Lezama en la II República: política y elecciones

 

 

El Ayuntamiento de Lezama (integrado por Astobiza, Baranbio, Larrinbe, Lezama, Lekamaña y Saratxo) tenía 1444 habitantes de hecho y 1564 de derecho según el censo de 1930. Era por entonces un municipio fundamentalmente rural donde la mayoría de la población se dedicaba a la agricultura, que combinaban con el mantenimiento de una pequeña cabaña ganadera. Así, aproximadamente la mitad de los cabezas de familia eran labradores propietarios. La actividad minera en el coto de San Antón se mantenía a duras penas, y había un número importante de personas que trabajaban en actividades vinculadas al ferrocarril. Para los jóvenes, la apertura de algunas fábricas en Amurrio representó una nueva oportunidad, pero la mayoría de la población se dedicaba al sector primario como hemos dicho.

El 29 de octubre de 1841 el regente Espartero promulgó un decreto por el cual los ayuntamientos de las provincias vascas debían organizarse con arreglo a las leyes constitucionales. Como consecuencia, la Tierra de Ayala se descompuso en varios ayuntamientos. La cuadrilla de Lezama emprendió el camino hacia su municipalización, si bien finalmente Etxegoien e Izoria se desgajaron de ella para pasar al municipio de Ayala, de manera que el Ayuntamiento de Lezama fue constituido por las seis localidades mencionadas. El primer Ayuntamiento Constitucional se constituyó el 19 de diciembre: Dámaso de Arana alcalde, José Balza de Berganza primer regidor, Vicente de Aldama segundo regidor, Benito de Ibarra tercer regidor, Julián Díaz de Olarte cuarto regidor y José de Oquendo síndico procurador general.

A lo largo de la Restauración, Lezama estuvo políticamente controlada por la Casa Urquijo, que se definía como independiente, aunque casi siempre en posiciones liberales y en franca oposición al carlismo. Por aquel entonces, Amurrio fue un distrito electoral en el que se elegía un diputado a Cortes; a lo largo de todo el periodo, resultó elegido el candidato urquijista, habitualmente sin competencia. Una excepción puede ser la elección de 1916, cuando Luis Urquijo superó en Lezama al carlista Antonio Garay por solo doce votos. En las elecciones a Cortes de 1919 Urquijo, en unión con los conservadores y tradicionalistas, ganó ampliamente al otro candidato, el nacionalista Esteban Isusi. Pero es significativo que, en una fecha tan temprana, el candidato del PNV recibiera 59 votos en este municipio, teniendo en cuenta que la implantación del nacionalismo en Álava no conoció avances destacables hasta los años treinta.

El golpe de estado de Primo de Rivera en 1923 dio la puntilla al sistema de la Restauración. En este periodo, los alcaldes de Lezama fueron Jacinto Ugarte (1923, en sustitución del anterior, Casimiro Arbaizagoitia), José María Aguirre (1923-1928) e Isidoro Gutiérrez (1928-1930), que fue sustituido por Alejandro Aldama en el periodo transicional que siguió. Por otro lado, tras la caída del gobierno de Dámaso Berenguer el 12 de febrero de 1931, el rey Alfonso XIII ofreció el gobierno al almirante Aznar y se convocaron elecciones municipales para el 12 de abril, unas elecciones que fueron planeadas como un plebiscito: monarquía o república.

Sin embargo, en Álava aproximadamente la mitad de los concejales fueron elegidos por el artículo 29, sin lucha electoral por no presentarse un número de candidatos superior al de concejales a elegir. Además, la mayoría de las candidaturas fueron apolíticas. El 5 de abril la Junta Municipal del Censo Electoral aprobó cuatro candidaturas propuestas por exconcejales para el Distrito de Baranbio (en el que votaban Baranbio, Astobiza y Larrinbe): las de José Isasi Esnal, Hilario Aldecoa Lejarza, Manuel Guinea Uzabal y Víctor Aldama Ugarte. Los cuatro fueron proclamados concejales en función del artículo 29, de manera que no hubo elecciones en esta sección el 12 de abril. El día 10 el periódico Heraldo Alavés se congratulaba por la elección de cuatro monárquicos aunque realmente Isasi y Aldama eran nacionalistas, o al menos así se significaron posteriormente.

El 12 sí hubo elecciones en la Sección de Lezama, donde votaban los de este pueblo, Lekamaña y Saratxo, y eran elegidos cinco concejales. Pero el interés no fue muy grande: solo 58 de 175 electores ejerció su derecho al voto. En general, en toda la provincia hubo un escaso interés por estas elecciones. Los resultados fueron los siguientes:

            -Nicanor Guinea Uzabal: 26 votos

-Elías Gutiérrez Arechavala: 25

-Isidoro Gutiérrez Martín: 25

-Silvestre Bordagaray Goicolea: 23

-Julián Aguirre Respaldiza: 18

-Alvaro Solachi Amirola: 15

-Cosme Ibarrola Padilla: 13

-Miguel Pinedo Urrutia: 3

-Benigno Menoyo Obaldia: 1

-Francisco Abasolo Aguirre: 1

-Francisco Mendivil Alava: 1

 

 

El día 21 se procedió a la constitución del nuevo ayuntamiento. Tomaron posesión los cuatro nombrados por artículo 29 en la Sección de Baranbio y los cinco más votados en Lezama. Sin embargo, Isidoro Gutiérrez renunció a su puesto y lo cedió al siguiente más votado de la lista, Álvaro Solachi. El libro de actas no cita sus filiaciones políticas, pero sabemos que solo uno de los cinco elegidos en Lezama fue nacionalista, Bordagaray. El resto figuran como tradicionalistas. Posteriormente, se procedió a la elección de alcalde “metiendo cada concejal un papel en una urna”. El elegido fue Julián Aguirre, que era el más joven de todos, con cinco votos. El siguiente fue Silvestre Bordagaray con tres votos seguido de Nicanor Guinea con uno, a pesar de lo cual éste fue nombrado primer teniente y aquel segundo teniente.

Hay que tener en cuenta que la población no tenía una cultura democrática ni política por aquel momento. El carlismo, más que un partido, había sido un movimiento no muy organizado ni estructurado, mientras que el urquijismo imperante durante la larga Restauración tampoco contó con ningún tipo de organización ni rasgo propio de la política de masas. Nos faltan estudios que ayuden a comprender las redes del urquijismo; por ejemplo, una identificación de sus agentes e interventores en tiempo de elecciones que contribuya a definir la evolución política e ideológica de los hombres de este tiempo. Tampoco podemos decir gran cosa sobre los inicios del nacionalismo en esta comarca. Existe en esta cuestión un vacío historiográfico que llenar.

En cuanto a los concejales elegidos en 1931, Bordagaray y Azcaray, así como Isidoro Gutiérrez y el padre de Aldama, figuran como afiliados a la Unión Patriótica en 1924, pero hay que tener en cuenta que ello fue obligatorio para desempeñar cargos públicos durante la dictadura de Primo de Rivera. Siendo Gutiérrez alcalde, observamos que junto a el se encontraba un futuro nacionalista como Juan Isasi Esnal, Manuel Sojo (varios de cuyos hijos fueron milicianos) y tradicionalistas como José María Aramendi y José Aspiazu Guaresti.

 

El 8 de mayo de 1931 se promulgó un decreto que reformó la Ley Electoral de 1907, bajando la edad mínima para votar a los 23 años, suprimiendo el artículo 29 y posibilitando la elección de las mujeres, aunque aún no podían votar, ya que esa reforma se dejó pendiente para las Cortes que saldrían de las elecciones del 28 de junio.

En Vasconia, los comicios se plantearon como una lucha entre los defensores del Estatuto de Estella y el bloque republicano-socialista. Pero Álava fue una excepción, ya que los nacionalistas y los tradicionalistas fueron por separado tras una campaña en la que se dieron mucha cera. El 7 de junio se celebró un mitin nacionalista en Baranbio en el que hablaron Jesús María Leizaola y Esteban Isusi entre otros.

El día 21 la Junta Municipal del Censo nombró apoderados, que fueron José María Urquijo por José Luis Oriol (CT) en las dos secciones y Cosme Ibarrola por Félix Susaeta (Partido Republicano Radical Socialista, apoyado por PSOE, UGT y ANV). Llama la atención que los nacionalistas no presentaran ningún apoderado en un municipio donde, como veremos, resultaron ser la fuerza principal.

Las elecciones transcurrieron con normalidad y con una elevada participación, ya que no votar estaba castigado con un recargo del 2% en la contribución y la publicación del nombre en el Boletín Oficial de Álava, como efectivamente se hizo. La mesa de la Sección Primera estuvo en la escuela de ambos sexos de Lezama y hubo tres interventores: Felipe Guinea por la CT, Eusebio Ugarte por el PNV y Antonio Muguruza por el bloque republicano-socialista. Con una participación del 88,27% los resultados fueron los siguientes:

            -José Luis Oriol (CT): 71 (41%)

-Pantaleón Ramírez de Olano (PNV): 57 (32,95%)

-Félix Susaeta (PRRS): 42 (24,28%)

-Blanco: 3

 

La Sección Segunda estuvo constituida en la escuela de niños de Baranbio y figuran otros tres interventores: Víctor Usategui, Eugenio Garay y Samuel López, seguramente por el PNV, la CT y el bloque republicano-socialista respectivamente. Con una participación del 89,2% los resultados fueron los siguientes:

            -José Luis Oriol (CT): 52 (31,5%)

-Pantaleón Ramírez de Olano (PNV): 95 (57,58%)

-Félix Susaeta (PRRS): 16 (9,7%)

-Blanco: 2

 

Por lo tanto, con una participación del 88,7% en el total del municipio, el resultado global sería así:

            -José Luis Oriol (CT): 123 (36,39%)

-Pantaleón Ramírez de Olano (PNV): 152 (44,97%)

-Félix Susaeta (PRRS): 58 (17,16%)

-Blanco: 5

 

El PNV se alzó con la victoria en estas elecciones, como haría en todas las celebradas a lo largo de la II República. La hegemonía del PNV se sustentó en la Sección de Baranbio, mientras que las izquierdas tenían cierto peso en la Sección de Lezama, posiblemente por la mayor presencia de trabajadores del ferrocarril. Como veremos, la participación siempre fue más alta en Baranbio, que parece ser el lugar más politizado a lo largo de la República tanto en uno como en otro sentido. Así, Baranbio contó con un batzoki, presidido por Prudencio Aramendi, y un grupo de hilanderas. En 1933 había más de 50 afiliados al Partido en el municipio y ese mismo año se constituyó la Junta Municipal del PNV, de la que fue presidente el concejal Isasi, y cuyos promotores parecen haber sido los jóvenes de Lezama Juan Amirola y Juan José Aguirre, a la sazón hijo del mencionado José María y hermanastro del alcalde.

Por su parte, en estas elecciones de 1931 el voto tradicionalista no alcanzó el 40%. La Comunión Tradicionalista no estuvo organizada en Lezama ni tuvo un centro social oficial, tampoco tuvo muchos afiliados. Pero, con el tiempo, surgiría un grupo fuerte en torno a los Isasi de Baranbio: Juan José y, ya en 1936, su joven hijo José Ramón, que se hizo falangista. Debido al apoliticismo característico de las pasadas elecciones municipales, Lezama contó con un ayuntamiento de mayoría tradicionalista -no necesariamente carlista pero sí monárquico- aún siendo de mayoría nacionalista en términos de voto, lo que habría de generar contradicciones en su actuación durante la República sobre todo en lo que respecta a la cuestión del Estatuto.

No podemos pasar por alto a las izquierdas, que no tuvieron representación alguna en el consistorio a pesar de lograr casi el 25% de los sufragios en la Sección Primera. En las elecciones legislativas de 1933, Isidoro Gutiérrez fue apoderado del candidato del PRRS (que no recibió ningún voto, por cierto), por lo que quizá no sea erróneo pensar que, de no haber renunciado a su puesto, al menos habría habido un concejal afín al bloque republicano.

 

Paralelamente, el 31 de mayo el ayuntamiento en pleno decidió que el alcalde acudiera a la asamblea convocada para el 14 de junio en Pamplona para aprobar el Estatuto realizado por la Sociedad de Estudios Vascos, convocatoria apoyada por los ayuntamientos nacionalistas y derechistas. La asamblea finalmente se celebró en Estella y en ella 56 ayuntamientos alaveses, como Lezama, apoyaron el Estatuto. El 19 de julio el ayuntamiento se mostró conforme con el Estatuto de Estella “por encontrar en el condiciones más adecuadas al régimen que por tradición se observaba antiguamente en el País Vasco, dejando pendiente el alavés hasta ver lo que acuerda el Gobierno sobre el vasco”. Se refiere al Estatuto promovido por la Comisión Gestora de Álava -sustituta de la Diputación- para este territorio, que fue aprobado cuatro días después por 21 ayuntamientos alaveses, casi todos de mayoría republicana. En todo caso, la iniciativa no fue lejos ante la oposición de todos los ayuntamientos de mayoría tradicionalista y nacionalista.

Posteriormente, la iniciativa pasó a las Gestoras. El 31 de enero de 1932 se celebraron asambleas provinciales de ayuntamientos en las cuatro capitales y todas se mostraron a favor de un estatuto único para todo el país, y no uno por provincia. Lezama no acudió a esta asamblea, por motivos que desconocemos. El 19 de junio, en una asamblea celebrada en Pamplona, Lezama mostró su apoyo al Estatuto elaborado por el movimiento de alcaldes y las Comisiones Gestoras, al igual que hicieron todos los municipios de la Cuenca Cantábrica. Pero solo 109 de los 267 ayuntamientos navarros lo apoyaron, lo que paralizó el proyecto. En adelante, la CT se opondrá a un estatuto que integrara a las tres provincias vascas al considerar que Álava quedaría muy perjudicada frente a las dos provincias costeras y la conflictividad con el PNV fue in crescendo.

 

El 30 de diciembre de 1932 el Gobierno ordenó el cese de todos los concejales elegidos en abril de 1931 mediante el artículo 29. Así, el 29 de enero de 1933 los concejales Aldama, Isasi, Manuel Guinea y Aldecoa cesaron de su cargo. Las elecciones no se celebraron hasta el 23 de abril y solo tuvieron lugar en la Sección Segunda. Fueron las primeras elecciones en las que pudieron votar las mujeres y lo hicieron con una alta participación, ya que el 84,9% de los electores acudieron a las urnas en la escuela de niños de Baranbio. Los resultados fueron los siguientes:

            -Víctor Aldama Ugarte: 181 votos

-Ramón Azcaray Olabarria: 167

-José Isasi Esnal: 167

-Eustasio Abechuco Garro: 130

-Juan Román Gil: 130

-Manuel Guinea Uzabal: 116

-Miguel Abin Isasi: 1

 

Estas elecciones se caracterizaron por el mayor grado de politización de las candidaturas, como se puede observar en el hecho de que Azcaray e Isasi, del PNV, obtuvieron el mismo número de votos, como ocurrió con los tradicionalistas Abechuco y Román. Hay que notar que los votos que le faltaron a Guinea para igualar a los tradicionalistas son los mismos que destacan a Aldama de sus compañeros nacionalistas. En el acta de escrutinio no se indican las filiaciones de cada uno y no disponemos del acta de proclamación de candidatos. Manuel Guinea seguramente era monárquico indeterminado en 1931 pero no sabemos si después se acercó más al nacionalismo o al tradicionalismo. Puede que hubiera electores indecisos, situados en un punto entre el PNV y CT, que prefirieron dar su voto a Aldama teniendo en cuenta que, aunque afiliado al Partido, quizá era más moderado que los otros dos, ya que Isasi y Azcaray dimitieron tras el conflicto de los ayuntamientos de 1934, como veremos, y el no lo hizo.

El nuevo ayuntamiento se constituyó el 10 de mayo. Román y Abechuco lograron el mismo número de votos pero solo había lugar para uno, de manera que el primero cedió el puesto al segundo. Compuesto el ayuntamiento por los nacionalistas Silvestre Bordagaray (Lezama), José Isasi y Ramón Azcaray (Baranbio) y Víctor Aldama (Larrinbe) así como por los tradicionalistas Elías Gutiérrez (Saratxo), Eustasio Abechuco (Baranbio), Nicanor Guinea, Álvaro Solachi y Julián Aguirre (Lezama), resultó elegido alcalde éste último de nuevo. A pesar de que el PNV había logrado ganar un concejal en la Sección en la que era hegemónico, el consistorio continuó con mayoría tradicionalista.

En lo que respecta al Estatuto, se convocó una asamblea de ayuntamientos para el 6 de agosto en Vitoria para tratar sobre el que estaban elaborado los miembros de las Comisiones Gestoras. El 30 de julio el ayuntamiento de Lezama acordó no acudir a la asamblea, seguramente debido a la campaña que los tradicionalistas realizaron en su contra. En esta asamblea, se propuso la formación de una Comisión para llevar adelante la gestión del referéndum estatutario. El 26 de octubre la Junta Permanente de la Comunidad de Ayuntamientos Alaveses (CAA) envió un telegrama al presidente del gobierno pidiendo que hubiera interventores en nombre de los 57 ayuntamientos que la integraban. Sin embargo, siete alcaldes y todos los concejales nacionalistas, republicanos y católicos independientes de 21 ayuntamientos miembros de CAA transmitieron al gobierno que el telegrama era apócrifo. Aparecen concejales de Lezama entre los firmantes de este manifiesto, aunque aún no eran miembros de la CAA. Finalmente, los tradicionalistas pidieron el voto en contra o la abstención, mientras que el resto de formaciones pidieron el voto afirmativo.

El referéndum se celebró el día 5 de noviembre. En Lezama hubo una participación del 76,9%, apenas punto y medio por debajo de la que habría días después en las elecciones legislativas. De un total de 751 electores, votaron 577 y solo 8 lo hicieron en contra. Por lo tanto, en Lezama el estatuto recibió 569 votos positivos. Por comparar, en las legislativas posteriores la suma de votos nacionalistas e izquierdistas fue de 345, y la de tradicionalistas y nacionalistas de 534. Por lo tanto, en Lezama, y en toda la Cuenca Cantábrica, es obvio que la mayor parte de los tradicionalistas votaron en sentido afirmativo a pesar de la posición oficial de CT. Pocos días después, el 11 de noviembre –día de San Martín, patrón de Lezama- se celebró una Sesión Municipal Extraordinaria con la presencia de solo cuatro concejales (todos de fuera de Lezama, los nacionalistas Aldama, Isasi y Azcaray y el tradicionalista Abechuco) para nombrar un representante que acudiera a Gernika el día siguiente a entregar las actas del plebiscito, para lo que nombraron a Isasi.

No habían pasado ni dos meses desde que el municipio dio un sí rotundo a la aprobación del Estatuto cuando, en enero de 1934, los de Lezama formaron parte de los 42 alcaldes y 180 concejales –los tradicionalistas, claro está- que enviaron un escrito al Presidente de las Cortes declarando que se adherían al documento presentado por la Junta Permanente de la CAA oponiéndose al Estatuto. Claramente, la corporación no estaba acordando de acuerdo al sentir mayoritario de la población en este asunto.

 

Por su parte, las nuevas elecciones legislativas tuvieron lugar el 19 de noviembre de 1933. El día 12 fueron nombrados apoderados Juan José Isasi por Oriol, Isidoro Gutiérrez por el republicano Castresana (PRRS) y Jesús Echevarría por el nacionalista Francisco Javier de Landaburu. En la Sección Primera hubo nada menos que cinco interventores: el concejal Solachi y Pedro Alday lo fueron de Oriol, Eusebio Ugarte y Pantaleón Quintana lo fueron de Landaburu, y el obrero ferroviario Santiago Ibargüengoitia lo fue de Susaeta. En esta ocasión, la participación descendió al 71,36% y el PNV logró una gran victoria:

            -Landaburu: 149 (52,46%)

-Oriol: 96 (33,8%)

-Susaeta: 30 (10,56%)

-Amorós (PRR): 3

-Quintana (PCE): 2

-Nulos: 3

-Blanco: 1

 

La mesa de la Sección Segunda estuvo presidida por la maestra Julia Martínez Ormazabal y contó también con cinco interventores, aunque no se indica por quién lo fueron. Eran Juan Landaluce Cortazar, José María Aramendi, Pedro Aspe Echenagorria, José Isasi Esnal y José Luis Ugarte Ugarte. Podemos adivinar que Isasi lo fue del PNV, ya que era concejal por este partido, y Aspe lo sería de CT, pues consta que fue un destacado tradicionalista de la localidad. También Aramendi, que fue detenido por los republicanos por su filiación política. La participación fue notablemente más alta que en la otra sección, alcanzando el 86,12% del censo

            -Landaburu: 153 (50,33%)

-Oriol: 136 (44,74%)

-Susaeta: 13 (4,28%)

-Amorós: 1

-Blancos: 1

 

Por lo tanto, los resultados a nivel de municipio fueron los siguientes:

-Landaburu (PNV): 302 (51,36%)

-Oriol (CT): 232 (39,46%)

-Susaeta (Conjunción Republicano Socialista): 43 (7,3%)

 

El PNV logró un importante ascenso en la Sección de Lezama, de manera que reforzó su posición como fuerza hegemónica de la localidad a pesar de que en la Sección de Baranbio el tradicionalismo recortó distancias. Las izquierdas experimentaron un retroceso importante respecto a las elecciones de 1931, sumando menos sufragios que entonces a pesar de la duplicación del censo electoral con la obtención del derecho a voto por parte de las mujeres. En la Cuenca Cantábrica, CT superó por un centenar de votos al PNV. En el conjunto de Álava, los nacionalistas obtuvieron los mejores resultados de su historia hasta el momento, y a ello habría contribuído el resultado del referéndum celebrado unos pocos días antes, atrayendo a muchos no nacionalistas partidarios de la autonomía.

 

A raíz de la aprobación de un polémico Estatuto del Vino, en el verano de 1934 se activaron movimientos para la defensa del Concierto Económico. A pesar de que dos días antes el Gobierno declaró que el Estatuto no se aplicaría en las provincias vascas, el 5 de julio se celebró una asamblea de ayuntamientos en Bilbao a la que acudieron diecisiete consistorios alaveses, incluido Lezama. Se acordó crear una comisión que convocara la elección de la definitiva comisión de defensa del Concierto por los ayuntamientos. El alcalde de Vitoria invitó a todos los ayuntamientos alaveses a acudir a una reunión el 19 de julio para elegir la comisión, pero la CAA -controlada por Oriol, en la que Lezama había ingresado en marzo a pesar de la protesta de la minoría nacionalista del consistorio- instó a no acudir y solo lo hicieron catorce ayuntamientos, Lezama entre ellos, junto a Artziniega, Ayala o Laudio. Es decir, Lezama obedeció a la CAA en enero para mostrarse contrario al Estatuto pero no siguió sus dictados en esta ocasión. En esta reunión se decidió convocar para el 12 de agosto la elección en cada ayuntamiento, por parte de los concejales, de la Comisión definitiva. Pero los gobernadores civiles, con apoyo del ministro de la Gobernación, prohibieron las votaciones y anunciaron medidas represivas para quienes participaran en ellas. A pesar de ello, se celebró en bastantes municipios de Bizkaia y Gipuzkoa, no así en Álava, donde no se había convocado la elección. Aún así, en ocho ayuntamientos (Aramaio, Artziniega, Ayala, Laudio, Okondo, Oteo, Salvatierra y Zuya) votaron un total de 37 concejales, todos nacionalistas excepto uno. Como resultado, fueron detenidos todos los alcaldes que participaron en ella.

Las comisiones defensoras del Concierto Económico convocaron una asamblea de parlamentarios y representantes de los alcaldes en Zumarraga para el 2 de agosto. Fue prohibida por el gobierno y la policía trató de impedir sin éxito su celebración, aunque hubo detenciones y solo asistieron dos representantes alaveses, los de Salvatierra y Llodio. Como protesta, acordaron la dimisión de todos los ayuntamientos vascos: el 8 de septiembre el PSOE, PNV e Izquierda Republicana dieron orden de dimitir inmediatamente a sus concejales. En Álava, solo 63 concejales de 13 ayuntamientos lo hicieron. En Lezama, el 23 de septiembre José Isasi y Ramón Azcaray presentaron su dimisión. No sabemos por qué Aldama y Bordagaray no lo hicieron, si bien es cierto que el segundo apenas fue a las sesiones en adelante. Puede que fuera una decisión tomada en el seno de la Junta Municipal del PNV quizá con vistas a no dejar el ayuntamiento sin representación nacionalista. Isasi no fue readmitido hasta el 17 de mayo de 1936 tras solicitarlo varias veces, y también reaparece Azcaray, aunque no consta que pidiera su regresa ni su readmisión.

En julio de 1935 falleció el concejal Elías Gutiérrez. Esto habría igualado las fuerzas en el seno del ayuntamiento, pero la renuncia de dos concejales nacionalistas les seguía dejando en clara inferioridad. El 14 de noviembre de 1935 se celebró una asamblea de ayuntamientos alaveses al que acudieron 48 ayuntamientos con 2 adheridos con el objeto de realizar una Carta Foral de Álava. Lezama no envió representación.

 

Las elecciones legislativas del 16 de febrero de 1936 fueron una lucha cuadrangular en Álava entre CT, PNV, el Frente Popular y la CEDA, encabezados respectivamente por Oriol, Landaburu, Ramón Viguri y Luis Pérez Flórez-Estrada. La campaña electoral fue la más intensa de todas las celebradas anteriormente. La politización era elevada. El PNV fue prácticamente el único grupo político que presentó un programa con objetivos concretos y realizó una campaña moderada para atraer el voto de los católicos independientes, frente a una CT muy radicalizada y especialmente virulenta con el PNV. Ambos realizaron actos de campaña en Lezama. Por ejemplo, la CT realizó uno en la cabeza del municipio el 1 de febrero y otro el día 9 en Lezama y Baranbio.

El mismo día 9 se nombraron apoderados, que fueron José María Urquijo, alcalde de Llodio, por Oriol en las dos mesas, Miguel Aburuza Urruticoechea en Lezama y Ricardo Ugarte Lili en Baranbio por Landaburu, y Modesto Manuel Arana por Viguri solamente en la primera mesa. Por lo demás, la única documentación que disponemos son los resultados de la misma. En la primera mesa, con una participación del 73,06%, los resultados fueron:

            -Oriol: 120 (39,87%)

-Landaburu: 101 (33,55%)

-Viguri: 66 (21,93%)

-Pérez: 11 (3,65%)

-Blanco: 3

 

En la segunda Sección, con una participación nuevamente más elevada que en la anterior, del 82,5%, los resultados fueron:

            -Oriol: 125 (39,55%)

-Landaburu: 151 (47,78%)

-Viguri: 31 (9,8%)

-Pérez: 6

-Blancos: 3

 

Por lo tanto, los resultados globales quedaron de la siguiente manera:

-Oriol: 245 (39,7%)

-Landaburu: 252 (40,84%)

-Viguri: 97 (15,72%)

 

 

La participación fue similar a la de 1933 pero los resultados cambiaron sensiblemente. El candidato nacionalista perdió medio centenar de votos, casi todos en el distrito de Lezama, donde CT volvió a resultar vencedora. El Frente Popular obtuvo unos resultados que se acercaban a los que Susaeta logró en 1931 y la diferencia entre nacionalistas y tradicionalistas era mínima. En el conjunto de Álava, el PNV quedó muy por debajo de CT y con poca diferencia sobre la CEDA. Seguramente, los católicos independientes que habían votado al PNV en 1933 les retiraron el voto ahora ante la campaña derechista y la aparición de la CEDA, pero hay que advertir que en Lezama parte de esos votos perdidos también fueron para el FP.

