El mayorazgo de Ugarte en Amurrio

Como todos sabemos, Ugarte es uno de los barrios que conforman la localidad de Amurrio “desde siempre”. Allí se encuentra, junto a la carretera, un edificio que en el momento de escribir estas letras apenas es visible porque la vegetación se ha adueñado por completo de sus muros, aunque no hace tanto, aún abandonado, podía apreciarse su factura, más bien moderna, la más reciente encarnación de una casa antigua, la principal del barrio y una de las más importantes del pueblo y la comarca. Sobre ella y los que fueron sus dueños trataremos en este artículo.

En el expediente de hidalguía del Capitán Juan de Ugarte, del año 1638 y sobre el que tratamos en números anteriores de esta revista, se decía que las casas de Ugarte en Astobiza, Ziorraga, Berganza, Lezama y Amurrio eran todas dependientes de la originaria casa torre de los Ugarte, en el valle de Laudio/Llodio. Esto es cierto para los tres primeros lugares citados, ya que sabemos que uno de los señores de Ugarte de Llodio fue al mismo tiempo señor de la casa torre de Astobiza, cuyos descendientes radicaron en la casa torre de Ziorraga y en la de Jauregia en Berganza. El parentesco entre todos ellos se manifiesta en su apellido, Fernández de Ugarte. Sin embargo, no conocemos ningún documento que nos aclare el origen de los Ugarte de Amurrio, ni de la familia de la que vamos a hablar ni de otras que también lucieron este apellido, que no fueron pocas.

Así, los Ugarte en Amurrio son muy abundantes desde los primeros registros parroquiales, de mediados del siglo XVI, y es imposible que todos desciendan de un tronco común. Por entonces, había familias importantes de este apellido en el mismo barrio de Ugarte, en Armuru y en Urieta, sin parentesco próximo que nosotros sepamos, además de otras familias de menos enjundia que llevaban el mismo apelativo.Por ello, creemos que el solar de Ugarte, que da nombre a todo un barrio, habría sido realmente ajeno al de Llodio. Muestra de esta ausencia de vínculos con aquel sería el hecho de que en Amurrio no lucen el patronímico Fernández, sino otros como Martínez de Ugarte o Sáez de Ugarte.

Pero los dueños de la casa más principal de Ugarte usaron otro patronímico distinto, Ortiz. Y de ellos hablaremos a continuación.

HERNANDO ORTIZ DE UGARTE

Sobre 1534 los señores de la casa torre de Astobiza, el Caballero de Santiago Cristóbal de Mújica y Ana Hurtado de Mendoza, fallecieron prematuramente lejos de Ayala en menos de un mes. Para disponer de sus cosas, tanto en lo espiritual como en lo terrenal, habían dado facultad al padre de ella, Lope Hurtado de Mendoza, que en enero de 1535 dispuso todo lo concerniente a las honras por sus almas y la gestión de sus bienes. Una de las cláusulas decía: “que se cumplan los contratos de casamientos que mandaron los dhos don xpoual e dona ana a preseual de muxica e a dona ynes de muxica muger de hernando de ugarte yjos del dho don xpoual”[1]. Aunque Inés de Mújica figura aquí como mujer de Hernando de Ugarte, a continuación se expresa que aquella debía recibir 10.000 maravedís cuando se casara, por lo que probablemente habían hecho esponsales y vivían juntos pero sin haber formalizado el matrimonio propiamente dicho. Como se dice en la cita anterior, Inés -que en otras ocasiones aparece con el nombre de Leonor- y Presebal fueron hijos de Cristóbal…pero no de Ana. Sabemos que Presebal nació hacia 1512 y suponemos que Inés lo debió hacer un par de años antes o después pero Cristóbal y Ana no se casaron hasta 1526[2]. Por lo tanto, fueron hijos de Cristóbal en su soltería aunque no sabemos quién fue la madre.

Ser un hijo ilegítimo por aquel entonces no era un obstáculo para quienes tenían poder y recursos económicos, de manera que nadie fue capaz de hacer sombra en Ayala a Presebal de Mújica, que vivió en Luiaondo. Y su cuñado Hernando Ortiz de Ugarte no le fue a la zaga. Lo lógica sería pensar que Hernando fue natural y heredero del solar de Ugarte en Amurrio, en el que vivió, pero lo cierto es que la documentación histórica no arroja sombra alguna sobre su origen: fue natural de Saratxo, hijo de Juan Sánchez de Derendano y Marina de Echeguren. Siendo así, Hernando debió tomar el apellido Ugarte al pasar a residir a esta casa; el problema es que nada indica que ésta hubiera sido de Inés de Mújica. Entonces, ¿estuvo Hernando casado en primeras nupcias con una presunta heredera de la casa solar de Ugarte y de ahí que adoptara el apellido? Por el momento, no lo sabemos, de modo que el origen de esta casa continúa siendo una incógnita para nosotros.

Lo que podemos afirmar es que Hernando de Ugarte ya era un personaje importante en la comarca en 1533, ya que aparece junto a otros muchos ayaleses aceptando la sentencia del Consejo Real que obligó a la Tierra de Ayala a regresar al seno de la Hermandad de Álava, en la que fue procurador -representante de Ayala- en 1535, 1536, 1538, 1552, 1556, 1557 y 1559. En 1558 incluso fue nombrado capitán de las tropas provinciales en la guerra con Francia. Pertenecía, por tanto, a la élite social ayalesa.

Como casi todos los notables de la zona en aquellos siglos, desempeñó el oficio de escribano. Por ello, y por su categoría y ascendencia social, en 1541 estuvo en Valladolid siguiendo los pleitos que Ayala mantenía en la Audiencia de la Chancillería.

Por otro lado, y aunque éstas no fueron tan estáticas como en muchas ocasiones se han querido presentar, Ugarte parece adscribirse al bando oñacino, pues como tal aparece definido cuando, junto a otros de esta parcialidad, quitó un alfanje y un letrero que los Murga habían colocado en la tumba del recién difunto Lope García de Murga hacia 1550 en la parroquia de Santa María. Poco después de este incidente, el Licenciado Menchaca fue nombrado patrón de la parroquia por merced real, con derecho a llevar la mitad de los diezmos de la misma, pero al ser foráneo fue precisamente Hernando, y después su hijo, quienes percibieron esos diezmos. Su poder en el pueblo fue, en conclusión, muy elevado.

Los Derendano siempre aparecen en los pocos documentos ayaleses anteriores que conocemos, indudablemente su posición social venía de familia, aunque la rama fue cercenada cuando su hermano Juan de Derendano fue asesinado el día de Jueves Santo de 1539 en la iglesia de San Nicolás de Saratxo a causa de un saetazo propinado por Martín de Oquendo, que huyó a Panamá. Juan dejó una sola hija de corta edad y nombró heredero a Hernando en caso de que ella falleciera antes de la edad de testar o sin herederos legítimos, como efectivamente ocurrió[3].

Hernando Ortiz de Ugarte habría fallecido entre 1571 y 1573 con unos ochenta años de edad. Esto se dice en declaraciones de testigos posteriores, por lo que es posible que exageraran la edad, puesto que algunos afirman incluso que murió centenario. Si nació en la última década del siglo XV, es muy posible que hubiera tenido un primer matrimonio, ya que Inés debió ser bastante más joven. Por último, no conocemos cuántos hijos tuvieron pero tenemos noticias de cuatro: Casilda, que se casó con el escribano Juan de Velasco en Larrinbe; Francisca, que se casó con Francisco Fernández de Ugarte, señor de Ziorraga; Diego y Cristóbal, que es el siguiente protagonista de esta historia. 

CRISTÓBAL ORTIZ DE UGARTE

Desconocemos su fecha de nacimiento pero debió hacerlo pocos años después del matrimonio de sus padres puesto que se casó en 1561 o 1562 con Francisca de Orueta, natural de Luiaondo. Al igual que su padre, fue escribano y desarrolló una intensa carrera en las instituciones locales y alavesas. En la Tierra de Ayala, fue alcalde ordinario por primera vez en el curso 1565-1566 y lo sería de nuevo en 1569-1570 y 1573-1574, fue síndico procurador general en 1576-1577 y diputado regidor en 1600-1601. Acudió como procurador de Ayala a las Juntas Generales de Álava desde noviembre de 1576 hasta mayo de 1578, en mayo de 1581, en 1586-1587 y en 1594-1595. Y si su presencia en estas instituciones no fue mayor es debido a la incompatibilidad de estas representaciones con el oficio que ocupó durante muchos años, el de teniente de Alcalde Mayor, actuando en ocasiones incluso como titular, a pesar de que el Alcalde Mayor o Gobernador no podía ser natural de la Tierra ni de una distancia menor a las cinco leguas de ella. Allá por 1584 y 1585 se unió al ínclito Juan de Urrutia a la hora de reivindicar las preeminencias que como tal Alcalde Mayor creía -erróneamente- que le correspondían en la parroquia de Amurrio. En 1595 aún figura como Alcalde Mayor y en agosto de 1600 presentó título de teniente de Gobernador, por lo que su vinculación al cargo fue muy duradera.

Su testamento nos servirá para acercarnos mejor a su figura[4]. El “dueño y señor de la casa de Ugarte del lugar de amurrio”, ya viudo, testó el 4 de abril de 1606 estando “enfermo de mi cuerpo y en mi buen juicio y entendimiento”, por lo que probablemente falleció poco después. En primer lugar, dispuso que su cuerpo fuese sepultado “dentro en el cuerpo de la yglesia de santa mª del lugar de amurrio en la sepultura donde yaçe sepultada doña francisca de urueta mi muger o donde fuere la voluntad de lope garcia de murga aguirre mi señor primo”. En realidad, eran primos segundos, puesto que sus respectivos padres Hernando Ortiz de Ugarte y Juan Martínez de Aguirre eran primos, al ser sus madres Marina y Constanza de Echeguren respectivamente. Lo que ocurre es que Lope era el patrón de la iglesia y el único, junto a la casa de Saerin, que tenía derecho al notable honor de tener sepultura en el interior de la iglesia. Es por ello que Juan de Urrutia y Cristóbal, las personas más poderosas de Amurrio por aquel entonces, trataron sin éxito de adquirir ese mismo derecho por todos los medios legales e ilegales. Esa es la razón por la que Cristóbal se encomendaba a la voluntad de Lope García de Murga, quien ya habría condescendido con su mujer, para obtener tal privilegio digno de su status social.

Por otra parte, Cristóbal ordenó que se hicieran las funciones de entierro, novenario y cabo de año por “Diego de Ugarte mi hermano difunto”, lo que nos lleva a pensar que falleció fuera de la localidad y/o en circunstancias que impidieron realizar los actos religiosos pertinentes.

Por aquel entonces, tenía tres hijos y cuatro hijas. En vida de su esposa, habían casado a Mencía -con Francisco de Arechederra-, a Leonor –con Hernando de Ayo, vecinos de Luiaondo como los anteriores- y a Hernando (1563), seguramente los tres mayores. Tenían también a Juan (1568), Francisca (1575), Casilda (1576) y Cristóbal (1579). Casilda se había casado con Ventura de Zaballa tras la muerte de su madre. Por lo tanto, tenía en casa a Francisca, a quien encargó la misión de llevar oblada y candela a su sepultura y a quien presta especial atención en el testamento legándole hasta 1.000 ducados.

El hijo menor, Cristóbal, se encontraba por entonces en Sicilia (“que si lo quiere Dios no permita muriere cristoual de ugarte mi hijo antes que a esta tierra benga de las partes de cicilia donde al presente está”) y tenía una hija llamada Leonor, a todas luces  ilegítima.

El testador nombró heredero universal de todos los bienes muebles y raíces, derechos y acciones, que quedaron de el y de su mujer, a su hijo Juan “que al presente reside según publico y notorio en la ciudad de potosi que es en el reino del peru” con la condición de que, si no regresaba a Amurrio a vivir en el plazo de cuatro años, los heredase Cristóbal con la misma condición. Además, ninguno de los hijos de éstos podrían heredar si no eran fruto de legítimo matrimonio. Si ninguno de los dos hijos regresaba en el plazo señalado, quedarían apartados de la herencia y todos los bienes pasarían a su hijo mayor, Hernando de Ugarte, o al heredero de éste en caso de haber fallecido. Y lo mismo ocurriría si Juan o Cristóbal regresaban pero no tenían hijos legítimos o los tenían y fallecían antes de poder testar.

