casado con Francisca de Durana Retes, de Agiñaga

Andres de Sarama Angulo, natural de Soxo, casado con Andresa de Inoriza Iturricha

Mathias de Angulo Retes, natural de Ozeka, casado con Maria de Inorriza Gorbea, de Erbi. Domingo de Inorriza había donado sus bienes

 

Moradoras:

-Cathalina de Durana

-Josepha de Llano, solteras

 

Moradores viudos y viudas:

-Juan de Arana

-Brijida de Aldama

-Pasquala de Zubiaga

Cathalina de Iturricha Aldama, viuda de Christobal de Obaldia Aldama, natural de Madaria

 

Pobres:

Francisca de Angulo viuda, quizá de Iturricha

Maria Cruz de Respaldiza

 

Tenian donados sus bienes:

-Juan de Retes

-Martin de Menoyo

-Francisco de Aldama

-Francisca de la Fuente

El Choricero

 

 

A principios del mes de noviembre de 1903 se produjeron robos en las casas del Marqués de Urquijo en Laudio/Llodio y en otra casa del valle de Okondo. El día 10, sobre las 16.00 horas, alguien entró en la casa de Manuel Quintana La Cámara en Lejarzo y, después de descerrajar muebles y desbaratar cuanto halló a su paso, se llevó 1.365 pesetas en billetes del Banco de España y en plata.

Estos hechos motivaron que el teniente de la Guardia Civil de Amurrio, Gabriel García, comenzase a practicar las diligencias necesarias para dar con el responsable del robo. Así, se descubrió que un sujeto al que llamaban el “Choricero” había sido visto en la zona, de modo que, sospechando de el, se puso vigilancia en montes, encrucijadas y en los parajes más abruptos.

Las indagaciones les terminaron por llevar a Bilbao, donde pidieron auxilio al Jefe de la Guardia Municipal, que prestó a García a tres de sus agentes.

El día 13, hacia las 12 de la noche, el teniente García se hallaba en el puente de Isabel II -actual puente del Arenal- cuando se acercó uno de los agentes y le comunicó que en un café de la calle Barrencalle-Barrena se hallaba un sujeto cuyas señas coincidían con las del hombre que estaban buscando. Y, en efecto, allí fue atrapado. Se le incautaron 1.200 pesetas en billetes, un portamonedas con otras 20 pesetas en plata, y una navaja.

Aunque negó haber tomado parte en los citados robos, la cartera que portaba era indudablemente la de Quintana, por lo que fue detenido y trasladado a la cárcel de Amurrio. El Choricero resultó ser Emeterio Iñiguez de Onsoño Aldecoa, tenía 32 años, era soltero y natural de Amurrio, más concretamente del barrio de Berganza.

Los carreteros castellanoparlantes de Amurrio

14 de noviembre de 1828

 

 

Anochecía. Domingo de Bernaola quería llegar cuanto antes a Arrigorriaga, a la ferrería de Agirre, en compañía del maestro barquinero que su tío Juan Manuel le había mandado buscar en Laudio/Llodio. A lomos de su caballo, no podía apretar demasiado el paso, ya que el maestro que había contratado caminaba a pie, pero tampoco era cuestión de perder el tiempo detrás de los 7 carreteros que, llegando a la ferrería de Gastaka en Arrankudiaga, trajinaban con sus carros cargados de trigo en dirección a Bilbao ocupando prácticamente todo el ancho de la calzada. Por alguna razón que no se expresa, supo que eran de Amurrio. Les pidió permiso para pasar y adelantarles.

Según declaración de un testigo llamado José de Urresti, los cuatro primeros carreteros le dejaron pasar pero el caballo de Bernaola derribó al quinto, un hombre al que sus compañeros se dirigieron, una y otra vez, como “Godoy”. Al parecer ocurrió sin intención alguna y Domingo le dijo que si había hecho algún daño lo pagaría al momento, pero la respuesta de los de Amurrio no se hizo esperar: arremetieron contra Bernaola palo en mano mientras el tal Godoy gritaba “a ese, seguirle a ese” y le dedicaba epítetos tales como arlotaro, pícaro bribón y otros. Ya delante de la casa de Gastaka, le dieron alcance, asieron la cabalgadura y lo desmontaron a garrotazo limpio hasta que fue socorrido por el dicho Urresti y otros vecinos como Mateo de Amechazurra.

