“BASCONGADOS E LATINADOS”. UNA INTERPRETACIÓN DE LA HISTORIA SOCIOLINGÜÍSTICA DEL ALTO NERVIÓN (y IV)

Tercera parte

7. Euskera y castellano: historia de una relación

Según parece, cuando las familias dejaron de hablar euskera con sus nuevos miembros, el abandono de la lengua fue casi total, pasando a ser usado solo de forma esporádica en las relaciones con los vecinos incluso entre aquellas personas de cierta edad que lo hablaban perfectamente. Esto es lo que ocurrió en Baranbio y, en menor medida, en Laudio/Llodio. ¿Ocurrió lo mismo en aquellas localidades en las que el euskera se abandonó con anterioridad? No tenemos datos suficientes para poder afirmarlo, pero los testimonios recogidos en Laudio/Llodio a finales del siglo XVIII, así como la descripción que José Joaquín de Landazuri realizó del retroceso del euskera en Álava en aquella centuria, apuntan en el mismo sentido.

Como hemos dicho, no puede pasar inadvertido que en localidades adyacentes a las anteriores, como Luiaondo, Okondogoiena, Lezama y Astobiza, el euskera se dejó de transmitir mucho antes, sobre la década de los cuarenta del siglo XIX, aunque hubiera barrios y/o caseríos que lo mantuvieran una generación más. Es posible que la Primera Guerra Carlista, que tuvo una influencia tremenda en esta comarca, propiciara el golpe de gracia al euskera en las localidades citadas, pero no cabe duda de que para entonces ya había desaparecido de parte importante del Alto Nervión.

Por tanto, es evidente que el contexto en que se produce la pérdida del euskera no es el mismo para toda la comarca. La situación política y socioeconómica no era la misma cuando retrocedió en Laudio/Llodio y Baranbio que cuando lo hizo en Amurrio o Lezama ni cuando lo hizo en gran parte del actual municipio de Ayala. Esto es fundamental para definir cuáles fueron las causas de este retroceso. Las explicaciones monocausales, generalmente basadas en prohibiciones y agresiones externas, no constituyen un cuerpo explicativo consistente, no para este caso. Los procesos sociales nunca son tan simples sino resultado de la confluencia de distintos elementos y factores.

Según afirmaba el mencionado Landazuri en su Historia Civil de la M. N. y M. L. Provincia de Álava publicada en 1798, el euskera habría retrocedido en este lugar en décadas recientes -se deduce que de manera rápida- y debido fundamentalmente a dos razones: “el haber entrado por Curas párrocos en los pueblos de Álava personas que ignoraban este idioma o que no hacían aprecio y caso de usar de el” -y de ahí se entiende mejor la intención de Prestamero en el texto mencionado anteriormente- y el trato frecuente con los castellanos de territorios colindantes. Por otra parte, hay que señalar que, en 1768, Carlos III emitió una Orden Real para que la enseñanza de primeras letras se hiciera en castellano, del mismo modo que se tienen testimonios, como los de Cardaberaz y Mendibil, sobre el empleo de métodos coercitivos en la escuela para castigar a los niños que hablaban euskera, como el del anillo.

Posiblemente, en el Alto Nervión el euskera también experimentó un importante retroceso a lo largo del siglo XVIII, aunque no se puede pasar por alto la presencia, que no consideramos anecdótica, de escribanos castellanoparlantes monolingües en Salmantón y Menoio a finales del XVI y principios del XVII y que revela una mayor implantación de lo que se creía por parte de este idioma. En cualquier caso, si hubo coincidencia en la cronología puede que también la hubiera en las causas. No es más que una hipótesis, ya que no tenemos datos en ese sentido. Sin embargo, sí que es más constatable la segunda de las razones expuestas por Landazuri, si bien nosotros optamos por reformularla: no fue solo el contacto con territorios castellanos (las relaciones de Ayala con el valle de Mena, por ejemplo, se retrotraen a la Alta Edad Media) sino la presencia del castellano en el seno de la comarca como lengua habitual e incluso nativa de parte de la población desde antiguo. Los “latinados” habrían sido parte inherente de la realidad sociolingüística de la comarca, y además su ubicación geográfica, los habituales contactos con comarcas como Valdegovía o la Bureba y el ejercicio de profesiones como la arriería debieron resultar un buen incentivo para aprender el castellano en el caso de aquellos cuya lengua nativa fue el euskera. Por no hablar de la carrera administrativa o la militar, en la que tantos nativos de esta comarca hicieron mérito y carreras. El Alto Nervión fue un importante foco de expulsión de población a Castilla y América, la emigración y los contactos con parientes y paisanos establecidos en esos lugares fueron fundamentales dentro de las estrategias familiares. La posesión del castellano era una herramienta necesaria para ello. Por eso, hemos constatado que el bilingüismo fue muy habitual a lo largo de los siglos, al menos entre los varones, no necesariamente alfabetizados. Tenemos la sensación de que el aprendizaje del castellano no se producía exclusivamente en un contexto escolar y cabe cuestionarse si ello no se produjo de forma deliberada y consciente debido a las evidentes ventajas que proporcionaba saber el idioma.