HERNANDO DE UGARTE ORUETA

Hernando, que solo algunas veces aparece con el patronímico Ortiz, fue bautizado en la parroquia de Amurrio el 25 de noviembre de 1563. Siguió con el oficio de escribano de sus antecesores y se casó en 1583 con Casilda de Ulibarri Onsoño, de Lezama. Fue un matrimonio joven, con veinte y dieciocho años respectivamente, posiblemente porque Casilda había quedado huérfana y heredera de la hacienda familiar del barrio Ulibarri de Lezama, donde vivieron el resto de sus días.

A diferencia de su padre y abuelo, Hernando nunca fue procurador en las Juntas Generales de Álava ni nos consta que desempeñase el cargo de síndico en Ayala. Sin embargo, fue alcalde ordinario en al menos ocho ocasiones con una impecable irregularidad: una vez cada cuatro años (1582-1583, 1586-1587, 1590-1591, 1594-1595, 1598-1599, 1602-1603, 1606-1607 y 1610-1611). Sin embargo, sí que se ocupó como teniente de Gobernador al igual que su padre.

Desde luego, sus recursos se vieron notablemente incrementados cuando, ante la ausencia de sus hermanos, pasó a heredar el grueso de los bienes que habían dejado sus padres, que no era poca cosa. Ello se puede ver en el testamento que Hernando Ortiz de Ugarte y doña Casilda de Ulibarri, que así figuran en el documento, otorgaron el 27 de abril de 1638, con setenta y cinco y setenta y tres años respectivamente (“por ser como somos personas de mucha edad biejos ancianos en la dha nra cassa de ulibarri”) después de cincuenta y cinco años de matrimonio. Un dato curioso: aquellos mismos días se estaba produciendo la investigación para la concesión del hábito de Santiago al Capitán Juan de Ugarte, proceso en el que Hernando y sus hijos, sobre todo uno de ellos, fueron parte importante, tal y como se dijo en artículos anteriores en esta misma revista.

Fue un testamento conjunto (“Porque entre nosotros de muchos años y tiempos a esta parte esta tratado y comunicado de q aiamos de hacer testamento y disposicion conjunta”) en el que establecieron que ninguno de los dos pudiera por su cuenta cambiar nada de lo dispuesto“para onrra y seruicio de Dios Nro S y de nra buena fama y de nra prosperidad”. En primer lugar, mandaron que sus cuerpos fueran sepultados en la iglesia parroquial de San Martín de Lezama “en la sepultura que nra cassa de ulibarri tiene en la dha Yglesia y en ella esta sepultado Sancho Abad de Ulibarri”. Aquí es preciso realizar varias puntualizaciones. En primer lugar, Sancho era tío de Casilda y parece haber sido propietario de la hacienda, o de parte de ella. En segundo lugar, ya se habrían introducido las sepulturas desde el exterior de la iglesia, donde estaban a finales del XVI. En tercer lugar, y a pesar de que ellos digan ser propietarios de una sepultura, sabemos que en la iglesia de Lezama éstas fueron comunes y nadie gozó nunca de privilegio alguno sobre sus convecinos, por ser la parroquia propia del concejo.

Hernando y Casilda tenían por aquel entonces cuatro hijos vivos, además de otros que habían fallecido. El mayor de todos era el bachiller Gregorio de Ugarte (1586), cura y beneficiado de la parroquia de Lezama. En el testamento se dice que habían gastado “mucha suma y cantidad de dinero” en sus escuelas, estudios, ordenaciones y demás necesidades, por lo que le apartaron con doce ducados anuales de por vida desde el año posterior a la muerte de ambos. Podemos añadir que siendo muy joven tuvo al menos dos hijos varones con María Isabel de Estranzu, los cuales dejaron una muy nutrida descendencia. 

Gabriel (1594) era escribano y vecino de Baranbio, y cuando se casó con Ana Maria de Ugarte Teza, natural de la casa de Ziorraga, le mandaron “muchos bienes de casas rruedas y ganados y otros bienes y dineros”, de manera que le apartaron con solamente cuatrocientos reales. No sabemos cuáles fueron esos bienes ni su procedencia. 

María (1599) se había casado con Lope de Mújica Hurtado de Mendoza, señor de Astobiza y Caballero de Santiago, y fue generosamente dotada por sus padres, ya que le mandaron más de cuatro mil ducados con ocasión de su boda y fue apartada con otros cien. Además, a su nieto Cristóbal de Mújica “para aiuda de sus estudios y necesidades” le mandaron cien ducados a pagar según los fuera necesitando antes de que cumpliera los veinticinco años.

No se olvidaron de Juan (1588), que había fallecido en las Indias, pero “antes q alla fuesse tubo y dejo en el dho lugar de lezama un hijo también llamado Juan de ugarte que al presente es edad de diez y siete años” y a quien habían criado en su casa los testadores, enseñándole a leer y escribir. En ese momento, estaba en Gordejuela en “cassa del maestre esquela” y, aunque manifestaban haber gastado mucho en el, por ser su nieto le mandaron otros ciento cincuenta ducados. Este muchacho se casó en Lezama unos quince años después y fue propietario en el barrio San Millán, de donde había sido su madre, a pesar de haberse criado con su familia paterna.

Por último, el hijo más joven, Cristóbal (1603), era escribano y vivía en su compañía. Tenía treinta y cinco años ya y por aquellos días tenía puesto todo su empeño, junto a su cuñado Lope, en impedir que el Capitán recibiera el hábito de Santiago. Los testimonios acerca de la implicación de Hernando en esta confabulación son contradictorios, si bien ya vimos que tanto Hernando como sus hijos Gregorio y Gabriel no respaldaron las acusaciones del benjamín de la familia.

Hernando y Casilda fundaron mayorazgo en este testamento y llamaron a el en primer lugar a Cristóbal de Ugarte “mozo libre de por casar”. Por entender que “asi es mas combeniente al seruicio de Dios nro S. y de los Sres Reyes de la corona de castilla y de estos Reynos y al bien y buena memoria nra y de nras casas y pª q nros sucesores vivan mejor y se empleen y ocupen en seruicio de la dibina Magd (…) y sustentar mejor sus personas honrras y familias” fundaron mayorazgo para que los bienes “perpetuamente y en todo tiempo del mundo sean indibisibles e impartibles y anden siempre en un dueño” y no se pudieran enajenar, trocar ni cambiar, y en virtud del fuero “que permite q los testadores puedan disponer de sus bienes en fabor de q quiera de sus hijos y descendiente y apartar a los demas”, así hicieron con el resto de sus hijos “con sendos arboles con su tierra y rraiz en lo ultimo de nras tierras y eredamientos q nros sucessor quisiere señalarles y con sendas texas y un cada seis maravedis”.

El mayorazgo de Ugarte fue fruto de la unión de los bienes que habían heredado y acumulado a lo largo de su vida Hernando por una parte y Casilda por el otro. Es decir, se produjo la suma de ambos patrimonios. Así, formaron parte del mayorazgo “nra cassa y solar principal de ugarte sita en el dho lugar de amurrio en el barrio q se llama de ugarte q esta sobre el camino Real q ban de la ciudad de vitoria para la de balmaseda” con sus cabañas de horno y era que estaban enfrente, con sus lagares, bodega y huerta cerrada de paredes, manzanales, heredades, quintanales, antuzanos delante y alrededor de ella y más de la mitad del molino de “Boriaur” con todas sus heredades; también la parte del patronazgo que le correspondía en la parroquia de Murga; y “las sepulturas q tenemos compradas y nos pertenecen a nos y a la dha cassa en la dha yglesia de amurrio”. Por tanto, los Murga habrían perdido la exclusividad de tener tumba en la iglesia de Amurrio.

Hernando también tenía una serie de bienes en Saratxo, los que sin duda heredó su abuelo después del asesinato de Juan de Derendano y la prematura muerte de la única hija que dejó. Así, se menciona “otra cassa principal q tenemos y nos pertenece a nos y a la dha nra casa de ugarte en el lugar derendano q se llama la cassa derendano” con su huerta y diversas heredades que tenía detrás y a los lados, con una parte en el molino llamado de Ugarte, sepulturas en la parroquia de San Nicolás, y dos molinos en el río con sus correspondientes casas, además de otra que estaba “un poco mas abaxo del molino bagero q es para el servicio de dhos molinos”. Por último, tenía también unas casas en Urduña/Orduña.

En cuanto a los bienes inmuebles que había aportado Casilda, eran una “casa principal q se llama de ulibarri q al presente uiuimos que esta sita en el dho lugar de lezama en el barrio de ulibarri” con dos cabañas enfrente de ella, la una de era y la otra de horno, con “otra cassa que esta cerca de la dha cassa en el dho barrio q solia ser del dho abad de ulibarri difunto” con su cabaña de era, con sus heredades manzanales y huertas cercanas, que se van detallando, así como un robledal grande llamado Lexadui que estaba delante de la casa. Tenían también un molino en el río que baja de Olamendi y montes “mui muchos y en muchas partes y lugares” como en Lezama, Larrinbe, Amurrio y Saratxo así como el “usso y aprouechamiento q las dhas dos casas tienen en las sepulturas propias” que tenían en la iglesia. Las cuentas y créditos no se expresaban pero sí se dice que tenían diez mil ducados de censos sobre diversos vecinos de Ayala y de fuera.

Por último, establecieron que el mayorazgo fuera electivo entre todos los hijos varones que Cristóbal pudiera tener, a no ser que solo tuviera un varón. Si no llegase a hacer elección, heredaría el hijo mayor; y, a falta de varón, la hija mayor. En caso de que Cristóbal no llegase a tener hijos legítimos, el mayorazgo quedaría para María, mujer de Lope de Mújica, y sino para Gabriel.

CRISTÓBAL DE UGARTE ULIBARRI

Cristóbal fue bautizado el 12 de enero de 1603 y su fuerte personalidad ya quedó esbozada en precedentes artículos. Sabemos que fue alcalde ordinario al menos en tres ocasiones (1623-1624, 1632-1633 y 1654-1655), que probablemente fueron más porque no disponemos de los libros de actas de los años intermedios. Fue escribano como su padre, abuelo y bisabuelo, y aunque no acudió nunca a Juntas alavesas ni parece que ocupara otros cargos de gran responsabilidad, fue una persona muy influyente. Al fin y al cabo, tenía todo lo que había que tener para imponer su voluntad: casas, tierras, dinero, prestigio, etc. Por ejemplo, a finales de 1624 se trasladó a Valladolid donde fue agente de los intereses de la Tierra de Ayala por espacio de 542 días con un salario diario de 400 maravedís, unos 11 reales. En el tribunal vallisoletano se dirimían pleitos que Ayala tenía con Mena, Zuya o Villalba de Losa. En 1626 Cristóbal ganó una Real Provisión que ordenaba que Ayala le pagase los 228.902 maravedís que le adeudaban por estos trabajos. 

Cristóbal probablemente sabía de las intenciones de sus padres de nombrarle heredero y trató de apuntalar su posición casándose con Francisca de Sojo Urrutia, nieta de Juan de Urrutia, de Amurrio, cuyo mayorazgo no tenía muchos bienes muebles pero sí muchas rentas fuera de Ayala. Sin embargo, la aparición del Capitán dio al traste con estos planes, aunque finalmente Francisca no se casó con ninguno de los dos.

Cristóbal hizo testamento en su casa de Ulibarri el 21 de noviembre de 1657 y falleció ese día o, en todo caso, antes del 27, con cincuenta y cuatro años. Pidió ser enterrado “en la sepultura donde están enterrados los señores hernando ortiz de ugarte y Dª Casilda de ulibarri mis padres”. Es curioso que nunca llegara a casarse, quizá después del fiasco con Francisca no encontró mujer cuya dote considerase digna del suyo, pero en su testamento reconoció la existencia de tres hijos habido con dos mujeres distintas. Las relaciones extramatrimoniales no son nada raro en esta familia, puesto que no lo fueron entre las élites de la época y a veces tampoco entre los simples labradores.

