El mayorazgo de Ugarte en Amurrio

Como todos sabemos, Ugarte es uno de los barrios que conforman la localidad de Amurrio “desde siempre”. Allí se encuentra, junto a la carretera, un edificio que en el momento de escribir estas letras apenas es visible porque la vegetación se ha adueñado por completo de sus muros, aunque no hace tanto, aún abandonado, podía apreciarse su factura, más bien moderna, la más reciente encarnación de una casa antigua, la principal del barrio y una de las más importantes del pueblo y la comarca. Sobre ella y los que fueron sus dueños trataremos en este artículo.

En el expediente de hidalguía del Capitán Juan de Ugarte, del año 1638 y sobre el que tratamos en números anteriores de esta revista, se decía que las casas de Ugarte en Astobiza, Ziorraga, Berganza, Lezama y Amurrio eran todas dependientes de la originaria casa torre de los Ugarte, en el valle de Laudio/Llodio. Esto es cierto para los tres primeros lugares citados, ya que sabemos que uno de los señores de Ugarte de Llodio fue al mismo tiempo señor de la casa torre de Astobiza, cuyos descendientes radicaron en la casa torre de Ziorraga y en la de Jauregia en Berganza. El parentesco entre todos ellos se manifiesta en su apellido, Fernández de Ugarte. Sin embargo, no conocemos ningún documento que nos aclare el origen de los Ugarte de Amurrio, ni de la familia de la que vamos a hablar ni de otras que también lucieron este apellido, que no fueron pocas.

Así, los Ugarte en Amurrio son muy abundantes desde los primeros registros parroquiales, de mediados del siglo XVI, y es imposible que todos desciendan de un tronco común. Por entonces, había familias importantes de este apellido en el mismo barrio de Ugarte, en Armuru y en Urieta, sin parentesco próximo que nosotros sepamos, además de otras familias de menos enjundia que llevaban el mismo apelativo.Por ello, creemos que el solar de Ugarte, que da nombre a todo un barrio, habría sido realmente ajeno al de Llodio. Muestra de esta ausencia de vínculos con aquel sería el hecho de que en Amurrio no lucen el patronímico Fernández, sino otros como Martínez de Ugarte o Sáez de Ugarte.

Pero los dueños de la casa más principal de Ugarte usaron otro patronímico distinto, Ortiz. Y de ellos hablaremos a continuación.

HERNANDO ORTIZ DE UGARTE

Sobre 1534 los señores de la casa torre de Astobiza, el Caballero de Santiago Cristóbal de Mújica y Ana Hurtado de Mendoza, fallecieron prematuramente lejos de Ayala en menos de un mes. Para disponer de sus cosas, tanto en lo espiritual como en lo terrenal, habían dado facultad al padre de ella, Lope Hurtado de Mendoza, que en enero de 1535 dispuso todo lo concerniente a las honras por sus almas y la gestión de sus bienes. Una de las cláusulas decía: “que se cumplan los contratos de casamientos que mandaron los dhos don xpoual e dona ana a preseual de muxica e a dona ynes de muxica muger de hernando de ugarte yjos del dho don xpoual”[1]. Aunque Inés de Mújica figura aquí como mujer de Hernando de Ugarte, a continuación se expresa que aquella debía recibir 10.000 maravedís cuando se casara, por lo que probablemente habían hecho esponsales y vivían juntos pero sin haber formalizado el matrimonio propiamente dicho. Como se dice en la cita anterior, Inés -que en otras ocasiones aparece con el nombre de Leonor- y Presebal fueron hijos de Cristóbal…pero no de Ana. Sabemos que Presebal nació hacia 1512 y suponemos que Inés lo debió hacer un par de años antes o después pero Cristóbal y Ana no se casaron hasta 1526[2]. Por lo tanto, fueron hijos de Cristóbal en su soltería aunque no sabemos quién fue la madre.

Ser un hijo ilegítimo por aquel entonces no era un obstáculo para quienes tenían poder y recursos económicos, de manera que nadie fue capaz de hacer sombra en Ayala a Presebal de Mújica, que vivió en Luiaondo. Y su cuñado Hernando Ortiz de Ugarte no le fue a la zaga. Lo lógica sería pensar que Hernando fue natural y heredero del solar de Ugarte en Amurrio, en el que vivió, pero lo cierto es que la documentación histórica no arroja sombra alguna sobre su origen: fue natural de Saratxo, hijo de Juan Sánchez de Derendano y Marina de Echeguren. Siendo así, Hernando debió tomar el apellido Ugarte al pasar a residir a esta casa; el problema es que nada indica que ésta hubiera sido de Inés de Mújica. Entonces, ¿estuvo Hernando casado en primeras nupcias con una presunta heredera de la casa solar de Ugarte y de ahí que adoptara el apellido? Por el momento, no lo sabemos, de modo que el origen de esta casa continúa siendo una incógnita para nosotros.

Lo que podemos afirmar es que Hernando de Ugarte ya era un personaje importante en la comarca en 1533, ya que aparece junto a otros muchos ayaleses aceptando la sentencia del Consejo Real que obligó a la Tierra de Ayala a regresar al seno de la Hermandad de Álava, en la que fue procurador -representante de Ayala- en 1535, 1536, 1538, 1552, 1556, 1557 y 1559. En 1558 incluso fue nombrado capitán de las tropas provinciales en la guerra con Francia. Pertenecía, por tanto, a la élite social ayalesa.

Como casi todos los notables de la zona en aquellos siglos, desempeñó el oficio de escribano. Por ello, y por su categoría y ascendencia social, en 1541 estuvo en Valladolid siguiendo los pleitos que Ayala mantenía en la Audiencia de la Chancillería.