Éste preguntó la razón de darle semejante trato a Bernaola y Godoy replicó “no vea Vmd [Vuestra Merced] como me ha maltratado a mi, mire V[sted] la herida que tengo” pero en opinión de Amechazurra no tenía nada de nada y así se lo hizo saber. Aún y todo, siguió arengando a sus compañeros para que mataran al hombre, de modo que lo derribaron del caballo de nuevo. Solo cuando Amechazurra amenazó con avisar a las justicias cesaron la paliza y cada uno siguió su camino, algunos mejor que otro. Bernaola hubo de ser examinado por el médico al llegar a la ferrería, donde tenía su habitación, pero sus heridas no son objeto de atención preferente en este relato.

Los carreteros continuaron hasta la casa de Ubilla en Ugao-Miraballes, donde cenaron tanto ellos como sus animales de tiro hasta que retomaron el camino a Bilbao hacia las 2 o las 3 de la mañana. Los carreteros de Amurrio tenían costumbre de parar en el mesón de Mathias de Zalbidegoitia en Atxuri y al parecer también pasaron por allí en aquella ocasión, aunque debieron tomar el camino de vuelta sin mayor dilación, ya que esa misma noche hicieron parada y fonda en el mismo mesón de Ugao-Miraballes aproximadamente por idénticas horas que la noche anterior.

El dato más interesante de esta historia es de naturaleza lingüística y no demasiado habitual, como todo dato que haga referencia al idioma hablado, al menos en lo que respecta a nuestra comarca. Denunciada la agresión por Bernaola, las justicias se desplazaron a la casa de Ubilla para ver qué sabían allí del caso, por si los carreteros de Amurrio habían hecho alguna mención del suceso en las dos ocasiones en las que se habían detenido allí. Fue en vano. Y es que los hombres que los atendieron, José Andrés y José de Basauri, respondieron que nada podían decir, porque los susodichos hablaban en castellano, idioma que el primero no “poseía” y el segundo “muy poco”.

Antes de pasar a examinar el dato lingüístico, merece la pena señalar que José de Basauri sí que declaró, en todo caso, que el tal Godoy se llamaba en realidad Fernando de Aguirre y era propietario y vecino de Amurrio “yendo del camino a Orduña a la izquierda junto o tras de una torre vieja”, en referencia a la de Mendixur, ya en las últimas. Cuando fueron a detenerla a dicha casa, no estaba en ella y de hecho no se entregó hasta finales de enero de 1829 en Bilbao. Godoy argumentó que iban dejando espacio suficiente en la calzada y que Bernaola llegó galopando y sin moderar el paso, de modo que lo arrolló y arrojó a tierra con gran peligro de haber perdido la vida entre los carros, y es por eso que sus compañeros trataron de detenerle ignorando el qué resultó de todo aquello. No se le dio demasiada verosimilitud a su testimonio. No sabemos en qué acabó todo ello pero lo cierto es que tampoco sabemos, al menos de momento, lo que fue de Fernando, ya que no hemos hallado su partida de defunción.

Fernando de Aguirre Sautu había nacido en Amurrio en 1771, por lo que tenía ya 57 años. Su padre era natural del mismo lugar, también se llamó Fernando y posiblemente vivió en la misma casa que heredó su hijo, la cual reconstruyó hacia 1763 tras un incendio. Su madre era natural de Larrinbe, del barrio Mendibil. Estaba casado con Maria Josepha de Echeguren Zulueta, que era también de Amurrio, concretamente de Zabaleko. Era, por lo tanto, un amurriano prácticamente de pura cepa. Para entonces, año 1828, ya tenía una hija casada en Murga con Juan Francisco de Salazar Landaburu, a quien llamaban “Zentella”. Tuvo, además, una hija casada en Lezama, otra en Laudio/Llodio y a Isidra, que se casó con Manuel de Arberas Landaburu y posteriormente con Valentín de Aldama Zulueta, todos ellos de un cierto poder adquisitivo -dentro de los límites de los labradores propietarios, claro está-. De hecho, Dionisio de Aldama Aldama fue hijo del segundo matrimonio de Valentín tras la muerte de Isidra. En resumen: Fernando de Aguirre “Godoy”, labrador y arriero, era un hombre con “posibles”, bien considerado y situado en el escalafón social del Amurrio de la época.

Es posible también que fuera un poco conflictivo, quizás altivo. Por si fuera poca cosa la furibunda reacción al incidente del caballo, respondió con cierta soberbia a las justicias cuando presentó su defensa en el caso. Además, unos años antes había sido denunciado por desacato por insultar a Félix de Aldama cuando era alcalde, en un pleito que llegó hasta la Chancillería de Valladolid. Es de pensar que recibió su mote de Manuel Godoy, el que fuera célebre y polémico primer ministro de Carlos IV. Quizá fue defensor del mismo, quizá fue un furibundo detractor, lo cual sería más probable que lo primero, quizá recibió su mote por cualquiera de los insospechados motivos por el cual ponemos a una persona un mote que le acompaña toda la vida hasta sustituir su nombre verdadero.