Hubo una segunda vuelta de las elecciones que se celebraron el 1 de marzo. Por no reincidir demasiado en las mismas cuestiones, en Lezama la participación fue casi idéntica y la mayoría de la gente tendió a votar lo mismo. En la sección de Lezama bajó el voto tradicionalista y ascendió el izquierdista, mientras que en Baranbio Landaburu amplió su ventaja sobre Oriol. De esta manera, en el conjunto del municipio el PNV reforzó su primacía con un ligero ascenso de las izquierdas.

Finalmente, el 12 de mayo de 1936 se dio por válido el referéndum de 1933 y Álava quedó incluida dentro del Estatuto. A finales de junio, comenzó una campaña a nivel municipal por medio de telegramas que los ayuntamientos enviaron a las Cortes. Lezama fue uno de los quince ayuntamientos alaveses que también lo hicieron. Tras la vuelta de Isasi y Azcaray, ahora sí había igualdad en el ayuntamiento. Incluso podemos trazar la hipótesis de que alguno de ellos se hubiera acercado a posiciones nacionalistas, como es el caso de Nicanor Guinea, ya que sabemos que su establecimiento fue lugar de reunión de los nacionalistas y que fue multado con 100 pesetas por su actuación durante el “dominio rojo-separatista”.

 

La sublevación de 1936 supuso la interrupción de la política municipal. El alcalde Julián Aguirre Respaldiza fue detenido el 29 de agosto en Baranbio por tres jóvenes que, según su posterior declaración, se habían identificado como nacionalistas de Begoña. Fue trasladado en un coche al Cuartelillo de Bilbao y al día siguiente lo encarcelaron. Permaneció en el Altuna Mendi hasta que los sublevados entraron en Bilbao “padeciendo muchos sufrimientos y torturas”, en sus propias palabras.

Por el momento, el poder quedó en estos lugares en las Juntas de Defensa que se fueron formando tanto en Lezama como en Baranbio. Sabemos que los concejales Abechuco y Solachi fueron objeto de investigación por éstas pero no tenemos constancia de que fueran apresados. El exconcejal Aldecoa se integró muy pronto, ya en septiembre, en la columna Orozko-Baranbio, donde era acemilero en noviembre. Azcaray quedó como alcalde en funciones y, en diciembre de 1936, presidió como tal la constitución del nuevo ayuntamiento. El Director General de la Administración Local de Euzkadi nombró concejales a Félix Zulueta, Tomás Cuadra, Pedro Aldama, José Ortiz de Pinedo, Julián Echevarria, Benigno Menoyo y Miguel Aburuza, que fue elegido alcalde.

José Isasi Esnal fue condenado a reclusión perpetua como autor de un delito de auxilio a la rebelión por sentencia de 8 de septiembre de 1937 dictada en Santoña por el Consejo de Guerra Permanente nº 2 dándose como hechos probados que se enroló voluntariamente en las “milicias rojo-separatistas” actuando primero como Cabo y luego como Teniente, además de haber sido presidente de la Junta Municipal del PNV en su localidad. Fue condenado al pago de 5000 pesetas en Burgos el 22 de agosto de 1940. Había estado preso en El Dueso.

Ramón Azcaray fue sentenciado por la Autoridad Militar de Álava al pago de cinco mil pesetas y pena de destierro, que cumplió en Valladolid, y fue absuelto en Burgos el 27 de junio de 1940.

Víctor Aldama Ugarte estuvo preso en Carmona (Sevilla)

 

 

 

 

 

 

 

 

Noche de ronda con consecuencias inesperadas. Orduña, 1824.

 

 

 

 

Año Nuevo del año 1824.

Los vecinos de la ciudad de Orduña disfrutaban del día festivo como mejor podían, acudiendo a los actos religiosos, reuniéndose con la familia y amigos, y no pocos optaron por pasar la tarde-noche de taberna en taberna. Nada nuevo bajo el sol, pues. Concretamente, la taberna que el zapatero Manuel de Larrondo tenía en su casa, situada en la parte baja de la calle Francos, fue el punto en el que coincidieron cinco individuos, cuatro de los cuales darían con sus huesos en la cárcel antes de que terminara la noche.

Algunos de ellos habían estado rezando el rosario en la parroquia de San Juan. Es el caso de Francisco de Marfagón Ortega, que era natural de Bueña “en el partido de Teruel del Reyno de Aragon” y estaba casado con María de la Torre Orruño. Era un joven esquilador de unos veinticinco años que vivía con su familia política y poco más tenía que lo que llevaba puesto. También estuvo Juan de Picaza Echevarria, natural de Orozko, casado en la ciudad con Ramona de Ulibarri Coloma, maestro cubero de treinta y nueve años de edad y vecino al final de la calle Orruño.

Debían ser amigos a pesar de la diferencia de edad entre ambos, ya que, tras el acto religioso, estuvieron sentados cerca de la casa del cirujano Eugenio Torrecilla, en la bocacalle de la dicha calle Orruño. Los dos amigos decidieron dar un paseo a caballo, de manera que Picaza en su propia cabalgadura y Marfagón en la de su cuñado pusieron rumbo a la “venta titulada de Mendichueta” en Saratxo. A medio camino adelantaron a un hombre que iba caminando. Era Gerónimo de Garay Aranburu, labrador de cuarenta y cuatro años, casado con Estéfana de Gabiña, nacida en Saratxo, y vecino en la calle Francos. Los tres se juntaron ya en la cocina de la venta y “tomaron una refaccion de vino y un poco de carne q habia llevado dicho Geronimo”. Al anochecer, sobre las seis de la tarde, Garay y Picaza volvieron juntos en el mismo caballo, y Marfagón lo hizo algo más tarde en el de su cuñado, llegando a la ciudad después de anochecido. Garay se apeó en su casa y Picaza fue a dejar el caballo en su establo. Pero Garay debía tener ganas de más porque seguidamente fue a casa de Picaza y le propuso ir a tomar media azumbre –un litro- de chacolí a la casa taberna de Larrondo que, como hemos dicho, estaba en la misma calle en la que Picaza tenía su domicilio.

Aunque de manera independiente a los anteriores, similar recorrido realizó Domingo de Aguirre Ahedo, labrador de treinta y cuatro años natural de Gordejuela, casado en la ciudad con Brígida de Secada Revilla y vecino también de la calle Francos. Domingo había rezado el rosario en la iglesia de San Juan pero después pasó por su casa para coger un mendrugo de pan. Aguirre salió de la ciudad por el Camino Real en dirección al “puente titulado nuevo que esta en el prado llamado de San Bartolome”. Resulta que, en un agujero de una pared próxima al puente, había escondido una bayoneta inglesa en julio de 1822 y quería recogerla para dársela a José de Marubay, que hacía tiempo se la había pedido porque le venía bien para el fusil inglés que tenía para su oficio de la Guardia de la ciudad. A pesar del año y medio que había transcurrido, la bayoneta aún estaba allí y Domingo la introdujo en la manga suelta del lado izquierdo del capote de paño pardo que llevaba puesto.

El puente pillaba de paso para la venta de Menditxueta, a donde fue, pero no estuvo con los anteriormente mencionados sino con otros orduñeses, concretamente con Manuel de Ugarte, Agustín Fernández y Luis de Izarra “por mote pelandina”. Ellos mismos aseguran que la venta estaba muy concurrida aquella tarde. La costumbre de los orduñeses de ir a beber o comprar vino en Menditxueta, donde era más barato, era ya secular y fuente de conflictos entre Ayala y Orduña. Pero esa es otra historia. Por el momento, Aguirre y sus compadres estuvieron dándole al clarete aquella tarde y, al toque de oración, salieron de vuelta para Orduña, si bien parece que Ugarte regresó un poco antes. Sobre las seis y media de la tarde, Aguirre llegó a su casa, cenó con su mujer y su familia y bajó a la cercana taberna de Larrondo para echar un trago de chacolí. Allí se juntó a Andrés de Vadillo, a quien llamaban “Medina”, Pedro de Iturricha y Pedro de Ogazon.

Por su parte, Manuel de Aldama Olabarrieta, albañil de cuarenta y un años natural de Menagarai, estaba casado con su paisana Juana de Echavarri La Cuadra y vivía en la calle Orruño. Por cierto, que Juana moriría en el transcurso de ese año, ya que Manuel se casó en diciembre con María de Oquendo, con quien vivía en la calle Cantarranas al año siguiente. Pero lo que ahora nos importa es que, sobre las tres de la tarde de aquel 1 de enero de 1824, Manuel fue “para la venta que de nueba planta esta construiendo en el lugar de tertanga (…) Thomas de Murga” para ajustar con el la obra de albañilería de la cocina y otro agregado a ella; y luego fue allí también otro maestro albañil, Pedro de La Encina. Después de ajustarse y de “echar un trago amigablemente en dicha casa de Murga, en la que se bende bino clarete de la Rioxa”, sobre las cinco de la tarde marcharon los dos a casa de La Encina “que la tiene en la Calle titulada de cantarranas” y no fue hasta las ocho y media aproximadamente que salió de casa de su colega para dirigirse a la suya. Este fue su trayecto: “por bajo de los Astiales de entre cantarranas, Calle nueba, Calle Burgos y por el arqueado de la Parroquia de San Juan el Real siguiendo por los Astiales del peso real, los de entre calle medio y Calle Yerro”. Algo que queda bastante claro en la documentación del caso es que la gente no cruzaba la plaza de noche, sino que iban por los hastiales aunque para ello tuvieran que rodearla por completo.

Aproximadamente bajo el portegado de la Casa Consistorial, Aldama se encontró con el regidor Jose de Pereda, vigilante nocturno por encargo del alcalde, quien le dijo que ya era hora de que se retirase a su casa. Le respondió que así lo haría. Pero nada más lejos de la realidad. En la bocacalle de Francos, se encontró a Marfagón y ambos fueron a echar un cuartillo –medio litro- de chacolí a la casa de Larrondo. En la portalada estaban Picaza y Garay “echando un trago” y los dos hombres se unieron a ellos con su propia consumición.

¿Qué había sido de Marfagón en el rato transcurrido entre su regreso de Menditxueta y su encuentro con Aldama? Primero, fue a su domicilio a dejar el caballo y cenar con su familia. A continuación, salió hacia la casa mesón de Manuela de Jocano en la calle Nueva. Era viuda de Ciriaco de Izarra y la casualidad es que, al igual que Aldama, se casó en segundas nupcias en diciembre de 1824, en su caso con Valerio de Samaniego. Marfagón dirá en el futuro que fue a este lugar buscando alguna caballería que esquilar y así ganar jornal. Lo cierto es que entabló conversación con el criado Vicente de Izarra, a quien pidió una bayoneta que días antes le había ofrecido. Vicente había encontrado la bayoneta tiempo atrás entre la paja de la casa y, al parecer, Marfagón la quería por no tener otra para el fusil que le habían entregado como individuo de la Guardia. Es curioso –o no- que tanto el como Aguirre se hicieran con una bayoneta ese mismo día y por idéntico motivo.

Aquí se produce una divergencia respecto a la declaración de Aldama. Éste dijo que se encontró a Marfagón en la bocacalle de Francos y bajaron a la taberna de Larrondo. Sin embargo, el aragonés declaró que fueron a la casa de Rafael de Aldama en la entrada de la calle Medio a echar un trago de aguardiente. Y lo cierto es que Juana de Polanco, la mujer de Rafael, ratificó que ambos estuvieron en la portalada interior de su casa y que Aldama bebió cuatro cuartos de aguardiente y Marfagón como un vaso de vino rancio. Este pasaje le viene ni que pintado a Marfagón porque afirmó que se encontraron con Picaza, Aguirre y Garay en la bocacalle de Francos y que nunca llegó a estar en la taberna de Larrondo. A pesar de tener numerosos testimonios en contra, Marfagón se ratificó en esta sucesión de los hechos hasta en cuatro ocasiones. ¿Por qué Marfagón insistió tanto en negar su presencia en la taberna de Larrondo si nada malo ocurrió allí? ¿Por qué Aldama omitió haber pasado por la taberna de Polanco? ¿Hay algún motivo para que Juana mintiera y encubriera a Marfagón? Ninguna respuesta podemos dar a estas preguntas a partir de la documentación producida en el caso. Pero lo que está bastante claro es que Marfagón mintió.

 

Sabemos también sin ninguna duda que, a eso de las nueve de la noche, el regidor Pereda se presentó en la taberna de Larrondo para despachar al personal a sus respectivas casas. Poco después llegó el alguacil José de Marubay con el mismo fin. Recordemos que éste es quien había pedido a Aguirre la bayoneta que tenía escondida. El caso es que las autoridades cerraron el chiringuito y Marfagón, Aldama, Garay, Picaza y Aguirre, que no habían estado juntos, se encontraron en la calle. Resistiéndose a la idea de dar por finiquitada la jornada, alguno tuvo la sempiterna clarividencia de buscar un garito donde poder echar la espuela, pues “no hera tan tarde para aquel fin”, de manera que pusieron rumbo a la casa del cirujano Genaro Gutiérrez, ayalés natural de Lujo, que traía y vendía aguardiente en su domicilio situado al final de la calle Burgos. A pesar de que, como hemos visto, los susodichos vivían en esa misma calle o en la de Orruño, las ganas de seguir pimplando superaban con mucho las de acostarse y allí que se fueron.

Siguiendo con la que parece ser arraigada costumbre de no cruzar la plaza de noche, los cinco individuos fueron por detrás de la Aduana y por la calle Cantarranas hasta la casa del cirujano, que estaba cerrada. Los abastecedores de vino y aguardiente no solo hacían que su casa funcionase a modo de tasca mientras durase su obligación contractual sino que vendían el morapio a los vecinos en diversas cantidades para que lo llevaran a su casa. Y, en ocasiones, esto podía ocurrir a cualquier hora, por mucho que habitualmente las ordenanzas locales lo prohibieran. Es así que se entiende que nuestros protagonistas llamasen a la puerta y la sirvienta Ramona de Oquendo les atendiera. Según su testimonio, reconoció las voces de Marfagón y Aldama, les entregó el aguardiente por un postigo de la puerta principal sin abrirla, lo bebieron y ambos pagaron. No vio en ningún momento a los otros tres, pero por allí debían de estar. No descartamos que Oquendo dijera esto para evitar algún tipo de reprimenda por atender a esas horas, ya que de los testimonios de los hombres se puede concluir que estuvieron dentro de la casa. Por otro lado, Marfagón aseguraría que no bebió nada porque ya había tomado en la casa de Rafael de Aldama. Otra mentira.

A partir de aquí, bien sea porque el alcohol hizo mella en sus recuerdos, bien por limpiarse las manos del suceso que estaba próximo a ocurrir, las versiones de los cinco hombres comienzan a diferir cada vez más. Dentro o fuera, el paso por la casa de Gutiérrez fue rápido, lo justo para echar el último pelotazo. Quizá no eran más de las nueve y media de la noche cuando marcharon de allí. Subiendo por la calle Burgos hacia la plaza, se produjo un rifirrafe típico de ebrios cuando Aldama resbaló y cayó al suelo, culpando a Picaza de haberle empujado. Que si te has caído tu solo, que si me has empujado, los otros tres iban por delante y Marfagón se dio la vuelta para regañarles y decirles que no metieran bulla. Picaza contestó que no lo hacían y que para aquella disputa no necesitaban quien la decidiese y que así podía llevar su camino. Según éstos, este suceso ocurrió en los soportales de la iglesia de San Juan. Según Marfagón y Garay, en las últimas casas de la calle Burgos, a la altura de la casa del maestro de obra prima Fernando de Gardeazabal.

 

Precisamente allí se encontraban amigablemente reunidas algunas personas unidas por lazos familiares y de amistad. Ventura de Marubay Quintana era natural de la misma ciudad, tenía cincuenta y tres años, estaba casado y vivía en esa misma calle. Era hermano del alguacil ya mencionado, con quien además compartía casa. Sobre las ocho de la noche había ido a casa de su vecino y amigo “con el fin de pasar un tanto de combersacion amigable según en otras ocasiones lo habia echo”. Allí estaban Gardeazabal, su mujer, su hermana María Antonia, Antonio de Salaberri y algunos criados de la casa.

Era ya bastante tarde, sobre las once u once y media, cuando María Antonia decidió regresar a su casa, situada en la parte baja de la calle Vieja. Ventura y Salaberri también salieron para sus respectivos domicilios no sin antes ofrecerse a acompañar a la mujer, como también lo hizo su hermano. Fueron por los arcos de la iglesia, el Peso Real, los portales de calle Medio y Yerro hasta la entrada de Calle Vieja. Salaberri portaba un farol con dos luces. En ese punto, fueron recibidos con una lluvia de piedras. Pero existen contradicciones en torno a este suceso. El propio Ventura narra los hechos tal y como lo hemos hecho nosotros: salieron de casa, fueron por los hastiales y al llegar al portegado de la casa consistorial comenzaron a recibir pedradas. Pero no es cierto, ya que esto ocurrió después de dejar a María Antonia en su casa y volver a subir por calle Vieja. Así lo afirma directamente Salaberri y así se explica que la mujer ni siquiera fuese llamada a declarar: no presenció los hechos.

Entonces, ¿qué hicieron los otros cinco en ese lapso de tiempo de una hora u hora y media que debió transcurrir desde que marcharon de casa de Gutiérrez hasta que ocurrió la agresión? Según Garay, cuyo testimonio fue considerado como fidedigno por los tribunales, fueron todos juntos desde la dicha casa hasta la casa consistorial, donde estuvieron de palique durante bastante rato sin que pudiera precisar si fue media o una hora. Cuando vio que por los hastiales venían tres o cuatro personas, una de ellas con un farol “bastante crecido con luz encendida dentro”, les dijo a los cuatro “muchachos vamos a casa q ya es hora” y habiéndole contestado que aguardase, marchó “sin mas detencion” para su casa. Este relato es el único plausible desde el punto de vista temporal, ya que todos los demás no solo contaron cosas diferentes sino que narran el apedreamiento como un suceso que ocurrió de manera inmediata a su llegada al entorno de la plaza.

Según Picaza y Aldama, después de su rifirrafe, seguramente con ánimo de atajar por haberse quedado rezagados respecto a los otros tres, cruzaron por el medio de la plaza hasta la casa en que habitaba Pablo Ximénez, y que era propiedad de Cayetano de Palacio, entre las calles Francos y Orruño. Sin embargo, Marfagón declaró que fueron Aldama y el quienes hicieron dicho recorrido. Picaza aseguró haber visto una luz que subía por la calle Vieja cuando iba con Aldama hacia la casa de Ximénez cruzando la plaza; es decir, al de nada de salir de la casa de Gutiérrez.

Ventura de Marubay declaró que al pasar por la bocacalle de Vieja advirtieron que algunas personas les estaban lanzando piedras desde los hastiales de la calle Francos. Creyendo que presentándose como oficial de la Guardia cesarían el ataque, se dirigió hacia ellos y debajo de la casa que habitaba Ximénez se encontró con los cuatro hombres que ya conocemos y les dijo “modosamente” que no tenían motivo para tirar piedras y que se comportasen, pero le contestaron con desprecio y amenazas. Acto seguido uno de los hombres –creía que fue Marfagón pero no lo aseguró- le agredió con una bayoneta en el costado derecho. Pensó que era una herida mortal y así lo dijo, y al ver que se desmayaba pidió a Picaza que le acompañase a casa. Y éste así lo hizo. Ni siquiera la urgencia de las circunstancias le hicieron cruzar por la plaza, sino que fueron bajo los hastiales hasta la iglesia de San Juan, donde el hombre se excusó por temor de que le encontraran los otros tres. Entonces apareció la mujer de Gardeazabal y Ventura fue socorrido en sus metros finales por Salaberri y por Pedro de Gabiña.

¿Qué fue de los acompañantes de Marubay? Cuando éste se adelantó para reconvenir a los agresores, Antonio de Salaberri Iradier, gasteiztarra de veintiún años, le siguió a escasos metros. Pero su testimonio no es del todo coincidente con el del herido, ya que aseguró haber encontrado a Picaza, sin capote ni arma alguna, en uno de los pilares bajo la casa mesón de Ignacia de Urruela, viuda de Manuel de Ballejuelo, que se corresponde con la casa de los Díaz Pimienta. Cruzaron algunas palabras entre ellos, pero al de poco oyó que Ventura caía a tierra suspirando y “diciendo herido soy de una puñalada”. Salaberri no pudo decir quién fue el autor de la agresión, ya que la noche era bastante oscura y el farol se lo había quedado Gardeazabal. La reacción del mozo fue un poco extraña, ya que en vez de ayudar al hombre fue a toda prisa a casa de Gardeazabal para “proporcionar medio” de recogerle a Ventura y ver qué había que hacer. Pero resulta que Gardeazabal no estaba en su casa. Así que Salaberri halló a Ventura ya cerca de la casa de éste y pidió ayuda a Gabiña para llevarlo a casa y dejarlo en la cama. Gabiña regresaba de pasar un “rato de conversación amigable” en casa de Clemente Sancho hacia el final de la calle Burgos, y era empleado de la Aduana.

¿Dónde estaba, pues, Fernando de Gardeazabal? En el mismo momento en que comenzaban a caerles piedras de buen tamaño, se había encontrado con Baldomero de Galíndez en el portegado de la casa consistorial. Ambos se refugiaron dentro de la casa mesón de Ignacia de Urruela. Esto no tiene sentido alguno, ya que si estaban bajo la casa consistorial habría bastado con huir en cualquier otra dirección excepto en la que tomaron. Creemos que, en realidad, debieron encontrarse en la bocacalle o en los mismos hastiales de la casa mesón, y por ello optaron por entrar en este lugar, que era a donde se dirigía Galíndez para cumplir un encargo del Comandante de la Guardia.

Se comenta que alguna piedra impactó contra la puerta principal de la casa, que cerraron tras entrar. Allí estaban Juana de Urruela, Eusebio de Laiseca y María Ortiz de Salazar. Juana subió a los dos hombres al entresuelo, que tenía una ventana que daba al hastial, y la mujer vio a Marubay ir de pilar en pilar diciendo “hixos mios no tireis pedradas”. Gardeazabal no mencionó nada de esto, solo que oyó decir “darles que son negros y matarlos”. Sabemos que “negros” era como llamaban los tradicionalistas -posteriormente los carlistas- a los liberales, bajo el supuesto de que tenían el alma negra. Según Juana, sobrina de la dueña del mesón, habría reconocido las voces de Marfagón y Picaza pronunciando expresiones ofensivas, y después oyó a Marubay llamar a Fernando con voz bastante lastimosa. Según Salazar, decía “Fernando ven acá”. Entonces, Gardeazabal y Galindez, con cuidado y temor, partieron con el farol a buscarle por los hastiales entre las calles Francos y Orruño. A la altura de la casa de Juan Francisco de Bárcena, encontraron a Marfagón, al que preguntaron por el paradero de Marubay, y les respondió con desprecio. Al ver que tras los pilares de la casa había varios bultos de personas que no pudo distinguir, temiendo que aquello terminase mal se fueron a su casa, a donde llegaron a tiempo para ver en la puerta principal a Marubay con la mujer de Gardeazabal.

 

Ahora es momento de ver los argumentos esgrimidos por los acusados. Según Picaza, cuando llegó con Aldama bajo la casa que habitaba Ximénez oyó una voz procedente de los hastiales bajo la casa mesón que dijo “joder a un negro”, y creía que había sido Marfagón. Poco después escuchó otra voz que procedía más o menos de la bocacalle de Francos, y creía que era Ventura “que dijo claramente que mal e echo a Vms”. Picaza habría ido en su busca y lo halló de pie, hacia mitad de los hastiales bajo el mesón, y le dijo que le habían herido y le pidió por Dios que le acompañase a su casa. Como sabemos, así lo hizo. Según sus propias palabras, no lo acompañó más porque creyó que si lo encontraba la Guardia de Honor lo apresarían juzgándole autor de la herida y porque no quería encontrarse con los verdaderos autores. Recordemos, sin embargo, que Salaberri aseguró haberlo visto en uno de los pilares del mesón. Picaza lo negó, así como negó haber dicho las expresiones ofensivas que se le atribuían.

Aldama, que al parecer iba bastante perjudicado, dijo que se recostó pegante a la casa contigua que habitaba Ximénez y al de poco tiempo “al parecer del declarante porque se hallaba turbado de sentido a causa de haberle ofendido un cigarro que acababa de fumar”, como entresueño (sic) oyó voces y un ruido y una persona que “en alta boz y mui clara dijo joderle a un negro”. Creía que fue Marfagón. Presa de este presunto blancón, Aldama se largó hacia su domicilio de la calle Orruño y se durmió hasta que, “siendo hora de la repetida noche que no pudo adbertir por la turbacion de su cabeza qual fuese”, su mujer le despertó porque se lo iban a llevar detenido.

Nada en particular se ha dicho de Aguirre hasta ahora. Su declaración no tiene desperdicio. Aseguraba el encartado que, después de echar la última en casa de Gutiérrez, fue por los hastiales hasta llegar a la entrada de calle Francos, yéndose derechito a su casa. Pero al de un rato notó que le faltaba el ceñidor que había vestido ese día y pensó que se le había caído detrás de la Aduana “en sazón de haber soltado los calzones para hacer una necesidad maior”, de modo que fue para allí y “bolbiendo al parage donde habia echo su necesidad hallo alli dicho ceñidor”. De regreso para su casa, se encontró con Marfagón junto a la casa del cirujano Torrecilla, que estaba pegante a la bocacalle de Orruño. Éste le propuso ir a ver quién o quiénes iban con un farol por los hastiales entre las calles Medio y Yerro y convino en hacerlo por mera curiosidad, de manera que al llegar se encontraron no con los agredidos……sino con el Comandante de la Guardia. A este encuentro regresaremos en breve. Baste señalar por el momento que Aguirre aprovechó este escatológico pasaje para negar su presencia en el lugar de los hechos ni siquiera de manera circunstancial.

Por su parte, Marfagón había suplantado a Picaza en su papel de acompañante de Aldama hasta la bocacalle de Orruño. Situado en ese lugar, afirmaba haber oído ruido de pedradas y haber distinguido bultos de personas en los hastiales entre Orruño y Francos, unos arrimados a los pilares y otros junto a las tiendas. Marfagón siempre dio a entender que allí había habido muchas personas. Avanzó hacia la casa de Torrecilla y allí se habría encontrado con Salaberri, quien le preguntó qué hacía allí y quiénes eran aquellas personas. Le respondió que no sabía, que solo veía uno de sombrero blanco que podía ser el Comandante de la Guardia, y Salaberri fue a donde el. Recordemos que Salaberri solo dijo haberse encontrado con Picaza, en ningún momento con Marfagón. Nadie aludió a persona alguna con sombrero blanco. En su línea.