En cuanto a estos hijos naturales, primero tenía a Hernando “que le huue de maria cruz de gamarra que al pressente esta estudiando artes en la universidad de alcala de henares”; le donó tres mil ducados en escrituras de censos con sus réditos para que prosiguiera sus estudios o lo que necesitase, así como los bienes muebles que tenía en la casa de Ugarte (arcas, trojes, cajas, mesas, bufetes, escabeles, sillas, etc.) y veintidós sillas y taburetes nuevos con “que están en esta casa de ulibarri”. Hernando fue bautizado en 1640 y seguramente es el mismo que figura como testigo en el testamento de su tía María en 1661, pero nada más sabemos de él.

Segundo, a Casilda de Ugarte “mi hija y de la dha maria cruz de gamarra que la tengo en mi casa” le mandó dos mil ducados en escrituras de censos y todos los bienes muebles que había en la casa de Ulibarri por los buenos servicios que le había hecho. Según parece, nació en 1645 pero, a diferencia del caso anterior en que ambos figuran como padres en la partida de bautismo, en esta ocasión figura como hija natural de ella sin mención alguna al padre. Cristóbal los reconoció como hijos “y como a tales los he tenido y criado en mi casa desde su niñez en esta dha mi casa de ulibarri”. Casilda se casó en 1662 con Domingo de Zulueta Vidaur, quienes fueron a vivir a las ventas de Ilunbe en Arrigorriaga.

Tercero, a Mari Sánz de Ugarte “mi hija q la huue de mª de landaburu de lastrasco” legó un censo de ciento ocho ducados de principal contra los bienes y hacienda de Juan de Ugarte, vecino de Saratxo, y la reconoció como hija, aunque no sabemos nada más sobre ella. 

Al no tener herederos legítimos, nombró heredero del vínculo y mayorazgo a su sobrino Cristóbal de Mújica. En todo caso, fue su hermana María de Ugarte quien tomó posesión del mismo el 27 de noviembre de 1657 en cumplimiento de las normas sucesorias dispuestas por Hernando en su testamento.

EPÍLOGO

María de Ugarte, viuda de Lope de Mújica, testó el mismo día de su muerte, el 18 de mayo de 1661. Lo otorgó “en esta mi casa de ulibarri”, por lo que se habría trasladado allí tras el fallecimiento de su hermano. Quedó como heredero universal de todos sus bienes su único hijo Cristóbal de Mújica (1628), que ya estaba casado para entonces. Éste tomó posesión de la casa de Ulibarri y de la de Ugarte el 26 de mayo.

Por otro lado, el 20 de mayo de 1662 Gabriel de Ugarte fue enterrado en Baranbio. Había dejado como heredero a su hijo mayor, Juan Bautista, que por entonces era menor de veinticinco años. Por ello, nombró curador a su tío Miguel, dueño del vínculo y mayorazgo de Ziorraga. Aunque éste intentó excusarse por tener ya varios hijos bajo su tutela y por sus muchas ocupaciones administrando sus ferrerías, molinos y hacienda, con frecuentes viajes a Vitoria, Bilbao, Orozko y otros lugares, fue obligado a aceptar so pena de prisión.

El 16 de diciembre ambos presentaron una demanda en la Audiencia de Valladolid contra Cristóbal de Mújica para que “restituyera” los bienes del mayorazgo de Ugarte a Juan Bautista pretextando que Cristóbal de Ugarte su bisabuelo lo había fundado para que los bienes “andubiesen de rodilla en rodilla”, es decir, de primogénito en primogénito, a pesar de lo cual Hernando había nombrado heredero a su hijo menor en detrimento de Gabriel y, por tanto, de su hijo Juan Bautista, a quien según ellos corresponderían como bisnieto mayor de varón en varón.

La demanda no tenía mayor recorrido, ya que los testamentos que hemos expuesto son muy claros al respecto. No fue Cristóbal quien fundó mayorazgo sobre la casa de Ugarte, sino su hijo Hernando. Por lo tanto, Juan Bautista carecía de derecho alguno al vínculo. Pero tan sustanciosa herencia bien merecía el intento.

Por lo tanto, el mayorazgo de los Ugarte de Amurrio pasó a los señores de Astobiza, que fueron los Mújica y luego, por matrimonio, los Salazar. Estas casas mencionadas empezaron a ser habitadas por colonos y arrendatarios que se limitaban a trabajar las tierras, de manera que su simbolismo social como lugares desde los que se detentaba el poder se evaporó por completo y pasaron a ser casas de labranza como las demás. No obstante, las ramas secundarias de estos Ugarte dejaron una nutrida descendencia que ha perdurado hasta nuestros días. En todo caso, bien merece resaltar la trascendencia que casas como la de Ugarte tuvo en el pasado, por mucho que la desidia la aboque a la desaparición. ¿No daríamos un gran paso adelante en la conservación de nuestro patrimonio si los elementos arquitectónicos se valorasen no solo por su valor intrínseco como elemento material sino también por las vivencias que encierran sus paredes y lo que han significado a lo largo de la historia?


[1] Real Chancillería de Valladolid, Registro de Ejecutorias, Caja 1507, 21

[2] Archivo Histórico de la Nobleza, BAENA,C.442,D.50

[3] Real Chancilleria de Valladolid, Registro de Ejecutorias, Caja  1072, 61

[4] La mayor parte de la información que configura el resto del artículo ha sido obtenida de: Real Chancilleria de Valladolid, Registro de Ejecutorias, Caja 2893, 61

UNA DESCRIPCIÓN URBANÍSTICA DEL AMURRIO DE 1884

 

 

(Publicado en el nº 49 de la revista Aztarna)

 

Amurrio no pasó directamente de ser un pueblo de caseríos a una localidad industrial con modernos bloques de viviendas: experimentó una fase intermedia de crecimiento urbanístico entre finales del siglo XIX y la Guerra Civil, periodo en el que se construyeron muchas casas, no pocas de las cuales desaparecieron en la segunda mitad del XX.

Las políticas urbanísticas de las últimas décadas han sacrificado muchos edificios antiguos y no tan antiguos, de modo que poco queda del viejo Amurrio. En todo caso, es interesante reconstruir la historia del hábitat de Amurrio no solo por mero conocimiento histórico sino también para valorar las posibilidades de recuperar y, en su caso, proteger aquellos elementos (tanto edificios como topónimos, etc.) que han quedado ocultos u olvidados. En este sentido, este artículo se plantea como el punto de inicio de un trabajo más amplio que está por realizar y no como un ejercicio autónomo que alcance unas conclusiones.

Para esta descripción nos valemos de la información contenida en la Relación de Fincas Urbanas del año 1884 para el municipio de Amurrio, disponible en el Archivo del Territorio Histórico de Álava.

 

Un elemento determinante a la hora de configurar el urbanismo de la localidad ha sido el Camino Real de Bilbao a Pancorbo. La ruta venía siendo transitada desde el medievo, pero el Camino como tal no fue construido hasta mucho tiempo después, entre 1765 y 1772. En 1884 la “Carretera de Vizcaya” entraba en Amurrio procedente de Saratxo por el barrio de Aldaiturriaga, popularmente nombrado como Alturriaga desde tiempo atrás. En todo caso, el caserío más meridional de Amurrio quedaba alejado de la carretera, al oeste de la misma, en el barrio Mendiguren, donde había otro caserío en jurisdicción de Saratxo. Y no lejos de aquel, en paraje solitario, estaba la Venta de los Trigueros.

El barrio Aldaiturriaga propiamente dicho comenzaba en el lugar en que la carretera inicia un tramo de bajada, donde existía un grupo edificatorio que albergaba dos viviendas aunque parece que en realidad eran tres. La señalada con el número 49 tenía el camino al norte y la nº 48 aparece vinculada a dos casas: una era propiedad de Pascual Villacián García y la otra de Antonio Aldama Respaldiza. Posiblemente, se trataba de dos partes de una misma casa, que en 1590 habría sido propiedad de Juan Ugarte de Aldaiturriaga.

Un poco más abajo, a la izquierda de la carretera, se encontraba el caserío de José Maria Zulueta Urquijo, vecino de Saratxo, mientras que a la derecha, a su misma altura, estaba la casa de Paulino Arana Aguirre, procurador y destacado carlista. Unos metros más al norte de esta casa, un camino cruzaba la vía férrea para llegar a una casa propiedad de Dionisio Arberas Aguirre. Unos cientos de metros más al este, se encontraba la casa y molino de Rotabarria, de la cual era usufructuario Manuel Figuerola como marido de Luciana Landa, hija de Ramón Landa, a cuya destacada familia perteneció. Este lugar estaba entonces completamente alejado de cualquier tipo de vivienda: las casas más próximas eran las de Ignacio Landazuri y el molino Querejeta.

Las últimas casas de Aldaiturriaga se encontraban justo antes de la siguiente bajada de la carretera. La nº 42 estaba habitada en 1876 por Saturna Murga, viuda de Juan Antonio Ugarte Yarritu, cuyos ancestros fueron propietarios de un caserío conocido como “El Carrascal”, que posiblemente fue la casa solar de los Aldaiturriaga desde el siglo XVI. En la relación de propietarios de 1884 no aparece y desconocemos su localización exacta: probablemente desapareció entonces. Hay que decir también que por esta zona estuvo el caserío Beotegi; quizá fue el nombre original de alguna de las casas mencionadas. Por último, la casa nº 41 había sido construida en 1851 por el peón caminero Bernardino Aspichueta Zulueta y estaba a la derecha de la carretera, antes del cambio de rasante.

Además, existían tres casas que figuraban también como parte de Aldaiturriaga, pero que originalmente lo eran del barrio Mendijur. La primera era de Higinio Mardones, vecino de Cárcamo, y tenía el camino al norte. Más arriba, se encontraba la casa que en 1876 estaba habitada por Felipe Zulueta Zarate y que en 1894 era propiedad de Santiago Llandera Barrenengoa. Junto a ésta, se encontraba la casería propiedad de Sebastián Ugarte Amezaga, cuyos orígenes se remontan, al menos, hasta los primeros años del XVII. Es el caserío conocido como “Bonaparte”.

 

El barrio Aldai estaba integrado por 6 casas que se distribuían a uno y otro lado de la carretera, y que posiblemente eran la mayoría de reciente construcción. Siguiendo nuestro itinerario, se alcanzaba una casa situada entre la carretera y el ferrocarril, propiedad de Torcuato Ugarte Amezaga. Al otro lado de la carretera, estaba la casa que José Irazazabal Otaola, soltero, había heredado de sus padres. Más adelante, a mano derecha, estaba la casa de Genaro Jauregui Landaluze, cuyos abuelos la habían donado a su padre en 1848. Culminado el alto de la carretera, la casa nº 30 estaba a la izquierda de la carretera y era de Lázaro Aspizua Beraza, y al otro lado de la carretera estaba la de Fermín Galíndez. Finalmente, la última casa del barrio estaba a la izquierda de la carretera y era propiedad de José Maria Lezameta Echevarria, vecino de Urduña/Orduña; luego fue de Juan Llano. En 1884 era la única casa que existía en la recta que actualmente lleva de Aldai a la gasolinera.

En los padrones y en la documentación de la época, Landako abarcaba todo el área comprendida entre el final de la calle Aldai y el mesón de Armuru, y desde la vía del tren hasta el arroyo de Lexarraga. Sin embargo, en su origen el barrio de Landa (la denominación Landako es posterior) correspondía a una zona más reducida: seguramente, la comprendida entre la actual gasolinera, el crucero y la zona al sur de San Antón de Armuru.

En todo caso, en 1884 la numeración de los edificios de la zona no es muy precisa, ya que hay varias casas sin número. Es lo que ocurre en el extremo sur del barrio. Al oeste de la carretera estaba la casa nº 27, propiedad de Fermín Galíndez Ibarra; su suegro Matías Ribero Angulo tenía también una casa en el lugar, quizá unida a la anterior o, en todo caso, muy próxima a ella. Cerca quedaba la casa de los Lezama, que tampoco aparece numerada y era propiedad de Agustín y Luis Lezama Urquijo.