Desgraciadamente, no sabemos quiénes fueron sus 6 acompañantes. De lo que no hay duda es que se comunicaban en castellano, no en euskera. Uno puede hacerse muchas preguntas al respecto: ¿hablaron en castellano para no ser entendidos por los posaderos? No resulta verosímil. ¿Sabían euskera? Y, si era así, ¿por qué no lo hablaban entre ellos?

El problema es nuestro desconocimiento de la identidad de todos los carreteros para determinar el origen y circunstancias de cada uno de ellos. La cronología sobre el momento en que el euskera se dejó de hablar en Amurrio se sustenta en datos aislados, generalidades, pero pocos asideros concretos. Se cree que la Guerra Carlista fue un golpe definitivo pero, siendo lugar de paso y un pueblo en el que se asentaron no pocos individuos procedentes de entornos no euskaldunes, no sería de extrañar que el castellano estuviera ya muy extendido con antelación. En todo caso, creemos que en la Tierra de Ayala el bilingüismo y la convivencia de lenguas fue algo más extendido de lo que creemos y persistente en el tiempo hasta el definitivo retroceso del euskera.

Como a veces ocurre en la actualidad, quizá alguno de nuestros carreteros no sabía euskera y por eso hablaban entre sí en castellano; un idioma que debían conocer aunque eso no resta para que alguno tuviera dificultades para expresarse en el mismo. Sin embargo, el testimonio es claro: el castellano era su vehículo de comunicación. Y lo sería de manera habitual. 

¿Eso excluye el conocimiento del euskera? En absoluto. Fernando, nacido en 1771, muy posiblemente lo sabría. Quizá otros también. De alguna manera debieron comunicarse con unos posaderos que no tenían ni idea de castellano, aunque no deja de ser cierto que debieron ser muchos los castellanoparlantes que, rumbo a Bilbao o de vuelta a Castilla y otros parajes, hicieron parada en dicha casa. Al fin y al cabo, siempre hay una manera de entenderse a la hora de prestar y recibir los servicios básicos.

Para finalizar, volvemos a aquella hija de Fernando que se había casado en Lezama. Se llamaba Josefa y contrajo matrimonio con Antonio de Arana Lezameta, del caserío Sautuko y propietario de varias casas más. En Lezama, según los testimonios históricos, el euskera se perdió más tarde que en Amurrio. Entre otros hijos, tuvieron una llamada Francisca, nacida en 1847. En el padrón de Bilbao de 1920 (sobre el que iremos aportando en el futuro más información para el estudio de la historia del euskera en la comarca), Francisca se declaraba euskaldun, al igual que dos de sus hijos, habidos con un hombre natural de Zuaza, y un sobrino natural de Durango. ¿Era su lengua materna, que había conservado, o la había aprendido en los largos años que estuvo viviendo en Bilbao? Ambas hipótesis son plausibles. Desgraciadamente, poco más es lo que se puede hacer con los testimonios disponibles. Seguir investigando para obtener un cuadro lo más completo posible.

 

 

FUENTE PRINCIPAL:

Archivo Foral de Bizkaia: Judicial, Corregidor, Criminal, JCR0999/001

Añes (1727)

14 vecinos propietarios y 1 viuda.

5 que habian donado sus bienes

 

 

Vicente de Aldama Fernández del Campo, casado con Maria Santos de Obaldia Murga, ambos naturales de Añes. Su abuela Ángela de Menoyo ya había donado sus bienes

Juan de Irabien Mendieta, natural de Arespalditza/Respaldiza, casado con Francisca de Ulibarri Añes, de esta localidad. Su suegro Ventura ya había donado sus bienes.

Francisco de Arechavala Arana, natural de Llanteno, casado con Maria Cruz de Llano La Quintana, de Añes

Juan del Campo Castresana, natural de la localidad, casado con Francisca de Robina Chabarri, de Beotegi. Posiblemente en Soañes.

Plácido de Ulibarri Barbadillo, de Añes, casado con Juana de Mendico Ribero, natural de Beotegi

Andrés Gómez Ruiz de Llarena, casado con Magdalena de Obaldia Urruela, de esta localidad. Posiblemente en Soañes. Los padres de ella ya habían donado sus bienes

Lucas de La Camara Sobrevilla, natural de Soxo, casado con Maria de Urruela Cereceda, de Añes

Juan de Sarachaga Domingo de Urieta. Aparecen así, juntos. Debían ser Juan de Sarachaga Olabarte y Francisca de La Torre Arana; y Domingo de Birrieta Retes y Maria de Ribacoba Castresana

Antonio de Menoyo, casado con Angela de Angulo, quizá hija de Juan, que ya había donado sus bienes.