Por otro lado, y aunque éstas no fueron tan estáticas como en muchas ocasiones se han querido presentar, Ugarte parece adscribirse al bando oñacino, pues como tal aparece definido cuando, junto a otros de esta parcialidad, quitó un alfanje y un letrero que los Murga habían colocado en la tumba del recién difunto Lope García de Murga hacia 1550 en la parroquia de Santa María. Poco después de este incidente, el Licenciado Menchaca fue nombrado patrón de la parroquia por merced real, con derecho a llevar la mitad de los diezmos de la misma, pero al ser foráneo fue precisamente Hernando, y después su hijo, quienes percibieron esos diezmos. Su poder en el pueblo fue, en conclusión, muy elevado.

Los Derendano siempre aparecen en los pocos documentos ayaleses anteriores que conocemos, indudablemente su posición social venía de familia, aunque la rama fue cercenada cuando su hermano Juan de Derendano fue asesinado el día de Jueves Santo de 1539 en la iglesia de San Nicolás de Saratxo a causa de un saetazo propinado por Martín de Oquendo, que huyó a Panamá. Juan dejó una sola hija de corta edad y nombró heredero a Hernando en caso de que ella falleciera antes de la edad de testar o sin herederos legítimos, como efectivamente ocurrió[3].

Hernando Ortiz de Ugarte habría fallecido entre 1571 y 1573 con unos ochenta años de edad. Esto se dice en declaraciones de testigos posteriores, por lo que es posible que exageraran la edad, puesto que algunos afirman incluso que murió centenario. Si nació en la última década del siglo XV, es muy posible que hubiera tenido un primer matrimonio, ya que Inés debió ser bastante más joven. Por último, no conocemos cuántos hijos tuvieron pero tenemos noticias de cuatro: Casilda, que se casó con el escribano Juan de Velasco en Larrinbe; Francisca, que se casó con Francisco Fernández de Ugarte, señor de Ziorraga; Diego y Cristóbal, que es el siguiente protagonista de esta historia. 

CRISTÓBAL ORTIZ DE UGARTE

Desconocemos su fecha de nacimiento pero debió hacerlo pocos años después del matrimonio de sus padres puesto que se casó en 1561 o 1562 con Francisca de Orueta, natural de Luiaondo. Al igual que su padre, fue escribano y desarrolló una intensa carrera en las instituciones locales y alavesas. En la Tierra de Ayala, fue alcalde ordinario por primera vez en el curso 1565-1566 y lo sería de nuevo en 1569-1570 y 1573-1574, fue síndico procurador general en 1576-1577 y diputado regidor en 1600-1601. Acudió como procurador de Ayala a las Juntas Generales de Álava desde noviembre de 1576 hasta mayo de 1578, en mayo de 1581, en 1586-1587 y en 1594-1595. Y si su presencia en estas instituciones no fue mayor es debido a la incompatibilidad de estas representaciones con el oficio que ocupó durante muchos años, el de teniente de Alcalde Mayor, actuando en ocasiones incluso como titular, a pesar de que el Alcalde Mayor o Gobernador no podía ser natural de la Tierra ni de una distancia menor a las cinco leguas de ella. Allá por 1584 y 1585 se unió al ínclito Juan de Urrutia a la hora de reivindicar las preeminencias que como tal Alcalde Mayor creía -erróneamente- que le correspondían en la parroquia de Amurrio. En 1595 aún figura como Alcalde Mayor y en agosto de 1600 presentó título de teniente de Gobernador, por lo que su vinculación al cargo fue muy duradera.

Su testamento nos servirá para acercarnos mejor a su figura[4]. El “dueño y señor de la casa de Ugarte del lugar de amurrio”, ya viudo, testó el 4 de abril de 1606 estando “enfermo de mi cuerpo y en mi buen juicio y entendimiento”, por lo que probablemente falleció poco después. En primer lugar, dispuso que su cuerpo fuese sepultado “dentro en el cuerpo de la yglesia de santa mª del lugar de amurrio en la sepultura donde yaçe sepultada doña francisca de urueta mi muger o donde fuere la voluntad de lope garcia de murga aguirre mi señor primo”. En realidad, eran primos segundos, puesto que sus respectivos padres Hernando Ortiz de Ugarte y Juan Martínez de Aguirre eran primos, al ser sus madres Marina y Constanza de Echeguren respectivamente. Lo que ocurre es que Lope era el patrón de la iglesia y el único, junto a la casa de Saerin, que tenía derecho al notable honor de tener sepultura en el interior de la iglesia. Es por ello que Juan de Urrutia y Cristóbal, las personas más poderosas de Amurrio por aquel entonces, trataron sin éxito de adquirir ese mismo derecho por todos los medios legales e ilegales. Esa es la razón por la que Cristóbal se encomendaba a la voluntad de Lope García de Murga, quien ya habría condescendido con su mujer, para obtener tal privilegio digno de su status social.

Por otra parte, Cristóbal ordenó que se hicieran las funciones de entierro, novenario y cabo de año por “Diego de Ugarte mi hermano difunto”, lo que nos lleva a pensar que falleció fuera de la localidad y/o en circunstancias que impidieron realizar los actos religiosos pertinentes.

Por aquel entonces, tenía tres hijos y cuatro hijas. En vida de su esposa, habían casado a Mencía -con Francisco de Arechederra-, a Leonor –con Hernando de Ayo, vecinos de Luiaondo como los anteriores- y a Hernando (1563), seguramente los tres mayores. Tenían también a Juan (1568), Francisca (1575), Casilda (1576) y Cristóbal (1579). Casilda se había casado con Ventura de Zaballa tras la muerte de su madre. Por lo tanto, tenía en casa a Francisca, a quien encargó la misión de llevar oblada y candela a su sepultura y a quien presta especial atención en el testamento legándole hasta 1.000 ducados.

El hijo menor, Cristóbal, se encontraba por entonces en Sicilia (“que si lo quiere Dios no permita muriere cristoual de ugarte mi hijo antes que a esta tierra benga de las partes de cicilia donde al presente está”) y tenía una hija llamada Leonor, a todas luces  ilegítima.