El declarante aseguró que, después de esta conversación, regresó a donde estaba Aldama, llegando después Aguirre y posteriormente Picaza. Éste y Aldama se fueron a sus casas. No había visto a Garay desde que se desviara al salir de la calle Burgos, de modo que aquí contradijo nuevamente las declaraciones de sus compañeros. Además, Garay vivía en la calle Francos, de modo que no tenía ningún motivo para haber tomado un rumbo diferente cuando regresaban de la casa de Gutiérrez. Sin embargo, y tras mucho insistir los interrogadores en sus contradicciones, terminó por señalar que sí, que habían estado los cinco cerca de la bocacalle de Orruño: Aldama y él en este mismo lugar, Picaza y Aguirre hacia medio hastial y Garay cerca de la tienda de Agustín de Aranguren; y que entonces llegó Marubay y les dijo que se fueran a sus casas, a ellos y a esas otras personas misterioras que estaban detrás de los pilares y de las que nada se supo –probablemente porque no existieron-.

 

Las pesquisas para tratar de arrojar un poco de luz sobre el incidente no resultaron muy fructíferas. Algunos de los vecinos más cercanos al lugar de los hechos oyeron ruido pero, al ser día festivo, pensaron que era gente divirtiéndose –a pesar de las horas que eran ya-. Otros, como Matías Juan de Angulo, no se enteraron de nada, en su caso por haber regresado de viaje y estar agotado. El testimonio más interesante puede ser el de Ramón de Madariaga, que vivía en la segunda puerta de la calle Vieja. Ramón se asomó a la ventana hacia las nueve y media o diez de la noche y oyó voces en la plaza, entre ellas alguna que dijo tres veces en voz muy alta “biba la constitucion”. Con el Trienio Liberal recientemente abortado por la restauración absolutista de Fernando VII, en la que tomó parte de manera muy activa el vecindario orduñés, la perspectiva de hallarnos en este caso con un trasfondo político nos resultaba sumamente atractiva. Sin embargo, nada más se supo de esto. Nadie más pareció oírlo.

Digno de mención fue también la declaración de Martín de Mendieta, natural de Lezama y criado en la citada casa mesón. Según sus palabras, sobre las siete y media de la tarde, en medio de la escalera principal de la casa, Francisco de Marfagón expresó que llevaba una bayoneta francesa, la enseñó y dijo que buscaba “algun negro” para matarle pero no lo había encontrado. Juan de Arenas habría sido testigo de la conversación y, en efecto, ratificó que el encuentro se había producido, pero no recordaba qué dijo exactamente Marfagón de la bayoneta.

 

Después de dejar a Ventura en su casa, Gardeazabal y Galíndez fueron a dar aviso al Comandante de la Guardia de la ciudad, como subalternos suyos que eran, ya que también eran miembros de ella. Juan Antonio de Goiri Olabarrieta había nacido en Laudio/Llodio en 1792. Con veinte años, se alistó en el ejército en Potes para luchar contra los franceses, y a buen seguro debió destacarse en la sublevación realista del Trienio Liberal, ya que en octubre de 1823 figuraba ya como Comandante en Orduña en una carta enviada al rey vanagloriándose de su desafección hacia el régimen liberal y su masivo apoyo a Fernando VII. Todavía faltaba una década para la sublevación carlista de la que Goiri sería uno de los cabecillas comarcales hasta que se acogió al Convenio de Bergara del 31 de agosto de 1839, de manera que en enero de 1840 fue nombrado administrador de la Real Aduana de la ciudad vizcaína. En los inicios del año 1824 gozaba del importante cargo de Comandante de la Guardia de la ciudad, que no era más que la institucionalización como fuerza policial legal de las partidas realistas antiliberales que se habían formado en los años anteriores. Como la participación de orduñeses en estas partidas fue muy alta, parece que “todo quisqui” era miembro de esta Guardia.

Goiri estaba en la casa de su suegro Rafael de Aldama, por donde parece que habían pasado Marfagón y Manuel de Aldama unas horas antes. Recibido el aviso de la agresión, el Comandante ordenó a Gardeazabal y Galindez que fuesen a sus casas a por sus correspondientes fusiles, bayonetas y cananas y que acto seguido se dirigieran al portegado de la casa consistorial. Goiri acudiría al mismo sitio en compañía del sirviente de su suegro, Tomás de Acha, al mismo tiempo que envió a su propio sirviente, Santiago de Larrea, a avisar a su ayudante Ildefonso de Echevarria para que acudiera al dicho lugar armado con su espada. Ambos criados eran naturales de Orozko.

Goiri y Acha, armados con sable y carabina respectivamente, fueron los primeros en llegar. No portaban luz alguna, al contrario de lo que afirmó Aguirre. Y seguramente por eso sorprendió al susodicho y a Marfagón viniendo desde la bocacalle de Vieja. Dijeron que estaban paseando pero, sin mayores rodeos, Goiri preguntó a ver si portaban armas, y Marfagón respondió que había portado una bayoneta pero ya la había dejado en su casa. Entonces llegaron Gardeazabal y su sirviente, el laudioarra Pedro de Aldaiturriaga, con un farol, y al momento apareció también Galindez. Gardeazabal se colocó a la espalda de Marfagón y gracias a la luz de su sirviente pudo ver que el hombre tenía una bayoneta escondida debajo del capote y su brazo izquierdo. Goiri se la quitó y dispuso que los dos hombres subieran a la cárcel, que se encontraba en la misma casa consistorial. En ese momento llegaron Larrea, Echevarria e Ildefonso de Galatas, éste con su fusil y bayoneta como miembro que también era de la Guardia. Vivía cerca y había acudido al escuchar ruido y voces, especialmente las de Gardeazabal y Goiri. También Salaberri llegó en algún momento de éstos.

Como niños atrapados en alguna travesura, Marfagón y Aguirre se resistieron a subir a la cárcel y no tardaron mucho en protestar que no eran los únicos que habían andado por ahí aquella noche, delatando prontamente a Juan de Picaza y Manuel de Aldama, que también eran miembros de la Guardia. Fue Galatas quien agarró a Aguirre y le encontró otra bayoneta debajo de su brazo izquierdo. No sin resistencia, lograron subir a los dos hombres a la cárcel. Aguirre rasgó la camisa del alcaide Pedro de Iturricha, que estaba en su cama cuando su hija le avisó de que Goiri estaba llamando. Recordemos que Iturricha también había estado en la taberna de Larrondo, de donde se había marchado cuando llegó el regidor Pereda. Marfagón fue introducido en la jaula y Aguirre en el calabozo.

La comitiva encabezada por el Comandante se dirigió a casa del aludido Picaza, a quien llevaron a la cárcel; y después hicieron lo mismo con el resacoso Manuel de Aldama. Parece que en algún momento posterior Goiri fue informado de que el cirujano Gutiérrez había sido llamado de parte de la casa de Ventura de Marubay para que éste fuera asistido.

Y, con esta información, Goiri acudió a casa del alcalde y juez ordinario Juan Bautista de Basabilbaso, que estaba acostado en su cama. Enterado de todo lo ocurrido, el alcalde ordenó que los reos permanecieran detenidos bajo la custodia del alcaide y sin comunicación de ninguna clase entre ellos. Posteriormente, fue a la casa de Marubay, hacia la mitad de la calle Burgos, junto al cirujano Mariano de Barriocanal y otras personas. El herido estaba en cama en un cuarto inmediato a la sala de la casa y fue examinado de nuevo, ahora en presencia de las autoridades. Ventura estaba “adornado con camisa limpia de lienzo regular de la tierra y de un chaleco de triple fondo pajizo con solapas y seis botones en cada una, bolsillos con forro por de fuera la espalda y en las delanteros” y en la solapa derecha tenía un “ahugerito triangular de estension al parecer como de quatro linias escasas” advirtiéndose una manchita de sangre en la parte superior del agujero y otra un poco más abajo. Y tenía en sus ropas otras manchitas de sangre del tamaño de una mosca o una lenteja. El escribano recogió el chaleco para custodiarlo como prueba. Su mujer Ramona de Mendibil dijo que era el mismo chaleco que llevaba su marido al llegar a casa. Y aunque examinaron el resto de ropas que había llevado no observaron más manchas de sangre, si bien dos de las prendas estaban recién levadas para que no se estropearan con las manchas de sangre. En ellas sí localizaron algunos agujeros y más restos de sangre, de modo que el escribano también se las quedó.

En su costado derecho y próximo a la “costilla primera verdadera”, Ventura tenía una herida que, según el cirujano Barriocanal, había sido provocada con un instrumento punzante cortante de figura triangular sin que se le advierta a Ventura en su cuerpo otra alguna herida ni señal de contusión. Era una herida realizada con una bayoneta, en su opinión. Esa mañana del día 2 de enero también el cirujano Gutiérrez fue con Barriocanal a atender a Ventura, a quien hallaron con bastante opresión al pecho; le aplicaron los medicamentos que juzgaron convenirle y le hicieron una evacuación con previsión de realizar otra por la tarde.

En los días siguientes, se examinaron las ropas del herido así como las armas incautadas a los reos. Uno de los dos sastre que examinó las ropas fue otro viejo conocido, Pablo Ximénez. Por su parte, Goiri señaló que las bayonetas incautadas no eran las que se habían entregado para el servicio de la Guardia, sino que estaban más sucias y roñosas. Los maestros herreros y armeros de la ciudad, Pedro de Izaguirre y José de Unzueta, reconocieron las bayonetas, que estaban bastante usadas. No hallaron rastros de sangre en ellas pero reconocieron las ropas y constataron que los agujeritos bien correspondían con las puntas de las bayonetas.

 

La tarde del día 6 los dos cirujanos afirmaban que Ventura estaba con alguna alteración en su pulso y bastante desazonado por lo que habían dispuesto que se confesase y recibiese el Viático. El alcalde mandó que un tercer cirujano, Eugenio de Torrecilla, fuese al día siguiente a las ocho de la mañana en compañía del médico José de Gorria a reconocer al herido. Sin embargo, Gorría estaba en cama bastante indispuesto debido a una especie de flujo de sangre. A pesar de ello, al día siguiente Gorría hizo el esfuerzo de ir a examinar a Ventura; afirmó que el herido estaba padeciendo una pulmonía espuria, enfermedad peligrosa que podría haber sido causada por el invierno o por un derrame de líquidos de los pulmones por algún golpe contuso en las partes continentes de la cavidad vital, aunque de esta segunda causa no tenía nociones suficientes para afirmar que había causado la pulmonía.

El día 8 los tres cirujanos observaron que la herida no tenía rubicundez, inflamación, ni edema, manteniéndose en su color natural si bien expelía una leve serosidad y se hallaba con alguna calentura echando algunas gotas de sangre en el esputo.

Sobre la medianoche del 9 al 10 de enero, Barriocanal estaba acostado en la cama de su casa, situada en la plaza, cuando fue llamado por Benita de Marubay y María Jesús de Urdanpilleta, hija y cuñada de Ventura, para que fuera a visitarle. A pesar de la urgencia, le encontró con buen pulso y en su sano juicio. Permaneció con el varias horas, hasta las cinco o cinco y media de la madrugada, cuando regresó a su casa. Pero entre las seis y media y las siete un “sobrinito” y un nieto de Ventura le avisaron para que fuera de nuevo a verle. Sin embargo, cuando llegó a calle Burgos, le dijeron que el hombre acababa de expirar, de manera que fue a buscar a su colega Gutiérrez para examinarle juntos y lo encontraron efectivamente muerto en su cama.

Al día siguiente, 11 de enero, a las ocho de la mañana, fue examinado el cadáver en su propia casa por los tres cirujanos ya mencionados. Estaba expuesto en dos mesas, custodiado por dos personas. El examen certificó que la herida era mayor en el interior de lo que parecía en el exterior, la pleura había sido dañada y hallaron un derrame de sangre que circundaba los pulmones pero sin herida, por lo que dedujeron que habría sido causado por alguna erupción de vasos en las partes afectadas por el golpe. Su dictamen fue la herida fue peligrosa y no mortal de necesidad, pero habría causado el derrame que resultó fatal. Su cadáver fue sepultado en el cementario al norte de la iglesia.

Los interrogatorios a los reos comenzaron el 19 de enero. Por entonces, Domingo de Aguirre no estaba en muy buenas condiciones. El médico seguía indispuesto con sus achaques, de modo que fue el cirujano Torrecilla quien lo examinó y lo encontró sin habla y en precarias condiciones debido sobre todo al tiempo frío que hacía. Dispuso como remedio que le dieran vino rancio, recomendando su traslado a un habitáculo más abrigado, con una cama y lumbre bien encendida sin tufo ni peligro de incendio. Si empeoraba su estado, habrían de llamar al párroco para que le diera la Extremaunción. Todas aquellas medidas se cumplieron, por cierto.

Después de sus declaraciones, fue nombrado promotor fiscal Manuel López Borricón, un tejedor que, para variar, también era vecino de la calle Orruño. Los reos nombraron a sus defensores y comenzó el juicio del caso propiamente dicho. No nos interesa hacer un seguimiento del mismo así que nos limitamos a lo fundamental: el promotor pidió para Marfagón la pena de diez años de presidio con retención en Puerto Rico y la pena de ocho años para Aguirre. Lo más curioso de todo es una afirmación del defensor de Marfagón: que el hombre había salido para “distraerse del aburrimiento q naturalmente causa el frecuente trato y vista de su familia”.

En junio aún seguían presos y la causa había pasado al tribunal del Corregidor y Diputados Generales del Señorío, por lo que los cuatro nombraron procuradores. Este tribunal dio por buenas las conclusiones del fiscal y condenó a Francisco de Marfagón a diez años de presidio en Puerto Rico y a Domingo de Aguirre a cuatro en el castillo de San Sebastián. Picaza y Aldama tuvieron por pena la prisión que ya habían sufrido, y los cuatro fueron condenados mancomunadamente en costas. Era el 18 de noviembre de 1824. El 16 de diciembre el alcalde Basabilbaso entregó al miquelete Marcos de Barañano a los presos Marfagon y Aguirre para ser conducidos a la cárcel de Bilbao.

Pleito de Elejazar (III)

 

 

Mes y medio después de finalizar el interrogatorio a los testigos presentados por la parte contraria, el 15 de abril de 1768 el Gobernador respondió positivamente a la petición de Olabezar y Larrinbe para que se reconociera in situ el monte de Elejazar. Por esta parte, se nombró como peritos a Francisco Xabier de Irabien y Eugenio Antonio de Acha, muy destacados vecinos de Quejana y Respaldiza respectivamente. Por su parte, Amurrio se negaba a este reconocimiento y por ello no designó perito alguno, de modo que el abogado Juan Valentín de Ibarrola, vecino de Lezama, fue nombrado de oficio.

La visita se realizó los días 25 y 26 de mayo con la asistencia de Juan de Isasi, Domingo y José de Aldama, vecinos del barrio de Aldama. Éstos llevaron a la comitiva hasta el lugar en que había estado un roble que marcaba la división entre el término común de los cinco concejos y el dehesado privativo de Amurrio. Los peritos pudieron apreciar que el monte comunero estaba muy poblado y con necesidad de entresacar, aunque había muchos árboles mal podados y otros que estaban cortados por el pie a pesar de su pequeño tamaño. Después, los tres hombres mostraron un plantío –de ínfima calidad, señalan- que los vecinos de Amurrio habían hecho en el término de Salamanca pero dudaban si era comunero o dehesado; ni siquiera los vecinos más cercanos tenían muy claros los límites entre uno y otro. Y esto va a ser una constante en adelante: los testigos llamados a declarar confunden continuamente los términos, no tienen muy claro qué pertenece a quién, se contradicen unos a otros y sus propias declaraciones anteriores, etc.

Al día siguiente, Amurrio pidió la nulidad de la Ordenanza y denunció que el escribano que estaba entendiendo en la causa, José Ventura de Villodas, tenía parcialidad conocida con los pueblos demandantes y ejercía su influencia sobre el Gobernador Mendieta. Su pretensión fue denegada.

En el mes de noviembre, el concejo de Amurrio presentó una serie de escrituras para que fueran compulsadas e incluídas en el pleito; la mayoría de ellas trataba de multas que el concejo de Amurrio había cobrado de diversas personas por excesos cometidos en los montes de Elejazar. Por ejemplo, el 4 de febrero de 1743 multaron a cuatro vecinos de Berganza y Onsoño por cortar acebos por el pie. Por aquel entonces, Amurrio pleiteaba con Larrinbe sobre la roza realizada por los vecinos de este pueblo en el monte de Sobre Pagaza y término de Curzecomendi. Larrinbe se amparaba en las ordenanzas de los cinco concejos; tras varios dimes y diretes, llegaron a un acuerdo según el cual aprovecharían la roza por tres o cuatro años pero después debían hacerlo en sus propios términos, que eran desde el arroyo debajo de los manzanales y jaral del caserío Pardio de Abajo hasta el robledal de Suerraran, propio de la casa de Curzialde y desde allí por el arroyo al salcedal de la casa-rueda del difunto Bartolome de Escalza, que estaba en Amurrio –en Okeluri, concretamente-.

También se compulsó una visita de mojones entre Amurrio y Luyando que se hizo el 17 de julio de 1763 después de que algunos vecinos de éste hubieran roturado tierras en Enorduy excediéndose bastante. Con ello querían probar que había sido el concejo de Amurrio quien participó en el apeo y puso dos mojones nuevos para mayor claridad, sin participación alguna de los otro cuatro concejos.

Tras un alegato muy largo y bien fundamento presentado por parte de los dos concejos, el Gobernador sentenció el 11 de julio de 1769 que Olabezar y Larrinbe habían probado bien su demanda y declaró que el monte de Elejazar era comunero en todo género de aprovechamiento con sus dehesas. José de Aldama y Pablo de Urrutia fueron condenados a entregar en el plazo de cinco días lo que correspondía a los otros concejos de la multa impuesta a Olazar. Y todos ellos debían arreglarse a las ordenanzas en la corta y recogida de leña para sus hogares y edificios. Tras presentar las habituales alegaciones, el 17 de agosto el Gobernador ratificó la sentencia.

Aún así, no fue hasta el 12 de octubre que los regidores de Amurrio entregaron el dinero que debían a los dos concejos, y además con protestas sobre la sentencia y contra el escribano del caso porque no había querido darles traslado de algunas escrituras. De hecho, insistieron presentando un pleito que había tenido lugar en 1750-51, cuando Juan de Isasi y José de Aldama, los ya citados vecinos de Aldama, acusaron a Matías de Orue por haber hecho cortas en los castañales de Mendico Requeta –también figura como Mendico Errequeta– y Erroispe que eran de su propiedad, y habiendo sido reprendido por ello por Maria de Mendieta contestó que “tanto tenía que mandar en dhos castañales” como ellos; además a Aldama le habían robado mucha castaña de una “cortina o erizal” que tenía en un castañal propio.

Según buena parte de los testigos presentados por los acusadores, los castañales estaban situados en un dehesado propio del lugar de Amurrio, en el que otros muchos vecinos tenían por propios y plantados por sí y sus antepasados diferentes porciones de castaños y los habían gozado privativamente aprovechándose de sus frutos y leña sin dar parte a nadie y sin contradicción alguna, pagando el diezmo correspondiente por ellos a la parroquia. Un testimonio interesante es el de Francisco de Ugarte, vecino de Onsoño, que había fabricado carbón para los acusadores en varias ocasiones empleando la leña de sus castañales. Francisco contó que en una ocasión que iba para su casa se encontró al acusado Matías de Orue con un costal y dos varas injertas por medio con su brazadera de hierro para poder alcanzar mejor cualquier fruto con su gancho también de hierro.

Se cuenta también que, el año anterior, Isasi había cedido parte del fruto de sus castañales a Antonio de Salazar, vecino de Saratxo, pero cuando fue a ello resultó que las castañas habían sido vareadas y desgranadas debajo de los mismos árboles. Testigo de ello fue el joven Manuel de Aldama Echeguren, natural del barrio de su apellido y de catorce años de edad, que se encontró con Matías y le dijo “oy Matias según ba ya ha de hacer media fanega de castañas” y le contestó “vien estoy si no hago mas”. Por allí andaban también una mujer y otros mozos de la zona.

Pero claro….no faltaron testigos dispuestos a exonerar a Matías. Por una parte, los celadores de montes Juan de Abechuco y Diego de Aldama examinaron las ramas cortadas y, al parecer, dictaminaron que las ramas cortadas eran de corto valor y en beneficio de los árboles, porque en realidad los habían podado. Por otro lado, los testigos presentados por los acusados consideraban que los castañales estaban situados en Erroispe, lugar prohibido por la Ordenanza que siempre había estado en observancia, de manera que siempre se habían protestado los plantíos realizados en este lugar y de hecho Juan de Aldama, el padre de José, había sido multado. Sin embargo, los castañales de Mendico errequeta sí que eran concejiles.

Se contaba que treinta años atrás se había celebrado una junta de los cinco concejos en el campo de San Antón para tratar sobre los plantíos efectuados en ese lugar, en la que Felipe de Lezama Eguiluz propuso dejarlos para beneficio del común, en lo que se conformaron. Y unos dieciséis años atrás Domingo de Beraza y Francisco de Bolloqui fueron por orden de Diego de Landa a cortar madera a Elejazar, pero estando en ello fueron apresados por los regidores Felipe de Lezama y José Ventura de Respaldiza.

El alcalde ordinario Antonio de Echebarria sentenció el 15 de junio de 1752 con asesoría del Licenciado Juan de Latatu, vecino de Orduña; el fallo fue favorable a los demandantes, a quienes declaró dueños de los castaños, ya que los capítulos de las ordenanzas no estaban confirmadas ni en observancia ni con las solemnidades reales, por lo que los acusados fueron condenados en 1.000 reales y en seis meses de destierro de Alava, y en caso de no cumplir se les pondría el doble de pena en el castillo de Pamplona.

Hay dos aspectos muy llamativos de este pleito. Primero, que el alcalde Echebarria desechara la validez de las ordenanzas tan taxativamente y sin duda alguna. No se oculta que existía cierta organización entre los cinco concejos, que celebraban reuniones en el campo de San Antón. Y aunque podría pensarse que la existencia de esta comunidad no conlleva necesariamente la autenticidad de las ordenanzas, no deja de ser cierto que dificilmente existiría una institución de este tipo sin un reglamento u ordenanzas. Y si no eran las de 1570, ¿cuáles? El segundo aspecto que nos llama la atención es, en relación con lo anterior, que este pleito no hubiera aparecido previamente, antes de la primera sentencia, siendo tan favorable a los intereses de su defensa.

 

La cuestión es que pocos días después de que el concejo de Amurrio abonara lo que debía a Larrinbe y Olabezar procedente de la multa a Bernardo de Olazar, el regidor Pedro de Yarritu y el celador de montes Antonio de Arana habían retenido dos carros de leña que Isidro de Ugalde, vecino de Olabezar, bajaba del monte para su casa y la de Manuel Tomás de Abasolo. Según ellos, la leña había sido cortada en la dehesa de Lekuzabal, privativa de Olabezar. Ya el año anterior habían retenido dos carros del mismo Ugalde so pretexto de bajarlos de la peña de Arkotxa y no de Lekuzabal.

En todo caso, la cuestión no fue retomada hasta el 21 de enero de 1770, cuando se procedió a interrogar a los testigos presentados por ambas partes. Las contradicciones y confusiones entre ellos fueron notables. Manuel de Otaola, natural de Amurrio de 21 años, estaba con su amo Francisco de Olartegochia derramando castaña en Arkotxa cuando vio que los dos vecinos de Olabezar cortaron un roble por pie y cargaron la leña en dos carros; entonces, llegaron Francisco de Padura y Josefa de Olartegochia a bajar unos bueyes, hablaron del tema y Otaola fue enviado a dar parte al regidor Yarritu.

Curiosamente, Padura en su primera declaración dijo que la corta se había realizado en Lekuzabal, dehesa privativa de Olabezar. Pero su suegro Francisco de Olartegochia, “bien reflexionado”, declaró que había ocurrido en la Peña de Arcocha, donde los vecinos de Olabezar también solían cortar leña para sus hogares y edificios. Su hija Josefa, la mujer de Padura, dijo que fue en Arkotxa. Asensio de Aldama que fue en Lekuzabal. Pero la cuestión no era sólo dónde habían cortado el roble sino el status de cada uno de los términos. Así, Manuel de Zumelzu consideraba que Arkotxa era un término incluído en la dehesa de Lekuzabal.

Padura cambió totalmente de testimonio de un momento a otro. Decía que siempre había tenido por Lekuzabal el lugar donde les vió cargar los carros, pero que era cierto que muy cerca había una peña. Pero el principal cambio es que ahora negaba que la dehesa fuera término privativo de Olabezar. Sin embargo, su suegro se ratificó en que si los de Amurrio habían sido atrapados cortando algún árbol por pie en Arkotxa habían sido multados por los de Olabezar, tal y como le había ocurrido a el. Sin embargo, Pedro de Olartegochia afirmaba que los vecinos de Urieta iban a la dehesa a por leña para sus hogares y cerraduras sin que ningún vecino de Olabezar pusiera ningún embarazo.

Quizá el dato más significativo es que fue llamado a declarar el regidor de Amurrio, Diego de Ugarte, quien dijo haber visto la Ordenanza y que el término era para aprovechamiento exclusivo de los de Olabezar. Por eso sorprende sobremanera que el 15 de marzo, como regidor que era, figura como principal encargado de la defensa de los intereses de la localidad en la presentación de los testigos de su parte. En este contexto, Manuel de Olartegochia, vecino de Izoria de 34 años, dijo que tenía entendido que la leña fue cortada en Lekuzabal y no en Arkotxa, que “le llamaban assi por tener de señal una Peña y arriba de esta Peña un tocanal titulado Arcocha” y ambos estaban dentro de la dehesa; sin embargo, había visto a los de Amurrio, no a los de Olabezar, aprovechar la leña de Arkotxa, y de Lekuzabal a los dos; ambos estaban en término de Amurrio. Contradictorio al máximo.

Tanto Manuel como Francisco de Olartegochia creían que los de Olabezar iban a Arkotxa a cortar leña para regresar por el camino de San Silvestre y evitar ser prendidos. Felipe de Olartegochia, sin embargo, negaba estas cortas clandestinas, y afirmó que al tiempo había hecho una rotura en Lekuzabal junto a su padre sin objeción alguna por los de Olabezar, ya que unos y otros se aprovechaban del término.

Pero las contradicciones no cesan. Francisco de Viguri, vecino de Apregindana de 28 años, había servido nueve años en Amurrio y parte de ellos en el barrio de Urieta y había visto que el término de Arkotxa era separado del de Lekuzabal aunque no había islos sino una peña o esquina que bajaba del campo de Salamanca.

 

Como resumen de todo este galimatías, Amurrio quería que se declarase propio y privativo del pueblo el monte de Elejazar y sus dehesas, sin que ello supusiera una contradicción a la comunidad de pastos -solo de pastos- con los cuatro concejos. Consideraban haber probado que habían sido sus regidores quienes daban permiso y marcaban los árboles que se podían talar o podar; que eran ellos quienes cuidaban los montes, apagaban los incendios, hacían plantíos y apeos, todo a su costa; que cuando los vecinos de los otros pueblos habían entrado a cortar leña y fueron prendados, habían pagado las multas sin contradicción. Solo alguna vez los regidores de Amurrio habían dado a los otros concejos parte de lo percibido por algunas ventas, “deslumbrados” por la Ordenanza.

