ETA llega a la comarca (1965)

Euzkadi Ta Azkatasuna (ETA) celebró su IV Asamblea en una borda de pastores de la zona de Arantzazu-Urbia a principios de julio de 1965. Su nombre se había dado a conocer el 31 de julio de 1959 en una carta escrita al lehendakari Agirre pero eso no significa que ETA naciera ese día, como tantas veces se ha dicho. Tampoco nació en un seminario ni fue estrictamente una escisión del PNV, otros dos asertos tan habituales como inexactos. En realidad, ETA era el nombre que había adoptado un grupo de jóvenes nacionalistas cuya actividad se había iniciado en 1952 y que fueron conocidos como ‘Ekin’. Ciertamente, después se acercaron a las juventudes del PNV y llegó a producirse una unión entre éstos y Euzko Gaztedi (EGI), pero por diversas razones que no vienen al caso se produjo una ruptura, siendo el grupo Ekin mayoritario respecto a los que permanecieron fieles al PNV. En un momento entre diciembre de 1958 y julio de 1959, se adoptó un nombre para marcar distancias e individualizarse como grupo, y ese nombre fue ETA, aunque casi nada cambió respecto a la fase anterior. No por el momento.

A la altura de 1965 las influencias izquierdistas eran ya potentes en ETA, puesto que la reactivación del movimiento obrero en 1962 no dejó a nadie indiferente. Pero la organización estaba muy lejos de ser lo que llegaría a ser, en todos los sentidos. Por poner un ejemplo ilustrativo, los militantes destacados de este momento (Zalbide, Iturrioz, Zumalde, Eskubi, Madariaga, J. F. Azurmendi, Aspuru, etc.) poco o nada pintaban ya en la organización en 1970 (Juan José Etxabe sería más bien la excepción a la regla), y muchos de ellos ni siquiera militaban ya en ella.

Por aquel entonces, en ETA se hablaba y discutía mucho más de lo que realmente se hacía. Habían teorizado sobre la puesta en marcha de una sublevación revolucionaria de corte guerrillero a la usanza de la argelina o la cubana, pero la realidad era tozuda y ni siquiera tenían armas más allá de alguna que otra maltrecha y vieja pistola, casi sin munición. En una ocasión habían logrado robar cierta cantidad de dinamita que fueron gastando en volar monumentos de exaltación a los ‘Caídos por Dios y por España’ del bando franquista. En realidad, la actividad principal de ETA era la propagandística: colocación de ikurriñas, pintadas a troche y moche, reparto de panfletos, octavillas y revistas clandestinas, etc. Poco más. La represión del régimen no era ninguna tontería y para aquellas alturas muchos de sus militantes ya habían pasado por la cárcel, donde las torturas eran habituales. De hecho, casi todos los fundadores y militantes de primera hora estaban ya exiliados o desvinculados.

A grandes rasgos, en la IV Asamblea, a la que asistieron una treintena de militantes, se aprobó la ponencia ‘Bases teóricas de la guerra revolucionaria’, escrita por José Luis Zalbide, el hombre fuerte de la organización en este momento, que trataba de adaptar la estrategia guerrillera a las condiciones vascas y al grado real de desarrollo organizativo de ETA. Además, ideológicamente se aprobó de manera definitiva el socialismo como futuro de la sociedad vasca, abriendo así la veda para posteriores aportaciones marxistas y revolucionarias. Eso significa que fue en esta asamblea cuando se decidió que la liberación nacional y la lucha de clases no eran más que dos caras de la misma moneda, pero al no definir una estrategia que concretara todo ello en el futuro unos primaron una de las caras y otros otra, lo que habría ser fuente de escisiones, la primera de ellas al cabo de año y medio. Pero esa es otra historia.

Lo cierto es que ETA no tenía dinero, pues hasta entonces se había financiado con las cuotas de sus militantes y alguna que otra aportación voluntaria de abertzales, no pocos de ellos residentes en América. De este modo, se decidió comenzar a robar, “requisar” según decían, a los grupos capitalistas. No lo hicieron sin más, sino que lo anunciaron en su revista oficial, Zutik!, y se justificaron ante sus parroquianos, lo que es muy significativo sobre los tabúes y recelos que la militancia y la sociedad en general tenían acerca del uso de la violencia por limitada que ésta fuera por el momento. A finales de septiembre, la dirección de ETA decidió asaltar a un cobrador de banco; la acción fue un fracaso, Zalbide terminó accidentado, herido, detenido, encarcelado y condenado a 20 años, y el resto de participantes puso pies en polvorosa a Francia (dos de ellos terminaron en Venezuela).

La cuestión es que, poco antes de esta intentona, ETA había anunciado en su revista que el paso a las requisas no era ninguna fantasmada, puesto que ya estaban llevando a cabo algunas. Y aquí es cuando entra en escena nuestra comarca. En un Zutik! publicado en dicho mes de septiembre se aseguraba que a primeros de mes la policía había descubierto en Amurrio uno de los puestos operacionales de la organización con una serie de vehículos “requisados”, matrículas y documentaciones falsas, etc. En realidad, parece que trataban hacer de la necesidad virtud al presentar esta caída como un triunfo, pues en su boletín de noticias, llamado Zutik Berriak, afrimaban que dos miembros de ETA habían sido detenidos en Amurrio por la Guardia Civil de tráfico pero lograron zafarse mientras verificaban su identidad y huir bajo un intenso tiroteo. Según este documento, los activistas habrían conseguido cambiarse de ropa y pasar así inadvertidos por delante de los guardias.