El testador nombró heredero universal de todos los bienes muebles y raíces, derechos y acciones, que quedaron de el y de su mujer, a su hijo Juan “que al presente reside según publico y notorio en la ciudad de potosi que es en el reino del peru” con la condición de que, si no regresaba a Amurrio a vivir en el plazo de cuatro años, los heredase Cristóbal con la misma condición. Además, ninguno de los hijos de éstos podrían heredar si no eran fruto de legítimo matrimonio. Si ninguno de los dos hijos regresaba en el plazo señalado, quedarían apartados de la herencia y todos los bienes pasarían a su hijo mayor, Hernando de Ugarte, o al heredero de éste en caso de haber fallecido. Y lo mismo ocurriría si Juan o Cristóbal regresaban pero no tenían hijos legítimos o los tenían y fallecían antes de poder testar.

HERNANDO DE UGARTE ORUETA

Hernando, que solo algunas veces aparece con el patronímico Ortiz, fue bautizado en la parroquia de Amurrio el 25 de noviembre de 1563. Siguió con el oficio de escribano de sus antecesores y se casó en 1583 con Casilda de Ulibarri Onsoño, de Lezama. Fue un matrimonio joven, con veinte y dieciocho años respectivamente, posiblemente porque Casilda había quedado huérfana y heredera de la hacienda familiar del barrio Ulibarri de Lezama, donde vivieron el resto de sus días.

A diferencia de su padre y abuelo, Hernando nunca fue procurador en las Juntas Generales de Álava ni nos consta que desempeñase el cargo de síndico en Ayala. Sin embargo, fue alcalde ordinario en al menos ocho ocasiones con una impecable irregularidad: una vez cada cuatro años (1582-1583, 1586-1587, 1590-1591, 1594-1595, 1598-1599, 1602-1603, 1606-1607 y 1610-1611). Sin embargo, sí que se ocupó como teniente de Gobernador al igual que su padre.

Desde luego, sus recursos se vieron notablemente incrementados cuando, ante la ausencia de sus hermanos, pasó a heredar el grueso de los bienes que habían dejado sus padres, que no era poca cosa. Ello se puede ver en el testamento que Hernando Ortiz de Ugarte y doña Casilda de Ulibarri, que así figuran en el documento, otorgaron el 27 de abril de 1638, con setenta y cinco y setenta y tres años respectivamente (“por ser como somos personas de mucha edad biejos ancianos en la dha nra cassa de ulibarri”) después de cincuenta y cinco años de matrimonio. Un dato curioso: aquellos mismos días se estaba produciendo la investigación para la concesión del hábito de Santiago al Capitán Juan de Ugarte, proceso en el que Hernando y sus hijos, sobre todo uno de ellos, fueron parte importante, tal y como se dijo en artículos anteriores en esta misma revista.

Fue un testamento conjunto (“Porque entre nosotros de muchos años y tiempos a esta parte esta tratado y comunicado de q aiamos de hacer testamento y disposicion conjunta”) en el que establecieron que ninguno de los dos pudiera por su cuenta cambiar nada de lo dispuesto“para onrra y seruicio de Dios Nro S y de nra buena fama y de nra prosperidad”. En primer lugar, mandaron que sus cuerpos fueran sepultados en la iglesia parroquial de San Martín de Lezama “en la sepultura que nra cassa de ulibarri tiene en la dha Yglesia y en ella esta sepultado Sancho Abad de Ulibarri”. Aquí es preciso realizar varias puntualizaciones. En primer lugar, Sancho era tío de Casilda y parece haber sido propietario de la hacienda, o de parte de ella. En segundo lugar, ya se habrían introducido las sepulturas desde el exterior de la iglesia, donde estaban a finales del XVI. En tercer lugar, y a pesar de que ellos digan ser propietarios de una sepultura, sabemos que en la iglesia de Lezama éstas fueron comunes y nadie gozó nunca de privilegio alguno sobre sus convecinos, por ser la parroquia propia del concejo.

Hernando y Casilda tenían por aquel entonces cuatro hijos vivos, además de otros que habían fallecido. El mayor de todos era el bachiller Gregorio de Ugarte (1586), cura y beneficiado de la parroquia de Lezama. En el testamento se dice que habían gastado “mucha suma y cantidad de dinero” en sus escuelas, estudios, ordenaciones y demás necesidades, por lo que le apartaron con doce ducados anuales de por vida desde el año posterior a la muerte de ambos. Podemos añadir que siendo muy joven tuvo al menos dos hijos varones con María Isabel de Estranzu, los cuales dejaron una muy nutrida descendencia. 

Gabriel (1594) era escribano y vecino de Baranbio, y cuando se casó con Ana Maria de Ugarte Teza, natural de la casa de Ziorraga, le mandaron “muchos bienes de casas rruedas y ganados y otros bienes y dineros”, de manera que le apartaron con solamente cuatrocientos reales. No sabemos cuáles fueron esos bienes ni su procedencia. 

María (1599) se había casado con Lope de Mújica Hurtado de Mendoza, señor de Astobiza y Caballero de Santiago, y fue generosamente dotada por sus padres, ya que le mandaron más de cuatro mil ducados con ocasión de su boda y fue apartada con otros cien. Además, a su nieto Cristóbal de Mújica “para aiuda de sus estudios y necesidades” le mandaron cien ducados a pagar según los fuera necesitando antes de que cumpliera los veinticinco años.

No se olvidaron de Juan (1588), que había fallecido en las Indias, pero “antes q alla fuesse tubo y dejo en el dho lugar de lezama un hijo también llamado Juan de ugarte que al presente es edad de diez y siete años” y a quien habían criado en su casa los testadores, enseñándole a leer y escribir. En ese momento, estaba en Gordejuela en “cassa del maestre esquela” y, aunque manifestaban haber gastado mucho en el, por ser su nieto le mandaron otros ciento cincuenta ducados. Este muchacho se casó en Lezama unos quince años después y fue propietario en el barrio San Millán, de donde había sido su madre, a pesar de haberse criado con su familia paterna.