Insistían, como habían hecho antes, en que la Ordenanza de 1570 nunca había estado en vigor ni había sido consentida en Amurrio, de modo que muchas de las prácticas que en ellas se estipulaban nunca se habían observado, como la existencia de jueces diputados o la revisión de los montes por los montaneros cada quince días. Consideraban público y notorio que nunca se había observado la prohibición de plantar castaños en ciertos términos que se citaban en la Ordenanza, lo cual se demostraba con el auto dado por el Consejo el 4 de diciembre de 1754. En definitiva, se mantenían en su postura de que la Ordenanza se había hecho para facilitar la cobranza de los grandes gastos que estaba haciendo Juan de Urrutia, administrador de Pedro de Ayala, en sus pleitos contra el valle de Orozko. Urrutia era poderoso e influyente y por medio de la participación en los montes de Amurrio, “que son considerables”, quiso atraer a los principales vecinos de los cuatro concejos para que contribuyesen en los gastos de los pleitos con Orozko, especialmente en el de comunidad de pastos que solo seguía, según afirmaban, con el fin de cansar y consumir a Orozko para que no se pudiera defender en el que tenía con Pedro de Ayala, nieto del Comunero a quien se confiscaron los bienes y de cuyo dominio fue separado el valle de Orozko.

Amurrio alegaba que cada concejo era totalmente independiente, cada uno gobernado de acuerdo con sus propias ordenanzas y todos por las de la Tierra de Ayala; de las supuestas Ordenanzas de los cinco concejos solo se habían acordado cuando algún vecino o vecinos habían querido aprovecharse de lo ajeno. Remarcaba que las partes contrarias llamaban “monte comunero” a Elejazar pero las Ordenanzas se referían a el como “dehesado”. Se preguntaban: ¿por qué la Ordenanza llama monte común a todo si luego hablan de montes privativos y dehesados?

 

Por su parte, el representante de Olabezar y Amurrio se basaba sobre todo en lo contenido en la escritura de venta de leñas que se hizo a Olazar y el incumplimiento de Amurrio de la misma al negarse a pagar lo estipulado (y en ello tenían toda la razón, porque Amurrio estaba incumpliendo las condiciones pactadas en esa escritura concreta). Argumentaba también que Amurrio no había justificado la propiedad del monte de Elejazar ni nada de lo que había alegado. Consideraban que, aunque el monte de Elejazar estuviera dentro de los límites de Amurrio, no por ello era suyo el dominio ni mucho menos eran privativos sus aprovechamientos, ya que los cinco concejos siempre habían sido dueños de los montes y dehesas comunes, y no tenían una simple comunidad de pastos sino de todos los aprovechamientos. No se le habían pasado por alto las contradicciones de los testigos –lo mismo se decia que los montes de Elejazar eran privativos de Amurrio que se reconocía que la dehesa de Lekuzabal era de Olabezar- y fue refutando los argumentos con un lenguaje muy confuso, técnico, más centrado en cuestiones legales que en hechos concretos, y señalando puntillosamente contradicciones de los testigos presentados por la parte contraria. Por ejemplo, consideraba que la detención de los carros o las multas a vecinos de Larrinbe no habían sido por el mero hecho de cortar leña sino por cortar árbol mayor y carrasco de vida por pie, lo que estaba prohibido por la Ordenanza. También resaltó que tantos testigos dijeran que para sacar materiales para sus casas de Elejazar había que pedir permiso a los regidores de Amurrio pero que estos no se pudieran negar y que en caso de hacerlo lo habían ejecutado igualmente sin contradicción alguna.

Por el contrario, pasó muy de puntillas por el tema de la Ordenanza. Uno de sus pocos argumentos al respecto fue que si desde su primera Junta General en 1571 había algunos capítulos que se habían dejado de observar, no por ello se podía decir que nunca hubieran tenido comunidad de pastos. Se hace notar también que en esos pleitos que tuvieron a mediados de siglo los regidores de Amurrio fueron instados a presentar el libro de ordenanzas para su compulsa y así lo hicieron, y eran las mismas que se habían compulsado en este pleito. Finalmente, para ellos el dehesado y el monte de Elejazar eran dos cosas distintas; y termina mencionando ordenanzas de otras comunidades montes que tampoco estaban aprobadas por el Consejo Real.

Estos dos últimos puntos fueron probados cuando el pleito fue retomado nada menos que en ¡septiembre de 1773! Más de tres años después. Fue en noviembre de dicho año cuando los apoderados de Olabezar y Larrinbe volvieron a presentar testigos. José de la Torre aseguró que, además del monte comunero de Elejazar, había un poco del mismo nombre que estaba en el centro de uno de los dehesados de Amurrio, al principio de donde se entraba a dichos montes comuneros y en ese campo había visto  plantados muchos carrascos y árboles mayores sirviendo dicho campo y árboles de separación. Antonio de Landaluze dijo que el campo que llamaban de Elejazar “según se entra como se ba por el camino real de Urietagoicoa de dho lugar de Amurrio a el” estaba en dehesado propio del mismo lugar, que seguía hasta un segundo campo, mediante entre uno y otro había una bajadita, y en los dos había estado plantando carrascos con el concejo y vecinos, que eran campos que siempre se habían tenido por dehesa de Amurrio; pero desde ellos hacia la parte de Olarte ya era el monte comunero de los cinco lugares, que lindaba con dehesados de Inordio y el de Arroispe.

Francisco de Orue, que se había criado y vivido en Amurrio hasta que se casó en Izoria un par de años antes, dijo que el monte comunero de los cinco concejos hacia la parte de Olarte se llamaba basogalanta “que quiere decir monte hermoso” y no lo había oido llamar Elejazar y la única división entre ambos era el mencionado campo. Es decir, su testimonio contradice el de José de la Torre.

En todo caso, el mayor acierto que en este momento tuvo la parte favorable a Olabezar y Larrinbe fue la compulsa de una serie de ordenanzas de montes entre diversas localidades ayalesas, ninguna de las cuales estaba aprobada por el Consejo Real y pocas por el Gobernador o algún representante de la Tierra de Ayala. Entre estas ordenanzas, que deben ser de gran interés, se observan las siguientes:

  • Ordenanzas entre Respaldiza y el barrio de Etxaurren para la conservación del ejido que tenían en común en el monte de Bagaza así como los derechos a comer la grana, pacer las yerbas, beber las aguas y aprovechar la leña. Año 1655. Tenía la firma de Juan López de Gorbea, alcalde ordinario.
  • Ordenanzas de los montes comunes de Izoria, Murga, Respaldiza y Luyando
  • Ordenanzas de Maroño e Izoria sobre el aprovechamiento de leñas, hierbas y aguas del monte común titulado de Babio. Año 1487.
  • Ordenanzas de Salmantón, Maroño, Aguiñiga y Madaria para la conservación del monte comunero de Yas. Año 1663. Aprobada por el Gobernador
  • Ordenanzas entre Zuaza y Quejana. Año 1500. Aprobada por la justicia ordinaria de la Tierra de Ayala
  • Ordenanzas de Llanteno, Retes y Costera para la administración de sus ejidos comunes. Año 1544.

 

Finalmente, se compulsó una pieza de autos formados por el Licenciado Pedro de Fontecha, que fue Gobernador y además administrador del Conde de Ayala. Entre las escrituras de esta pieza, se observa una reunión concejil de Amurrio en la que afirmaban que tenían comunidad de montes con Larrinbe, Saratxo, Etxegoien y Olabezar y que solo tenían derecho a la quinta parte de la madera de los montes comunes. Esto ocurrió en 1747.

 

El 9 de octubre de 1781 se sancionó finalmente el asunto y básicamente se confirmó la sentencia dada el 11 de julio de 1769. Los cinco concejos debían ajustarse a la Ordenanza de 1570 hasta que dispusieran unas nuevas, lo cual no parece que llegara a ocurrir nunca. Por lo tanto, los tribunales juzgaron probadas las reivindicaciones de Olabezar y Larrinbe, y en consecuencia la validez y veracidad de la Ordenanza de 1570. ¿Significa eso que la versión esgrimida por Amurrio respecto a las maquinaciones de Juan de Urrutia fuese incierta? Probablemente no, es muy posible que algo de cierto hubiera en todo ello. Pero, por otro lado, parece indudable que existió una comunidad de montes -de hecho hemos localizado el expediente de disolución de la misma, el cual dejamos para otra ocasión- y debió regirse sin duda por una ordenanza. Otra cosa es que parte del capitulado de la misma fuese reiteradamente vulnerado, lo cual no es de extrañar, porque lo mismo ocurrió sin ir más lejos con las Ordenanzas de la Tierra de Ayala.

 

 

Pleito de Elejazar (II)

 

 

 

 

Seguimos con el conocido como Pleito de Elejazar.

El 8 de febrero de 1768 comenzó en la casa del escribano Domingo Tomás de Echeguren, vecino de Olabezar, una serie de compulsas de documentos que tendrían su peso en el pleito. Concretamente, se presentó un apeo que tuvo lugar el 24 de agosto de 1675 con los regidores de Olabezar Juan de Ugarte de Belaunde y Juan de Gabiña y otros vecinos del pueblo que visitaron los mojones del monte de Elejazar propio de los cinco concejos. Primero visitaron un mojón yendo a la casa de Urietagoicoa en el puesto de Enorduy, que era el primero que confinaba con la jurisdicción de Luiaondo; más arriba y a la vista de éste visitaron otros dos mojones y luego otro en el punto de Lantegui que tenía grabado en la parte de arriba la fecha 1648 y a la parte de Luiaondo la de 1671 y los regidores pusieron en la piedra hacia la parte de arriba el año actual, a la vista de Olarte; visitaron el siguiente mojón que estaba más abajo, en el arroyo lindante con la jurisdicción de Luiaondo y Olarte, y con el castañal de Juan de Urrutia; visitados estos cinco mojones, fueron al punto de la entrada de Elejazar y plantaron un roble y después bajaron a Lekuzabal donde hallaron plantados muchos castaños, lo cual había ejecutado San Juan de Urrea, vecino de Amurrio, de quien se dice que era el vecino más cercano al lugar.

También se presentaron las escrituras entre Joaquín de Urizar y Roque de Picaza y pleito que pasó ante el Gobernador. Dicho pleito comenzó el 7 de enero de 1751 cuando Picaza, arrendatario de la ferrería de Zabalibar, propia de los herederos de Diego de Landa, compareció ante el Gobernador y pidió que se impidiese a Joaquín de Urizar, vecino de Miraballes, que cortase la porción de leña que se le había rematado en el monte de Elejazar. Picaza argumentaba que por costumbre y privilegio, como arrendatario de la ferrería de Amurrio, debía ser preferido a cualquier otro en el aprovechamiento de la leña que producían los montes comunes y particulares de dicha jurisdicción, y estaba presto a pagar el precio de las dichas cargas con las mismas condiciones en que se remataron. El Gobernador ordenó que quedase Manuel de Lezama como depositario y no se hiciera corta alguna.

Urizar protestó la decisión en base a tres argumentos. Primero, que Picaza asistió al remate y cuando Francisco de Aldama le ofreció los carbones dijo que no le convenía. Segundo, que Amurrio tenía recursos suficientes para alimentar cuatro ferrerías si fuera necesario. Tercero, que ya tenía la leña preparada para poner en hoyas y que no podía dejarla expuesta a robos o que se perdiera.

El 29 de marzo de 1754 se procedió a la presentación de testigos para este caso. El primero fue Francisco de Aldama Isasi, de 28 años, quien afirmó que el término de Elejazar era propio y privativo de los cinco concejos tanto para su aprovechamiento como en su propiedad; que al remate asistió Picaza, Pedro de Hernani y otros ferrones -pero no Urizar- y Hernani dijo que pujase el que quisiera pero que nadie importunase después a la persona que lo hiciera. En el segundo remate, que fue en favor de Hernani, éste le dijo a Picaza que hiciera postura para el tercero como ya lo había hecho en el primero pero le contestó que no le convenía porque era caro. El tercer remate se lo llevó Aldama, que luego lo cedió a Urizar por medio de escritura pública. Añadió que no había visto ni tenía noticia de que se hubieran sacado de los montes de los cinco concejos carbón para otras ferrerías pero sí había visto transportarlos del valle de Arrastaria y de montes particulares sin que nadie hubiera puesto traba alguna.

Pedro de Yarritu, vecino de Amurrio de 58 años, había tasado la leña vendida junto a José de Zulueta, de Larrinbe. Dijo que Picaza le había dicho que no a Aldama porque en Elejazar no podía entrar con el carro. En todo caso, opinaba que le vendría mucho mejor tomar los montes particulares que había cerca de la ferrería, los cuales solían vender su esquilmo para carbón. Al contrario que el testigo anterior, y que Diego de Ugarte, vecino de Amurrio de 38 años, comentó que sí se habían rematado leñas para carbón a personas que lo habían llevado fuera, y unos cuatro años atrás él mismo vendió hasta 400 cargas de sus propios montes a Juan de Barrones, de Llodio, que las llevó a sus ferrerías sin mayor impedimento.

Tomás de Gabiña, vecino de Etxegoien de 60 años, asistió al remate y le dijo a Picaza que entrase porque le traía a mayor cuenta que a un forastero y le contestó que no porque no podía entrar con carro en aquel paraje. Coincide en que se habían llevado carbones fuera sin oposición alguna.

La declaración continuó al día siguiente con testigos como Bartolomé de Esnarriaga, de 45 años, Francisco de Aldama, de 60, Juan de Zulueta, vecino de Larrinbe de 60 años, y Diego de Aldama, de 43, quien dijo que los montes cercanos a la ferrería no eran capaces de producir 8.000 cargas de carbón (que era lo que les preguntaban) pero las que hubiera las tenía mas en cuenta Picaza tomarlas que las que podía conseguir en Elejazar.

La causa continuó a principios de mayo en la casa de Águeda de Zulueta, vecina de Amurrio, con el interrogatorio de Picaza y la presentación de sus testigos. Roque dijo que no se halló en el tercer remate, que era imposible que en las cercanías de la ferrería sacara 8.000 cargas de carbón, sino 800 o 900 como mucho; dejó por cierto que se tenía costumbre de vender leña en remate público pero que si se había conducido a ferrerías de fuera había sido con ignorancia de los ferrones o porque no las necesitaban.

Domingo Tomas de Echeguren, el escribano de Olabezar que por aquel entonces tenía 34 años, añadió que había oido vagamente decir a Martín de Otaola, de Amurrio, que Roque no necesitaba los carbones y los tenía ofrecidos a otro ferrón, pero se remitió a lo que había declarado el propio Roque. La mencionada Águeda, de 41 años, afirmó que Urizar, Aldama y Yarritu estuvieron comiendo en su casa, y les dijo que “era mucho” que Roque no hubiera entrado en los carbones que se habían rematado, a lo que le contestaron que no los había querido.

Juan de Ugarte, vecino de Amurrio de 51 años, dijo que Picaza era arrendatario de la ferrería de Zabalibar desde hacía unos 13-14 años y lo había renovado por otros nueve; que el monte de Elejazar estaba sito en jurisdicción de Amurrio y que los cinco concejos tenían comunidad de aprovechamiento; tenía por cierto que los arrendatarios de las ferrerías de Zabalibar y Luyando –cuyo administrador entonces era Luis Cristobal de Garbiras- tenían preferencia a otras de fuera no solo sobre la leña de los montes de Elejazar sino también a las de otros montes comunes y particulares; dijo que los montes del lugar no producían el suficiente carbón para alimentar la ferrería de Zabalibar y por eso le constaba que Picaza se valía de los montes de Altube y de otras partes, como había hecho ese año con 4000 o 5000 cargas y que los dueños de las ferrerías de Berganza y Ziorraga se las habían quitado y por ello le hacían mucha falta dichas cargas de Elejazar.

Domingo de Arana, vecino de Amurrio de 49 años, fue quien comunicó a Roque que le habían prendado las cargas que había comprado en Altube. Los demás testigos no aportaron nada nuevo. La sentencia pronunciada por el Gobernador el 14 de junio de 1751 desestimó la pretensión de Roque de Picaza.

 

Regresando al 8 de febrero de 1768, a la casa del escribano Echeguren acudió Francisco de Yarritu Bañueta y dijo que el día anterior el pueblo de Amurrio reunido en concejo decidió que ahora sus representantes en este asunto fuesen los actuales regidores, que eran el mismo Yarritu y Bartolomé de Esnarriaga menor.

El 24 de febrero, en la casa de Antonio de Urrutia en Luyando, se procedió a la presentación de testigos de la parte de Amurrio. Los puntos por los que se les preguntaría, y lo que querían demostrar, eran los siguientes:

  • que cada uno de los cinco concejos era separado y el monte de Elejazar estaba dentro del término de Amurrio, de modo que vendían la leña de dicho monte sin intervención de otros lugares, multaban a los vecinos de los cuatro concejos que habían entrado a cortar leña, y cada vez que hubieran necesitado materiales para sus casas pedían licencia a los regidores de Amurrio
  • que habían hecho en Elejazar cuantos plantíos habían querido sin asistencia de los otros lugares, así como apeos y demás por valor de 20.000 pesos en los últimos 200 años;
  • que el monte era de muchas leguas de extensión y para reconocerlos era necesario invertir muchos días, que en 1570 sumaban los cinco concejos unos 270 vecinos y Amurrio pasaba de los cien, y que Diego de Urrutia escribano fue vecino de Etxegoien y Presebal de Mujica de Larrinbe, todo ello encaminado a mostrar la falsedad de las ordenanzas
  • que en 1570 había un pleito pendiente entre el valle de Orozko y el Conde de Ayala sobre nombramiento de alcaldes y otros oficios, y al mismo tiempo se seguía otro entre Orozko y los cinco concejos sobre mero aprovechamiento de pastos y aguas. Por aquel entonces, Juan de Urrutia era vecino de Amurrio y administrador de los bienes del Conde, “sujeto de mucha estimación, poderío y de grandes combeniencias, de que dan testimonio las compras edificios y fundaciones que hizo”, que habría seguido este segundo pleito con el mayor tesón imposibilitando que Orozko se defendiera convenientemente en el primero y así el conde la gratificaría, como le hizo al otorgarle los diezmos de varios lugares.
  • En relación al punto anterior, preguntaban sobre Juan de Urrutia, Diego de Urrutia, Christobal de Ugarte, Juan Perez de Echeguren y Juan de Velasco, sujetos de muchas conveniencias, escribanos reales “y como tales de maior autoridad y estimación en este país” y todos juntos, también con Presebal de Muxica, habrían sido los más interesados en la prendaria de ganado hecha por Orozko y fueron los que manejaron y costearon el pleito; en este sentido, habrían usado del artificio de las Ordenanzas para facilitar el reintegro de los gastos cuando se siguió nuevo pleito con Orozko y debe suponerse que los otros cuatro lugares contribuyeron gustosísimos al salir tan beneficiados por las ordenanzas, pero no por ello Amurrio las admitió y como prueba de ello su concejo y vecinos nunca las habían observado ni tenían copia de ellas
  • Se preguntaba también sobre un pleito entre Olabezar y Etxegoien sobre límite de jurisdicción y propiedad de una porción de monte dentro de los términos delimitados por la ordenanza, el cual fue ganado por el primer concejo, que vendió mucha leña para carbón de ese monte y se quedó con todo el import
  • Se preguntaría sobre el supuesto hecho de que Olabezar y Saratxo impedían a los vecinos de Amurrio usar la piedra de los ríos de su jurisdicción y cuando les permitieron llevar alguna fue a cambio de dinero, mientras que los vecinos de Larrinbe cuando necesitaron piedra de las canteras de Amurrio pedían licencia

 

 

El primer testigo fue Domingo de Urquijo Bengoa, vecino de Luyando de 66 años. Como harán todos, a grandes rasgos ratifican la versión anterior y al mismo tiempo aportan detalles de su propia experiencia. Por ejemplo, que en una ocasión los regidores y vecinos de Amurrio acudieron a apagar un incendio sin ayuda de los otros concejos, y se les llevó vino y alimento.

Domingo Bajaneta, morador en Orduña de 76 años, había sido vecino de Amurrio unos 26. Sabía por Pedro de Urrea, dueño que fue de la casa de Zalbio, José de Orue y José de Isasi Urrea, que hacía unos 25 años habían estado trabajando en el monte unos “probincianos carboneros” por orden del lugar de Amurrio; él mismo había plantado carrascos en “deesados de Eroispe” por orden de los regidores del pueblo sin que interviniera nadie de los otros cuatro pueblos; habló también de que hacía unos 23 o 24 años vio cómo en Urieta detuvieron unos carros de unos vecinos de Olabezar que habían cortado un árbol mayor; sabía que se dio licencia a Antonio de Zulueta y José de Olarieta, vecinos de Larrinbe, para extraer madera para sus edificios y que fueron multados por Amurrio por haberse excedido en las cortas que le señalaron.

Diego de Laña, vecino de Luyando de 42 años, declaró que unos seis años antes había visto a los regidores de Amurrio, Juan de Isasi y Domingo de Ugarte, colocar los mojones entre dicho pueblo y Luyando junto con Domingo de Laña y Benito de Aranoa, que lo eran de esta localidad, sin que concurriera nadie de los otros cuatro concejos.

José de Yarritu, vecino de Lezama de 48 años, natural de Amurrio, dijo que los cuatro concejos tenían derechos en Basogalante, de Elejazar hacia Olarte y confinante con Orozko. De joven estuvo de criado en Urietagoikoa y junto a otros vecinos de Amurrio hizo plantío de quejigos en Elejazar sin concurrencia de vecinos de otros lugares y según tenía oido se hacía todos los años. Estando en su caserío natal de Aldama había visto en dos ocasiones cómo los vecinos de Amurrio fueron a pagar incendios aunque no podía decir si los gastos de todo ello se repartieron entre los cinco concejos o no.

Juan de Larrazabal, vecino de Llodio en su barrio de Olarte, de 79 años, habló del citado incendio de unos años antes, que salió de una hoya de los operarios de Urizar, que fue quien pagó el gasto del refresco que se dio a quienes fueron a sofocarlo, que fueron vecinos de Amurrio y Luyando. No aportaron más detalles los testimonios de Francisco de Ibarrola, vecino de Luyando de 60 años; Domingo de Laña, vecino de Luyando de 47; e Ignacio de Isasi, vecino del barrio de Olarte de 58 años.

El día 28 declaró Francisco de Urrutia, vecino de Olabezar de 60 años. Dijo que no había visto a ningún vecino de los cuatro lugares ir a cortar leña a Elejazar y no sabía si lo habían hecho pero lo reconocía como monte comunero, teniendo Amurrio como suyo propio el dehesado de Arrospide y Olabezar el de Lekuzabal. Afirmó también que no sabía que ningún vecino de Olabezar y Saratxo tuvieran puesta traba alguna para la saca de piedra del río a los de Amurrio.

El siguiente testigo fue Juan de Orortegui, vecino de Orozko de 70 años, que por 40 años fue vecino en Amurrio “y su varrio de Basarte” y hoy lo era su hijo Juan, motivo por el cual su testimonio fue protestado por las partes contrarias. Dijo que tres años antes vio en Elejazar a unos carboneros que le dijeron que cocían carbón para Bernardo de Olazar a quien se lo había vendido el lugar de Amurrio.

Antonio de Picaza, vecino de Orozko de 78 años, sabía que la divisoria entre Orozko y Amurrio constaba de 19 mojones y tenía el monte de Elejazar como privativo de dicho lugar; hacía unos 24 años fue con una caballería a por una carga de leña de unos despojos que se hallaban caídos en jurisdicción de Orozko de materiales que se habían cortado en dicho monte de Elejazar y estando en ello los regidores José de Orue y Juan de Isasi le prendieron y embargaron la caballería, y aunque le quisieron multar intervinieron algunas personas y al final pagó por lo que se llevó y alguna carga más, y que todo ello pasó sin intervención de las personas de los otros concejos; había oido al difunto José de Olarieta que, al tiempo que fabricó una casa de nueva planta en el barrio de Elgeta de Larrinbe, pidió licencia a los regidores de Amurrio para cortar materiales para la casa.

Vicente de Beraza, apoderado del lugar de Larrinbe de 43 años, dijo que el personalmente y por medio de operarios, sin pedir permiso alguno y en diferentes años, había sacado mucha piedra de las canteras contiguas a la torre de Mariaka para la cerradura de su manzanal, y solo en una ocasión un criado suyo le dijo que le había salido al camino el regidor Juan de Aldama y le hizo parar el carro y a tres o cuatro carreteros, y les dijo que no volvieran a la cantera, pero no hicieron caso.

Francisco de Garayo, vecino de Luyando de 52 años, había conducido carbón para Urizar desde Elejazar y le dijo que se lo había vendido Amurrio y que pagó por ello a los regidores de este pueblo. José de Padura, vecino de Larrinbe de 35 años, comentó que unos 16 años atrás había ido cinco o seis veces con su carro y bueyes al término de Vasogalanta a cortar y traer leña en compañía de los hermanos Juan y Domingo de Orortegui, y nadie se había opuesto excepto la última vez que cortó un carrasco de vida y Francisco de Aldama dio parte a los regidores porque le había visto, fue multado y pagó, aunque había cortado dicho carrasco para sostener el carro en las bajadas del monte; dijo que tenía oído que los vecinos de los cuatro concejos siempre habían pedido licencia a los regidores de Amurrio cuando necesitaban madera para sus edificios y así lo hicieron los de Larrinbe cuatro o cinco años atrás cuando se fabricó de nueva planta la ermita de San Mamés, y que por haber pedido mucha madera se lo negaron, aunque creían que no tenían derecho y enviaron carpinteros de todos modos.

Tomás de Gabiña, vecino de Etxegoien de 40 años, dijo que no había visto ni había oido que ningún vecino de los cuatro concejos hubiera pasado a hacer leña a Elejazar ni que hubiera sido multado por ello por los regidores de Amurrio hasta el dia 27, cuando fue presentado y juramentado para este pleito, viniendo por el camino en conversación con su convecino Manuel de Echeguren y con Bartolomé de Esnarriaga menor, regidor de Amurrio, quienes le contaron que Padura había sido multado por ello; su difunto padre Tomás necesitó hace unos 14 años de un árbol para teguillo para su casa, pidió permiso a los regidores de Amurrio y fueron los dos a Elejazar a cortarlo, y lo mismo había hecho su convecino Mateo de Gabiña haría ocho o nueve años; también relató que Olabezar y Etxegoien tenían un pleito sobre un pedazo de monte encima de la casa de Arrigoyco (Olabezar) que sube hasta la “cruz de Vabio”, y que los otros tres concejos no habían participado para nada.