Aunque no queremos presentar el retroceso del euskera como el resultado de un conflicto excluyente entre dos idiomas que coexistieron -y convivieron- en el Alto Nervión durante siglos, no podemos dejar de señalar que el retroceso se asemeja bastante al de un ejército en retirada que no deja unidades atrás, es decir, no tenemos constancia de la existencia de “islas” de euskaldunes. Siempre hay un continuum en el territorio euskaldun. Por ejemplo, Baranbio y Laudio/Llodio fueron las últimas localidades en perder el euskera nativo, ambas junto a Bizkaia y, de hecho, separadas por Orozko, donde nunca se perdió. Esta proximidad geográfica puede manejarse como factor explicativo para su mayor resistencia en comparación con otros lugares del Alto Nervión[1]. Pero, claro está, esta misma lógica sirve para afirmar que la proximidad a ámbitos castellanoparlantes favoreció la expansión de esta lengua.

Hemos visto la existencia, en el Alto Nervión, en distintos lugares y distintas épocas, de euskaldunes monolingües, castellanoparlantes monolingües y bilingües. Pero son, en general, testimonios de un alcance limitado, fotos fijas sobre unos pocos individuos a partir de los cuales aventuramos hipótesis; realmente no tenemos los datos suficientes para realizar una descripción precisa de las comunidades lingüísticas presentes en la comarca. En este sentido, y como señala O. Álvarez Gila, la capacidad de expresarse en un idioma de forma suficiente no implica la existencia de un bilingüismo social ni que el hablante considerase esa lengua como propia.

¿Podemos decir que existió un bilingüismo social en el Alto Nervión? Los indicios sugieren la existencia de un elevado bilingüismo individual. Nosotros consideramos que, si tomamos la Tierra de Ayala en su conjunto, que formaba un ente jurisdiccional con sus propias instituciones y era a su vez una hermandad en el seno de Álava, situaciones como la descrita para 1588 sí pueden reflejar la existencia de un bilingüismo social, entendiendo éste como aquella situación en la que se utilizan ambas lenguas y en la que conviven monolingües de una y otra lengua junto a otros bilingües. No sabemos hasta qué punto esta situación podía darse incluso en una misma localidad. En otros lugares, como en Laudio/Llodio, el castellano solo sería conocido por una minoría, mientras que en Urduña/Orduña se estaría produciendo la situación contraria. El panorama lingüístico es muy complejo en el seno del Alto Nervión.

¿Puede definirse esta situación como diglósica? Fue J. Fishman quien consideró que la relación entre dos idiomas distintos podía ser diglósica al igual que la existente entre dos variantes -clásica y vernácula, por ejemplo- de una misma lengua. En este esquema, una de las lenguas se encuentra en una posición dominante respecto a la otra. D. Escribano considera que en Euskal Herria no habría dos comunidades lingüísticas sino una separación de clases entre unas élites bilingües y unas masas euskaldunes monolingües, de manera que solo aquellas estarían en una situación de diglosia. Esta relación se habría invertido posteriormente, ya que a medida que se fue extendiendo el castellano muchos vascoparlantes dejaron de transmitir la lengua, de modo que fueron precisamente los euskaldunes que mantuvieron el idioma quienes pasaron a estar en una situación de diglosia.

En nuestro caso, hay que realizar algunas matizaciones. Es cierto que, en ese marco situado a caballo entre los siglos XVI y XVII, nos encontramos con una serie de personajes pertenecientes a la élite que, como hemos visto, eran bilingües. Pero también parece serlo mucha de la gente que fue interrogada en aquellos pleitos de que nos hemos ocupado. El bilingüismo no era patrimonio exclusivo de la clase dominante, sino algo bastante extendido, al menos entre los hombres, y no se explica por su aprendizaje en un contexto educativo formal, ya que muchos no sabían siquiera firmar. Pero, como decimos, el panorama es complejo, ya que en Laudio/Llodio sí es posible que el castellano solo fuera conocido por las élites, mientras que otros notables como Pedro y Cristóbal de Menoyo desconocían el euskera. Además, como sugieren algunos testimonios históricos, y como manifiesta la propia toponimia de la comarca, algunas zonas del Alto Nervión fueron predominantemente castellanas, de manera que muchos monolingües de una y otra lengua pertenecían a la misma clase social. La complejidad y heterogeneidad de esta comarca obligan a huir de cualquier tipo de generalización.