Por último, el hijo más joven, Cristóbal (1603), era escribano y vivía en su compañía. Tenía treinta y cinco años ya y por aquellos días tenía puesto todo su empeño, junto a su cuñado Lope, en impedir que el Capitán recibiera el hábito de Santiago. Los testimonios acerca de la implicación de Hernando en esta confabulación son contradictorios, si bien ya vimos que tanto Hernando como sus hijos Gregorio y Gabriel no respaldaron las acusaciones del benjamín de la familia.

Hernando y Casilda fundaron mayorazgo en este testamento y llamaron a el en primer lugar a Cristóbal de Ugarte “mozo libre de por casar”. Por entender que “asi es mas combeniente al seruicio de Dios nro S. y de los Sres Reyes de la corona de castilla y de estos Reynos y al bien y buena memoria nra y de nras casas y pª q nros sucesores vivan mejor y se empleen y ocupen en seruicio de la dibina Magd (…) y sustentar mejor sus personas honrras y familias” fundaron mayorazgo para que los bienes “perpetuamente y en todo tiempo del mundo sean indibisibles e impartibles y anden siempre en un dueño” y no se pudieran enajenar, trocar ni cambiar, y en virtud del fuero “que permite q los testadores puedan disponer de sus bienes en fabor de q quiera de sus hijos y descendiente y apartar a los demas”, así hicieron con el resto de sus hijos “con sendos arboles con su tierra y rraiz en lo ultimo de nras tierras y eredamientos q nros sucessor quisiere señalarles y con sendas texas y un cada seis maravedis”.

El mayorazgo de Ugarte fue fruto de la unión de los bienes que habían heredado y acumulado a lo largo de su vida Hernando por una parte y Casilda por el otro. Es decir, se produjo la suma de ambos patrimonios. Así, formaron parte del mayorazgo “nra cassa y solar principal de ugarte sita en el dho lugar de amurrio en el barrio q se llama de ugarte q esta sobre el camino Real q ban de la ciudad de vitoria para la de balmaseda” con sus cabañas de horno y era que estaban enfrente, con sus lagares, bodega y huerta cerrada de paredes, manzanales, heredades, quintanales, antuzanos delante y alrededor de ella y más de la mitad del molino de “Boriaur” con todas sus heredades; también la parte del patronazgo que le correspondía en la parroquia de Murga; y “las sepulturas q tenemos compradas y nos pertenecen a nos y a la dha cassa en la dha yglesia de amurrio”. Por tanto, los Murga habrían perdido la exclusividad de tener tumba en la iglesia de Amurrio.

Hernando también tenía una serie de bienes en Saratxo, los que sin duda heredó su abuelo después del asesinato de Juan de Derendano y la prematura muerte de la única hija que dejó. Así, se menciona “otra cassa principal q tenemos y nos pertenece a nos y a la dha nra casa de ugarte en el lugar derendano q se llama la cassa derendano” con su huerta y diversas heredades que tenía detrás y a los lados, con una parte en el molino llamado de Ugarte, sepulturas en la parroquia de San Nicolás, y dos molinos en el río con sus correspondientes casas, además de otra que estaba “un poco mas abaxo del molino bagero q es para el servicio de dhos molinos”. Por último, tenía también unas casas en Urduña/Orduña.

En cuanto a los bienes inmuebles que había aportado Casilda, eran una “casa principal q se llama de ulibarri q al presente uiuimos que esta sita en el dho lugar de lezama en el barrio de ulibarri” con dos cabañas enfrente de ella, la una de era y la otra de horno, con “otra cassa que esta cerca de la dha cassa en el dho barrio q solia ser del dho abad de ulibarri difunto” con su cabaña de era, con sus heredades manzanales y huertas cercanas, que se van detallando, así como un robledal grande llamado Lexadui que estaba delante de la casa. Tenían también un molino en el río que baja de Olamendi y montes “mui muchos y en muchas partes y lugares” como en Lezama, Larrinbe, Amurrio y Saratxo así como el “usso y aprouechamiento q las dhas dos casas tienen en las sepulturas propias” que tenían en la iglesia. Las cuentas y créditos no se expresaban pero sí se dice que tenían diez mil ducados de censos sobre diversos vecinos de Ayala y de fuera.

Por último, establecieron que el mayorazgo fuera electivo entre todos los hijos varones que Cristóbal pudiera tener, a no ser que solo tuviera un varón. Si no llegase a hacer elección, heredaría el hijo mayor; y, a falta de varón, la hija mayor. En caso de que Cristóbal no llegase a tener hijos legítimos, el mayorazgo quedaría para María, mujer de Lope de Mújica, y sino para Gabriel.

CRISTÓBAL DE UGARTE ULIBARRI

Cristóbal fue bautizado el 12 de enero de 1603 y su fuerte personalidad ya quedó esbozada en precedentes artículos. Sabemos que fue alcalde ordinario al menos en tres ocasiones (1623-1624, 1632-1633 y 1654-1655), que probablemente fueron más porque no disponemos de los libros de actas de los años intermedios. Fue escribano como su padre, abuelo y bisabuelo, y aunque no acudió nunca a Juntas alavesas ni parece que ocupara otros cargos de gran responsabilidad, fue una persona muy influyente. Al fin y al cabo, tenía todo lo que había que tener para imponer su voluntad: casas, tierras, dinero, prestigio, etc. Por ejemplo, a finales de 1624 se trasladó a Valladolid donde fue agente de los intereses de la Tierra de Ayala por espacio de 542 días con un salario diario de 400 maravedís, unos 11 reales. En el tribunal vallisoletano se dirimían pleitos que Ayala tenía con Mena, Zuya o Villalba de Losa. En 1626 Cristóbal ganó una Real Provisión que ordenaba que Ayala le pagase los 228.902 maravedís que le adeudaban por estos trabajos. 

Cristóbal probablemente sabía de las intenciones de sus padres de nombrarle heredero y trató de apuntalar su posición casándose con Francisca de Sojo Urrutia, nieta de Juan de Urrutia, de Amurrio, cuyo mayorazgo no tenía muchos bienes muebles pero sí muchas rentas fuera de Ayala. Sin embargo, la aparición del Capitán dio al traste con estos planes, aunque finalmente Francisca no se casó con ninguno de los dos.