Por su parte, Lina Yarritu Urrutia era la propietaria del nº 25, que lindaba al sur y el este con camino. Según información de 1894, estaba entre la de los Lezama y la casa de Manuel Santa Maria, que en 1884 figura sin número y situada al norte de la carretera. Realmente, no sabemos muy bien dónde estaban situadas estas casas: quizá en la actual Avenida Ayala. Además, Lina habitaba la casa de Menditu, documentada ya en el siglo XVI y que lindaba al norte con arroyo y al oeste con camino. Desconocemos su ubicación exacta pero debía estar al norte de la carretera de Álava.

Entre la casona de los Lezama y el pueblo de Etxegoien, las únicas casas que existían en 1884 eran las dos de Aresketa. Bastante alejado estaba también el caserío Saraube, próximo al alto del mismo nombre.

Retornando al lugar donde hoy se encuentra la ya abandonada gasolinera, en el lado derecho el primer edificio era la Casona, propiedad de José Gabriel Pinedo y su mujer Teresa Sopelana, quien la había heredado de su padre Prudencio, un destacado general carlista que la construyó a mediados de siglo. Algo más al norte se encontraba la casa de Gabino Guerra Uriarte, al sur de la “carretera de Álava”, acondicionada apenas unas décadas antes. Un poco más al este estaba la actual Casa de Cultura, que era Cárcel del Partido.

Nos situamos en el Crucero. En el extremo suroeste del mismo, estaba la casa de José Llandera Jauregui, que poco después edificó otra casa en su parte trasera. Al otro lado de la carretera de Balmaseda, estaba el palacio de Oxirando dividido en dos viviendas propiedad respectivamente de Eugenia Zulueta, madre de Juan de Urrutia, y su cuñada Teresa Urrutia. Al norte de ésta, aparecía la casa de Juliana Irazazabal Otaola, que tenía un arroyo al este. Parece corresponder al lugar donde luego estuvo el chalet de Juan de Urrutia. La zona al norte de esta casa, entre el actual ayuntamiento y “el paseo”, también es un poco confusa en la documentación. La casa nº 19 era de Inés Landaluze y lindaba al norte con camino y con la huerta al oeste. Al sur lindaba con Isidora Olarieta, aunque su casa no figura en la relación de 1884; en 1894 lindaba al norte con medianería de otra casa, al sur con Amalia Osaba y al este con Ricardo Zorrilla. La casa de Amalia ya existía en 1884: posiblemente se corresponde con la que fue de los Lezama posteriormente, en el paseo. La mencionada de Zorrilla estaba adosada a ella, hacia el norte, aunque quizá fue construida entre 1884 y 1894.  Próximo estaba el caserío Iturralde, señaladao con el nº 18 y propiedad de Pía Ana Landaburu Respaldiza, viuda de José Maria Aldama.

Regresando al Crucero, en su esquina noreste se encontraban las casas nº 13 y 14, propiedad de Maria Landaburu Respaldiza. Mas al norte y en línea con la carretera estaban dos casas de Marcos Isasi Isasi, residente en Kruzialde, que construyó una tercera casa antes de 1894. A la espalda de éstas y separándolas de la ermita de San Antón, quedaba un edificio mucho más vetusto: el Hospital. Al norte, frente al actual ayuntamiento, se encontraban dos casas unidas que eran propiedad de un hijo y una hija del abogado Domingo Manuel Angulo.

Continuando con las casas situadas a la derecha de la carretera, después de las anteriores estaba una de Pablo Aldama Gabiña y después dos casas unidas propiedad de Pedro Zulueta Echaniz; estaban frente al Mesón de Armuru, que al parecer no figura en esta relación de propiedad rústicas. Finalmente, Pablo Aldama, vecino de Etxegoien, tenía la casa nº 2, con arroyo al norte, que parece corresponder a la casa conocida como “Torrejón”. La nº 1 era propiedad del pueblo y en ella habitaban los maestros.

La ermita de San Antón era entonces uno de los puntos neurálgicos de la localidad. Allí tenía una casa Eleuteria Arana Aguirre, viuda de Manuel Revuelta, que lindaba con la carretera al sur y con campo común al oeste. En frente, al otro lado de la carretera, había una casa que habitaba Agustín Pérez Lafuente y era de Margarita Artubald.

Junto a esta casa, arrancaba la que sería Calle de la Estación, de reciente creación, ya que el ferrocarril llevaba apenas dos décadas establecido. En el punto en que arrancaba la calle, al oeste de la misma, tenía una casa Valentín Aldama Zulueta, natural del barrio Aldama y uno de los grandes propietarios del pueblo. En ella vivió su hijo Dionisio Aldama Aldama, cuyo nombre se puso a la calle. En los siguientes años, edificó otra casa al sur de ésta.

En esta calle, más al sur, había una casa propiedad del procurador Fidel Agüero Bolloqui. Después, estaba la de Antonio Garaigorta González de la Mata, vecino de Bilbao, que luego fue de Floro Oribe. Y, finalmente, nos encontramos con la casa de los Aguinaco, en la que vivió uno de los caudillos carlistas de la comarca en la última carlistada (1872-1876). Suponemos que todas estas fueron construidas a partir de la llegada del ferrocarril en 1863.

El otro gran núcleo de Amurrio era el barrio Elexondo, que, en la documentación de finales del siglo XIX, abarcaba desde el mesón de Armuru hasta Intxaurdui. En 1884, frente a la iglesia y en el lado izquierdo de la carretera de Bizkaia, estaba la casa de Nicolás Ibáñez Arriba, tratante natural de Ixona, a la cual poco después se adosó la casa que sería de los Altonaga. Más adelante, estaba la casa de Antonio Aldama Gabiña, a la que posteriormente también se adosó otra vivienda en su parte sur. La casa señalada con el nº 3 pertenecía a Concepción Anchia, viuda de José Ramón Echeguren, destacados propietarios de la localidad. Parece corresponder con la conocida como “Casablanca”, a la que en tiempos de su hija Antonia Echeguren se añadió otra casa a su lado.

Además, existía otra casa que era de Joaquín Landaluze Respaldiza; según la descripción de sus lindes, estaba adosada al templo. En frente de ésta, al sur, estaba la casa de los Olamendi. El nº 6 no figura en la relación de 1884 pero sí diez años después, cuando era de Juan Manuel Urquijo, vecino de Madrid. Fue habitada por Ciriaco Molinuevo posteriormente. Un poco más al norte de ésta encontramos la casa cural, conocida como “casa de Ochanda”. Las dos siguientes casas estaban próximas una a la otra, cerca del ferrocarril y al norte de la carretera. La más vieja era de Concepción Anchia y la otra, posiblemente bastante reciente, era de Dámaso Landazuri Arberas, cuya viuda compró la otra casa.

La zona situada al norte del templo parroquial resulta dificil de describir a partir de la documentación consultada. Al parecer, no existían las casas de la parte baja de la que fue “calle Álava”. La señalada con el nº 10 pertenecía al chocolatero Manuel Elola Barañano y lindaba al norte con camino, al oeste con entrada y al este con Valentín Aldama. Al hijo de éste, Juan Vicente Aldama Aguirre, pertenecían las casas nº 11 (pegada o próxima a la anterior por el oeste) y la nº 12 (con la carretera al oeste). Es decir, las casas de Aldama y Elola parecen corresponder con el conjunto edificatorio en el que estuvo el bar El Bolinchi.

Al otro lado de la carretera, y junto al camino que entonces salía hacia Mendiko, estaba la casa de Carlos Ugarte Olartegochia. Más al oeste, estaba el palacio Cejudo o, más propiamente dicho, Urrutia, que era propiedad de Pedro Eraña, de Salamanca. Al norte de éste debía estar la casa nº 16, de Juan Antonio Sarachaga Uliarte, que tenía el camino al norte, el antuzano al este, la era al oeste y la huerta al sur.

Detrás de la casa de Aldama y Elola, junto a la carretera, encontramos la casa de Casimira Urruticoechea, que posteriormente fue de Santiago Landaluze Orue. Tenía el nº 19 y no aparecen los números 20 y 21. Sí sabemos que la nº 22 pertenecía a Francisca Bárcena, vecina de Madrid, y estaba más al norte de la anterior: luego fue de los Uribe. Al otro lado de la carretera, en la zona del actual juzgado, estaba la casa de Lázaro Maria Pinedo.

El área comprendida entre este mencionado punto hasta finalizado el repecho que lleva a Landaburu, en la margen izquierda de la carretera, era conocido como “Inchordio” (Intxaurdui). En 1884 son dos las casas que figuran con este nombre: la nº 25 pertenecía a Martiniano Tercilla Chávarri y fue convertida luego en Villa Gregoria; la nº 29 era de Dámaso Landazuri Arberas y estaba en lo alto de la cuesta. Por el contrario, la nº 27 estaba al otro lado de la carretera y ligeramente más al norte; era de Agustina Esnarriaga, y en ella vivió luego su yerno Lucas Rey. Parece ser que esta casa se incluía ya dentro del barrio Landaburu.

Retrocedemos ahora a la iglesia parroquial y el lugar que entonces era considerado como la “plaza” del pueblo, es decir, el espacio comprendido entre el palacio Urrutia y la iglesia. Más arriba estaban las casas del barrio Larrinaga, que estaban situadas en el primer tramo de la actual calle Mendiko. En 1884 eran 4 viviendas: las tres primeras eran de Felipa Antoñano Arriaga, natural de Astobiza; tuvieron otros propietarios en años siguientes, hasta que las adquirió el Marqués de Urquijo. Por su parte, el nº 4 era de Concepción Anchia y luego de su hija Antonia Echeguren.

Más adelante comenzaba el barrio Mendiko, que parece haber abarcado el área al norte de Larrinaga y al noroeste del palacio Urrutia. Sabemos que en tiempos pasados algunos de sus caseríos recibieron nombres como Matxialper, Padura o Errementeria, pero no conseguimos identificar, por el momento, ninguna de las casas documentadas en 1884 con los datos históricos que tenemos de los caseríos de este barrio.

La casa señalada con el nº 5 era propiedad de Hilario Aldama Gabiña y lindaba al norte con camino, este con entrada, al oeste con Valentín Aldama y con heredad al sur. Posiblemente, estaba situada a la izquierda del camino a Mendiko una vez pasado el palacio Urrutia. Por su parte, los números 6, 7 y 8 estaban al otro lado de la carretera y pertenecían a José Isasi Yarza.

La señalada con el nº 9 era propiedad de Lorenzo Isasi Leal de Ibarra y lindaba al este con camino. Luego fue de su hijo Matías Isasi Beraza y probablemente estaba al norte del barrio Larrinaga. El nº 10, que no aparece en 1884, es posible que correspondiera con una casa de Manuel Picaza Udaeta, vecino de Bilbao. La siguiente casa era la nº 11, propiedad de Simón Retola Landazuri, que luego fue de su hija Dolores, casada con el farmacéutico Juan Antonio Landazuri, y sobre la que edificaron su chalet. No aparece tampoco la nº 12 (posiblemente correspondía a dos casas de Lázaro Aspizua que figuran sin numerar) pero sí la nº 13, que era de Florencio Guaresti Llano, natural de Izoria, y tenía el camino al oeste. La nº 14 era de Antonio Gabiña, vecino de Sigüenza, y tenía la salida al este. Por último, el nº 15 correspondía a una casa pequeña de José Isasi.

Según parece, el barrio Saratxaga se correspondía con la zona superior del camino a Olabezar y estaba compuesto por dos casas. Una era de Manuel Sarachaga, descendiente por vía directa de los propietarios de esta casa en el siglo XVI, aunque diez años después ya era de Fermina Angulo Goñi. La otra pertenecía a Francisco Aldama Sarachaga. El último caserío en esta zona era el llamado “El Alto”, con el nº 18, próximo al actual cementerio y propiedad entonces de José Landaluze Respaldiza.