Por otra parte, Fishman dibuja cuatro situaciones sociolingüísticas, una de las cuales sería la del “bilingüismo sin diglosia”, en la que no existiría una compartimentalización entre ambas comunidades que pudiera proteger la lengua del hogar de la lengua de prestigio, de manera que ésta va usurpando espacios a aquella. Es por eso que dicho autor considera que se trata de una fase transicional. D. Escribano es crítico con los postulados de Fishman y considera que muchos euskaldunes simplemente abandonaron su lengua cuando aprendieron castellano -o francés- y que, si no lo hicieron antes, fue básicamente porque no habían podido hacerlo, porque no sabían otra lengua. Es cierto que su análisis se basa, como el de X. Erize, en el retroceso experimentado por la lengua en el último siglo y medio. Pero, en cualquier caso, esta última postura no se corresponde en absoluto con lo que hemos observado en el Alto Nervión. 

En este sentido, la particularidad de esta comarca es que el castellano aparece como una lengua establecida en el lugar desde tiempos antiguos, no es ajeno al Alto Nervión. La notable extensión del castellano entre los siglos XVI y XVII sugiere un notable arraigo de este idioma. Pero no puede dejar de advertirse que ello no supuso la desaparición inmediata del euskera. Más de doscientos años después de que ningún vecino de Lezama necesitara intérprete para declarar ante unos receptores castellanoparlantes la lengua vasca seguía viva en la localidad. Según señala X. Erize: «la lengua vasca ha pervivido por el apego mostrado por sus hablantes en un contexto muy desfavorable; o, dicho en otras palabras, porque el sistema etnolingüístico del área vascófona ha tenido suficiente vitalidad como para pervivir a lo largo de los siglos y adaptarse a las nuevas situaciones«.

Este autor considera que la pervivencia del euskera no es fruto de una simple inercia sino que se produce mientras ser vascoparlante se considera un valor en el seno de la comunidad. El euskera se transmitiría en el seno de la familia y el conjunto de agentes de socialización de primer grado. Pero, al mismo tiempo, la población asumía la necesidad de aprender el castellano. Saber este idioma era imprescindible para poder emplearse en la administración, en el ejército, en el comercio, en las Américas, etc. Erize también menciona las burlas y castigos que se producían en la escuela o el servicio militar por no conocer ese idioma. Pero todo ello sin cuestionar en absoluto su idioma materno[2]. Por lo tanto, “la clave de la pérdida de la lengua vasca es la desintegración de su comunidad lingüística” con la pérdida de confianza en su idioma, lo que se produce en el momento en que ser vascoparlante deja de percibirse como un valor y se considera un obstáculo.

A pesar de que hemos visto en Ayala la convivencia de vascoparlantes y castellanoparlantes monolingües, en sus libros de actas no aparece ni una sola referencia a la cuestión lingüística. Lo más probable es que esta cuestión se resolviera mediante el empleo del castellano, idioma que parece comprender la mayoría de varones adultos. Pero la cuestión de fondo es que nos hallamos ante entidades territoriales definidas, que tienen unas instituciones y unos oficios públicos -Junta General, Ayuntamiento, alcaldes, diputados, alguaciles, etc.- en los que se integran personas que hablan distintos idiomas en una situación que se alarga durante siglos. En este contexto desfavorable, el euskera no hubiera sobrevivido de no tener un importante valor en el seno de su comunidad de hablantes en una sociedad en la que el castellano estaba tan presente desde antiguo.

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[1] No deja de ser curioso que el retroceso se produjera exactamente en estos territorios alaveses pero no afectó a los barrios y caseríos de Orozko que se encuentran muy próximos a aquellas localidades. El retroceso del euskera respetó escrupulosamente los límites provinciales, sin que la actitud hacia el idioma fuese diferente en Álava y Bizkaia en aquella época

[2] Es preciso señalar que el esquema interpretativo de Erize está diseñado para la segunda mitad del XIX y primeros años del XX, lo cual nos puede ayudar para analizar los casos de Laudio/Llodio y Baranbio. El resto de la comarca perdió el euskera antes en situaciones históricas diferentes. Por ejemplo, en tiempos en que no existía el servicio militar obligatorio ni la administración del Estado liberal. En cualquier caso, no creemos que eso afecte a la valoración del idioma en el seno de la comunidad.

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