Cristóbal hizo testamento en su casa de Ulibarri el 21 de noviembre de 1657 y falleció ese día o, en todo caso, antes del 27, con cincuenta y cuatro años. Pidió ser enterrado “en la sepultura donde están enterrados los señores hernando ortiz de ugarte y Dª Casilda de ulibarri mis padres”. Es curioso que nunca llegara a casarse, quizá después del fiasco con Francisca no encontró mujer cuya dote considerase digna del suyo, pero en su testamento reconoció la existencia de tres hijos habido con dos mujeres distintas. Las relaciones extramatrimoniales no son nada raro en esta familia, puesto que no lo fueron entre las élites de la época y a veces tampoco entre los simples labradores.

En cuanto a estos hijos naturales, primero tenía a Hernando “que le huue de maria cruz de gamarra que al pressente esta estudiando artes en la universidad de alcala de henares”; le donó tres mil ducados en escrituras de censos con sus réditos para que prosiguiera sus estudios o lo que necesitase, así como los bienes muebles que tenía en la casa de Ugarte (arcas, trojes, cajas, mesas, bufetes, escabeles, sillas, etc.) y veintidós sillas y taburetes nuevos con “que están en esta casa de ulibarri”. Hernando fue bautizado en 1640 y seguramente es el mismo que figura como testigo en el testamento de su tía María en 1661, pero nada más sabemos de él.

Segundo, a Casilda de Ugarte “mi hija y de la dha maria cruz de gamarra que la tengo en mi casa” le mandó dos mil ducados en escrituras de censos y todos los bienes muebles que había en la casa de Ulibarri por los buenos servicios que le había hecho. Según parece, nació en 1645 pero, a diferencia del caso anterior en que ambos figuran como padres en la partida de bautismo, en esta ocasión figura como hija natural de ella sin mención alguna al padre. Cristóbal los reconoció como hijos “y como a tales los he tenido y criado en mi casa desde su niñez en esta dha mi casa de ulibarri”. Casilda se casó en 1662 con Domingo de Zulueta Vidaur, quienes fueron a vivir a las ventas de Ilunbe en Arrigorriaga.

Tercero, a Mari Sánz de Ugarte “mi hija q la huue de mª de landaburu de lastrasco” legó un censo de ciento ocho ducados de principal contra los bienes y hacienda de Juan de Ugarte, vecino de Saratxo, y la reconoció como hija, aunque no sabemos nada más sobre ella. 

Al no tener herederos legítimos, nombró heredero del vínculo y mayorazgo a su sobrino Cristóbal de Mújica. En todo caso, fue su hermana María de Ugarte quien tomó posesión del mismo el 27 de noviembre de 1657 en cumplimiento de las normas sucesorias dispuestas por Hernando en su testamento.

EPÍLOGO

María de Ugarte, viuda de Lope de Mújica, testó el mismo día de su muerte, el 18 de mayo de 1661. Lo otorgó “en esta mi casa de ulibarri”, por lo que se habría trasladado allí tras el fallecimiento de su hermano. Quedó como heredero universal de todos sus bienes su único hijo Cristóbal de Mújica (1628), que ya estaba casado para entonces. Éste tomó posesión de la casa de Ulibarri y de la de Ugarte el 26 de mayo.

Por otro lado, el 20 de mayo de 1662 Gabriel de Ugarte fue enterrado en Baranbio. Había dejado como heredero a su hijo mayor, Juan Bautista, que por entonces era menor de veinticinco años. Por ello, nombró curador a su tío Miguel, dueño del vínculo y mayorazgo de Ziorraga. Aunque éste intentó excusarse por tener ya varios hijos bajo su tutela y por sus muchas ocupaciones administrando sus ferrerías, molinos y hacienda, con frecuentes viajes a Vitoria, Bilbao, Orozko y otros lugares, fue obligado a aceptar so pena de prisión.

El 16 de diciembre ambos presentaron una demanda en la Audiencia de Valladolid contra Cristóbal de Mújica para que “restituyera” los bienes del mayorazgo de Ugarte a Juan Bautista pretextando que Cristóbal de Ugarte su bisabuelo lo había fundado para que los bienes “andubiesen de rodilla en rodilla”, es decir, de primogénito en primogénito, a pesar de lo cual Hernando había nombrado heredero a su hijo menor en detrimento de Gabriel y, por tanto, de su hijo Juan Bautista, a quien según ellos corresponderían como bisnieto mayor de varón en varón.

La demanda no tenía mayor recorrido, ya que los testamentos que hemos expuesto son muy claros al respecto. No fue Cristóbal quien fundó mayorazgo sobre la casa de Ugarte, sino su hijo Hernando. Por lo tanto, Juan Bautista carecía de derecho alguno al vínculo. Pero tan sustanciosa herencia bien merecía el intento.

Por lo tanto, el mayorazgo de los Ugarte de Amurrio pasó a los señores de Astobiza, que fueron los Mújica y luego, por matrimonio, los Salazar. Estas casas mencionadas empezaron a ser habitadas por colonos y arrendatarios que se limitaban a trabajar las tierras, de manera que su simbolismo social como lugares desde los que se detentaba el poder se evaporó por completo y pasaron a ser casas de labranza como las demás. No obstante, las ramas secundarias de estos Ugarte dejaron una nutrida descendencia que ha perdurado hasta nuestros días. En todo caso, bien merece resaltar la trascendencia que casas como la de Ugarte tuvo en el pasado, por mucho que la desidia la aboque a la desaparición. ¿No daríamos un gran paso adelante en la conservación de nuestro patrimonio si los elementos arquitectónicos se valorasen no solo por su valor intrínseco como elemento material sino también por las vivencias que encierran sus paredes y lo que han significado a lo largo de la historia?