Desde las inmediaciones de Saratxaga, un camino llevaba a Landaburu por el mismo lugar por el que hoy baja la carretera desde Goikolarra. En este camino, al sur del mismo, estaba el caserío señalado con el nº 28, propio de Joaquín Landaluze Respaldiza. Al sureste de este caserío, y encima del camino real, estaba el caserío Arenalde. Por su parte, Juan Rubenach, como marido de Adelaida Lezama Urquijo, tenía una casa entre Arenalde y Alkinar, a la izquierda de la carretera.

El nº 30 era de Pedro Zorrilla Montalbo y tenía la carretera al oeste, mientras que el nº 31º era de Antonio Aldama Gabiña y estaba en el mismo lado, aunque, según parece, más al sur que las anteriores. ¿Quizá el que había sido conocido como Cerrajería?

Frente a la casa de Rubenach, al otro lado de la carretera, había tres casas que estaban juntas y eran propiedad de Juliana Barrenengoa. Su segundo marido fue Juan Ugarte Orue, que habitaba la casa nº 34 en 1876 y cuyos padres fueron propietarios del caserío Etxabe, que bien podría ser el mismo.

Aunque con el tiempo los padrones de la localidad designaron con el nombre de La Calle a toda la zona al norte de Elexondo, en esta época aún mantenía sus límites originales, desde Zabaleko al norte. La parte baja del barrio, las casas en torno a la carretera, formaban parte del barrio Arretxondo o Aretxondo.

La primera casa estaba a la derecha del camino real y era propiedad de Toribio Olarieta Jauregui. Más adelante, estaba la casa nº 50, propiedad de Francisco Javier Zulueta, residente en México, y frente a la misma, al otro lado de la carretera, se encontraban dos casas unidas o, al menos, muy próximas. La primera de ellas, posiblemente con el nº 51, era propiedad del pueblo de Respaldiza. La segunda, situada al norte, era de Fermín Galíndez.

Los cuatro siguientes números no aparecen, aunque la nº 54 estaba habitada en 1876 por Pío Echeguren Aldama, cuyos antepasados constan en este barrio desde varias generaciones atrás. También entre éstas se incluiría el caserío Zabaleko, que era de Juan Rubenach. Al norte de éste comenzaba el barrio La Calle con la casa de Petra Arostegui, viuda de Juan Olabarrieta Aldama. Los nº 58 y 59 eran propiedad de Manuel Sasiain Landazuri y estaban más al norte pero al otro lado del camino.

Finalmente, el barrio Arretxondo abarcaba otras dos casas: una al este de la carretera y propiedad de Anacleto Pinedo, y la nº 60, de Pedro Landaluze Garbiras..

Continuando por el Camino Real hacia el norte entramos en el barrio Sagarribai. Primero, estaba la casa posteriormente conocida como “de Goya”, que la usufructuaba Figuerola. Éste también era propietario de la casa nº 62, mientras que la nº 63 era de los hermanos Francisco y Patricio Yarritu, afincados en Abanto, que posiblemente fueron después dueños de dos de las tres casas que están actualmente a la izquierda de la carretera. La restante pudo ser de Juan Garaigorta, que de hecho habitaba el nº 63 en 1876. Al otro lado del río y las vías del tren, se situaba el caserío Zamora y otra casa que albergaba dos viviendas propiedad respectivamente de Emilio Larrinaga y Agapito Gallaistegui.

Siguiendo la carretera, más al norte existían cinco caseríos a mano izquierda y, finalmente, otros dos a mano derecha. El primero de todos era el de Saerin, seguido del caserío antiguamente conocido como Agirre, ambos propiedad de Marcelo Gorostizaga.

Las tres casas siguientes formaban parte del barrio Urieta y, con los números 77, 78 y 79, eran propiedad del sacerdote Dionisio Díaz de Olarte Asteguieta. Finalmente, estaban las dos casas de Argatxa, al otro lado de la carretera.

Pasamos al otro lado del río Nervión y emprendemos el regreso hacia el sur. El caserío más próximo a Argatxa era San Pablo, propiedad de los herederos de Ascensión Arbide. A su altura, pero más al este, estaba Urietagoikoa. Próximo a la estación del tren que hoy lleva su nombre, estaba el caserío Salbio, de Francisco Aldama Orue. Y, finalmente, más al sur se situaba el caserío Espinal. Desde aquí se podía ascender hasta la ermita de San Roque, en cuyo entorno se disponían dos caseríos, en aquel entonces notablemente aislados respecto a los demás. Junto a la misma ermita, estaba la casa de Gregorio Olartegochia Abechuco, que luego compró Aspiunza. Más abajo, la casa nº 40 era propiedad de Vicente Badiola Ugarte.

No existía por entonces ninguna casa entre el puente de Zabalibar y la de Badiola. Primero, al sur de dicho puente, nos encontramos la antigua ferrería reconvertida en fábrica de harinas. Frente a estas instalaciones, al otro de la carretera, existían dos casas muy próximas que pertenecían a Simón Olabarria y Gregorio Manzarbeitia, ésta al oeste de la anterior. Manzarbeitia era yerno de Santiago Isasi, que había comprado la casa principal, ferrería y molino de Zabalibar.

En el camino que salía de la carretera en Arretxondo en dirección a Zabalibar, un poco más al sur de las anteriores, estaba el caserío de Josefa Yarritu, viuda de José Olarieta, conocido como Mamitu. Más abajo quedaba otro caserío que usufructuaba Figuerola, luego comprado por Fermín Olibares. El siguiente correspondía a Manuel Sasiain.

El barrio se completaba con tres caseríos muy próximos uno del otro, más al sur. El primero de ellos era propiedad de Catalina Olarieta, vecina de Jugo; el segundo de Concepción Anchia; y el más meridional del barrio pertenecía a Dionisio Arberas Aguirre, siendo habitado por los Galíndez durante generaciones. No lejos de éste estaba la casa de Olako, también propia de Dionisio.

La zona de Zabalibar y Olako quedó separada del resto de la localidad por el ferrocarril, y estaba también separada de Orue y Abiaga por el río Nervión. Por aquel entonces, entre Olako y el molino de Rotabarria, apenas existían un par de casas en todo lo que hoy es una de las principales zonas de habitación de Amurrio. Entonces no habría más que campos. Solo documentamos dos casas junto a la carretera de Álava, en su lado sur. Una de ellas, de muy reciente creación, era de Ignacio Landazuri Arberas, de Pardio, la que fue conocida posteriormente como “del Patrón” y desempeñó las labores de fonda. En dirección a Ugarte, hacia la mitad del camino, estaba la casa de Ángel Galíndez, vecino de Madrid, aunque es posible que en realidad se construyera entre 1884 y 1894. Finalmente, un poco antes del puente de Arzubiaga, que daba entrada al puente de Ugarte, se encontraba al norte de la carretera una casa propiedad de Andrés Lejarza Viguri, que luego fue de su sobrino Juan Viguri Molinuevo.

A la derecha del puente, se encontraba el caserío Zubialde, que había sido del primer alcalde del Ayuntamiento de Amurrio, Matías Landaburu, y en 1884 era de su hija. El siguiente en listarse era el caserío “Campillo”, de Josefa Ugarte, viuda de Lafuente. Por su parte, el nº 3 correspondía con el molino Querejeta, que era propiedad de Lucio Guinea Baranda; el nº 4 era de Antonio Arberas Riofrancos y el nº 5 de Luis Jauregui Ugarte. La siguiente casa probablemente se encontraba en Bideko y era propiedad de Lorenzo Anda Landazuri; en el mismo lugar se situaría una casa llamada “Ugarte Arriba”, propiedad de Victoriano Montoya. Finalmente, la nº 8 era de Ramón Gabiña Aspichueta, tenía el camino al este y fue propiedad de los Acha años después.

El listado de 1884 pasa a los nº 9 y 10, que correspondían a las dos viviendas que albergaba la Casa de Ugarte, propiedad de Fidela Olaeta Salazar, vecina de Gernika, descendiente de los antiguos propietarios del mayorazgo de Ugarte, fundado en 1606, que quedó adscrito al de Astobiza. La nº 11 era de Vicente Urrutia Mugaburu y a continuación se listaban las casas de Valentín Aldama Zulueta y la de la viuda de Manuel Angulo, que lindaba norte y oeste con camino.

Llegamos así a la zona del barrio Uskategi encontrándonos primero el caserío llamado Manzarraga o Lorenzico. Por su parte, el caserío Tontorra era de Ramón Gabiña Aspichueta. Después, aparece el caserío que había sido de los padres de Josefa Ugarte Abechuco, viuda de Francisco Lafuente; y después los dos caseríos de Uskategi: el de José Yarritu Olarte y el que administraba el sacerdote Ramón Aspizua como curador de la menor Isidora Olarieta San Miguel.

No lejos de aquí quedaba el barrio Isasiko. En la parte baja de este barrio, estaban los caseríos Mingotxu y Andaiko (que figura como Andiko); más arriba se encontraba Orortegi, que adoptó este nombre por haber pertenecido durante un par de generaciones a los de este apellido, y que entonces era de Pedro Molinuevo. El caserío Basarrate era de Gabriel Urrutia, cuya familia había emigrado a la Margen Izquierda; más arriba estaban los dos caseríos de Larra. También en Pardío había dos caseríos, propiedad de Ignacio Landazuri y Juan Viguri, mientras que Mariaka pertenecía a Valentín Aldama.

Por su parte, el barrio Aldama continuaba teniendo sus seis caseríos históricos: Andiko Abajo, propiedad de Valentín Aldama; Andiko Arriba, de Fermín Olivares; Olarieta, de José Aldama Yarritu; Etxabarriko, de José Yarritu; y Berganzena y Juandorena, ambos de Lorenzo Isasi Leal de Ibarra, el primero por compra.

Pasando a la otra vertiente, de cara a Baranbio, bajamos hacia el barrio de Onsoño, en cuya parte alta estaba el caserío Goiko, de Miguel Landaluze; más abajo estaban, seguidas, las casas de Mariano Berganza, la de Katuja (llamada así por pertenecer al mismo propietario que el Palacio de Catuja de Laudio/Llodio), y la de Casimira Aldama Cuadra, con el caserío de Marcelino Aldama Yarritu enfrente, el cual fue conocido tiempo atrás como “Mariaka”, por el apellido de uno de sus primitivos propietarios. Todos estos caseríos se conservan pero no ocurre lo mismo con otros que estuvieron más abajo del anterior. Primero estaba Etxezuri, que en 1884 era de los hermanos Sautua Larrazabal, junto al cual hubo otro caserío ya por entonces desaparecido. Justo después, estaba la casa de Fernando Berganza Aspiunza. Ambas desaparecieron en la segunda/tercera década del siglo XX. Frente a estas, al otro lado de la carretera, estaba la casa de Gregorio Olamendi, que en el pasado recibió el nombre de Muñezkan, por el apellido de uno de sus propietarios. Separadas del resto del barrio, a menor altitud, alcanzamos los caseríos Barrenengoa y, después, Kruzialde, que era de Marcos Isasi Isasi.

Finalmente, en el barrio Berganzabeitia existían unas cuantas casas en jurisdicción de Amurrio. La más meridional era la de Okeluri, no lejos de la cual se encontraba el caserío “Esteban”, ambas propiedad de Juan Francisco Tipular. Luego estaba el caserío Zapatería, que era de Tomás Aldama Echevarria; cerca de ésta había otra casa que era de Fermín Iñiguez de Onsoño, vecino en este mismo barrio pero en jurisdicción de Lezama, y otra de Antonio Echevarria. Por último, la casa de Eligorta era también de Tomás Aldama.

Otro largo trayecto por el monte nos llevaría hasta el barrio Orue para recorrer la ribera oriental del Nervión. En este barrio, la casa señalada con el nº 39 era propiedad de José Berganza Garbiras y parece compartir número con otra de Sebastián Yarritu, por lo que quizá era una casa dividida entre los dos. La nº 38 era de Manuel Sasiain Landazuri, junto al camino que llevaba a Mariaka. El nº 36 era de Francisca Arbide, viuda de José Garbiras, cuyos ancestros habían vivido en el barrio desde muchas generaciones atrás. Esta casa la compró poco después Juan Viguri y construyó otra unos años después, al otro lado del camino. Con el nº 35 aparece el caserío Oribai, de Sebastián Yarritu.