Francisco de Arechavala La Viña, de Añes, casado con Maria de Vulpijeras Berrones, de Soxo

Francisco de Aldama Norzagarai, natural del mismo lugar, casado con Gregoria de Zaballa Arechabala, de Beotegi

Pedro de Obaldia Murga, de Añes, casado con Josepha de Norzagaray Castresana, de Llanteno. Su padre Pedro ya había donado sus bienes.

Juan de Irabien. Puede ser un error porque solo hay uno de este nombre en los registros parroquiales

 

 

Viuda

Angela de Gorbea, quizá viuda de Robina

Lexartzu (1727)

6 vecinos propietarios y 2 viudas.

Figura como Lexarzu

 

 

Lorenzo de Arechabala, probablemente casado con Norzagarai

Andres de la Biña-Herran Obaldia, natural de Lexartzu, casado con Micaela de Durana Retes, de Agiñaga

Francisco de Gorbea Llano, natural de Erbi, casado con Maria de Arechavala Llano

Thomas de Ulibarri Menoyo, de Lexartzu, casado con Maria de Robina Arechavala, de Beotegi

Domingo de Menoio Menoio, natural de Lexartzu, casado con Juana Francisca de Sologuren Echaurren, probablemente de la misma localidad

Francisco de Sologuren

 

 

Viudas:

Maria del Campo, viuda de Zubiaga

Josepha de Echaurren viuda, que tenia donados sus bienes a su hijo

Salmanton (1727)

 

 

14 vecinos propietarios, 3 viudas, 4 moradores y una viuda pobre. 7 que habían donado sus bienes

 

Juan Leal de Ibarra Retes, natural de Izoria, casado con Maria de Echaurren Campo

Inocencio de Oribe Menoyo, natural de Salmantón, casado con Felipa de Alday Chabarri, de Agiñaga

Domingo de Gabiña La Torre, de Saratxo, casado en segundas nupcias con Felipa de Menoyo Luengas. Josepha de Luengas ya había donado sus bienes

Pedro de Menoio Durana, de Maroño, casado con Maria de Alday Uliarte, de Salmantón. Probablemente, del caserío Uriondo

Diego de La Torre Obaldia-Salazar, casado con Brigida de Gorbea Iturricha, ambos de la misma localidad

Juan de La Viña Obaldia, de Lexartzu, casado con Juliana Ochoa de Mugaburu Oribe, de Salmanton

Domingo de Ulizar Menoyo, de Salmanton, casado en segundas nupcias con Maria de Obaldia Murga, de Añes. Probablemente, en el caserío o barrio Mugaburu. Pedro de Ulizar y su mujer ya habían donado sus bienes

Mauricio de Iruegas Menoyo, natural de Lorcio, casado con Josepha de Zubiaga Iturricha, de Salmanton

Francisco de Mendieta Gorbea, casado con Agueda de Lafuente Campo

Sebastian de Menoio Santa Marina, de esta localidad, casado en segundas nupcias con Lorenza de Echave Sobrevilla

Juan Angel de Ulibarri Iturricha, casado con Martina de Oribe Alday, ambos de Salmanton

Miguel de Murga Gorbea, natural de Llanteno, casado con Francisca de Menoyo Uriondo, de Salmanton. Maria de Uriondo ya había donado sus bienes

Martin de Ondovilla Aldama, natural de Quejana, casado en segundas nupcias con Maria de Zubiaga Menoyo, de Ozeka

Joseph de Vergara Ulibarri, natural de La Abadía, casado con Francisca La Quintana La Llana, quizá de ese mismo lugar

 

 

Viudas:

Brigida de Iturricha Retes, de Salmanton, viuda de Sebastián de Gorbea Orueta

Francisca de Echeguren

Maria de Iturricha Zubiaga, natural de este lugar, viuda de Domingo de Gorbea Gorbea, de Soxo. Jacinta de Zubiaga, ciega, ya había donado sus bienes

 

 

Moradores:

Nicolas de Aldai Durana, de Agiñaga, casado con Francisca de Ulizar Iturricha, de Salmanton

Joseph de Sarama Robredo, natural de Las Fuentes en Angulo, casado con Luisa Ochoa de Mugaburu Lafuente

Joseph Ochoa de Mugaburu Lafuente, casado con Maria Gomez de Mendieta Gorbea, ambos de Salmanton

Pedro de Urrutia Ibarra, de Izoria, casado con Francisca de Aldai Uliarte, de esta localidad

 

 

Tenian donados sus bienes:

Maria de Villarte viuda

Maria de Ulibarri viuda

Francisco de Zubiaga