[1] Real Chancillería de Valladolid, Registro de Ejecutorias, Caja 1507, 21

[2] Archivo Histórico de la Nobleza, BAENA,C.442,D.50

[3] Real Chancilleria de Valladolid, Registro de Ejecutorias, Caja  1072, 61

[4] La mayor parte de la información que configura el resto del artículo ha sido obtenida de: Real Chancilleria de Valladolid, Registro de Ejecutorias, Caja 2893, 61

Aldamako kondea eta Aldama auzoa

Normalean “Aldamako kondea”ri buruz hitz egiten da, singularrean, baina izatez bi Aldamako kondeak egon ziren.

Leon XIII Aita Santua izan zen Aldamako Kondea tituluaren sortzailea, zein 1877ko urriaren 25ean José Gabriel Aldama Cambak erabiltzeko baimena lortu zuena. Sanlúcar de Barramedan jaio zen José Gabriel 1850. urtean eta oso merkatari garrantzitsua izan zen: bere ardoak Espainia eta Ameriketan saltzen ziren. Upategi eta mahaste ugari zituen “Aguilar y Cia” enpresak, osaba León Aldama Respaldizarena izandakoa.

León eta José Gabrielen aita, Pedro Aldama Respaldiza, Amurrioko Aldama auzoan zegoen Olarieta baserrian jaio ziren. Anai nagusienak ziren baina, hala ere, etxea utzi eta Sanlúcarrera emigratu ziren.

José Gabriel gizon boteretsu bilakatu zen baina ez zuen inoiz ezkondu, beraz XIX. mendeko bukaeran iloba bati beregana etortzea eskatu zion. Antonio Aldama Mendibil izan zen hori, Olarietan jaioa 1867an, José eta Damianaren lehenengo semea. Aitona Juan Aldama Respaldiza zen, hain zuzen José Gabriel eta Leonen anaia gaztea.

Antoniok Urduñako jesuitekin ikasi zuen eta gero Teologia egin zuen Salamankan. Baina ustekabean, zenbait pertsonen aholkua jarraituz, apaiza izateko bideari utzi zion eta Sanlúcar de Barramedara joan zen. Han osabaren negozioak hartu, Dolores Pruañorekin ezkondu, eta Aldamako Kondea titulua oinordetu zuen. Gainera Ayalako Markesa izendatua izan zen.

Aldamako bigarren kondea Espainiako merkatarik nagusienetarikoa izango zen. Politika arloan, integrista sutsua zen eta alderdi honekin diputatua izan zen Gorteetan, Azpeitiako barrutian hautatua. Baina negoziak okertu egin ziren, gero eta espiritualagoa bilakatzen zen bitartean. Horregatik jesuita bilakatu zen 1930an, hil baino 27 egun lehenago. Emaztea eta bost seme-alabak ere erlijiosoak izan ziren; adibidez, Jose Antonio Aldama Pruaño teologo ospetsua izan zen, Roma, Salamanka eta Granadan irakatsi zuena, eta gaur egun kanonizatu nahi dutena.

Dakigunez, lehenengo kondeak ez zuen Amurriorekin harreman berezirik izan. Zein izan zen bigarren kondeak izandako erlazioa? Batzuek “kondearen etxea” edo “kondearen jauregia” esaten diote suak hondatu zuen Olarieta baserriari, eta etxe horretan ontza urre pila bat zegoela esaten zen herrian. Kondaira baino ez da. Hasteko, kondea ez zen inoiz Olarietaren jabea izan: benetako jabea Restituto izeneko anaia izan zen, eta gero arreba batek oinordetu zuen. Bigarrenez, Olarieta ez zen inola ere jauregia izan. Egia da mendi asko zituela eta baserri garrantzitsua zela eta Restituto Aldamak kalitatezko materialekin berreraiki zuen Olarieta bere garaian. Baina baserria baino ez zen Olarieta, eta han bizi ziren aldamatarrak nekazari arruntak ziren. Beste asko bezala.

Dena den, Antonio Aldama Kondeak ez zuen Amurriorekin harremana galdu. Mendiko auzoan zuen etxe batean pasatzen zituen udak eta bai udalari bai elizari zenbait emaitza egin zien, baina ez herriko beste pertsonaia boteretsuek baino gehiago.

Los Arriaga: auge y caída de un linaje

El origen del linaje

 

Los Arriaga proceden de la casa solar del mismo nombre situada en Lezama. La documentación del siglo XVI no nos permite afirmar que la casa de Arriaga destacase sobre el centenar aproximado de caseríos, la gran mayoría habitados por labradores propietarios, que conformaban el pueblo de Lezama.

Sin embargo, Martín de Arriaga fue una de las once personas que firmaron las ordenanzas de Lezama, redactadas en el año 1511. Este hecho significaría que Martín era uno de los vecinos más destacados e influyentes de la localidad. Pero no parece que su posición fuese especialmente destacable más allá del ámbito estrictamente local. No era un notable de la Tierra de Ayala, ni mucho menos.

Nieto de Martín habría sido Juan López de Arriaga, casado con Juana de Quincoces, con quien tuvo a Pedro de Arriaga, casado con Mari Ortiz de Landazuri (a veces figura como Ortiz de Zulueta) en 1589. Pedro aparece como uno de los vecinos pagadores de Lezama en una lista confeccionada en el año 1590 y era, sin duda, el dueño del solar de Arriaga, pues dicha lista se encuentra ordenada geográficamente y su posición entre los vecinos del barrio Latatu y los de Gorostiza no deja lugar a dudas.

Por estos años finales del siglo XVI Pedro de Arriaga fue protagonista junto a su madre de algunos pleitos que acabaron por llegar a la Chancillería de Valladolid. Así ocurrió en 1592 y 1593. El conflicto tuvo lugar cuando su vecino Juan Miguel de Latatu acudió junto a su hijo Martín a casa de Arriaga para reclamar a Pedro el pago de una deuda de 6 ducados que éste tenía con Cristóbal de Mújica Butrón, señor de la casa y torre de Astobiza. Padre e hijo alegaron haber sido insultados y golpeados con un bastón y por ello procedieron a denunciar a Pedro de Arriaga y a su madre Juana de Quincoces.