Al sur de éste, entramos en el barrio Abiaga, cuya distribución del caserío aparenta ser la misma que tenía ya en el siglo XVI. La casa más septentrional del barrio era la casa nativa de los Aspiunza, propiedad en aquel momento de Rafaela Urrutia. A continuación, la nº 33, al oeste del camino, era de Nicolasa Olarieta Echeguren, y la siguiente, al este del camino en el sentido de nuestra marcha, de Francisco Aldama Sarachaga.

A partir de aquí, las siguientes casas estaban todas al oeste del camino. Con el nº 31 figura la casa de Ciriaco Ojembarrena Aldama, descendiente directo de Martín Latatu de Abiaga, que era su propietario en 1590. El nº 30 era de Teresa Urrutia Mendivil y seguramente era la casa llamada Gotxi, a cuyos propietarios se hizo concurso de bienes en 1845. Cerca de ésta, el nº 29 correspondía al caserío conocido como Sautuko, por haber pertenecido desde el siglo XVI a la familia Sautu. Era entonces de Francisca Berganza Ugarte.

Al otro lado del camino, y un poco más adelante, estaba el nº 28, propiedad de Manuel Abechuco Urrutia, cuyos antepasados habían vivido allí por generaciones. Un poco más al oeste estaba el nº 27, de Antonio Yarritu Cuevas, y a veces incluido en el barrio Bañueta. A este barrio pertenecían, sin duda, las dos siguientes casas. La nº 26 estaba muy próxima a la anterior, en la curva de la carretera que accede a las piscinas y junto al arroyo que transcurre por allí. Era entonces propiedad de Juan Antonio Sarachaga, que poseía también el molino de Bañueta, nº 25, como heredero directo de los Guinea, sus propietarios a principios del siglo XVI.

Finalizado el recorrido, observamos que algunas casas se conservan y otras no, siendo muchas de ellas difíciles de identificar y localizar. Solo un trabajo específico de archivo puede reconstruir la historia de todos los edificios históricos de Amurrio, tanto los que se conservan como los que no, para evaluar correctamente el patrimonio material e inmaterial de la localidad y conocer con mucha mayor exactitud su historia.

Los Arriaga: auge y caída de un linaje

El origen del linaje

 

Los Arriaga proceden de la casa solar del mismo nombre situada en Lezama. La documentación del siglo XVI no nos permite afirmar que la casa de Arriaga destacase sobre el centenar aproximado de caseríos, la gran mayoría habitados por labradores propietarios, que conformaban el pueblo de Lezama.

Sin embargo, Martín de Arriaga fue una de las once personas que firmaron las ordenanzas de Lezama, redactadas en el año 1511. Este hecho significaría que Martín era uno de los vecinos más destacados e influyentes de la localidad. Pero no parece que su posición fuese especialmente destacable más allá del ámbito estrictamente local. No era un notable de la Tierra de Ayala, ni mucho menos.

Nieto de Martín habría sido Juan López de Arriaga, casado con Juana de Quincoces, con quien tuvo a Pedro de Arriaga, casado con Mari Ortiz de Landazuri (a veces figura como Ortiz de Zulueta) en 1589. Pedro aparece como uno de los vecinos pagadores de Lezama en una lista confeccionada en el año 1590 y era, sin duda, el dueño del solar de Arriaga, pues dicha lista se encuentra ordenada geográficamente y su posición entre los vecinos del barrio Latatu y los de Gorostiza no deja lugar a dudas.

Por estos años finales del siglo XVI Pedro de Arriaga fue protagonista junto a su madre de algunos pleitos que acabaron por llegar a la Chancillería de Valladolid. Así ocurrió en 1592 y 1593. El conflicto tuvo lugar cuando su vecino Juan Miguel de Latatu acudió junto a su hijo Martín a casa de Arriaga para reclamar a Pedro el pago de una deuda de 6 ducados que éste tenía con Cristóbal de Mújica Butrón, señor de la casa y torre de Astobiza. Padre e hijo alegaron haber sido insultados y golpeados con un bastón y por ello procedieron a denunciar a Pedro de Arriaga y a su madre Juana de Quincoces.

Hasta aquí, nada hace pensar en un excepcional poder de esta familia.

El siguiente propietario de la casa fue Francisco de Arriaga, hijo de Pedro, casado en 1624 con Francisca de Elgueta, natural del barrio Unzueta del mismo lugar. Tras enviudar, Francisco se casó en 1648 con Francisca de Olagorta Perea, natural del mismo barrio. Estos fueron algunos de sus hijos:

  • Pedro (1625), casado en 1653 con Maria de Onsoño Solorzano, del barrio Latatu, de los cuales no tenemos más noticia.
  • Juan (1635), que fue el hereder, como veremos.
  • Martin (1639), casado en 1664 con Maria de Sautu Ocarandui, heredera del caserío Sautuko, fallecida poco después sin dejar hijos. Martín se casó de nuevo en 1666 con Maria Cruz de Murga Ibarrola, cuyo hermano fue notario.
  • Francisco de Arriaga Perea (1651), que habría heredado el caserío Olagorta de su familia materna; se casó en 1670 con Maria Cruz de Guinea Lopez de Inoso, también del mismo pueblo. Sus descendientes residieron en este caserío durante generaciones, de modo que en la última década del XIX todavía pertenecía a Nicolás de Arriaga Respaldiza, nacido en 1845 pero ausente ya en América. Por cierto, que es muy posible que su padre Francisco de Arriaga fuera el vecino de Lezama que, según la prensa de la época, asesinó a su mujer embarazada el 27 de julio de 1847.
  • Juan de Arriaga Perea (1653), se casó en 1676 con Marina de Guinea Lopez de Inoso y tuvieron dos hijas, pero no tenemos más datos sobre esta familia.

 

El ascenso

 

El heredero de la casa solar de Arriaga fue Juan de Arriaga Elgueta, casado en 1665 con Maria Thomas Diaz de Basabe Zaballa. Posiblemente, ella fue la que introdujo la casa solar de Isasi en la familia, casa que aún hoy en día ostenta el mismo escudo de armas que la casa de Arriaga. Esta unión de dos ilustres casas sin duda muestra la mejora de la posición económica del linaje. Entre otros muchos de los que no disponemos información, por haber fallecido párvulos o a temprana edad, tuvieron los siguientes hijos:

  • Juan (1668), se casó con Gerónima de Montoya en la localidad de Anúcita y residieron en las Ventas de Mimbredo, un importante lugar de tránsito en aquel entonces.
  • Maria Thomasa (1671), se casó con Domingo de Perea Larrea, heredero del caserío Bidaur de Lezama
  • Domingo (1673), que fue el heredero
  • Antonia (1681), se casó con Domingo de Landazuri Montoya.
  • Francisco (1687), que heredó la casa de Isasi en 1712 al casarse con Ana de Unzueta Berganza, del caserío Bideko. Una de sus hijas se casaría con Juan Valentín de Ibarrola, abogado en la Real Chancillería de Valladolid, y fundadores de un vínculo del que acabaron formando parte media docena de casas en Lezama, como Isasi, Bideko, Amezketa, etc.

El heredero de la casa de Arriaga fue Domingo, casado en 1703 con Maria de Gurbista Landa, también de Lezama. Fue este matrimonio el que puso los pilares del mayorazgo de Arriaga y el que mejoró sustancialmente el patrimonio y la situación de la familia, aunque desconocemos de dónde procedían los capitales que hicieron posible esta mejora.

A pesar de que su padre repartió las dos casas que poseía entre dos de sus hijos, Domingo compró varias casas: en 1708 compró parte de un caserío en Basabe a Sebastián de Viguri, y pronto se hizo con la totalidad de la casa. En 1717 compró el caserío que fue de Pedro de Aranguren en Latatu tras un concurso de acreedores. Además, en 1719 la casa de Arriaga contaba con un molino propio, el cual es probable que fuese construido por esta época, ya que no se menciona con anterioridad en la documentación notarial.

Estas tres casas fueron heredadas por Domingo Antonio de Arriaga Gurbista en 1738 con ocasión de su matrimonio con Rosa de Zulueta Sauto, natural de Larrinbe, de modo que en 1749 creó el vinculo y mayorazgo de Arriaga. Pero el poder alcanzado por esta familia se va a expresar sobre todo en las prósperas carreras de sus numerosos hermanos, que sin duda serán los que hagan mayor fortuna.

Trataremos en primer lugar de los descendientes de la familia que permanecieron en la Tierra de Ayala:

  • Juan Silbestre de Arriaga Gurbista (1706 – 1769), el primogénito, fue sacerdote y beneficiado en la parroquia de San Martín de Lezama, pero además fue una pieza fundamental para el devenir de la familia al hacerse con un patrimonio realmente importante. En 1734 heredó una casa en el barrio de Basabe de su tía abuela Francisca de Basabe; en 1750 compró la torre Jauregia en Baranbio con su ferrería y todos los pertenecidos; y en 1763 compró los restos de una casa arruinada por un incendio en el barrio Olamendi, que reconstruyó poco después. La posesión de estos bienes, sobre todo de la ferrería, hicieron de este sacerdote un personaje importante.
  • Joseph Antonio de Arriaga Gurbista (1717) fue Abogado de los Reales Consejos, Cura y Beneficiado en la parroquia de Lezama y vicario de la Tierra de Ayala.

 

Mientras algunos de sus hermanos prosperaban tanto en Ayala como en América, el heredero de la casa solar de Arriaga no trascendió al ámbito local y además falleció relativamente pronto, de modo que su viuda arrendaba la casa a Antonio de Gurbista en 1760.

Habían tenido dos hijas que se casaron con Matías Martinez de Morentin y Pedro de Bea-Murguía Bea respectivamente, y dos hijos. Dámaso Antonio parece que emigró a Cádiz, y Domingo Santiago (1747) fue el heredero. Como curiosidad, Domingo Santiago no podía acudir a desposarse con Concepción de Elordui Izarza, y por ello otorgó poder a Agustín de Eguia, Teniente Alcalde y Juez de la villa de Bilbao, o en su defecto a Pablo de Basarrate. Esto ocurrió en 1772.

Domingo Santiago no solo heredó el mayorazgo de Arriaga sino que también recibió todos los bienes que había acumulado su tío Juan Silbestre de Arriaga. Como en ellos se incluía la torre Jauregia y su ferrería, Domingo Santiago pasó a residir en Baranbio en adelante, aunque es posible que no vivieran allí sino en una casa del barrio Errotabarria.

La decadencia

 

Con Domingo Anselmo de Arriaga Elordui, el linaje de los Arriaga comenzó a decaer. De sus hermanos, solo sabemos que Mariano se casó con Eulalia de Olalde aunque desconocemos donde residieron. Domingo Anselmo se casó con Maria Josefa de Sarraga Urizar y fueron también vecinos de Baranbio. En 1815 solicitaba una moratoria de 8 años para pagar a sus acreedores, debido a la miseria en que decía estar sumido debido a las cargas que ocasionó la invasión francesa. De hecho, años más tarde se le hizo concurso de acreedores y es por ello que se desprendió de sus bienes de Baranbio, incluida la torre Jauregia y la ferrería.Además, en 1827 su viuda Maria Josefa vendió la casa de Errotabarria a Antonio José de Bea-Murguia, vecino de Cádiz.

Por cierto, que la leyenda familiar afirma que este Domingo se suicidó a raíz de la pérdida del patrimonio familiar. Por el momento, lo único que podemos afirmar es que fue enterrado en Ugao el 13 de agosto de 1826.

Tuvieron varios hijos e hijas que se casaron fuera. Domingo José (1806) se casó con Maria José de Aguirre Uriarte, natural de Zeanuri, y pasaron a residir nuevamente en Lezama. Sin embargo, la familia ya no destacaba siquiera en la vida local. Tuvieron por hijos a Cirilo, que emigró a América como tantos otros en aquellos años, y a Petra (1858), casada con Lorenzo Martínez y heredera de los bienes que habían sido del mayorazgo de Arriaga, que como todos los mayorazgos ya había sido suprimido para entonces.