El citado Manuel de Echeguren, de 50 años, había oído de algunos vecinos que habían sido multados y lo mismo le había oido a su padre; el había pedido licencia a los regidores de Amurrio para un “cocino” del molino de Etxegoien, y lo mismo había visto hacer a Juan y Tomas de Gabiña difuntos, y a Mateo de Gabiña; el pleito entre Etxegoien y Olabezar era por el término de Orbeguchi pero había sido un litigio entre los dos concejos sobre un monte privativo del lugar de Olabezar. Esto aclara un poco este término y contradice la versión que querían presentar.

Agustin de Orue, vecino de Larrinbe de 74 años, sabía que Padura y Landaburu fueron multados por cortar un carrasco con vida y pidieron ayuda al concejo pero se la denegaron porque si habían errado lo debían pagar ellos; cuando era regidor hacia 30-32 años el difunto Antonio de Zulueta le dijo que necesitaba algunos materiales de madera de Elejazar para la fábrica de su cabaña y le contestó que pidiera licencia a los regidores de Amurrio y si se la negaban el se la daría, pero se la dieron, y también vio al difunto José García, también vecino de Larrinbe, traer materiales de Elejazar para reposición y composición de la casa en que habitaba y una cabaña contigua a ella; y cuando hicieron de nueva planta la ermita de San Mamés los regidores de Amurrio se negaron a conceder permiso y entonces fueron al termino de Astepe en Elejazar y cortaron las maderas necesarias.

Diego de Zulueta, vecino de Larrinbe de 64 años, certificó que su difunto padre Antonio construyó de nueva planta una casa y cabaña con materiales de Elejazar. También asistió a la conducción de materiales para la reposición de una casa de Jose Ignacio de Salazar en Saratxo; según la ordenanza, debían pedir licencia a los regidores de los lugares donde se ejecutase la obra. Nadie había dicho esto antes.

Domingo de Orbe Marquijana, vecino de Luyando de 50 años pero que había vivido 34 en amurrio, comentó que había visto muchas veces a vecinos de Olabezar  cortar y llevar leña para sus hogares del dehesado de Lekuzabal sin impedimento ni embarazo alguno, pero el y otros vecinos de Amurrio también sacaron leña de ahí e incluso hicieron rotura, por lo que no sabía de quién era privativo. Lo que sí sabía es que el dehesado de Arroispe era de Amurrio y había oido que los de Larrinbe tenían el suyo hacia la parte de Onsoño.

Domingo de Gabiña, vecino de Saratxo de 54 años, declaró que 8 o 9 años atrás sus convecinos Nicolás de Salazar y Matías de Orue habían pedido licencia a los regidores de Amurrio para cortar materiales en Elejazar para la construcción de las casas que hicieron de nueva planta y aunque se les concedió no usaron de ellas porque se les ofrecieron materiales con más comodidad.

Domingo de Ugarte, vecino de Saratxo de 44 años, dijo que sabía por su padre Francisco, que murió con 97 años, que ninguno de los vecinos de los cuatro concejos podía ir a Elejazar a cortar materiales sin pedir licencia a los regidores de Amurrio pero éstos no la podían negar. Su testimonio fue protestado por Abasolo por ser inquilino de Juan Bautista Jiménez Bretón, vecino de Orduña y suegro de Manuel de Landa.

Manuel Domingo de Zaballa, vecino de Luyando de 68 años, dijo que había oido al difunto Felipe de Lezama Eguiluz, “caballero de muchas noticias”, ciertas informaciones sobre el pleito que el Conde de Ayala, que creía erróneamente que se llamaba Cayetano de Ayala, había seguido con el valle de Orozko. Por el mismo Felipe, sabía que Juan de Urrutia costeó la fábrica del palacio de Amurrio, que fue sujeto “de muchas conveniencias” y administrador del Conde de Ayala y por lo bien que cuidó de sus bienes e intereses le cedió por sus días los diezmos de Amurrio y Larrinbe y por ello creía que Urrutia habría hecho cualquier cosa a favor del Conde.

Así finalizó la presentación de testigos, a pesar de que Yarritu tenía presentados anteriormente a otros como Domingo de Acha, Manuel de Larrazabal y a los escribanos Gerónimo de Arana y Domingo de Larrazabal, ninguno de los cuales llegó a declarar, por los motivos que sean.

Como se puede ver, a pesar de que los testigos fueron presentados para ratificar una versión plenamente establecido, hubo disparidad de opiniones y, quizá intencionadamente, se dibuja una nebulosa acerca de la cuestión de la propiedad de los montes de Elejazar.

Continuará

El Batallón Araba (III)

  1. La Torre Iglesias, Arcadio:

Laudio

Compañía Estabillo desde septiembre hasta la primera quincena de noviembre; luego a la Sección de Enlaces donde entra como Sargento, es Teniente desde la segunda quincena de diciembre hasta junio. Preso en Santoña, fue condenado a muerte y luego se le conmutó la pena por la inferior en grado

  1. La Torre Iglesias, Tomás:

Laudio

Compañía Estabillo desde septiembre hasta Santoña; Cabo desde noviembre; Sargento desde enero; herido desde la segunda quincena de mayo. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 51

  1. Lag Garayo, Patricio:

Compañía Ayala desde octubre hasta Santoña. En abril de 1936 había aprobado una oposición de Auxiliar de la Dirección General de Seguridad

  1. Laburu Bilbao, Martín:

Laudio

Compañía Alaitza desde abril hasta Santoña, herido desde junio

  1. Laburu Mendizabal, José María:

Laudio

Compañía Alaitza desde diciembre hasta Santoña, siendo Cabo hasta abril, Sargento en la primera quincena de mayo y luego herido. Fue encarcelado y salió de la prisión de Bilbao en julio de 1941

  1. Laburu Orueta, Juan:

Compañía Estabillo desde septiembre hasta la primera quincena de noviembre, siendo Sargento solo en octubre; luego pasa a ser Suboficial de la Plana Mayor hasta marzo; después es Suboficial de la Compañía Urrutia; herido en Santoña

  1. Laibarra Echeandia, Sebastián:

Olabezar

Compañía Estabillo desde septiembre hasta la primera quincena de diciembre, siendo Cabo las dos últimas; fue Auxiliar en enero y febrero; y armero en los Servicios Mecánicos desde febrero hasta junio. Fue encarcelado

  1. Lambarri Bea, Gerardo:

Orduña

Compañía Ayala desde octubre hasta junio

  1. Lambarri Bea, Pablo:

Orduña

Compañía Eleizalde desde octubre hasta junio; Cabo desde diciembre pero dejó de serlo en abril; herido en la segunda quincena de mayo y junio

  1. Lambarri Bergara, Eusebio:

Orduña

Compañía Ayala desde octubre hasta junio; ascendió a Cabo en la segunda quincena de noviembre

  1. Lambarri Bergara, Pedro:

Orduña

Compañía Alaitza desde diciembre hasta Santoña, herido en este momento

  1. Lambarri Bergara, Vicente:

Orduña

Compañía Ayala en mayo y junio

  1. Lambarri Llanos, Jesús:

Orduña

Compañía Ayala desde octubre hasta junio

  1. Landa Anucita, Marino:

Compañía Ayala desde noviembre hasta junio

  1. Landa López, Anastasio:

Ilarraza

Compañía Eleizalde desde octubre hasta Santoña. Falleció en la prisión florante de Upo Mendi en Bilbao el 18 de mayo de 1938

  1. Landa López, Pedro:

Ilarraza

Servicios Auxiliares (guardia) en noviembre y diciembre; luego fue miembro del Cuartel

  1. Landaluce Aspuru, Bernardo:

Okondo

Compañía Eleizalde desde octubre hasta abril; Urrutia de mayo a Santoña; en julio en el Batallón Simón Bolibar. Fue destinado a un Batallón de Trabajadores en Zorroza

  1. Landaluce Aspuru, Timoteo:

Compañía Urrutia desde la primera quincena de diciembre hasta junio (falta en abril)

  1. Landaluce Isusi, Andrés:

Astobiza

Compañía Ayala desde noviembre hasta junio. Preso en el Campo de Concentración de Santander

  1. Landaluce Larrinaga, Cipriano:

Laudio

Compañía Urrutia desde la segunda quincena de diciembre, ya como Sargento; asciende a Teniente en febrero; herido desde mayo hasta Santoña

  1. Landaluce Zurimendi, Leonardo:

Compañía Eleizalde en la segunda quincena de octubre, luego pasa a la Ayala hasta junio

  1. Laña Elorza, David:

Lekamaña

Compañía Ayala en mayo y junio

  1. Lapaza Guenbe, José:

Compañía Ayala en la primera quincena de noviembre

  1. Largacha Urieta, José María:

Compañía Ayala desde octubre hasta la primera quincena de diciembre; luego en la Sección de Enlaces hasta febrero; Servicios Auxiliares en marzo; Enlaces desde abril hasta junio de nuevo

  1. Larrañaga Tolosa, Esteban:

Servicios Auxiliares (guardia) en la segunda quincena de noviembre y diciembre; luego fue miembro del Cuartel

  1. Larrañaga, Luis;

Compañía Estabillo desde septiembre hasta la primera quincena de noviembre

  1. Larrazabal, Eusebio:

Servicios Mecánicos la primera quincena de diciembre

  1. Larrazabal Barbara, Ignacio:

Laudio

Compañía Ayala desde octubre hasta Santoña, estando herido desde la primera quincena de mayo

  1. Larrazabal Barbara, Marcos:

Laudio

Compañía Ayala desde abril hasta junio

  1. Larrazabal Linaza, Nicanor:

Okondo

Compañía Eleizalde en la segunda quincena de octubre; luego pasa a la Estabillo hasta junio. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 20

  1. Larrazabal Martínez, Vicente:

Luiaondo

Compañía Eleizalde desde octubre hasta junio

  1. Larrazabal Udaeta, Cirilo:

Compañía Eleizalde desde octubre hasta junio

  1. Larrazabal Ugarte, Ceferino:

En enero, en el Cuartel de Lamuza. Falleció en prisión el 2 de julio de 1938

  1. Larreategui Letona,Gumersindo:

Servicios Mecánicos (chofer) desde diciembre hasta Santoña

  1. Larrinaga Aldecoa, Víctor:

Amurrio

Sección Enlaces en la segunda quincena de diciembre y enero; Sección Mixta de febrero a mayo, Cabo desde marzo; Compañía Urrutia en junio y Santoña

  1. Larrinaga Aspuru, Venancio:

Compañía Estabillo de noviembre a marzo, Cabo desde febrero; Cabo en la Compañía Urrutia de abril a junio

  1. Larrinaga Barbara, Gonzalo:

Laudio

Compañía Ayala la primera quincena de noviembre, Eleizalde la segunda, luego Ayala de noviembre a abril, siendo Cabo en este mes; en la Urrutia hasta Santoña, siendo Cabo solo en mayo; en julio en el Batallón Simón Bolibar

  1. Larrinaga Barbara, Santos:

Laudio

Compañía Ayala desde octubre hasta marzo, Cabo desde febrero; Urrutia de abril a Santoña; en julio en el Batallón Simón Bolibar

  1. Larrinoa, Juan:

Compañía Alaitza desde diciembre hasta marzo

  1. Larrinoa Azcoaga, Paulino:

Ibarra

Sección Mixta en enero; luego en la Eleizalde hasta junio. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 13

  1. (Fernández de) Larrinoa Castañares, José:

Elosu

Compañía Eleizalde desde diciembre hasta junio. Fue hecho prisionero en Santurtzi

  1. Larrondo Eceiza, Juan:

Compañía Alaitza desde diciembre hasta junio

  1. Latatu Badillo, Blas:

Amurrio

Compañía Eleizalde en octubre y luego en la Alaitza hasta junio

  1. Latatu Villate, Benito:

Compañía Ayala desde octubre hasta Santoña, herido en este último momento

  1. Leal de Ibarra Murga, Ángel:

Ayala

Compañía Estabillo de septiembre a la primera quincena de diciembre; luego en la Urrutia hasta Santoña, Cabo desde mayo

  1. Lecanda, José:

Compañía Eleizalde en octubre, luego en la Estabillo hasta la primera quincena de diciembre; Teniente de la Compañía Urrutia hasta enero

  1. Lecanda Aguirre, Jesús:

Orduña

Sección de Enlaces en mayo y Compañía Alaitza en junio

  1. Lecanda Albinarrate, Antonio:

Compañía Eleizalde desde octubre hasta febrero. Debió ser encarcelado posteriormente, porque figura en una relación de presos presentados ante el Gobierno Civil de Gipuzkoa tras la toma de Bilbao.

  1. Legarda, Primitivo:

Compañía Ayala en la primera quincena de noviembre

  1. Lemoniz Leguina, Juan:

Gorliz, vecino de Amurrio

Compañía Estabillo desde septiembre hasta la primera quincena de diciembre. Fallecido en Ubidea el 1 de diciembre

  1. Leza, Manuel:

Compañía Eleizalde en diciembre y enero

  1. Loizaga San Román, Calixto:

Compañía Alaitza desde diciembre hasta abril como Teniente. Falleció en combate

  1. Loizaga San Román, Miguel:

Compañía Alaitza desde la segunda quincena de marzo hasta Santoña; en julio en el Batallón Simón Bolibar

  1. López de Abechuco Landaluce, Andrés:

Baranbio

Compañía Alaitza desde abril a junio

  1. López de Abechuco Landaluce, Luis Rafael:

Baranbio

Compañía Alaitza en diciembre, Sección Mixta en enero y febrero, y regresa a Alaitza hasta junio

  1. López de Arroyabe Martínez de Maturana, Carmelo:

Compañía Ayala desde noviembre hasta la primera quincena de marzo. En Santoña aparece en la Alaitza

  1. López de Bergara Orueta, Hermenegildo:

Compañía Eleizalde desde diciembre hasta mayo

  1. López de Guereñu, José Luis:

Compañía Ayala en la primera quincena de noviembre

  1. López de Ipiña Fernández de Aranguiz, Marcelino:

Compañía Eleizalde desde octubre hasta Santoña, herido en este momento

  1. López de Ipiña Fernández de Aranguiz, Teófilo:

Sección Enlaces la segunda quincena de diciembre y enero; Sección Mixta febrero y marzo; Alaitza hasta Santoña

  1. López de Juan Abad, José:

Compañía Ayala en octubre y primera quincena de noviembre

  1. López de Juan Abad, Luis:

Compañía Ayala desde la segunda quincena de noviembre hasta marzo, aparece en la Alaitza en Santoña. Estuvo herido durante la segunda quincena de diciembre

  1. López de Munain Goñi, Avelino:

Compañía Eleizalde desde octubre hasta junio

  1. López Buruchaga, Miguel:

Baranbio

Compañía Alaitza de abril a junio. Fue destinado a un Batallón de Trabajadores

  1. López Gordejuela, Ángel:

Laudio

Compañía Ayala en la primera quincena de noviembre y luego desde febrero hasta Santoña; en julio en el Batallón Simón Bolibar. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 64

  1. López Gordejuela, Francisco:

Laudio

Compañía Alaitza desde diciembre hasta junio, Cabo desde la segunda quincena de mayo. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 19

  1. López Rico, José:

Orduña

Compañía Estabillo desde septiembre hasta marzo; Cabo desde noviembre; Teniente desde enero. Murió en Amurrio el 20 de abril de gangrena por un tiro disparado desde la Peña

  1. López Santa Coloma, Lucas:

Compañía Estabillo desde abril hasta Santoña, herido desde junio

  1. Luengas Salabarria, Florencio:

Artziniega

Compañía Estabillo desde septiembre hasta Santoña. Fue sometido a Consejo de Guerra Sumarísimo en 1938, siendo liberado en 1943

  1. Llano Cangas, Damián:

Olabezar

Compañía Urrutia desde la segunda quincena diciembre hasta marzo; Alaitza hasta Santoña, herido en este momento. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 67

  1. Llano Cangas, Faustino:

Olabezar

Compañía Estabillo desde septiembre hasta Santoña. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 66

  1. Llanos Urruela, Francisco:

Amurrio

Compañía Eleizalde desde octubre hasta Santoña

  1. Llanos Urruela, Luis:

Amurrio

Compañía Eleizalde en octubre; luego en Servicios Auxiliares (guardia) en noviembre y diciembre; Cuartel en enero; Sección Mixta en febrero; y en marzo está de nuevo en Auxiliares. Estuvo preso en Vitoria

  1. Llarena Manrique, José:

Orduña?

Compañía Ayala desde abril hasta Santoña, herido en este último momento

  1. Madaria Arechaga, Germán:

Orduña

Compañía Ayala desde octubre hasta marzo; asciende a Cabo en la primera quincena de noviembre

  1. Madariaga, Enrique:

Compañía Estabillo de septiembre hasta la primera quincena de diciembre; en la Urrutia hasta enero

  1. Madariaga Goirigolzarri, Juan:

Cuartel de Lamuza en enero, herido en junio y Santoña

  1. Madina Bengoa, Francisco:

Ibarra

Compañía Estabillo desde enero hasta junio

  1. Madinabeitia Ortiz de Andoin, José:

Compañía Ayala desde noviembre hasta marzo

  1. Madurga Alcalde, Isidoro:

Compañía Eleizalde en octubre, luego en la Alaitza hasta marzo

  1. Madurga Alcalde, Vicente:

Compañía Eleizalde en octubre y luego en la Alaitza hasta marzo

  1. Malcuartu Landa, Víctor:

Luiaondo

Sección Mixta en enero; pasa a la Estabillo hasta junio

  1. Marcaida Echebarria, Andoni:

Sección de Enlaces desde febrero hasta junio

  1. Marcos Iraurgui, Eusebio:

Zuaza

Compañía Ayala la primera quincena de octubre; Estabillo en noviembre y primera quincena de diciembre; en la Urrutia la segunda quincena; Enlaces en enero y febrero; Mixta en marzo; en la Estabillo hasta junio. Fue encarcelado

  1. Marcos Iraurgui, Francisco:

Zuaza

Compañía Eleizalde en octubre y luego en la Alaitza hasta junio

  1. Martiarena Martínez, Francisco:

Araia

Compañía Ayala en octubre y primera quincena de noviembre; luego en Enlaces hasta Santoña, siendo Cabo desde febrero. Fue encarcelado y sentenciado a muerte, aunque se le conmutó la pena

  1. Martín Ruiz de Zarate, José Luis:

Orduña

Compañía Estabillo desde septiembre hasta la primera quincena de noviembre; luego pasa a ser Suboficial de la Plana Mayor hasta enero; Capitán de la Sección Mixta en febrero y marzo; armero en los Servicios Mecánicos en abril; luego pasó al Batallón Simón Bolibar. Fue encarcelado, si bien en mayo de 1938 fue confirmado como Teniente del ejército republicano

  1. Martínez Anda, Bruno:

Compañía Estabillo de septiembre a la primera quincena de diciembre, Cabo desde noviembre; Compañía Urrutia desde la segunda quincena de diciembre hasta marzo; Sección Mixta en abril y mayo; Compañía Estabillo en junio y Santoña

  1. Martínez Anda, Saturnino:

Compañía Estabillo desde la segunda quincena de marzo hasta la primera de mayo

  1. Martínez Larrieta, Jesús:

Compañía Estabillo desde septiembre hasta Santoña

  1. Martínez Ortiz de Zarate, Eugenio:

Orduña

Compañía Ayala desde octubre hasta Santoña; asciende a Cabo en la segunda quincena de noviembre

  1. Martínez Ortiz de Zarate, Norberto:

Orduña

Compañía Eleizalde desde octubre hasta Santoña. Fue destinado a un Batallón de Trabajadores

  1. Meaza Idirin, Andrés:

Compañía Ayala en noviembre y primera quincena de diciembre; Urrutia hasta abril, Cabo desde febrero

  1. Meaza Idirin, Julián:

Compañía Eleizalde en octubre, luego en la Alaitza hasta marzo; luego figura en el Batallón Capitán Casero

  1. Méndez Estrada, Angel:

Barakaldo

Sección Mixta en la segunda quincena de marzo, luego pasa a la Ayala hasta junio

  1. Mendia Abasolo, Antonio:

Compañía Eleizalde en octubre; en la Ayala en noviembre

  1. Mendia Gabiña, Antonio:

Amurrio

Compañía Ayala en la primera quincena de noviembre

  1. Mendia Linacero, Julio:

Orduña

Compañía Eleizalde desde octubre hasta mayo; Teniente desde diciembre. Compañía Ayala en junio y Santoña. Fue encarcelado

  1. Mendialdea Asurmendi, Vicente:

Compañía Alaitza desde enero hasta junio

  1. Mendibil Astondoa, Luis:

Compañía Eleizalde desde octubre hasta la primera quincena de marzo

  1. Mendibil Manrique, Jesús:

Orduña

Compañía Ayala desde octubre hasta Santoña; Teniente desde la primera quincena de noviembre. Fue encarcelado en Cádiz en diciembre de 1938 y salió en enero de 1942 acusado de rebelión.

  1. Mendibil Uriarte, Celestino:

Agiñiga

Compañía Estabillo desde la segunda quincena de diciembre hasta Santoña. Antes o después de la Guerra, estuvo en el Batallón Cazadores de Montaña Arapiles, nº 7. El padre y un hermano estuvieron encarcelados

  1. Mendieta Jocano, Felipe:

Orduña

Compañía Ayala desde octubre hasta Santoña, herido en este último momento.

  1. Mendieta Orue, Adrián:

Lezama

Sección Mixta en enero; Urrutia hasta mayo. Fue alistado forzosamente en enero tras pasar unos meses encarcelado por estar afiliado al Partido Tradicionalista.

  1. Mendieta Otaola, Juan Cruz:

Artziniega

Compañía Urrutia desde la segunda quincena de diciembre hasta Santoña

  1. Mendibil Lartundo, Luis:

Mendeika

Compañía Eleizalde desde la segunda quincena de marzo hasta junio

  1. Mendizabal Jayo, Martín:

Elosu

Compañía Estabillo en noviembre, y luego en la Eleizalde hasta junio

  1. Menoyo Aldaiturriaga, Eusebio:

Respaldiza

Compañía Alaitza de mayo a Santoña

  1. Menoyo Aspiazu, Cipriano:

Llanteno

Compañía Eleizalde desde octubre hasta junio

  1. Menoyo Aspiazu, Florentino:

Llanteno

Compañía Eleizalde desde diciembre hasta junio

  1. Menoyo Gochi, Zacarías:

(Amurrio?)

Compañía Ayala desde octubre hasta la primera quincena de diciembre, si bien falleció el 30 de noviembre de 1936 en la batalla de Villarreal

  1. Menoyo Lezameta, José Luis:

Lezama

Compañía Estabillo en mayo y junio

  1. Menoyo Padura, Bernardo:

Respaldiza

Compañía Estabillo desde septiembre hasta enero, es Teniente desde noviembre; luego Teniente en la Compañía Ayala hasta Santoña. Estuvo encarcelado en El Dueso y luego fue trasladado a Puerto de Santa María, donde estuvo por dos meses en 1938 antes de ser trasladado a Vitoria.

  1. Menoyo Ulizar, Antolín:

Izoria

Compañía Ayala desde la segunda quincena de noviembre hasta Santoña. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 16

  1. Mezcorta Lataburu, Felipe:

Compañía Estabillo desde septiembre hasta junio

  1. Minguez Aldama, Angel:

Orduña

Compañía Estabillo desde septiembre hasta enero; armero en los Servicios Mecánicos en febrero y marzo; luego fue Suboficial de la Plana Mayor hasta Santoña

  1. Molinuevo Bardeci, Augusto:

Compañía Ayala desde noviembre hasta junio; asciende a Cabo en mayo

  1. Molinuevo Santa María, Atanasio:

Compañía Estabillo desde noviembre hasta Santoña

  1. Molinuevo Santa María, Juan Bautista:

Compañía Urrutia desde la segunda quincena de diciembre hasta junio

  1. Mondragón Ibabe, Cirilo:

Uribarri

Compañía Eleizalde desde diciembre hasta Santoña; Sargento desde abril. En julio de 1938 estaba preso en Burgos

  1. Mondragón Ibabe, Vicente:

Uribarri

Compañía Eleizalde desde diciembre hasta Santoña. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 110

  1. Montllor Delgado, Justo:

Amurrio

Compañía Estabillo de septiembre a la primera quincena de diciembre, siendo Cabo la primera de noviembre; luego en la Urrutia hasta junio. Su hermano Aurelio estuvo en el Batallón de Trabajadores nº 34

  1. Muguruza Meiro, Cándido:

Compañía Urrutia de mayo a Santoña

  1. Muguruza Mendieta, Elías:

Lezama

Compañía Estabillo en mayo y junio. Tuvo tres hermanos en batallones de trabajadores, y el padre y otro hermano encarcelados.

  1. Mujica Aizmendi, Cipriano:

Servicios Mecánicos (armero) desde enero hasta Santoña

  1. Murga Álava, Juan:

Salmanton

Compañía Eleizalde la segunda quincena de octubre; luego pasa a la Estabillo hasta junio. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 18

  1. Murga Bea, Gerónimo:

Orduña

Compañía Alaitza desde diciembre hasta junio; en julio en el Batallón Simón Bolibar. Entre 1940 y 1941 sirvió en el Batallón de Cazadores de Montaña Arapiles nº 7

  1. Murga Bea, Isidoro:

Orduña

Compañía Alaitza desde diciembre hasta Santoña, Cabo desde abril; luego en el Batallón Simón Bolibar

  1. Murga Landa, Andrés:

Zuaza

Compañía Ayala desde abril hasta junio

  1. Murga Larracoechea, Gregorio:

Artomaña

Compañía Alaitza desde diciembre hasta abril. Su hermano Gerardo fue fusilado el 13 de septiembre de 1936.

  1. Murua Echevarria, Vicente:

Luko

Compañía Estabillo desde enero hasta mayo; Teniente de la Compañía Eleizalde en junio y Santoña

  1. Navarro Galindez, José Antonio:

Laudio

Compañía Eleizalde en octubre, herido en esta misma compañía en enero y febrero; luego fue miembro del Cuartel

  1. Nieva Barrio, Eliseo:

Orduña

Compañía Alaitza de diciembre a marzo

  1. Nieto, José:

Servicios Auxiliares (cocina) en noviembre y diciembre

  1. Nogueira García, Manuel:

Compañía Ayala en la primera quincena de octubre; aunque figura también en la Estabillo desde septiembre hasta la primera quincena de noviembre

  1. Novales, Lamberto:

Compañía Ayala en la primera quincena de octubre; también figura en la Estabillo en septiembre y primera de octubre

  1. Ochoa Garayo, Ángel:

Compañía Ayala desde octubre hasta junio

  1. Odiaga Barbara, Gregorio:

Laudio

Compañía Eleizalde en octubre; luego en la Alaitza hasta junio. Fue destinado a un Batallón de Trabajadores

  1. Odriozola, José María:

Compañía Eleizalde en octubre; Cabo de esta compañía en diciembre

  1. Ojembarrena Menoyo, José María:

Amurrio

Secciones Auxiliares en diciembre, luego pasa a Enlaces hasta Santoña (excepto en abril que figura en la Ayala)

  1. Olabarriaga Landa, Pedro:

Compañía Estabillo desde septiembre hasta Santoña

  1. Olabarrieta, Timoteo:

Compañía Ayala en la primera quincena de octubre

  1. Olabuenaga Landa, Antonio:

Luiaondo

Compañía Eleizalde desde octubre hasta Santoña; herido desde la segunda quincena de mayo. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 14

  1. Olabuenaga Landa, José María:

Luiaondo

Compañía Eleizalde desde octubre hasta junio

  1. Olabuenaga Landa, Severino:

Luiaondo

Compañía Eleizalde desde abril hasta junio

  1. Olamendi Aguirre, Ángel:

Baranbio

Compañía Alaitza desde diciembre hasta junio, Cabo desde mayo. Luego pasó al Batallón Cazadores de Montaña Arapiles nº 7 en 1937

  1. Olamendi Bordes, Jorge:

Lezama

Compañía Estabillo desde septiembre hasta marzo; luego pasó al Batallón Bakunin, en el que estaba su hermano Rafael. Estuvo prisionero en Corbán (Santander).