Hasta aquí, nada hace pensar en un excepcional poder de esta familia.

El siguiente propietario de la casa fue Francisco de Arriaga, hijo de Pedro, casado en 1624 con Francisca de Elgueta, natural del barrio Unzueta del mismo lugar. Tras enviudar, Francisco se casó en 1648 con Francisca de Olagorta Perea, natural del mismo barrio. Estos fueron algunos de sus hijos:

  • Pedro (1625), casado en 1653 con Maria de Onsoño Solorzano, del barrio Latatu, de los cuales no tenemos más noticia.
  • Juan (1635), que fue el hereder, como veremos.
  • Martin (1639), casado en 1664 con Maria de Sautu Ocarandui, heredera del caserío Sautuko, fallecida poco después sin dejar hijos. Martín se casó de nuevo en 1666 con Maria Cruz de Murga Ibarrola, cuyo hermano fue notario.
  • Francisco de Arriaga Perea (1651), que habría heredado el caserío Olagorta de su familia materna; se casó en 1670 con Maria Cruz de Guinea Lopez de Inoso, también del mismo pueblo. Sus descendientes residieron en este caserío durante generaciones, de modo que en la última década del XIX todavía pertenecía a Nicolás de Arriaga Respaldiza, nacido en 1845 pero ausente ya en América. Por cierto, que es muy posible que su padre Francisco de Arriaga fuera el vecino de Lezama que, según la prensa de la época, asesinó a su mujer embarazada el 27 de julio de 1847.
  • Juan de Arriaga Perea (1653), se casó en 1676 con Marina de Guinea Lopez de Inoso y tuvieron dos hijas, pero no tenemos más datos sobre esta familia.

 

El ascenso

 

El heredero de la casa solar de Arriaga fue Juan de Arriaga Elgueta, casado en 1665 con Maria Thomas Diaz de Basabe Zaballa. Posiblemente, ella fue la que introdujo la casa solar de Isasi en la familia, casa que aún hoy en día ostenta el mismo escudo de armas que la casa de Arriaga. Esta unión de dos ilustres casas sin duda muestra la mejora de la posición económica del linaje. Entre otros muchos de los que no disponemos información, por haber fallecido párvulos o a temprana edad, tuvieron los siguientes hijos:

  • Juan (1668), se casó con Gerónima de Montoya en la localidad de Anúcita y residieron en las Ventas de Mimbredo, un importante lugar de tránsito en aquel entonces.
  • Maria Thomasa (1671), se casó con Domingo de Perea Larrea, heredero del caserío Bidaur de Lezama
  • Domingo (1673), que fue el heredero
  • Antonia (1681), se casó con Domingo de Landazuri Montoya.
  • Francisco (1687), que heredó la casa de Isasi en 1712 al casarse con Ana de Unzueta Berganza, del caserío Bideko. Una de sus hijas se casaría con Juan Valentín de Ibarrola, abogado en la Real Chancillería de Valladolid, y fundadores de un vínculo del que acabaron formando parte media docena de casas en Lezama, como Isasi, Bideko, Amezketa, etc.

El heredero de la casa de Arriaga fue Domingo, casado en 1703 con Maria de Gurbista Landa, también de Lezama. Fue este matrimonio el que puso los pilares del mayorazgo de Arriaga y el que mejoró sustancialmente el patrimonio y la situación de la familia, aunque desconocemos de dónde procedían los capitales que hicieron posible esta mejora.

A pesar de que su padre repartió las dos casas que poseía entre dos de sus hijos, Domingo compró varias casas: en 1708 compró parte de un caserío en Basabe a Sebastián de Viguri, y pronto se hizo con la totalidad de la casa. En 1717 compró el caserío que fue de Pedro de Aranguren en Latatu tras un concurso de acreedores. Además, en 1719 la casa de Arriaga contaba con un molino propio, el cual es probable que fuese construido por esta época, ya que no se menciona con anterioridad en la documentación notarial.

Estas tres casas fueron heredadas por Domingo Antonio de Arriaga Gurbista en 1738 con ocasión de su matrimonio con Rosa de Zulueta Sauto, natural de Larrinbe, de modo que en 1749 creó el vinculo y mayorazgo de Arriaga. Pero el poder alcanzado por esta familia se va a expresar sobre todo en las prósperas carreras de sus numerosos hermanos, que sin duda serán los que hagan mayor fortuna.

Trataremos en primer lugar de los descendientes de la familia que permanecieron en la Tierra de Ayala:

  • Juan Silbestre de Arriaga Gurbista (1706 – 1769), el primogénito, fue sacerdote y beneficiado en la parroquia de San Martín de Lezama, pero además fue una pieza fundamental para el devenir de la familia al hacerse con un patrimonio realmente importante. En 1734 heredó una casa en el barrio de Basabe de su tía abuela Francisca de Basabe; en 1750 compró la torre Jauregia en Baranbio con su ferrería y todos los pertenecidos; y en 1763 compró los restos de una casa arruinada por un incendio en el barrio Olamendi, que reconstruyó poco después. La posesión de estos bienes, sobre todo de la ferrería, hicieron de este sacerdote un personaje importante.
  • Joseph Antonio de Arriaga Gurbista (1717) fue Abogado de los Reales Consejos, Cura y Beneficiado en la parroquia de Lezama y vicario de la Tierra de Ayala.

 

Mientras algunos de sus hermanos prosperaban tanto en Ayala como en América, el heredero de la casa solar de Arriaga no trascendió al ámbito local y además falleció relativamente pronto, de modo que su viuda arrendaba la casa a Antonio de Gurbista en 1760.

Habían tenido dos hijas que se casaron con Matías Martinez de Morentin y Pedro de Bea-Murguía Bea respectivamente, y dos hijos. Dámaso Antonio parece que emigró a Cádiz, y Domingo Santiago (1747) fue el heredero. Como curiosidad, Domingo Santiago no podía acudir a desposarse con Concepción de Elordui Izarza, y por ello otorgó poder a Agustín de Eguia, Teniente Alcalde y Juez de la villa de Bilbao, o en su defecto a Pablo de Basarrate. Esto ocurrió en 1772.