Comentaban que, días después, la versión oficial aseguró que eran ladrones de coches que vendían de contrabando vehículos traídos del extranjero, que es precisamente la versión que apareció en la prensa. El 12 de septiembre de 1965 La Gaceta del Norte publicaba una noticia titulada ‘Dos «veraneantes» huyen de la Guarcia Civil abandonando su coche en el pueblo’, debajo de un encabezado que reza ‘Película de misterio, en Amurrio’. He aquí su contenido a grandes rasgos.

Hacía mes y medio (justo inmediatamente después de la IV Asamblea) un par de jóvenes situados entre los 20 y los 25 años llegaron a Larrinbe diciendo ser estudiantes de Deusto con intención de alquilar un caserío. “Eran dos chicos bien presentados, simpáticos, que no infundían ninguna desconfianza”. Se instalaron en la casa (el caserío Kortina, según hemos sabido), que estaba vacía y sin amueblar, y comenzaron a vivir allí un poco precariamente, ayudando a los vecinos a trillar y otras labores. Tenían, eso sí, dos coches, un 203 y un 600, y una moto, y a veces dos, porque lo cierto es que recibían bastantes visitas, incluidas las de unos señores mayores que dijeron ser sus padres. A pesar de las idas y venidas tanto de ellos como de otra gente, los vecinos no sospecharon nada raro. Hay que tener en cuenta que esta era una zona muy tranquila en general, y políticamente sobre todo. De hecho, probablemente muy pocos habrían oído hablar alguna vez de ETA, quizá nadie si no fuera por el inusitado bombo que un artículo del periódico franquista El Español había dado a una organización por aquel entonces muy débil. En la documentación interna de la organización, no figura hasta entonces ningún tipo de acción (pintadas, siembra de octavillas, etc.) en la zona, ni militantes de este lugar, nada de nada. De ahí lo relevante de este caso.

El día 10 de septiembre por la mañana bajaron a Amurrio y, cuando enfilaban la carretera a Balmaseda, vieron tras ellos dos guardia civiles de tráfico. Uno de ellos rebasó el coche sin hacer señal alguna de que se detuvieran, momento en que los dos ocupantes del vehículo abrieron las puertas y salieron corriendo. Los guardias dispararon tres tiros al aire. Uno de los fugitivos iba vestido con una camisa roja y tras pasar por la plaza y saltar alguna valla llegó a la trasera de una casa donde un zapatero remendaba sus zapatos, llamó, atravesó la estancia y salió por el otro lado. En el portal adyacente se quitó la camisa y se puso un impermeable de plástico y una gorra del mismo tipo y subió por las escaleras. Allí se encontró con un joven sacerdote que bajaba a la calle con el monaguillo. Con ellos salió de la casa y logró marchar llegando hasta el caserío de Larrinbe, cogiendo un coche, pero trató de salir por un camino distinto de la carretera y se quedó atrapado, de modo que pidió ayuda “del casero de Marigorta, al lado de la ermita de San Mamés, con toda naturalidad”. El casero con sus bueyes sacó el coche a la carretera y parece que luego recogió al otro individuo, que también había logrado escapar y esperaba a pie de carretera. La Guardia Civil registró el caserío y encontró una moto matrícula San Sebastián, matrículas de coche, algunas herramientas y libros. Se dice que la teoría que manejaban es que se dedicaban a transformar las matrículas y pintura y números de motor de los coches que traían del extranjero para venderlos en España. Hasta aquí la versión aportada por la prensa

Lo cierto es que, independientemente de las versiones expuestas tanto por la prensa como por ETA en sus propios documentos, de alguna manera que desconocemos al final se supo en la zona que aquellos muchachos eran miembros de ETA. Por aquel entonces, la organización contaba con muy pocos liberados (personas con dedicación exclusiva), prácticamente contados, pues no tenían dinero, y el propio Zalbide contaría posteriormente que la necesidad de medios era perentoria (consta un escrito suyo diciendo que un día había comido solo dos croquetas). Aquellos primeros liberados pasaban hambre literalmente. Al ser verano, puede que nuestros protagonistas fueran realmente estudiantes (gran parte de los militantes de entonces lo eran). Lo que no cabe duda es que debieron acudir a nuestra comarca en busca de un refugio seguro, pues no habían tenido ninguna incidencia en esta zona y no levantarían sospechas. No consta que su objetivo fuera realizar propaganda y captar militantes en esta zona.

Sea como fuere, la acción fue bastante nombrada en los documentos de ETA de la época. No era la primera vez que algunos activistas huían entre tiros y la organización insistía -con fines propagandísticos, lo cual no quita que las fuerzas de seguridad no se anduvieran con medias tintas- en la consigna que tendria la Guardia Civil de disparar a los separatistas, que en este caso parece claro que no iban armados. Tampoco podemos asegurar que los acontecimientos ocurrieran tal y como se contaron en la prensa pero sí de forma aproximada. Pero, por desgracia, nunca se aclaró quiénes fueron estos dos activistas, y probablemente nunca lo sabremos.

4 comentarios en “ETA llega a la comarca (1965)

    1. Muchas gracias!! Interesantísimo. Lo paradójico del asunto es que precisamente estoy esperando que me llegue a casa el libro de Zumalde, pero no sospechaba que pudiera salir este incidente con tanto detalle y menos que fuera él uno de los protagonistas.

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