  1. Olamendi Gauna, Justo:

Amurrio

Compañía Estabillo de septiembre hasta la primera quincena de diciembre, siendo Cabo desde la primera de octubre; luego es Cabo de la Compañía Urrutia hasta marzo. Estuvo preso en Aranda de Duero

  1. Olano Galdós, Iñaki:

Compañía Ayala desde octubre hasta abril; en mayo en la Alaitza; vuelve en junio a la Ayala

  1. Olano Galdós, Xabier:

Compañía Ayala desde noviembre hasta abril y en junio; en mayo fue armero en los Servicios Mecánicos

  1. Olazaran Zubieta, Bernardo:

Orduña

Compañía Eleizalde desde octubre hasta enero; Teniente en diciembre y enero. Había sido miliciano en la columna Aizpuru en septiembre, ya que participó en la defensa de Orduña el 4 de agosto. Fue encarcelado en El Dueso y luego en Puerto de Santa María hasta julio de 1940

  1. Olazaran Zubieta, Vicente:

Orduña

Compañía Ayala de noviembre a marzo, siendo Cabo la primera quincena; Urrutia desde abril a mayo. Había sido miliciano en la columna Aizpuru en septiembre. Luego pasó al batallón Aralar

  1. Olea Atucha, Eulogio:

Luiaondo

Compañía Eleizalde en octubre y luego en la Alaitza hasta junio, siendo Cabo en junio. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 12.

  1. Oqueranza Landaluce, Andrés:

Laudio

Compañía Estabillo de noviembre a enero; Cabo de la Sección Mixta de febrero a mayo; Sargento de la Compañía Eleizalde en junio. Falleció en el monte Arraiz el 18 de junio de 1937

  1. Orbe Galdos, Juan:

Servicios Mecánicos (armero) desde enero hasta Santoña

  1. Oribe Zubiaga, Manuel:

Orduña

Compañía Ayala desde la segunda quincena de noviembre hasta junio

  1. Oribe Zubiaga, José:

Orduña

Compañía Ayala desde mayo hasta Santoña, herido en junio y julio

  1. Ornes Mendibil, Lorenzo:

Orduña

Compañía Ayala desde octubre hasta Santoña. Estuvo en la cárcel de Pamplona entre el 21 de septiembre de 1938 y el 4 de junio de 1939

  1. Orozco Pomposo, Esteban:

Sección de Enlaces desde febrero hasta Santoña

  1. Ortega Ribacoba, Vicente:

Compañía Eleizalde desde octubre hasta junio

  1. Ortiz de Guinea Sobrón, Casiano:

Compañía Ayala en la primera quincena de noviembre; Servicios Auxiliares en la primera de diciembre; al final de la guerra era miembro del Cuartel. Fue destinado a un Batallón de Trabajadores

  1. Ortiz de Landaluce Vea-Murguía, Domingo:

Vitoria-Gasteiz

Compañía Ayala de noviembre a enero; Sección Mixta en febrero y primera quincena de marzo. Se había pasado a zona republicana el 30 de agosto por Arlabán. Parece que del Araba pasó a la Academia Militar Popular de Guerra de Bilbao, graduándose como Teniente de Milicias. Fue hecho prisionero en Santander el 26 de agosto de 1937

  1. Ortiz de Mendibil Elorriaga, Nicolás:

Compañía Eleizalde desde octubre hasta Santoña; Cabo desde diciembre; herido desde la segunda quincena de mayo

  1. Ortiz de Pinedo Esnal, José:

Baranbio

Compañía Alaitza desde diciembre hasta junio, Cabo desde mayo

  1. Ortiz de Pinedo Esnal, Juan:

Baranbio

Compañía Estabillo desde septiembre hasta Santoña. Fue encarcelado en los Escolapios

  1. Ortiz de Pinedo Esnal, Víctor:

Baranbio

Compañía Alaitza desde diciembre hasta junio. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 12

  1. Ortiz de Urbina Parrazar, Gerónimo:

Compañía Estabillo de septiembre a marzo; Sección Mixta en abril y mayo; vuelve a la Estabillo en junio y Santoña

  1. Ortiz de Urbina Parrazar, Luis:

Compañía Estabillo desde la segunda quincena de noviembre hasta marzo; Urrutia hasta Santoña, Cabo en este momento (falta en junio). Fue destinado a un Batallón de Trabajadores

  1. Ortiz de Zarate Garmendia, José:

Elosu

Compañía Eleizalde en octubre; en Servicios Auxiliares desde la segunda quincena de noviembre hasta Santoña primero como guardia y luego en convoyes

  1. Ortiz de Zarate Martínez de Sabarte, Santiago:

Murua

Compañía Eleizalde desde octubre hasta Santoña

  1. Ortiz de Zarate Martínez de Sabarte, Timoteo:

Murua

Compañía Eleizalde desde febrero hasta mayo

  1. Ortiz de Zarate Palacios, Antonio:

Compañía Eleizalde desde abril hasta Santoña; herido en junio y este momento

  1. Ortiz Gurbista, Daniel:

Tertanga

Compañía Ayala en octubre, Estabillo en noviembre, Servicios Mecánicos (chofer) desde la segunda quincena de diciembre hasta Santoña. El 3 de abril de 1943 se le concedió la libertad condicional de la prisión provincial de Valladolid

  1. Ortiz Gurbista, Félix:

Tertanga

Compañía Estabillo desde septiembre hasta junio. Su hermano Lucio fue asesinado en Orduña el 4 de agosto de 1936

  1. Ortiz Gurbista, Jesús:

Tertanga

Compañía Estabillo desde septiembre hasta Santoña; Cabo desde enero; Sargento desde junio. Esuvo preso en los Escolapios.

  1. Ortiz Larrea, Antonio:

Respaldiza

Compañía Ayala de octubre a abril, herido la segunda quincena de diciembre; Urrutia de mayo a Santoña. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 23

  1. Ortiz Larrea, Severino:

Respaldiza

Compañía Eleizalde desde octubre hasta Santoña. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 23

  1. Ortiz Menoyo, Agustín:

Izoria

Compañía Ayala en octubre y primera quincena de noviembre; luego pasa a Enlaces hasta junio. Falleció el 16 de marzo de 1938 en Caspe, cuando era Legionario de la 14ª Bandera

  1. Ortueta Ibernia, Isaías:

Ziorraga

Compañía Ayala de noviembre a marzo; Sección Mixta en abril y mayo; Compañía Urrutia en junio y Santoña

  1. Orue Otaola, Antonio:

Larrinbe

Compañía Alaitza desde abril hasta junio. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 11

  1. Orue Otaola, José:

Larrinbe

Compañía Estabillo desde la segunda quincena de diciembre hasta junio. Estuvo preso en la cárcel de Larrinaga. Su hermano Eugenio falleció en combate el 18 de abril de 1937

  1. Orue Somocurcio, Patricio:

Artomaña

Compañía Estabillo desde septiembre hasta Santoña; Cabo desde enero. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 64.

  1. Orueta, Julio:

Compañía Estabillo desde septiembre hasta la primera quincena de diciembre; Cabo desde la segunda de noviembre

  1. Orueta Alcorta, Sergio:

(Zuaza?)

Compañía Eleizalde desde octubre hasta Santoña, herido desde enero; en noviembre figura en la Ayala. En agosto de 1938 estaba en paradero desconocido

  1. Orueta Olabarria, Marcos:

Laudio

Compañía Alaitza desde diciembre hasta Santoña; siempre como Capitán. Fue fusilado el 24 de octubre de 1938, al parecer acusado de haber participado en un asesinato.

  1. Orueta Sanz, Dalmacio:

Compañía Ayala en la primera quincena de octubre

  1. Orueta Sanz, Julio:

Laudio

Compañía Urrutia desde la segunda quincena de diciembre hasta marzo

  1. Orueta Zorrozua, Ricardo:

Laudio

Compañía Ayala la primera quincena de octubre, luego pasa a la Eleizalde hasta mayo; Capitán desde diciembre. Fue encarcelado

  1. Oseguera Amirola, Esteban:

Compañía Estabillo desde abril hasta junio

  1. Oseguera Amirola, Florencio:

Compañía Estabillo desde septiembre hasta mayo; herido en febrero. Falleció en Gatika el 6 de junio de 1937

  1. Oseguera Basaldua, Antonio:

Okondo

Compañía Eleizalde desde octubre hasta Santoña; herido desde la segunda quincena de mayo. Fue encarcelado

  1. Oseguera Basaldua, Ildefonso:

Okondo

Compañía Eleizalde desde abril hasta junio

  1. Oseguera Gochi, Pablo:

Compañía Alaitza desde diciembre hasta junio. Su hermano Manuel estuvo posteriormente en el ejército del aire.

  1. Oseguera Urquijo, Ildefonso:

Olabezar

Compañía Ayala desde octubre hasta junio. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 12

  1. Otaola, Dionisio:

Compañía Eleizalde en octubre

  1. Otaola Amirola, Francisco:

Compañía Alaitza en mayo y junio

  1. Otaola Aranzadi, Alejandro:

Okondo

Compañía Eleizalde en octubre y luego en la Alaitza hasta marzo; en mayo estaba en la sección de Ametralladoras del Batallón Leandro Carro.

  1. Otaola Aranzadi, Ramón:

Okondo

Compañía Ayala abril hasta Santoña. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 42

  1. Otaola Izaguirre, Luis:

(Zuaza?)

Compañía Estabillo desde septiembre hasta Santoña, herido en este último momento

En agosto de 1938 estaba en paradero desconocido

  1. Otaola Lambarri, Dionisio:

Okondo

Compañía Alaitza desde diciembre hasta junio. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 20

  1. Otaola Tuero, José:

Compañía Estabillo desde septiembre hasta la primera quincena de diciembre; luego pasa a Enlaces hasta enero; Cabo de la Sección Mixta de febrero a Santoña, desciende a gudari en junio

  1. Otaza Villalañez, Juan:

Cuartel de mayo a Santoña

  1. Oyarzabal Laburu, José:

Respaldiza

Compañía Estabillo desde septiembre hasta mayo; Cabo desde febrero; Sargento desde abril; Teniente de la Eleizalde en junio y Santoña. Estuvo en El Dueso y luego en Puerto de Santa María por “adhesión a la rebelión” entre agosto de 1938 y agosto de 1940

  1. Ozaeta, José:

Compañía Eleizalde desde octubre hasta febrero

El Trienio Liberal en el Alto Nervión (1820-1823)

 

Al regreso de Fernando VII al trono en 1814 una vez finalizada la Guerra contra los franceses, siguieron seis años de restauración absolutista en los que se trató de hacer como si los acontecimientos políticos de la Guerra de Independencia no hubieran sido más que una tormenta pasajera, persiguiendo y eliminando todo elemento liberal. Fue en vano, ya que el conflicto entre liberalismo y tradición, entre lo nuevo y lo viejo,  acabaría por estallar de nuevo.

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El borbónico rostro de Fernando VII, conocido por sus proboscídicos genitales y considerado por muchos como el peor rey de España, que no es decir poco.

 

En los primeros meses de 1820, una serie de sublevaciones militares obligaron al rey a jurar la Constitución de Cádiz de 1812 inaugurándose así el periodo histórico conocido como el Trienio Liberal (1820-1823). Debido al golpe militar de julio de 1936, y también al mucho más reciente intento de asonada del 23-F, es frecuente que asociemos los golpes de estado militares con giros políticos hacia la derecha, el autoritarismo y la dictadura. No siempre fue así. Desde este preciso momento, la intervención del ejército en política por medio de pronunciamientos fue un hecho recurrente en la historia decimonónica española. Pero ello no significa que necesariamente fueran asonadas dictatoriales, absolutistas o conservadoras. En esto, como en tantas cosas, tendemos a proyectar equivocadamente nuestra visión del presente hacia el pasado.

Por lo tanto, el Trienio Liberal fue un giro hacia el liberalismo motivado por las presiones de sectores progresistas del ejército y, de este modo, significó el desarrollo en toda su integridad del proyecto liberal de Cádiz. En consecuencia, de acuerdo al texto constitucional, las aduanas interiores (como la de Urduña/Orduña) se trasladaron a la costa para crear un mercado unificado; se instauró el servicio militar obligatorio; y, en 1822, se generalizó un sistema fiscal nacional, idéntico en todo el territorio. Además, las formas de gobierno local tradicionales dejaron paso a ayuntamientos constitucionales y diputaciones provinciales de acuerdo con los preceptos de la Constitución. Por su parte, el proyecto de unir las tres provincias vascas en una única demarcación (si bien con ciertos cambios territoriales respecto a la configuración actual) no llegó a realizarse.

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El teniente coronel Rafael de Riego encabezó la insurrección contra Fernando VII el 1 de enero de 1820. El Himno de Riego, nombrado así en su honor, fue el himno de España durante el Trienio liberal; y el himno no oficial durante la Segunda República

Es de esperar que estos cambios hubieran generado una gran oposición en el País Vasco. Y en parte así fue, pero ni mucho menos provocó una reacción unánime. Por ejemplo, en Álava, y especialmente en su capital, no fueron pocos los que dieron la bienvenida al nuevo régimen con gran alborozo. Y es que sobre todo la burguesía mercantil y otros grupos con intereses comerciales consideraban necesario la apertura al mercado español mediante el traslado de las aduanas a la costa. Es por ello que consideraban el régimen constitucional como una forma de desarrollo superior al orden foral tradicional, que no rechazaban sino que consideraban complementario. A partir de este momento, se forjó el carácter liberal característico de la Vitoria-Gasteiz del siglo XIX, la que fue llamada “Atenas del Norte” antes de convertirse en una conservadora ciudad de “curas y militares”, como se decía en el primer tercio del siglo XX.

Por el contrario, el resto de la provincia, como todo el ámbito  rural vasco, se mostró hostil al régimen constitucional, posiblemente más por integrismo religioso que por una defensa foral acérrima. Sea como fuere, consideraron ilegítimo y pernicioso el nuevo gobierno y la oposición al mismo se expresó mediante la formación de partidas armadas absolutistas (“realistas” en terminología de la época). O, por decirlo de otro modo, guerrillas.

Pocos detalles conocemos de este conflicto armado que no se inició inmediatamente después de que el rey jurase la Constitución, sino que no comenzó hasta la primavera de 1822. En nuestra comarca, a finales de abril apareció una “faccióncilla” de 60 a 70 mozos entre Laudio/Llodio y “la Peña de Orduña”. En su captura salió una tropa militar y 50 voluntarios desde Bilbao, así como 40 granaderos desde Vitoria-Gasteiz. Pero no tenemos más datos al respecto.

Posteriormente, en noviembre, el mismo grupo u otra fuerza de “facciosos” había ocupado Urduña/Orduña y desde allí pasaron a Artziniega para atacar la guarnición de Villasana de Mena. En su persecución iban las fuerzas militares de Antonio Seoane, comandante militar interino de Bizkaia. Su avanzadilla derrotó a la “gavilla” de Fernández en las inmediaciones de Amurrio, causándoles 3 muertos y 10 prisioneros. Ante esta situación, los realistas abandonaron Urduña/Orduña para refugiarse en Unza y Murgia.

Los acontecimientos del Trienio Liberal cobran especial relevancia de cara al futuro debido a que estas partidas realistas constituyen el origen de las futuras partidas carlistas, no solo por emplear el mismo recurso estratégico y táctico y beber de los mismos planteamientos ideológicos, sino porque las primeras quedaron institucionalizadas en el régimen posterior, de modo que los individuos, y sobre todo los caudillos, que lideraron partidas armadas en 1833 formaron parte de este movimiento insurreccional en 1822 y 1823.

Uno de ellos fue Juan Felipe de Ibarrola Mendibil, natural de Urduña/Orduña, capitán del tercer batallón de Álava y uno de los personajes más olvidados de nuestra historia reciente[1]. Según su biografía contenida en la página de la Real Academia de la Historia, se habría alzado en armas ya en enero de 1822. El 21 de enero de 1823, y tras haberse distinguido en varias acciones militares fuera de nuestra comarca, Ibarrola se encontraba en El Berrón con 80 infantes y 50 caballos cuando fue atacado por fuerzas constitucionales muy superiores en número, por lo que realizó una larga retirada hasta Espinosa de los Monteros para, al día siguiente, y rompiendo la nieve del camino, llegar a Urduña/Orduña y batir a la guarnición de esta ciudad. El 20 de febrero atacó nuevamente la localidad con 40 hombres y, a pesar de que la guarnición estaba compuesta de 160, consiguió  derrotarlos y encerrarlos en la Aduana.

Dos días después, dirigió un nuevo ataque: viéndose perseguido por 1.500 hombres, y estando fatigados y escasos de municiones, llegaron al puente de Menditxueta a las 7.30 de la mañana, estando las fuerzas constitucionales de Alejandro O’Donnell ya en Amurrio. Ibarrola dejó fuerzas en el puente y se fue a caballo hacia Urduña/Orduña con seis hombres, cuatro de los cuales quedaron en el puente de El Prado y el quinto fue situado en la “puerta de Bilbao”, que estaba desprotegida.

Aduana de Orduña

Ibarrola entró solo en la ciudad por la Calle Vieja, llegó hasta la plaza y encaró la Aduana con su trabuco. Un centinela llamado Manuel Ramírez, en lugar de hacer fuego, levantó el puente levadizo que habían instalado y se cerraron dentro del edificio. Al parecer, Ibarrola estuvo disparando al fuerte por espacio de dos horas, y era contestado desde dentro. No era más que una maniobra de despiste.

Mientras tanto, las fuerzas de O’Donnell se dirigieron a Saratxo y, persuadido por el tiroteo (que al parecer escuchaba, o del cual fue informado) de que la guarnición estaba siendo atacada, se dirigió hacia la ciudad. Entonces le llegó el aviso a Ibarrola de que los constitucionales iban hacia allí, por lo que fue en busca de su partida; sin embargo, como inmediatamente después entró un capitán del ejército en la plaza, los de la guarnición creyeron que se trataba de la partida realista y la emprendieron a tiros contra ellos.

Por su parte, Ibarrola se había reunido con sus fuerzas y marchó por los montes de Lezama, Astobiza y Baranbio para regresar a Amurrio sin ser detectados por la retaguardia del ejército, y continuar después hacia Balmaseda.

Un par de días después, la guarnición de Urduña/Orduña se retiró a Vitoria-Gasteiz e Ibarrola se hizo con el control de la ciudad: allí pudo armar, equipar y restaurar su batallón, así como al 2º de Álava, otro batallón vizcaíno y dos nuevos que se formaron en Balmaseda. Dos armeros de la ciudad repararon las armas y los “muchos herreros” que en ella había hicieron infinidad de lanzas.

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Prudencio de Sopelana Lecanda nació en Tertanga en 1800. Había estudiado Derecho en Valladolid cuando en 1822 se unió a las partidas realistas. Fue en la Primera Guerra Carlista cuando alcanzó su cénit como uno de los principales militares carlistas. Construyó el edificio que actualmente alberga la Biblioteca en Amurrio. Habrá ocasión de hablar más extensamente sobre el.

 

Poco después, en abril de 1823, se restauró la monarquía absolutista de Fernando VII con la intervención del ejército francés, país que volvía a ser una monarquía, fuerza que fue conocida como “Cien mil hijos de San Luis”. Aguardaban otros diez años de gobierno absolutista en la llamada “década ominosa”.

Pero en el Alto Nervión debieron ser muy pocos los descontentos con esta perspectiva. El 20 de octubre de 1823, destacados vecinos de la ciudad de Urduña/Orduña como el comandante Juan Antonio de Goiri[2], su segundo Manuel de Yarritu Izarra, su ayudante Ildefonso de Echevarria Pinedo, junto a José de Pereda Aguirre, José de Salazar, Román Ángel de Beraza Urruela, Pedro Nolasco de Anda Jugo y Félix Hilario de Echevarria Pinedo, escribían una carta al rey en la que se congratulaban por su retorno y por el fin de la “espantosa esclavitud en que ha gemido por espacio de tres años y medio”. Afirmaban que los enemigos del rey, en el Trienio Liberal, no habían conseguido sumar ni un solo voluntario en la ciudad: intentan forzarnos con el fuego y el cuchillo; una vanda [sic] de asesinos se presenta a obligarnos con las bayonetas; pero decididos a morir antes de permitir que nuestros nombres sean escritos ni aun por la fuerza en el libro de los que debían defender la impiedad y la traición, empuñamos denodados el cuchillo y gritando muera la Constitución, formamos el primer ejército de los defensores de la Religión y del Rey”. Decían que a pesar de no pasar su población de 500 vecinos (es decir, familias), formaron cinco compañías de Voluntarios Realistas. Finalizaban la misiva solicitando duros castigos y la total eliminación de la vida pública de los defensores de la Constitución.

En definitiva, la experiencia del Trienio Liberal constituyó un símbolo y una referencia para los liberales que deseaban la aplicación de un régimen constitucional, que tenía en el texto de 1812 su principal hito, cada vez más mitificado. Por el contrario, la conclusión que amplios sectores de la población de nuestra comarca extrajeron de esta experiencia fue que el proyecto constitucional liberal difícilmente iba a ser compatible con la “constitución provincial”, al haber alterado sus formas de gobierno tradicionales, sus usos y costumbres. Del alcance de los cambios experimentados en las instituciones de gobierno durante estos tres años en nuestra Tierra, no sabemos casi nada.

Finalmente, tras la restauración absolutista, Fernando VII gobernó de nuevo sin constitución y sin Cortes hasta su muerte en 1833. En este periodo, en las provincias vascas se produjo el reforzamiento de las instituciones provinciales de gobierno y especialmente de las diputaciones, que eran las que administraban de manera efectiva el territorio por encima de la Junta General. Todo ello en un marco de entendimiento entre la corona y las diputaciones, que actuaban como agentes de la misma en las provincias.

 

[1] Juan Felipe de Ibarrola Mendivil nació en Urduña/Orduña en 1798, fue coronel graduado de infantería y pertenecía a una familia destacada en la comarca. Así, su padre fue  Juan Enrique de Ibarrola Mugaburu, natural de Etxegoien, administrador de la Real Renta de Correos y de la Renta del tabaco en Urduña/Orduña. Su hermano Rafael, nacido en 1807, mandó el 5º Batallón Alavés y fue conocido como “Ibarrolilla”. Juan Felipe fue uno de los primeros en proclamar a Carlos V como rey en octubre de 1833, lo que hizo en su ciudad natal; sin embargo, fue apresado y trasladado a Santander tras el fracaso carlista en la Acción de Vargas apenas un mes después, el 3 de noviembre. Según cuenta en una nota a pie de página William Walton en el segundo volumen de “The Revolutions of Spain”, su mujer se postró ante la reina pidiendo clemencia para su marido, de modo que se le perdonó la vida y fue deportado a Puerto Rico, donde falleció al de poco tiempo. Debido a su indulto, la viuda pudo gozar de una cómoda pensión por el grado de coronel de Juan Felipe.

[2] Juan Antonio de Goiri Olabarrieta nació en Laudio/Llodio en 1792. En 1812 se alistó en el ejército en Potes para luchar contra los franceses y el 4 de agosto de ese mismo año participó en una acción en Urduña/Orduña. En 1833 se dedicaba al comercio y fue nombrado Primer Comandante en la sublevación carlista.

Venturas y desventuras de unos guipuzcoanos

 

 

A las cuatro de la tarde del día 4 de diciembre de 1779 tres hombres fueron detenidos en la taberna de Bengoetxea de Abajo del valle de Orozko. El alcalde y juez ordinario Melchor Antonio de Cerrajería había pasado a realizar la detención con su ministro de vara y otros guardas tras haber sido informado de que en dicho lugar se encontraban unos forasteros, “parece son guipuzcoanos”, que llevaban varias jornadas haciendo mansión a puerta cerrada y sin trabajar, de modo que se sospechaba que eran personas de mal vivir. Si a ello sumamos que en fechas recientes se habían producido algunos robos en Baranbio, atribuidos por las habladurías locales a unos forasteros que allí se encontraban trabajando, el alcalde no necesitó mucho más para llevarlos a la cárcel pública de Orozko, alojarlos en celdas separadas y proceder a su interrogatorio.

Se llamaban Ignacio y Alejandro de Alcain y Juan Pérez de Zubiaurre; su compañero Joaquín de Olarriaga se había librado de la detención porque esa jornada había ido a Bilbao a recoger unos calzones que le había hecho Antonio de Ugarriza, de modo que al regresar se encontró con que sus compañeros habían sido detenidos. Suponemos que debió ser el miedo y/o la cautela lo que le llevó a dejar Orozko y buscar cobijo en Laudio, en la casa de una viuda llamada Josefa, que llamaban Alzarrate (suponemos que se refiere a la casa, pero es posible que a ella también).

Joaquín no se presentó ante las autoridades hasta el 18, catorce días después de la detención. ¿Acaso estuvo atando cabos y preparando una declaración que vino a ser coincidente prácticamente en todo con la de sus compañeros? Bueno, no consideramos que esto sea lo más importante. Vaya por delante que la falta de pruebas tangibles, la presentación de unos testimonios coherentes o al menos coincidentes entre sí, la demostración de su hidalguía y la ratificación de su nobleza y buena conducta por algunos paisanos guipuzcoanos fueron suficientes para resultar absueltos tanto por la justicia ordinaria del valle de Orozko como por la Audiencia de la Chancillería de Valladolid, que era el tribunal superior de justicia de la época.

Lo que más nos interesa es presentar un ejemplo de la cotidianidad, sobre todo de una forma de vida sobre la que no se ha hablado demasiado. Porque el campo, lejos de ser un remanso de paz y un acogedor y bucólico entorno en el que el casero de turno labraba sus tierras con esfuerzo pero con independencia y suficiencia, sin duda fue tremendamente hostil con los menos favorecidos, y obligó a miles de personas, cuando no a emigrar de manera definitiva, sí a pasar largas temporadas trabajando fuera de casa en una vida nómada y sin domicilio fijo. Es el caso de nuestros protagonistas que, como tantos y tantos guipuzcoanos, llegaron al valle del Nervión y zona de Altube para ganar un jornal con su trabajo diario y así poder subsistir.