En 1884 aún conservaban dos casas en Basabe (o una casa con dos viviendas), la de Olamendi, Arriaga y la casa de Latatu, que tenía dos viviendas. Sin embargo, en 1920 solo tenían la casa de Arriaga y la de Latatu.

 

Los Arriaga y América

 

Parte del brillo de esta familia durante el siglo XVIII procedió de la exitosa carrera de sus miembros en América. En todo caso, los Arriaga estuvieron, en todas sus ramas, vinculados con el Nuevo Continente.

El primer Arriaga del que tenemos constancia que emigrase a América fue Domingo de Arriaga Murga, natural del caserío Sautuko, que falleció en las minas de Mazapil en 1709, a donde había partido hacia 1689.

Posteriormente, en 1732 había partido a Nueva España como criado de Pedro López de Echandia un jóven “mediano de cuerpo, blanco y delgado” de unos 16 años llamado Francisco de Arriaga, que seguramente fue hermano de los cuatro siguientes, de carrera exitosa en “las américas”. Fueron los siguientes:

  • Pedro de Arriaga Gurbista (1711), pidió licencia de pasajero a Nueva España en 1735, con el objetivo de cobrar diferentes mercaderías que tenía cargadas en siete navíos de una flota. Para ello, llevaba consigo dos criados, uno de ellos era Manuel de Arriaga Lezameta, su pariente lejano del caserío Olagorta. En 1743, también Juan de Arriaga Lezameta se encontraba en las Indias.
  • Manuel Emeterio (1719) pidió licencia de embarque en 1741 para pasar a América con dos criados, uno de ellos llamado Francisco de Uriarte y natural de Lezama. Sin embargo, en dicho viaje padeció un “riguroso tabardillo” desde el día de Todos los Santos, teniendo en su cabecera al Reverendo Padre Jocano, y falleció el 16 de noviembre de 1742. Antes de embarcar, era vecino de Puerto de Santa María junto a su hermano Pedro, cuando pidieron prestado dinero a su pariente Francisco de Arriaga Basabe, heredero del caserío Isasi. Por allí se encontraba también Joseph de Gurbista Mendieta, natural de Lezama, residente en Cádiz, y a la sazón cuñado de Francisco de Arriaga Lezameta.
  • Antonio Miguel de Arriaga Gurbista (1721) también estuvo en América. Poco antes de 1789 un tal Antonio de Arriaga Gurbista, vecino de Cádiz, compró el caserío Arrigoiti de Lezama. Sin embargo, no podemos aclarar si se trataba del mismo Antonio Miguel o de uno de los Arriaga Gurbista del caserío Olagorta.
  • Antonio Juan de Arriaga Gurbista (1727), que suele aparecer nombrado como Antonio a secas a pesar de tener un hermano llamado Antonio Miguel, fue elegido Corregidor de la Provincia de Canes y Canches, o Tinta, en el Reino del Perú, por lo que el 9 de enero de 1775 pedía permiso en Madrid para embarcarse a ocupar su oficio. Iría con un sobrino político, Eusebio Balza de Berganza Gurbista, natural de Lezama y casado en Orduña con Narcisa de la Fuente Arriaga. Este Antonio de Arriaga es el más famoso de toda la saga. En 1762 fue hecho prisionero por los ingleses mientras defendía con barcos reales y propios la colonia de Sacramento. Falleció en Tinta en noviembre de 1780 ahorcado por el alzamiento indígena de Tupac Amaru, tras haber desempeñado su oficio de Corregidor con notables abusos sobre la población local.

 

Por estas fechas, otros miembros del linaje se encontraban en las Indias. Por ejemplo, allí estaba Ignacio de Ibarrola Arriaga según el testamento otorgado por su madre en 1781. También estaba en América en 1775 Manuel de Arriaga Gurbista, dueño del caserío de Olagorta, aunque según parece sólo marchó por unos años. Además, tenía un hermano en Marsella, y uno de sus nietos emigraría a Cuba.

 

Hilketa Saratxoko (edo Derendanoko) elizan

1539ko apirilaren 3an, Ostegun Santua, Saratxoko elizan (“iglesia de san nicolas de derendano”) zeudenean, Martín de Oquendo izeneko gazteak gezi batekin larri zauritu zuen Juan de Derendano auzokoa.

Juanek testamentu egiteko nahikoa indarra izan zuen baina laster hil zen. Horregatik, Martín Juanen familiari 400 dukado ordaintzera kondenatua izan zen eta, dirudienez, urkatua izatera ere bai. Baina Oquendok Ameriketara alde egin zuen, Panamara hain zuzen. Eta han hil egin zen 1554. urtean. Juanen oinordekoek ez zuten dukadorik jaso.

 

Derendanotarrak

Francisca de Torresekin alaba izan zuen Juan de Derendanok, Casilda izenekoa, zeinek ez zuen inoiz adin-nagusitasunera heldu.

Beraz, Hernando Ortiz de Ugarte amurrioarra izan zen Juanen benetako oinordekoa. Testuan Hernando eta Juan anaiak zirela esaten da. Ziur aski Amurrioko Ugarte etxeko jauna izan zen; nahiko gizon boteretsua zela ondo dakigu. Baina, zergatik zituzten anai hauek abizen desberdinak?

Garai hartan abizenak finkatuta ez zeudelako; ohikoa zen emazte edo senarraren abizena hartzea, edo bizi zen herriko edo baserriko izena.

1638an Hernando de Ugarte, seguraski bestearen biloba, “la cassa de erendano”ren jabetzat agertzen zen bere testamentuan. Ugarteko Maiorazkora lotu zen etxe hori, gero Astobitzako dorrearen jaunek izan zutena.

 

Oquendotarrak

Juan Sanz de Oquendo eta Catalina de Ugarte izan ziren Martinen gurasoak, Iturraldeetxearen jabeak. Beste seme-alabak izan zituen: Pedro Pancorbora joan zen bizitzera; Juan “el mozo” Obarenesera; Maria, San Juan de Uscategui amurrioarrarekin ezkondu zen; eta Casilda, gazteena, oinordekoa izan zen. Baina ez daukagu datu gehiago.

Abizen horrekin beste familiak egon ziren Saratxon: 1562an hemen bizi ziren Pedro de Oquendo eta Juan Fernández de Oquendo bere semea; eta Martín de Oquendo.

1590an Martín Pascual de Oquendo zen auzokoa, eta XVII. mendearen hasieran abizen honekin bi familia zeuden.

Bestalde, Iturralde baserriaren jabea Juan de Aguirre Berganza zen 1747. urtean. Ez dakigu zer gertatu zen ostean, honek seme-alabarik izan ez zuelako.

 

Derendano / Saratxo

XVII. mende arte Saratxo herriaren izena Derendano izan zen. Aiaraldean, ez da izena aldatu zuen herri bakarra (adibidez, Perea > Beotegi, Opellora > Costera).

Derendano hitza Terenciano izen erromatarratik dator; erromatarren garaiko aztarnak aurkitu ziren auzo horretan, gainera. Beraz, gaur egungo Derendano auzoa dena garai hartan herriko gune garrantzitsuena eta zaharrena zen.

Saratxo herriko auzoa besterik ez zen orduan. Han egon zen abizen honetako jatorrizko etxea, antigua y principal” zena. Gainera, han eraiki zen herriko eliza eta, esaten denez, gertu zegoen Aiarako Kondeen jauregia.

Azkenean, Gaztelatik Bilbora zihoan bide garrantzitsua hortik pasatzen zen. Beraz, auzo hori Derendanokoa baino garrantzitsuena bilakatu omen zen eta horregatik izenaren aldaketa.

La Torre de Urrutia de Lezama

Diversas publicaciones señalan a la familia Urrutia, y a su torre situada en Lezama, como una de las principales de la comarca. Por ejemplo, la página web de Amurrio, en la descripción correspondiente a la junta administrativa de Lezama, recoge el texto que Micaela Portilla elaboró para dicha localidad en su Catálogo Monumental de la Diócesis de Vitoria, en la que se habla de esta torre. Siempre se repiten los mismos datos, extraídos del expediente de ingreso de Lucas de Careaga y Urrutia en la Orden de Santiago en 1707[1].

Fue Federico de Barrenengoa quien situó esta torre en el paraje conocido como “la torre”, frente a la casa de Isasi y próxima al barrio de San Millán. Como su nombre indica, es cierto que allí existió una torre: la Torre Cadalso, que Barrenengoa situó erróneamente en el barrio Padura, no sabemos en base a qué datos.

 

La Torre Cadalso

En 1580, Pedro Martinez de Landa fundó por medio de su testamento el mayorazgo de Landa. Cuando se describen los límites de sus propiedades, se habla de un “camino que viene de Ugarte al cadalsso de Eguiluz”[2], en referencia al camino que se dirigía desde el lugar donde se situó la casa de Ugarte (en la zona de Andikoetxealde, creemos) hacia la zona de San Millán. Por lo tanto, la Torre Cadalso figura vinculada a la casa de Egiluz por entonces, y efectivamente ambas aparecen vinculadas siempre a los mismos propietarios. Así, en 1689 Joseph de Urbina Eguiluz, dueño del solar de Egiluz, arrendaba la Torre Cadalso a Francisco de Munibe. Tenemos datos sobre sus arrendatarios con cierta regularidad hasta la segunda mitad del siglo XVIII. La última mención a la Torre data de 1818, cuando se arrendó a Domingo de Loizaga por espacio de 5 años. Indudablemente, en 1876 estaba desaparecida.

 

La torre de Urrutia

Entonces, ¿dónde estuvo situada la Torre de Urrutia? Las publicaciones han repetido siempre que la torre estaba situada a “un cuarto de legua” de la iglesia. Sin embargo, una lectura detenida del expediente nos revela que esto no es exactamente lo que se dice. De hecho, los testimonios son muy contradictorios.

El primer testigo, Juan de Unzueta, declara en su casa del barrio del mismo nombre que la casa de Urrutia distaba como media legua, al parecer del lugar en el que se encontraba. Sin embargo, Diego de Sautu y otros también dijeron que la casa se hallaba a media legua “de este lugar de Lezama”, lo que parece que significa tomar como referencia la parroquia. Por el contrario, el sacerdote Juan de Bedia y Juan de Larrazabal dijeron que la torre estaba cerca de la iglesia; el resto de testigos afirmaban que se encontraba a un cuarto de legua de ella, poco más o menos. Por lo tanto, testimonios realmente contradictorios.

En 1709, los visitadores que estaban elaborando el expediente de hidalguía de Lucas de Careaga (y quienes tardaron 11 días en recorrer las 85 leguas que distan Lezama de Madrid) visitaron la torre, que entonces era propiedad de Juan de Urrutia. Era una torre de un cañón solo, de piedra de mampostería excepto las esquinas de la puerta principal y ventanas, así como algunas troneras estrechas y rasgadas de arriba abajo, que tenía repartidas en diferentes huecos de piedra sillar. A los cuatro lados remataban la casa cubos redondos que recibían el tejado, corriendo alrededor una cornisa llana en que asentaba el tejado. En una de las esquinas que miraban al sur tenía un escudo proporcionado de piedra parda antigua con unas hojas que le adornaban y en el centro dos calderas y una cruz, y por remate un morrión sin penacho. Había otro escudo igual en una pared grande que cerraba una huerta, con una especie de almenas, aunque muy arruinadas.

En todo caso, llama poderosamente la atención que no exista ni una sola referencia a tan magnífica casa en la abundante documentación notarial de la época ni posteriormente. Aunque sea de manera indirecta, en un momento en que hemos conseguido documentar todas las casas del lugar. Tampoco ha dejado ni un leve rastro en la toponimia.

 

La familia Urrutia

No es menos misteriosa la familia que habitó esta torre. Apenas aparecen en los registros de bautismo que se conservan. Ya en 1709 trataron de encontrar las partidas de bautismo de sus miembros y no las hallaron, al parecer porque hubo un tiempo en que cada sacerdote llevaba su propio libro y algunos se habían perdido.