Domingo Santiago no solo heredó el mayorazgo de Arriaga sino que también recibió todos los bienes que había acumulado su tío Juan Silbestre de Arriaga. Como en ellos se incluía la torre Jauregia y su ferrería, Domingo Santiago pasó a residir en Baranbio en adelante, aunque es posible que no vivieran allí sino en una casa del barrio Errotabarria.

La decadencia

 

Con Domingo Anselmo de Arriaga Elordui, el linaje de los Arriaga comenzó a decaer. De sus hermanos, solo sabemos que Mariano se casó con Eulalia de Olalde aunque desconocemos donde residieron. Domingo Anselmo se casó con Maria Josefa de Sarraga Urizar y fueron también vecinos de Baranbio. En 1815 solicitaba una moratoria de 8 años para pagar a sus acreedores, debido a la miseria en que decía estar sumido debido a las cargas que ocasionó la invasión francesa. De hecho, años más tarde se le hizo concurso de acreedores y es por ello que se desprendió de sus bienes de Baranbio, incluida la torre Jauregia y la ferrería.Además, en 1827 su viuda Maria Josefa vendió la casa de Errotabarria a Antonio José de Bea-Murguia, vecino de Cádiz.

Por cierto, que la leyenda familiar afirma que este Domingo se suicidó a raíz de la pérdida del patrimonio familiar. Por el momento, lo único que podemos afirmar es que fue enterrado en Ugao el 13 de agosto de 1826.

Tuvieron varios hijos e hijas que se casaron fuera. Domingo José (1806) se casó con Maria José de Aguirre Uriarte, natural de Zeanuri, y pasaron a residir nuevamente en Lezama. Sin embargo, la familia ya no destacaba siquiera en la vida local. Tuvieron por hijos a Cirilo, que emigró a América como tantos otros en aquellos años, y a Petra (1858), casada con Lorenzo Martínez y heredera de los bienes que habían sido del mayorazgo de Arriaga, que como todos los mayorazgos ya había sido suprimido para entonces.

En 1884 aún conservaban dos casas en Basabe (o una casa con dos viviendas), la de Olamendi, Arriaga y la casa de Latatu, que tenía dos viviendas. Sin embargo, en 1920 solo tenían la casa de Arriaga y la de Latatu.

 

Los Arriaga y América

 

Parte del brillo de esta familia durante el siglo XVIII procedió de la exitosa carrera de sus miembros en América. En todo caso, los Arriaga estuvieron, en todas sus ramas, vinculados con el Nuevo Continente.

El primer Arriaga del que tenemos constancia que emigrase a América fue Domingo de Arriaga Murga, natural del caserío Sautuko, que falleció en las minas de Mazapil en 1709, a donde había partido hacia 1689.

Posteriormente, en 1732 había partido a Nueva España como criado de Pedro López de Echandia un jóven “mediano de cuerpo, blanco y delgado” de unos 16 años llamado Francisco de Arriaga, que seguramente fue hermano de los cuatro siguientes, de carrera exitosa en “las américas”. Fueron los siguientes:

  • Pedro de Arriaga Gurbista (1711), pidió licencia de pasajero a Nueva España en 1735, con el objetivo de cobrar diferentes mercaderías que tenía cargadas en siete navíos de una flota. Para ello, llevaba consigo dos criados, uno de ellos era Manuel de Arriaga Lezameta, su pariente lejano del caserío Olagorta. En 1743, también Juan de Arriaga Lezameta se encontraba en las Indias.
  • Manuel Emeterio (1719) pidió licencia de embarque en 1741 para pasar a América con dos criados, uno de ellos llamado Francisco de Uriarte y natural de Lezama. Sin embargo, en dicho viaje padeció un “riguroso tabardillo” desde el día de Todos los Santos, teniendo en su cabecera al Reverendo Padre Jocano, y falleció el 16 de noviembre de 1742. Antes de embarcar, era vecino de Puerto de Santa María junto a su hermano Pedro, cuando pidieron prestado dinero a su pariente Francisco de Arriaga Basabe, heredero del caserío Isasi. Por allí se encontraba también Joseph de Gurbista Mendieta, natural de Lezama, residente en Cádiz, y a la sazón cuñado de Francisco de Arriaga Lezameta.
  • Antonio Miguel de Arriaga Gurbista (1721) también estuvo en América. Poco antes de 1789 un tal Antonio de Arriaga Gurbista, vecino de Cádiz, compró el caserío Arrigoiti de Lezama. Sin embargo, no podemos aclarar si se trataba del mismo Antonio Miguel o de uno de los Arriaga Gurbista del caserío Olagorta.
  • Antonio Juan de Arriaga Gurbista (1727), que suele aparecer nombrado como Antonio a secas a pesar de tener un hermano llamado Antonio Miguel, fue elegido Corregidor de la Provincia de Canes y Canches, o Tinta, en el Reino del Perú, por lo que el 9 de enero de 1775 pedía permiso en Madrid para embarcarse a ocupar su oficio. Iría con un sobrino político, Eusebio Balza de Berganza Gurbista, natural de Lezama y casado en Orduña con Narcisa de la Fuente Arriaga. Este Antonio de Arriaga es el más famoso de toda la saga. En 1762 fue hecho prisionero por los ingleses mientras defendía con barcos reales y propios la colonia de Sacramento. Falleció en Tinta en noviembre de 1780 ahorcado por el alzamiento indígena de Tupac Amaru, tras haber desempeñado su oficio de Corregidor con notables abusos sobre la población local.

 

Por estas fechas, otros miembros del linaje se encontraban en las Indias. Por ejemplo, allí estaba Ignacio de Ibarrola Arriaga según el testamento otorgado por su madre en 1781. También estaba en América en 1775 Manuel de Arriaga Gurbista, dueño del caserío de Olagorta, aunque según parece sólo marchó por unos años. Además, tenía un hermano en Marsella, y uno de sus nietos emigraría a Cuba.