 

El primero en recalar en nuestra zona en aquel año de 1779 fue Ignacio de Alcain Olarriaga, nacido en Larraul en 1752 pero criado en Zizurkil, y vecino por entonces de Azkoitia. Debía tener bastante experiencia y llevar años frecuentando estos lares; no obstante, en 1774 bautizaron un hijo en Bilbao. Su mujer Ignacia de Echezarreta Mugarbe, de hecho, ya tenía familia en Altube y sus proximidades: su hermano Ignacio fue merino de la Tierra de Ayala en 1773 como vecino que era de Lezama en el caserío Amezketa. Fue carbonero y murió despeñado en Gujuli en el verano de 1781. Otro hermano suyo, Manuel, vivió también en las inmediaciones, ambos desde la década de los cincuenta, y casados con dos hermanas de ascendencia guipuzcoana. Las redes familiares fueron muy importantes, trascendentales, en estos desplazamientos desde Gipuzkoa hasta el Alto Nervión y otros lugares del occidente vasco. Sin ir más lejos, sus primos los Mugarbe también se instalaron en Astobiza y adyacentes.

Pues bien, Ignacio se despidió de su mujer en febrero de 1779 para ir a Laudio, donde le esperaban dos primos suyos, Miguel Ignacio de Amuchategui (que no era su primo carnal, dos años después se casó en el mismo Laudio) y Antonio de Larrañaga Alcain, trabajando para una viuda llamada Ana María en la casa llamada “Ybagozaoga”. Ignacio pasó la primera noche en la casa de Iturralde, propia de un hombre llamado Francisco, para quien trabajaron unos cuantos días.

El modus operandi de estos individuos era emplearse allí donde se les requiriera acordando previamente el trabajo a realizar y el salario que iban a percibir bien fuera por jornada trabajada o, más habitualmente, en función del trabajo realizado. En el ínterin, solían habitar en la casa de la persona que les contrataba, que en muchos casos eran personas muy pudientes en el contexto local. Alcain y sus primos, por ejemplo, siguieron trabajando por unos días en Aretxaltuaga; veinte días en la casa de Izagirre en Gardea, que era de Ignacio de Olabarrieta y luego en Atxeta. De aquí pasaron a Okondo para emplearse cuatro días en la casa de Urteaga, de Francisco de Artecona, en la casa de Izaga, de Juan José de Lezama, y en la del alcalde ordinario del valle aquel año.

Entonces, regresaron a Laudio para trabajar en casa de Bartolomé de Ibarrola por cuenta de su padre José. Fue entonces cuando llegó su hermano Alejandro, 6 años menor que Ignacio, nacido ya en Zizurkil. Era joven, tan solo 21 años, pero había pasado los dos años anteriores formándose en el oficio en Donostia con un maestro constructor de navíos, y sabía escribir, a diferencia de su hermano. Alejandro no hizo el desplazamiento a solas sino que salió de Zizurkil en compañía de Martín de Alcorta sobre el 17 o 18 de abril rumbo a Ugao-Miraballes, probablemente a casa de Juan Antonio de Hernani, que había escrito para que le sirviera de contramaestre en la carpintería del maderamen que cortaba para construcción de navíos. No parece que finalmente llegaran a un acuerdo de modo que fue reclamado por su hermano Ignacio para que le ayudase en las obras que manejaba en los valles de Okondo y Laudio, a donde pasaron el día 25 o 26 de abril para trabajar en casa del dicho alcalde ordinario de la cuadrilla de Okondo mientras sus primos fueron a trabajar a casa de un vecino de la plaza de Laudio y les perdemos la pista en esta historia.

Pero, ¿por qué? ¿Cuál es la razón por la que los guipuzcoanos encontraban un sustento en la zona del Nervión-Altube y no en sus localidades natales? El propio Alejandro nos explica sus motivos personales: “en dha villa de Zizurquil no hallaua jornal tan superior como el que se consigue por estas circunferencias pues le dan ocho reales diarios y en aquella villa no llegan más de cinco”. Oferta y demanda. En el Alto Nervión, los salarios eran mayores, probablemente por ser la mano de obra más escasa para estas labores de carpintería, leñador y carbonero que mayoritariamente desempeñaron guipuzcoanos y, en menor medida, navarros, vascofranceses, bearneses y vizcaínos. Por el contrario, los naturales del Alto Nervión practicaron con enorme frecuencia la arriería.

La emigración guipuzcoana a esta zona la conocemos de manera especial por aquellos que se casaron y se establecieron, como fue su caso, ya que Alejandro se casó en Orozko en diciembre de 1782 y murió en este lugar en 1833. Pero hubo muchos que simplemente vinieron a trabajar una o varias temporadas y regresaron sin más contratiempos a su lugar natal. Es lo que parece que ocurrió con su hermano Ignacio.

 

Retomamos el periplo de nuestros protagonistas con los hermanos dejando Okondo para regresar a casa de Bartolomé de Ibarrola, momento en que se unieron a ellos su primo Joaquín de Olarriaga Zialceta y Juan Pérez de Zubiaurre Ansa. Joaquín había nacido en Asteasu en 1748 pero se trasladó a vivir a Zizurkil a corta edad, pueblo del que procedía Zubiaurre. Ambos eran solteros y carpinteros. La víspera de San Pedro, salieron con destino a la casa de Hernani en Ugao para que les proporcionase en qué emplearse como había hecho el año anterior, pero como no tenía obra en qué ocuparlos y Joaquín había recibido una carta de su primo Alejandro, fueron al valle de Laudio y se reunieron el sábado 3 de julio.

Los cuatro juntos trabajaron diecisiete días para Ibarrola. Después, Olarriaga se fue por su cuenta para emplearse por espacio de unos dos meses haciendo carbón para un vecino del mismo Laudio que se llamaba Bautista. Por esa época también regresó brevemente a su casa de Zizurkil antes de regresar y continuar el trabajo donde lo había dejado. Los otros tres trabajaron catorce días para Pedro Antonio de Ugarte, que por aquel entonces ya residía en Katuja, seis días para un tal Simón residente en la plaza de Laudio, catorce para José Iñigo de Aldama, tres para el vicario Manuel Fernando de Orue y otros tres para Ignacio de Olabarrieta, justo cuando regresó Olarriaga, poco antes de la festividad de San Miguel, el 29 de septiembre.

 

Tras pasar dos días en la citada casa de la viuda de Alzarrate, un tal Manuel, que era oficial tirador de la ferrería de Jauregia, en Berganza, los contrató para serrar “coloma” y tabla para el propietario de dichas instalaciones, que era Domingo Santiago de Arriaga. Los cuatro dijeron que era menester saber de fijo el jornal diario que les habría de pagar por cada día que estuvieran en Altube así como por lo que serraran, pero Arriaga les tranquilizó diciendo que no les quitaría nada y que el precio lo regularía una persona “inteligente” en la materia nombrado para ello de conformidad entre ambas partes.

Este trabajo les llevó unos cuarenta días y lo desarrollaron tanto en los montes de Altube como en el mismo Berganza. Estuvieron alojados por orden de Arriaga en la casa-posada y taberna de Pedro de Salcedo y Tomasa de Aldama, que debía estar en el mismo barrio. En todo ese periodo, solamente Ignacio de Alcain faltó algunas jornadas por haber ido a Azkoitia a llevarle a su mujer unos reales que había cobrado de Pedro Antonio de Ugarte por la venta de una vaca con su cría y por jornales de los días que había estado trabajando para él.

Parece que fue el día 13 de noviembre cuando quedaron para liquidar los jornales con Arriaga y se recurrió como tasador al maestro ensamblador y perito agrimensor Pedro de Orue, vecino de Orozko. Sin embargo, una vez que realizó su tasación, Arriaga le arrebató el papel de las manos y le dijo que no era válido ni podía darle estimación por los precios tan elevados en que había regulado la cantidad de tabla y coloma cortada. Lógicamente, los carpinteros se enfadaron y protestaron. Finalmente, y a pesar de que Arriaga consiguió rebajar el precio final, el lunes día 15 acordaron concluir el trabajo a cambio de ciertas cantidades que Arriaga, de quien dice que hablaba con mucha “fogosidad”, parece que tampoco satisfizo, de modo que se despidieron muy disgustados con él por su mal comportamiento.

El domingo 28 de noviembre, tras asistir a misa en Baranbio, los cuatro guipuzcoanos salieron para Orozko portando sus herramientas de trabajo (dos sierras mayores y sus hachas) ya que sus ropas y efectos personales quedaron en casa de Salcedo con orden expresa de que su mujer Tomasa las remitiera a la taberna de Bengoetxea, lo cual cumplió por medio de Domingo de Adaro de Aspe el 1 de diciembre.

Olarriaga y Zubiaurre pasaron esa noche en la casa-mesón de Gabriel de Mendiolabeitia en Zubiaur. Habían ido allí con intención de encontrarse con Francisco de Mújica y con Martín, un primo de Zubiaurre, que estaban trabajando para Sebastián de Rotaeche, del caserío Gorostiza, pero no los encontraron. Durmieron junto a dos hombres, uno de ellos de Baranbio. Este detalle aparentemente sin trascendencia alguna revela que fueron preguntados por la compañía que tuvieron en dicho mesón con el fin de averiguar su coartada, por motivos que más adelante comentaremos.

El día siguiente, lunes, lo pasaron entero en la posada de Bengoetxea y parece que esa noche se corrieron una pequeña juerga. Según las propias palabras de Olarriaga, cenaron los cuatro con Josefa la tabernera, Ana María mujer de un herrero y una muchacha que llamaban Catalina, que al parecer venía de la ferrería de Torrezar, y se acostaron sobre la medianoche porque se habían divertido bastante con dicha moza y la tabernera cantando y danzando al son de una “trompa”.

La tabernera, que en el momento de la detención también fue llevada a prisión para que prestase declaración, se llamaba Josefa de Jauregui Aguirre. Según parece, fue bautizada en la localidad alavesa de Luko en 1754, quizá por haberse hallado allí sus padres de manera accidental. Era hija de María de Aguirre Berganza, natural de Astobiza, y de Francisco de Jauregui Barrones, que por aquel entonces estaba encamado  como consecuencia de unos golpes que le habían dado en la cara. Olarriaga no sabía ni su nombre ni su apellido porque solían llamarle “Laudio”, de donde era natural. Lo curioso de todo el caso es que la dicha Josefa se casó el 1 de febrero de 1781 precisamente con Juan Pérez de Zubiaurre. En el momento de los hechos, Josefa tenía un hijo natural -en caso de que hubiera sobrevivido, que no lo sabemos- de un año de edad cuyo padre fue Joaquín de Isasi Hierro-Olabarria.

 

Bien, pues al día siguiente los cuatro pasaron a la feria de San Andrés en Gordejuela, donde estuvieron tres días con sus noches en una casa que Maria, la madre de la tabernera, tenía alquilada para tal menester, no sabemos con qué fin concreto. En este intervalo se dedicaron a charlar con la gente y especialmente con los muchos conocidos que Ignacio de Alcain tenía en la zona por el largo tiempo que había estado trabajando, sobre todo en Laudio. De hecho, estuvo tratando con un vecino de dicho valle sobre un posible trabajo. En efecto, Ignacio quedó con Francisco el de Rementeria, vecino de Laudio, que el día 5 (el siguiente a su detención) iría a su casa, que estaba cerca de la que había construido nuevamente Juan de Barrones, a ver y reconocer unas maderas que tenía para serrar tabla. Incluso había apalabrado un trabajo para la primavera próxima en la casa de uno de los dos regidores de Orozko, cuyo nombre y apellido desconocía, pero, dijo, “era el más alto”.

Regresaron a Orozko, no sin haber tenido un encuentro al anochecer en la zona de Burullaga, que se achacó como un fallido intento de robo, del que nada se llegó a esclarecer pues las pruebas en este sentido no tenían ninguna claridad. El día siguiente a su regreso, que a su vez fue el anterior a la detención, lo pasaron entero en Bengoetxea sin salir, lo que generó las sospechas definitivas que llevaron a su detención por esta actitud poco habitual en una sociedad en la que un exceso de privacidad era conceptuado como sospechoso. Los guipuzcoanos explicaron que permanecieron todo el día en su habitación sin bajar al espacio común por el cansancio del viaje y por hacer compañía a Zubiaurre, que estaba delicado y no se habría levantado de la cama. Argumentaban que, siendo día laborable, si les veían en la taberna podrían conceptuarles de personas ociosas, por lo que comieron y bebieron en su habitación sin dejarse ver.

Los robos que se les imputaba fueron dos. El primero tuvo lugar la noche del 10 de noviembre, cuando cuatro hombres, dos armados con escopetas y otros dos con palos, entraron en el caserío Presabarri de Astobiza a cometer un robo. Pronto se dijo en Baranbio que ellos eran los responsables, y al parecer incluso el mismo Arriaga lo declaró. El otro ocurrió muy cerca de allí, en la casa de la viuda de Mateo de Zulueta en Ziorraga (Ziorragagoiko, concretamente), la noche del 29 de noviembre. Se supone que ocurrió la noche del 28 al 29 y por eso tanta pregunta y sospecha por el hecho de que Olarriaga y Zubiaurre no durmieran en Bengoetxea aquella noche.

Indagaron sobre todo en el primer incidente, en el que se involucró también a un tejero francés, llamado Carlos, que trabajaba para el potentado de Orozko Manuel Tomás de Epalza. Aquella noche el tejero durmió con los guipuzcoanos en la posada de Salcedo,  en la misma cama con Zubiaurre y Olarriaga según declararon. Dijeron que estuvieron charlando por el “mucho conocimiento que tenían con él”, especialmente Zubiaurre, que le prestó un jubón blanco de lienzo fino. En ese rato, llegó Arriaga y, sentándose en una porción de tabla, se jugaron “con naipes al q llaman del mus” dos azumbres de vino clarete y un pan, de modo que llegó la noche y persuadieron al francés para que durmiera con ellos y regresara a su tejera al día siguiente. Por cierto, que el pobre tejero perdió y tuvo que pagar las viandas al mucho más pudiente Arriaga, que sin embargo racaneó sin pudor a la hora de desembolsar los salarios de sus obreros.

Ignacio declaró que aquel día 10 de noviembre Zubiaurre y el francés habían ido a su morada hablando en secreto, pero nada malo había conceptuado de ello por la mucha amistad que tenían. Alejandro declaró que al día siguiente había llovido mucho y no salieron de la casa.

Por otro lado, era cierto que tenían dos escopetas: una era suya y la había armado en Eibar el diciembre anterior habiendo comprado el cañón a José de Galíndez, el cirujano de Laudio, y la llave a Javier de Muñuzuri. La otra escopeta se la había prestado el citado Arriaga para que durante su estancia en Berganza salieran a cazar perdices y liebres con el perro perdiguero de Arriaga y dos sabuesos que habían traído ellos, uno de ellos al parecer robado en Asteasu. De hecho, habían salido a cazar con Arriaga en dos días que no eran “feriados” o festivos.

Zubiaurre y el tejero se habían conocido, según dijo el primero, en la romería de Santa Ana en el barrio de Acheta (y no Areta, según la fuente) en Laudio por el mes de julio, no hacía tanto tiempo, pero habían coincidido en otras fechas señaladas como las novilladas de San Antolín, en la de San Miguel en Baranbio y el 28 de octubre en que por la noche llegó Carlos con un criado suyo a la posada de Salcedo junto a Olarriaga y Alejandro diciendo que venían todos de la romería de la ermita de San Simón y Judas “que tiene entendido de ellos mismos es sita entre los lugares de dho Barambio y el de Lezama”, día que Zubiaurre invirtió en la caza de perdices con la escopeta que le prestó Arriaga. Se trata, por cierto, de una de las más antiguas menciones que tenemos de la ermita de Aldama y seguramente la primera que hace referencia a una romería.

Por cierto, que Zubiaurre también fue preguntado si había tomado parte en un gran robo de caudales entre Bilbao y San Sebastián junto a un hombre llamado Perico el Gordo, que estaba preso en la cárcel donostiarra.

 

Como hemos dicho, nada se pudo probar y los acusados fueron absueltos. Cada uno de ellos siguió con su vida, Alejandro de Alcain y Zubiaurre establecidos en Baranbio, Ignacio seguramente continuó viviendo en Gipuzkoa, Joaquín se casó en 1783 con una hermana de Zubiaurre en Zizurkil, donde murió en 1810. Los años pasaron y durante aproximadamente otro siglo muchos guipuzcoanos continuaron viniendo a Orozko, Laudio, Altube y el Alto Nervión en general, por una temporada o para toda la vida, a trabajar en el monte y en las ferrerías. Continuó habiendo ocasionales robos, algunos se esclarecían y otros no; algunos no dejaron de fundir en el juego y la taberna lo ganado con tanto esfuerzo o simplemente lo robado a algún arriero o caminante; y el común de los hombres y mujeres de esta tierra continuaron tratando de salir adelante en un mundo, el rural, en el que no ha lugar a idealizaciones.

 

 

FUENTE:Real Chancillería de Valladolid, Registro de Ejecutorias, Caja 3480, 11

UNA DESCRIPCIÓN URBANÍSTICA DEL AMURRIO DE 1884

 

 

(Publicado en el nº 49 de la revista Aztarna)

 

Amurrio no pasó directamente de ser un pueblo de caseríos a una localidad industrial con modernos bloques de viviendas: experimentó una fase intermedia de crecimiento urbanístico entre finales del siglo XIX y la Guerra Civil, periodo en el que se construyeron muchas casas, no pocas de las cuales desaparecieron en la segunda mitad del XX.

Las políticas urbanísticas de las últimas décadas han sacrificado muchos edificios antiguos y no tan antiguos, de modo que poco queda del viejo Amurrio. En todo caso, es interesante reconstruir la historia del hábitat de Amurrio no solo por mero conocimiento histórico sino también para valorar las posibilidades de recuperar y, en su caso, proteger aquellos elementos (tanto edificios como topónimos, etc.) que han quedado ocultos u olvidados. En este sentido, este artículo se plantea como el punto de inicio de un trabajo más amplio que está por realizar y no como un ejercicio autónomo que alcance unas conclusiones.

Para esta descripción nos valemos de la información contenida en la Relación de Fincas Urbanas del año 1884 para el municipio de Amurrio, disponible en el Archivo del Territorio Histórico de Álava.

 

Un elemento determinante a la hora de configurar el urbanismo de la localidad ha sido el Camino Real de Bilbao a Pancorbo. La ruta venía siendo transitada desde el medievo, pero el Camino como tal no fue construido hasta mucho tiempo después, entre 1765 y 1772. En 1884 la “Carretera de Vizcaya” entraba en Amurrio procedente de Saratxo por el barrio de Aldaiturriaga, popularmente nombrado como Alturriaga desde tiempo atrás. En todo caso, el caserío más meridional de Amurrio quedaba alejado de la carretera, al oeste de la misma, en el barrio Mendiguren, donde había otro caserío en jurisdicción de Saratxo. Y no lejos de aquel, en paraje solitario, estaba la Venta de los Trigueros.

El barrio Aldaiturriaga propiamente dicho comenzaba en el lugar en que la carretera inicia un tramo de bajada, donde existía un grupo edificatorio que albergaba dos viviendas aunque parece que en realidad eran tres. La señalada con el número 49 tenía el camino al norte y la nº 48 aparece vinculada a dos casas: una era propiedad de Pascual Villacián García y la otra de Antonio Aldama Respaldiza. Posiblemente, se trataba de dos partes de una misma casa, que en 1590 habría sido propiedad de Juan Ugarte de Aldaiturriaga.

Un poco más abajo, a la izquierda de la carretera, se encontraba el caserío de José Maria Zulueta Urquijo, vecino de Saratxo, mientras que a la derecha, a su misma altura, estaba la casa de Paulino Arana Aguirre, procurador y destacado carlista. Unos metros más al norte de esta casa, un camino cruzaba la vía férrea para llegar a una casa propiedad de Dionisio Arberas Aguirre. Unos cientos de metros más al este, se encontraba la casa y molino de Rotabarria, de la cual era usufructuario Manuel Figuerola como marido de Luciana Landa, hija de Ramón Landa, a cuya destacada familia perteneció. Este lugar estaba entonces completamente alejado de cualquier tipo de vivienda: las casas más próximas eran las de Ignacio Landazuri y el molino Querejeta.

Las últimas casas de Aldaiturriaga se encontraban justo antes de la siguiente bajada de la carretera. La nº 42 estaba habitada en 1876 por Saturna Murga, viuda de Juan Antonio Ugarte Yarritu, cuyos ancestros fueron propietarios de un caserío conocido como “El Carrascal”, que posiblemente fue la casa solar de los Aldaiturriaga desde el siglo XVI. En la relación de propietarios de 1884 no aparece y desconocemos su localización exacta: probablemente desapareció entonces. Hay que decir también que por esta zona estuvo el caserío Beotegi; quizá fue el nombre original de alguna de las casas mencionadas. Por último, la casa nº 41 había sido construida en 1851 por el peón caminero Bernardino Aspichueta Zulueta y estaba a la derecha de la carretera, antes del cambio de rasante.

Además, existían tres casas que figuraban también como parte de Aldaiturriaga, pero que originalmente lo eran del barrio Mendijur. La primera era de Higinio Mardones, vecino de Cárcamo, y tenía el camino al norte. Más arriba, se encontraba la casa que en 1876 estaba habitada por Felipe Zulueta Zarate y que en 1894 era propiedad de Santiago Llandera Barrenengoa. Junto a ésta, se encontraba la casería propiedad de Sebastián Ugarte Amezaga, cuyos orígenes se remontan, al menos, hasta los primeros años del XVII. Es el caserío conocido como “Bonaparte”.

 

El barrio Aldai estaba integrado por 6 casas que se distribuían a uno y otro lado de la carretera, y que posiblemente eran la mayoría de reciente construcción. Siguiendo nuestro itinerario, se alcanzaba una casa situada entre la carretera y el ferrocarril, propiedad de Torcuato Ugarte Amezaga. Al otro lado de la carretera, estaba la casa que José Irazazabal Otaola, soltero, había heredado de sus padres. Más adelante, a mano derecha, estaba la casa de Genaro Jauregui Landaluze, cuyos abuelos la habían donado a su padre en 1848. Culminado el alto de la carretera, la casa nº 30 estaba a la izquierda de la carretera y era de Lázaro Aspizua Beraza, y al otro lado de la carretera estaba la de Fermín Galíndez. Finalmente, la última casa del barrio estaba a la izquierda de la carretera y era propiedad de José Maria Lezameta Echevarria, vecino de Urduña/Orduña; luego fue de Juan Llano. En 1884 era la única casa que existía en la recta que actualmente lleva de Aldai a la gasolinera.

En los padrones y en la documentación de la época, Landako abarcaba todo el área comprendida entre el final de la calle Aldai y el mesón de Armuru, y desde la vía del tren hasta el arroyo de Lexarraga. Sin embargo, en su origen el barrio de Landa (la denominación Landako es posterior) correspondía a una zona más reducida: seguramente, la comprendida entre la actual gasolinera, el crucero y la zona al sur de San Antón de Armuru.

En todo caso, en 1884 la numeración de los edificios de la zona no es muy precisa, ya que hay varias casas sin número. Es lo que ocurre en el extremo sur del barrio. Al oeste de la carretera estaba la casa nº 27, propiedad de Fermín Galíndez Ibarra; su suegro Matías Ribero Angulo tenía también una casa en el lugar, quizá unida a la anterior o, en todo caso, muy próxima a ella. Cerca quedaba la casa de los Lezama, que tampoco aparece numerada y era propiedad de Agustín y Luis Lezama Urquijo.

Por su parte, Lina Yarritu Urrutia era la propietaria del nº 25, que lindaba al sur y el este con camino. Según información de 1894, estaba entre la de los Lezama y la casa de Manuel Santa Maria, que en 1884 figura sin número y situada al norte de la carretera. Realmente, no sabemos muy bien dónde estaban situadas estas casas: quizá en la actual Avenida Ayala. Además, Lina habitaba la casa de Menditu, documentada ya en el siglo XVI y que lindaba al norte con arroyo y al oeste con camino. Desconocemos su ubicación exacta pero debía estar al norte de la carretera de Álava.

Entre la casona de los Lezama y el pueblo de Etxegoien, las únicas casas que existían en 1884 eran las dos de Aresketa. Bastante alejado estaba también el caserío Saraube, próximo al alto del mismo nombre.

Retornando al lugar donde hoy se encuentra la ya abandonada gasolinera, en el lado derecho el primer edificio era la Casona, propiedad de José Gabriel Pinedo y su mujer Teresa Sopelana, quien la había heredado de su padre Prudencio, un destacado general carlista que la construyó a mediados de siglo. Algo más al norte se encontraba la casa de Gabino Guerra Uriarte, al sur de la “carretera de Álava”, acondicionada apenas unas décadas antes. Un poco más al este estaba la actual Casa de Cultura, que era Cárcel del Partido.

Nos situamos en el Crucero. En el extremo suroeste del mismo, estaba la casa de José Llandera Jauregui, que poco después edificó otra casa en su parte trasera. Al otro lado de la carretera de Balmaseda, estaba el palacio de Oxirando dividido en dos viviendas propiedad respectivamente de Eugenia Zulueta, madre de Juan de Urrutia, y su cuñada Teresa Urrutia. Al norte de ésta, aparecía la casa de Juliana Irazazabal Otaola, que tenía un arroyo al este. Parece corresponder al lugar donde luego estuvo el chalet de Juan de Urrutia. La zona al norte de esta casa, entre el actual ayuntamiento y “el paseo”, también es un poco confusa en la documentación. La casa nº 19 era de Inés Landaluze y lindaba al norte con camino y con la huerta al oeste. Al sur lindaba con Isidora Olarieta, aunque su casa no figura en la relación de 1884; en 1894 lindaba al norte con medianería de otra casa, al sur con Amalia Osaba y al este con Ricardo Zorrilla. La casa de Amalia ya existía en 1884: posiblemente se corresponde con la que fue de los Lezama posteriormente, en el paseo. La mencionada de Zorrilla estaba adosada a ella, hacia el norte, aunque quizá fue construida entre 1884 y 1894.  Próximo estaba el caserío Iturralde, señaladao con el nº 18 y propiedad de Pía Ana Landaburu Respaldiza, viuda de José Maria Aldama.

Regresando al Crucero, en su esquina noreste se encontraban las casas nº 13 y 14, propiedad de Maria Landaburu Respaldiza. Mas al norte y en línea con la carretera estaban dos casas de Marcos Isasi Isasi, residente en Kruzialde, que construyó una tercera casa antes de 1894. A la espalda de éstas y separándolas de la ermita de San Antón, quedaba un edificio mucho más vetusto: el Hospital. Al norte, frente al actual ayuntamiento, se encontraban dos casas unidas que eran propiedad de un hijo y una hija del abogado Domingo Manuel Angulo.

Continuando con las casas situadas a la derecha de la carretera, después de las anteriores estaba una de Pablo Aldama Gabiña y después dos casas unidas propiedad de Pedro Zulueta Echaniz; estaban frente al Mesón de Armuru, que al parecer no figura en esta relación de propiedad rústicas. Finalmente, Pablo Aldama, vecino de Etxegoien, tenía la casa nº 2, con arroyo al norte, que parece corresponder a la casa conocida como “Torrejón”. La nº 1 era propiedad del pueblo y en ella habitaban los maestros.