No cabe duda que el apellido es antiguo en el lugar: en 1511 Diego Urtiz de Urrutia era escribano[3] y en 1515 era vecino Juan Díaz de Urrutia[4]. No aparece ninguno de este apellido, sin embargo, en las fogueraciones de 1590 o 1562, aunque algunos Urrutia sí aparecen bautizados por la época. Por ejemplo, en 1571 San Juan de Urrutia, que era hijo de otro del mismo nombre, se casó con Catalina de Lezameta, heredera de un caserío en el barrio de su nombre, por lo que San Juan acabó adoptando el apellido Lezameta.

Otro San Juan de Urrutia se casó en 1608 con Maria Saenz de Unzueta. Tuvieron al menos cuatro hijos: Sebastián (1610), casado en Bilbao con Ana Semper y abuelo de Lucas de Careaga; Maria, soltera; Juan, que al parecer también se estableció en Bilbao; y Antonio, casado con Mari San Juan de Zulueta. San Juan testó en 1648 y pidió ser enterrado en la sepultura en la segunda hilera de la parroquia, donde estaba su mujer, sus padres y antepasados, dueños que habrían sido de la torre de Urrutia.

Según el citado expediente de hidalguía, Antonio y Mari San Juan fueron padres de Martín, abuelos de Domingo y bisabuelos de Juan, propietario de la torre en 1709. Juan debería ser muy joven por aquel entonces. Quizá fue sobrino de otro Juan de Urrutia que testó en 1690 y a quien le tocaban bienes por la muerte de su hermana Catalina, junto a su hermano Domingo[5].

Por esta época, existe una familia Urrutia vinculada a un caserío del barrio Gujuli (actual La Villa), si bien parece provenir del caserío Urrutia de Astobiza. También unos Urrutia habitaron en la casa que se encuentra junto al caserío Bideko, si bien para 1709 sabemos que no pertenecía a esta familia.

No deja de ser curiosa la imposibilidad para documentar un edificio en una época en la que la documentación es abundante. Más aún en el caso de una torre que, teóricamente, debía tener una cierta importancia. Pensamos que algo se nos escapa, o que algo falla en algún punto de la información disponible. Por el momento, mantendremos que la localización de la torre de Urrutia sigue siendo un misterio…

[1] Archivo Histórico Nacional: Consejo de Ordenes, Caballeros de Santiago, Exp. 1569, Lucas Careaga Urrutia

[2] Real Chancillería de Valladolid, Registro de Ejecutorias, Caja 3080, 20

[3] Real Chancillería de Valladolid, Registro de Ejecutorias, Caja 1283, 35

[4] Real Chancillería de Valladolid, Registro de Ejecutorias, Caja 338, 17

[5] Archivo Histórico Provincial de Alava, Prot 12763, Juan de Murga, 1690

El barrio de Pardío

En algunos lugares de Euskal Herria, como ocurre en el caso de Gipuzkoa, los caseríos situados en las laderas más altas de los montes, en los terrenos más apartados y de dificil acceso, los más solitarios en definitiva, se construyeron a partir del siglo XVIII debido a la gran presión demográfica y a la necesidad de expandirse y ocupar nuevos espacios en los que aumentar la producción cerealística. Así, estos caseríos fueron los últimos en crearse pero también fueron los primeros en desaparecer cuando el declive del campo se agudizó.

En nuestra tierra no sucede lo mismo. En la Tierra de Ayala los barrios y caseríos situados en parajes de altura, generalmente muy alejados de la parroquia a la que pertenecen, no son fruto de expansiones demográficas ocurridas en los siglos XVIII o XIX sino que tienen un origen bajomedieval. Es lo que ocurre con los barrios de Aldama, Pardio u Onsoño en el caso de Amurrio. El caserio como institución económica tiene un origen medieval pero el caserío como elemento arquitectónico identificable y diferenciado no apareció hasta, aproximadamente, el año 1500. Como no existe documentación anterior al siglo XVI no podemos afirmar que, entre los barrios y caseríos que ya existían por entonces, unos sean más antiguos que otros. Sin embargo, es muy posible que estos barrios se encontrasen entre los más antiguos del lugar. Por ejemplo, la presencia del apellido Aldama en numerosos lugares ya a mediados del siglo XVI pregona con fuerza la antigüedad de ese linaje y, en consecuencia, del lugar del que tomó el nombre.

A pesar de que ocupasen una posición alejada, periférica, en parajes escarpados, rodeados por tierras menos productivas que las del valle, los caseríos de Aldama, Pardio y Onsoño no fueron solo de los más reputados sino también de los más pudientes del lugar. A partir de mediados del siglo XIX, la mayoría de los propietarios de los caseríos de estos citados barrios construyeron o compraron casas en Landako o Elexondo, que entonces comenzaron a desarrollarse de forma más moderna. Casi todos los propietarios acabaron por abandonar estos barrios para trasladarse al centro o a otros lugares que ofrecían muchas más oportunidades en un contexto de grave crisis del sistema económico tradicional. Entonces, pasaron a estar ocupados por familias de arrendatarios y según avanzaba el siglo XX las diferencias en cuanto a rentabilidad y calidad de vida en estos barrios en comparación con el centro fueron haciéndose cada vez mayores, de modo que al final los caseríos se iban deshabitando y hasta desapareciendo.

Para la elaboración de este trabajo se han combinado varias fuentes que no citamos en cada ocasión para evitar prolijidad. En resumen, ara las informaciones genealógicas hemos utilizado los registros parroquiales accesibles públicamente en la web del Archivo Histórico Diocesano de Vitoria: http://siga.ahdv-geah.org. Los datos de la fogueración de 1590 se encuentran en una lista de fogueras de la Hermandad de Ayala disponible en el Archivo del Territorio Histórico de Álava. Los numerosos datos acerca de donaciones y herencias se han obtenido a partir de la consulta de protocolos notariales en el Archivo Histórico Provincial de Álava. Finalmente, los datos de propiedad y población de finales del siglo XIX y principios del XX se han obtenido en los padrones de población correspondientes al propio Ayuntamiento de Amurrio.

Sirva como ejemplo de lo dicho la trayectoria de las dos casas del barrio de Pardio. En la documentación que nosotros hemos consultado se les nombra siempre con los nombres genéricos de Arriba y Abajo. Suponemos que, siendo la lengua materna de los habitantes de este lugar el euskera al menos hasta el inicio del siglo XIX, ambos tuvieron su nombre propio euskérica pero no se encuentra documentado como tal. Solo Federico de Barrenengoa recoje en su Onomástica de la Tierra de Ayala la forma euskérica Pardiogutia (Pardio de Arriba) en apellido, allá por 1556.

De la fogueración de 1590, que presenta una lista de propietarios y/o moradores de forma ordenada geográficamente, deducimos que pertenecían a Martín de Pardio y Ana de Pardio, que eran los propietarios respectivamente de los caseríos de arriba y debajo de Pardio.

Vayamos con el primero de ellos. Martín de Pardio de Arriba, que figura así en registros parroquiales, se casó con Maria Ochoa de Usategui hacia 1560. A estos sucedió una hija

llamada Maria Sáez, casada con Martín de Isasi cirujano en el año 1596. Al parecer tuvieron un solo hijo, nacido en 1598 y casado con tan solo 16 años con Marina de Ugarte Larrea, natural de Lezama y hermana del famoso Capitán Juan de Ugarte Larrea, constructor de la torre-palacio de Larrako. A estos habría sucedido un hijo llamado Domingo, casado dos veces y a quien se hizo concurso de acreedores en 1685. A pesar del concurso a sus bienes, parece que logró retener la propiedad de su caserío, pues llegó a pertenecer a su hijo Francisco de Isasi Estranzu. Pero las dificultades económicas no habrían remitido y en 1706 lo vendió a Christobal de Lecanda Odiaga y Maria de Urrutia Beraza, naturales de Laudio y Luiaondo respectivamente pero afincados en Amurrio al menos desde 1683.

Curiosamente, Christobal y Maria también tuvieron que hacer frente a un concurso de acreedores, de modo que en 1728 compraba Pardío Arriba su hijo Ambrosio de Lecanda, casado con Francisca de Aldama Berganza. En 1765 la heredó un hijo de los anteriores llamado Felipe como dote para su matrimonio con Maria de Ugarte Zulueta, natural de Lezama. Como no tuvieron hijos, en 1790 lo legaron a su sobrina Francisca de Olarieta Lecanda cuando contrajo matrimonio con Juan de Aldama Abechuco, que a su vez fue heredero del caserío de Larra Arriba. Juan y Francisca eran vecinos de Pardio en 1796, momento en el que el era regidor del lugar de Amurrio.

Mientras su hijo Pedro heredó el citado caserío de Larra, en 1826 legaron Pardio arriba a otro hijo llamado José al casarse con Maria de Viguri Urquijo, natural de Lezama. Estos tampoco tuvieron hijos, por lo que lo donaron a un sobrino de ella llamado Juan de Viguri Molinuevo que como ella era de Lezama y que se casó en 1876 con Leona de Berganza Yarritu. En 1920 aún era propiedad de Juan pero ya en 1910 vivían en el barrio de Landako. Así, en este año estaba habitado por Antonio Muguruza Isasi y Balbina Lili Larrinaga. Desde 1928 lo ocupó Pedro Basaldua Badiola e Isidora Bordes Larrinaga, de familias muy ligadas a este y a los barrios de Aldama y Onsoño, y luego su hijo Ricardo hasta que se deshabitó en la década de los cincuenta.

En cuanto al caserío de Abajo, en 1590 como hemos visto era propiedad de Ana de Pardio, viuda de otro Martín de Pardio (no confundir con el anterior) y cuyo apellido real era Ugarte. Estos fueron padres de Marina, casada con Martín de Barrenengoa Onsoño, que a su vez fueron padres de Ana, casada en 1622 con Francisco de Arana Mendieta, natural del caserío Araneko de Larrinbe. A estos les habría sucedido su hijo pequeño Domingo, que se casó en 1672 con Maria Sáenz de Orue Bañueta. En el año 1708 donaron a Francisco el caserío cuando se casó con Maria Gómez de Berganza Orue; sin embargo, el murió por lo que la casa retornó a su madre que la legó a otro hijo llamado Joseph de Arana. Este, probablemente soltero, en 1726 la cedió a otro hermano de nombre Domingo y que estaba casado en Baranbio con Juana de Echevarria Arbaiza. Solo tres años después, estos lo cedieron a su hija Maria, mujer de Francisco de Isasi Berganza, heredero de uno de los caseríos de Isasi en Baranbio.

Según parece, Francisco de Isasi y Maria de Arana se trasladaron a Amurrio precisamente ese año, pues bautizaron allí a una hija. Tras la muerte de Francisco, Maria de Arana Echevarria se casó en segundas nupcias con Domingo de Landazuri Pérez del Palomar, natural de la localidad de Atiega. Estos donaron Pardio de Abajo a su hijo Domingo con ocasión del matrimonio que iba a contraer con Maria Francisca de Isasi Mendieta, procedente del caserío Juandorena de Aldama. Fueron padres del sacerdote Valentín de Landazuri, cura en el pueblo en tiempos de la Primera Guerra Carlista. Mientras, el caserío quedó para un hijo llamado Luis, casado con Maria Francisca de Olabarrieta Urquijo, de Laudio.

Luis y Francisca también tuvieron un hijo sacerdote, de nombre Antonio. El heredero fue el hijo mayor, Pedro, cuya mujer fue Lorenza de Arberas Zulueta, originaria de Delika. Fueron padres de Dámaso y de Juan Antonio, este establecido en la casa llamada de Landazuri en el barrio de Mendiko. En 1876, tras la muerte de los padres, vivían en el caserío 7 hermanos, figurando como cabeza de familia Ignacio. Se casó unos diez años después con Petronila de Guerra Villacián pero vivieron en Landako.

En 1920 era propiedad de su hija Valentina, casada con Rufino Yarritu Ornes y eran vecinos en Landako. En 1935 la habitaban la habitaban Félix Fortunato Vega del Río y Maria Luisa Bordes Basaldua. Se deshabitó antes de 1950.