La ermita de San Antón era entonces uno de los puntos neurálgicos de la localidad. Allí tenía una casa Eleuteria Arana Aguirre, viuda de Manuel Revuelta, que lindaba con la carretera al sur y con campo común al oeste. En frente, al otro lado de la carretera, había una casa que habitaba Agustín Pérez Lafuente y era de Margarita Artubald.

Junto a esta casa, arrancaba la que sería Calle de la Estación, de reciente creación, ya que el ferrocarril llevaba apenas dos décadas establecido. En el punto en que arrancaba la calle, al oeste de la misma, tenía una casa Valentín Aldama Zulueta, natural del barrio Aldama y uno de los grandes propietarios del pueblo. En ella vivió su hijo Dionisio Aldama Aldama, cuyo nombre se puso a la calle. En los siguientes años, edificó otra casa al sur de ésta.

En esta calle, más al sur, había una casa propiedad del procurador Fidel Agüero Bolloqui. Después, estaba la de Antonio Garaigorta González de la Mata, vecino de Bilbao, que luego fue de Floro Oribe. Y, finalmente, nos encontramos con la casa de los Aguinaco, en la que vivió uno de los caudillos carlistas de la comarca en la última carlistada (1872-1876). Suponemos que todas estas fueron construidas a partir de la llegada del ferrocarril en 1863.

El otro gran núcleo de Amurrio era el barrio Elexondo, que, en la documentación de finales del siglo XIX, abarcaba desde el mesón de Armuru hasta Intxaurdui. En 1884, frente a la iglesia y en el lado izquierdo de la carretera de Bizkaia, estaba la casa de Nicolás Ibáñez Arriba, tratante natural de Ixona, a la cual poco después se adosó la casa que sería de los Altonaga. Más adelante, estaba la casa de Antonio Aldama Gabiña, a la que posteriormente también se adosó otra vivienda en su parte sur. La casa señalada con el nº 3 pertenecía a Concepción Anchia, viuda de José Ramón Echeguren, destacados propietarios de la localidad. Parece corresponder con la conocida como “Casablanca”, a la que en tiempos de su hija Antonia Echeguren se añadió otra casa a su lado.

Además, existía otra casa que era de Joaquín Landaluze Respaldiza; según la descripción de sus lindes, estaba adosada al templo. En frente de ésta, al sur, estaba la casa de los Olamendi. El nº 6 no figura en la relación de 1884 pero sí diez años después, cuando era de Juan Manuel Urquijo, vecino de Madrid. Fue habitada por Ciriaco Molinuevo posteriormente. Un poco más al norte de ésta encontramos la casa cural, conocida como “casa de Ochanda”. Las dos siguientes casas estaban próximas una a la otra, cerca del ferrocarril y al norte de la carretera. La más vieja era de Concepción Anchia y la otra, posiblemente bastante reciente, era de Dámaso Landazuri Arberas, cuya viuda compró la otra casa.

La zona situada al norte del templo parroquial resulta dificil de describir a partir de la documentación consultada. Al parecer, no existían las casas de la parte baja de la que fue “calle Álava”. La señalada con el nº 10 pertenecía al chocolatero Manuel Elola Barañano y lindaba al norte con camino, al oeste con entrada y al este con Valentín Aldama. Al hijo de éste, Juan Vicente Aldama Aguirre, pertenecían las casas nº 11 (pegada o próxima a la anterior por el oeste) y la nº 12 (con la carretera al oeste). Es decir, las casas de Aldama y Elola parecen corresponder con el conjunto edificatorio en el que estuvo el bar El Bolinchi.

Al otro lado de la carretera, y junto al camino que entonces salía hacia Mendiko, estaba la casa de Carlos Ugarte Olartegochia. Más al oeste, estaba el palacio Cejudo o, más propiamente dicho, Urrutia, que era propiedad de Pedro Eraña, de Salamanca. Al norte de éste debía estar la casa nº 16, de Juan Antonio Sarachaga Uliarte, que tenía el camino al norte, el antuzano al este, la era al oeste y la huerta al sur.

Detrás de la casa de Aldama y Elola, junto a la carretera, encontramos la casa de Casimira Urruticoechea, que posteriormente fue de Santiago Landaluze Orue. Tenía el nº 19 y no aparecen los números 20 y 21. Sí sabemos que la nº 22 pertenecía a Francisca Bárcena, vecina de Madrid, y estaba más al norte de la anterior: luego fue de los Uribe. Al otro lado de la carretera, en la zona del actual juzgado, estaba la casa de Lázaro Maria Pinedo.

El área comprendida entre este mencionado punto hasta finalizado el repecho que lleva a Landaburu, en la margen izquierda de la carretera, era conocido como “Inchordio” (Intxaurdui). En 1884 son dos las casas que figuran con este nombre: la nº 25 pertenecía a Martiniano Tercilla Chávarri y fue convertida luego en Villa Gregoria; la nº 29 era de Dámaso Landazuri Arberas y estaba en lo alto de la cuesta. Por el contrario, la nº 27 estaba al otro lado de la carretera y ligeramente más al norte; era de Agustina Esnarriaga, y en ella vivió luego su yerno Lucas Rey. Parece ser que esta casa se incluía ya dentro del barrio Landaburu.

Retrocedemos ahora a la iglesia parroquial y el lugar que entonces era considerado como la “plaza” del pueblo, es decir, el espacio comprendido entre el palacio Urrutia y la iglesia. Más arriba estaban las casas del barrio Larrinaga, que estaban situadas en el primer tramo de la actual calle Mendiko. En 1884 eran 4 viviendas: las tres primeras eran de Felipa Antoñano Arriaga, natural de Astobiza; tuvieron otros propietarios en años siguientes, hasta que las adquirió el Marqués de Urquijo. Por su parte, el nº 4 era de Concepción Anchia y luego de su hija Antonia Echeguren.

Más adelante comenzaba el barrio Mendiko, que parece haber abarcado el área al norte de Larrinaga y al noroeste del palacio Urrutia. Sabemos que en tiempos pasados algunos de sus caseríos recibieron nombres como Matxialper, Padura o Errementeria, pero no conseguimos identificar, por el momento, ninguna de las casas documentadas en 1884 con los datos históricos que tenemos de los caseríos de este barrio.

La casa señalada con el nº 5 era propiedad de Hilario Aldama Gabiña y lindaba al norte con camino, este con entrada, al oeste con Valentín Aldama y con heredad al sur. Posiblemente, estaba situada a la izquierda del camino a Mendiko una vez pasado el palacio Urrutia. Por su parte, los números 6, 7 y 8 estaban al otro lado de la carretera y pertenecían a José Isasi Yarza.

La señalada con el nº 9 era propiedad de Lorenzo Isasi Leal de Ibarra y lindaba al este con camino. Luego fue de su hijo Matías Isasi Beraza y probablemente estaba al norte del barrio Larrinaga. El nº 10, que no aparece en 1884, es posible que correspondiera con una casa de Manuel Picaza Udaeta, vecino de Bilbao. La siguiente casa era la nº 11, propiedad de Simón Retola Landazuri, que luego fue de su hija Dolores, casada con el farmacéutico Juan Antonio Landazuri, y sobre la que edificaron su chalet. No aparece tampoco la nº 12 (posiblemente correspondía a dos casas de Lázaro Aspizua que figuran sin numerar) pero sí la nº 13, que era de Florencio Guaresti Llano, natural de Izoria, y tenía el camino al oeste. La nº 14 era de Antonio Gabiña, vecino de Sigüenza, y tenía la salida al este. Por último, el nº 15 correspondía a una casa pequeña de José Isasi.

Según parece, el barrio Saratxaga se correspondía con la zona superior del camino a Olabezar y estaba compuesto por dos casas. Una era de Manuel Sarachaga, descendiente por vía directa de los propietarios de esta casa en el siglo XVI, aunque diez años después ya era de Fermina Angulo Goñi. La otra pertenecía a Francisco Aldama Sarachaga. El último caserío en esta zona era el llamado “El Alto”, con el nº 18, próximo al actual cementerio y propiedad entonces de José Landaluze Respaldiza.

Desde las inmediaciones de Saratxaga, un camino llevaba a Landaburu por el mismo lugar por el que hoy baja la carretera desde Goikolarra. En este camino, al sur del mismo, estaba el caserío señalado con el nº 28, propio de Joaquín Landaluze Respaldiza. Al sureste de este caserío, y encima del camino real, estaba el caserío Arenalde. Por su parte, Juan Rubenach, como marido de Adelaida Lezama Urquijo, tenía una casa entre Arenalde y Alkinar, a la izquierda de la carretera.

El nº 30 era de Pedro Zorrilla Montalbo y tenía la carretera al oeste, mientras que el nº 31º era de Antonio Aldama Gabiña y estaba en el mismo lado, aunque, según parece, más al sur que las anteriores. ¿Quizá el que había sido conocido como Cerrajería?

Frente a la casa de Rubenach, al otro lado de la carretera, había tres casas que estaban juntas y eran propiedad de Juliana Barrenengoa. Su segundo marido fue Juan Ugarte Orue, que habitaba la casa nº 34 en 1876 y cuyos padres fueron propietarios del caserío Etxabe, que bien podría ser el mismo.

Aunque con el tiempo los padrones de la localidad designaron con el nombre de La Calle a toda la zona al norte de Elexondo, en esta época aún mantenía sus límites originales, desde Zabaleko al norte. La parte baja del barrio, las casas en torno a la carretera, formaban parte del barrio Arretxondo o Aretxondo.

La primera casa estaba a la derecha del camino real y era propiedad de Toribio Olarieta Jauregui. Más adelante, estaba la casa nº 50, propiedad de Francisco Javier Zulueta, residente en México, y frente a la misma, al otro lado de la carretera, se encontraban dos casas unidas o, al menos, muy próximas. La primera de ellas, posiblemente con el nº 51, era propiedad del pueblo de Respaldiza. La segunda, situada al norte, era de Fermín Galíndez.

Los cuatro siguientes números no aparecen, aunque la nº 54 estaba habitada en 1876 por Pío Echeguren Aldama, cuyos antepasados constan en este barrio desde varias generaciones atrás. También entre éstas se incluiría el caserío Zabaleko, que era de Juan Rubenach. Al norte de éste comenzaba el barrio La Calle con la casa de Petra Arostegui, viuda de Juan Olabarrieta Aldama. Los nº 58 y 59 eran propiedad de Manuel Sasiain Landazuri y estaban más al norte pero al otro lado del camino.

Finalmente, el barrio Arretxondo abarcaba otras dos casas: una al este de la carretera y propiedad de Anacleto Pinedo, y la nº 60, de Pedro Landaluze Garbiras..

Continuando por el Camino Real hacia el norte entramos en el barrio Sagarribai. Primero, estaba la casa posteriormente conocida como “de Goya”, que la usufructuaba Figuerola. Éste también era propietario de la casa nº 62, mientras que la nº 63 era de los hermanos Francisco y Patricio Yarritu, afincados en Abanto, que posiblemente fueron después dueños de dos de las tres casas que están actualmente a la izquierda de la carretera. La restante pudo ser de Juan Garaigorta, que de hecho habitaba el nº 63 en 1876. Al otro lado del río y las vías del tren, se situaba el caserío Zamora y otra casa que albergaba dos viviendas propiedad respectivamente de Emilio Larrinaga y Agapito Gallaistegui.

Siguiendo la carretera, más al norte existían cinco caseríos a mano izquierda y, finalmente, otros dos a mano derecha. El primero de todos era el de Saerin, seguido del caserío antiguamente conocido como Agirre, ambos propiedad de Marcelo Gorostizaga.

Las tres casas siguientes formaban parte del barrio Urieta y, con los números 77, 78 y 79, eran propiedad del sacerdote Dionisio Díaz de Olarte Asteguieta. Finalmente, estaban las dos casas de Argatxa, al otro lado de la carretera.

Pasamos al otro lado del río Nervión y emprendemos el regreso hacia el sur. El caserío más próximo a Argatxa era San Pablo, propiedad de los herederos de Ascensión Arbide. A su altura, pero más al este, estaba Urietagoikoa. Próximo a la estación del tren que hoy lleva su nombre, estaba el caserío Salbio, de Francisco Aldama Orue. Y, finalmente, más al sur se situaba el caserío Espinal. Desde aquí se podía ascender hasta la ermita de San Roque, en cuyo entorno se disponían dos caseríos, en aquel entonces notablemente aislados respecto a los demás. Junto a la misma ermita, estaba la casa de Gregorio Olartegochia Abechuco, que luego compró Aspiunza. Más abajo, la casa nº 40 era propiedad de Vicente Badiola Ugarte.

No existía por entonces ninguna casa entre el puente de Zabalibar y la de Badiola. Primero, al sur de dicho puente, nos encontramos la antigua ferrería reconvertida en fábrica de harinas. Frente a estas instalaciones, al otro de la carretera, existían dos casas muy próximas que pertenecían a Simón Olabarria y Gregorio Manzarbeitia, ésta al oeste de la anterior. Manzarbeitia era yerno de Santiago Isasi, que había comprado la casa principal, ferrería y molino de Zabalibar.

En el camino que salía de la carretera en Arretxondo en dirección a Zabalibar, un poco más al sur de las anteriores, estaba el caserío de Josefa Yarritu, viuda de José Olarieta, conocido como Mamitu. Más abajo quedaba otro caserío que usufructuaba Figuerola, luego comprado por Fermín Olibares. El siguiente correspondía a Manuel Sasiain.

El barrio se completaba con tres caseríos muy próximos uno del otro, más al sur. El primero de ellos era propiedad de Catalina Olarieta, vecina de Jugo; el segundo de Concepción Anchia; y el más meridional del barrio pertenecía a Dionisio Arberas Aguirre, siendo habitado por los Galíndez durante generaciones. No lejos de éste estaba la casa de Olako, también propia de Dionisio.

La zona de Zabalibar y Olako quedó separada del resto de la localidad por el ferrocarril, y estaba también separada de Orue y Abiaga por el río Nervión. Por aquel entonces, entre Olako y el molino de Rotabarria, apenas existían un par de casas en todo lo que hoy es una de las principales zonas de habitación de Amurrio. Entonces no habría más que campos. Solo documentamos dos casas junto a la carretera de Álava, en su lado sur. Una de ellas, de muy reciente creación, era de Ignacio Landazuri Arberas, de Pardio, la que fue conocida posteriormente como “del Patrón” y desempeñó las labores de fonda. En dirección a Ugarte, hacia la mitad del camino, estaba la casa de Ángel Galíndez, vecino de Madrid, aunque es posible que en realidad se construyera entre 1884 y 1894. Finalmente, un poco antes del puente de Arzubiaga, que daba entrada al puente de Ugarte, se encontraba al norte de la carretera una casa propiedad de Andrés Lejarza Viguri, que luego fue de su sobrino Juan Viguri Molinuevo.

A la derecha del puente, se encontraba el caserío Zubialde, que había sido del primer alcalde del Ayuntamiento de Amurrio, Matías Landaburu, y en 1884 era de su hija. El siguiente en listarse era el caserío “Campillo”, de Josefa Ugarte, viuda de Lafuente. Por su parte, el nº 3 correspondía con el molino Querejeta, que era propiedad de Lucio Guinea Baranda; el nº 4 era de Antonio Arberas Riofrancos y el nº 5 de Luis Jauregui Ugarte. La siguiente casa probablemente se encontraba en Bideko y era propiedad de Lorenzo Anda Landazuri; en el mismo lugar se situaría una casa llamada “Ugarte Arriba”, propiedad de Victoriano Montoya. Finalmente, la nº 8 era de Ramón Gabiña Aspichueta, tenía el camino al este y fue propiedad de los Acha años después.

El listado de 1884 pasa a los nº 9 y 10, que correspondían a las dos viviendas que albergaba la Casa de Ugarte, propiedad de Fidela Olaeta Salazar, vecina de Gernika, descendiente de los antiguos propietarios del mayorazgo de Ugarte, fundado en 1606, que quedó adscrito al de Astobiza. La nº 11 era de Vicente Urrutia Mugaburu y a continuación se listaban las casas de Valentín Aldama Zulueta y la de la viuda de Manuel Angulo, que lindaba norte y oeste con camino.

Llegamos así a la zona del barrio Uskategi encontrándonos primero el caserío llamado Manzarraga o Lorenzico. Por su parte, el caserío Tontorra era de Ramón Gabiña Aspichueta. Después, aparece el caserío que había sido de los padres de Josefa Ugarte Abechuco, viuda de Francisco Lafuente; y después los dos caseríos de Uskategi: el de José Yarritu Olarte y el que administraba el sacerdote Ramón Aspizua como curador de la menor Isidora Olarieta San Miguel.

No lejos de aquí quedaba el barrio Isasiko. En la parte baja de este barrio, estaban los caseríos Mingotxu y Andaiko (que figura como Andiko); más arriba se encontraba Orortegi, que adoptó este nombre por haber pertenecido durante un par de generaciones a los de este apellido, y que entonces era de Pedro Molinuevo. El caserío Basarrate era de Gabriel Urrutia, cuya familia había emigrado a la Margen Izquierda; más arriba estaban los dos caseríos de Larra. También en Pardío había dos caseríos, propiedad de Ignacio Landazuri y Juan Viguri, mientras que Mariaka pertenecía a Valentín Aldama.

Por su parte, el barrio Aldama continuaba teniendo sus seis caseríos históricos: Andiko Abajo, propiedad de Valentín Aldama; Andiko Arriba, de Fermín Olivares; Olarieta, de José Aldama Yarritu; Etxabarriko, de José Yarritu; y Berganzena y Juandorena, ambos de Lorenzo Isasi Leal de Ibarra, el primero por compra.

Pasando a la otra vertiente, de cara a Baranbio, bajamos hacia el barrio de Onsoño, en cuya parte alta estaba el caserío Goiko, de Miguel Landaluze; más abajo estaban, seguidas, las casas de Mariano Berganza, la de Katuja (llamada así por pertenecer al mismo propietario que el Palacio de Catuja de Laudio/Llodio), y la de Casimira Aldama Cuadra, con el caserío de Marcelino Aldama Yarritu enfrente, el cual fue conocido tiempo atrás como “Mariaka”, por el apellido de uno de sus primitivos propietarios. Todos estos caseríos se conservan pero no ocurre lo mismo con otros que estuvieron más abajo del anterior. Primero estaba Etxezuri, que en 1884 era de los hermanos Sautua Larrazabal, junto al cual hubo otro caserío ya por entonces desaparecido. Justo después, estaba la casa de Fernando Berganza Aspiunza. Ambas desaparecieron en la segunda/tercera década del siglo XX. Frente a estas, al otro lado de la carretera, estaba la casa de Gregorio Olamendi, que en el pasado recibió el nombre de Muñezkan, por el apellido de uno de sus propietarios. Separadas del resto del barrio, a menor altitud, alcanzamos los caseríos Barrenengoa y, después, Kruzialde, que era de Marcos Isasi Isasi.

Finalmente, en el barrio Berganzabeitia existían unas cuantas casas en jurisdicción de Amurrio. La más meridional era la de Okeluri, no lejos de la cual se encontraba el caserío “Esteban”, ambas propiedad de Juan Francisco Tipular. Luego estaba el caserío Zapatería, que era de Tomás Aldama Echevarria; cerca de ésta había otra casa que era de Fermín Iñiguez de Onsoño, vecino en este mismo barrio pero en jurisdicción de Lezama, y otra de Antonio Echevarria. Por último, la casa de Eligorta era también de Tomás Aldama.

Otro largo trayecto por el monte nos llevaría hasta el barrio Orue para recorrer la ribera oriental del Nervión. En este barrio, la casa señalada con el nº 39 era propiedad de José Berganza Garbiras y parece compartir número con otra de Sebastián Yarritu, por lo que quizá era una casa dividida entre los dos. La nº 38 era de Manuel Sasiain Landazuri, junto al camino que llevaba a Mariaka. El nº 36 era de Francisca Arbide, viuda de José Garbiras, cuyos ancestros habían vivido en el barrio desde muchas generaciones atrás. Esta casa la compró poco después Juan Viguri y construyó otra unos años después, al otro lado del camino. Con el nº 35 aparece el caserío Oribai, de Sebastián Yarritu.

Al sur de éste, entramos en el barrio Abiaga, cuya distribución del caserío aparenta ser la misma que tenía ya en el siglo XVI. La casa más septentrional del barrio era la casa nativa de los Aspiunza, propiedad en aquel momento de Rafaela Urrutia. A continuación, la nº 33, al oeste del camino, era de Nicolasa Olarieta Echeguren, y la siguiente, al este del camino en el sentido de nuestra marcha, de Francisco Aldama Sarachaga.

A partir de aquí, las siguientes casas estaban todas al oeste del camino. Con el nº 31 figura la casa de Ciriaco Ojembarrena Aldama, descendiente directo de Martín Latatu de Abiaga, que era su propietario en 1590. El nº 30 era de Teresa Urrutia Mendivil y seguramente era la casa llamada Gotxi, a cuyos propietarios se hizo concurso de bienes en 1845. Cerca de ésta, el nº 29 correspondía al caserío conocido como Sautuko, por haber pertenecido desde el siglo XVI a la familia Sautu. Era entonces de Francisca Berganza Ugarte.

Al otro lado del camino, y un poco más adelante, estaba el nº 28, propiedad de Manuel Abechuco Urrutia, cuyos antepasados habían vivido allí por generaciones. Un poco más al oeste estaba el nº 27, de Antonio Yarritu Cuevas, y a veces incluido en el barrio Bañueta. A este barrio pertenecían, sin duda, las dos siguientes casas. La nº 26 estaba muy próxima a la anterior, en la curva de la carretera que accede a las piscinas y junto al arroyo que transcurre por allí. Era entonces propiedad de Juan Antonio Sarachaga, que poseía también el molino de Bañueta, nº 25, como heredero directo de los Guinea, sus propietarios a principios del siglo XVI.

Finalizado el recorrido, observamos que algunas casas se conservan y otras no, siendo muchas de ellas difíciles de identificar y localizar. Solo un trabajo específico de archivo puede reconstruir la historia de todos los edificios históricos de Amurrio, tanto los que se conservan como los que no, para evaluar correctamente el patrimonio material e inmaterial de la localidad y conocer con mucha mayor exactitud su historia.

Los carreteros castellanoparlantes de Amurrio

14 de noviembre de 1828

 

 

Anochecía. Domingo de Bernaola quería llegar cuanto antes a Arrigorriaga, a la ferrería de Agirre, en compañía del maestro barquinero que su tío Juan Manuel le había mandado buscar en Laudio/Llodio. A lomos de su caballo, no podía apretar demasiado el paso, ya que el maestro que había contratado caminaba a pie, pero tampoco era cuestión de perder el tiempo detrás de los 7 carreteros que, llegando a la ferrería de Gastaka en Arrankudiaga, trajinaban con sus carros cargados de trigo en dirección a Bilbao ocupando prácticamente todo el ancho de la calzada. Por alguna razón que no se expresa, supo que eran de Amurrio. Les pidió permiso para pasar y adelantarles.

Según declaración de un testigo llamado José de Urresti, los cuatro primeros carreteros le dejaron pasar pero el caballo de Bernaola derribó al quinto, un hombre al que sus compañeros se dirigieron, una y otra vez, como “Godoy”. Al parecer ocurrió sin intención alguna y Domingo le dijo que si había hecho algún daño lo pagaría al momento, pero la respuesta de los de Amurrio no se hizo esperar: arremetieron contra Bernaola palo en mano mientras el tal Godoy gritaba “a ese, seguirle a ese” y le dedicaba epítetos tales como arlotaro, pícaro bribón y otros. Ya delante de la casa de Gastaka, le dieron alcance, asieron la cabalgadura y lo desmontaron a garrotazo limpio hasta que fue socorrido por el dicho Urresti y otros vecinos como Mateo de Amechazurra.

Éste preguntó la razón de darle semejante trato a Bernaola y Godoy replicó “no vea Vmd [Vuestra Merced] como me ha maltratado a mi, mire V[sted] la herida que tengo” pero en opinión de Amechazurra no tenía nada de nada y así se lo hizo saber. Aún y todo, siguió arengando a sus compañeros para que mataran al hombre, de modo que lo derribaron del caballo de nuevo. Solo cuando Amechazurra amenazó con avisar a las justicias cesaron la paliza y cada uno siguió su camino, algunos mejor que otro. Bernaola hubo de ser examinado por el médico al llegar a la ferrería, donde tenía su habitación, pero sus heridas no son objeto de atención preferente en este relato.

Los carreteros continuaron hasta la casa de Ubilla en Ugao-Miraballes, donde cenaron tanto ellos como sus animales de tiro hasta que retomaron el camino a Bilbao hacia las 2 o las 3 de la mañana. Los carreteros de Amurrio tenían costumbre de parar en el mesón de Mathias de Zalbidegoitia en Atxuri y al parecer también pasaron por allí en aquella ocasión, aunque debieron tomar el camino de vuelta sin mayor dilación, ya que esa misma noche hicieron parada y fonda en el mismo mesón de Ugao-Miraballes aproximadamente por idénticas horas que la noche anterior.

El dato más interesante de esta historia es de naturaleza lingüística y no demasiado habitual, como todo dato que haga referencia al idioma hablado, al menos en lo que respecta a nuestra comarca. Denunciada la agresión por Bernaola, las justicias se desplazaron a la casa de Ubilla para ver qué sabían allí del caso, por si los carreteros de Amurrio habían hecho alguna mención del suceso en las dos ocasiones en las que se habían detenido allí. Fue en vano. Y es que los hombres que los atendieron, José Andrés y José de Basauri, respondieron que nada podían decir, porque los susodichos hablaban en castellano, idioma que el primero no “poseía” y el segundo “muy poco”.

Antes de pasar a examinar el dato lingüístico, merece la pena señalar que José de Basauri sí que declaró, en todo caso, que el tal Godoy se llamaba en realidad Fernando de Aguirre y era propietario y vecino de Amurrio “yendo del camino a Orduña a la izquierda junto o tras de una torre vieja”, en referencia a la de Mendixur, ya en las últimas. Cuando fueron a detenerla a dicha casa, no estaba en ella y de hecho no se entregó hasta finales de enero de 1829 en Bilbao. Godoy argumentó que iban dejando espacio suficiente en la calzada y que Bernaola llegó galopando y sin moderar el paso, de modo que lo arrolló y arrojó a tierra con gran peligro de haber perdido la vida entre los carros, y es por eso que sus compañeros trataron de detenerle ignorando el qué resultó de todo aquello. No se le dio demasiada verosimilitud a su testimonio. No sabemos en qué acabó todo ello pero lo cierto es que tampoco sabemos, al menos de momento, lo que fue de Fernando, ya que no hemos hallado su partida de defunción.

Fernando de Aguirre Sautu había nacido en Amurrio en 1771, por lo que tenía ya 57 años. Su padre era natural del mismo lugar, también se llamó Fernando y posiblemente vivió en la misma casa que heredó su hijo, la cual reconstruyó hacia 1763 tras un incendio. Su madre era natural de Larrinbe, del barrio Mendibil. Estaba casado con Maria Josepha de Echeguren Zulueta, que era también de Amurrio, concretamente de Zabaleko. Era, por lo tanto, un amurriano prácticamente de pura cepa. Para entonces, año 1828, ya tenía una hija casada en Murga con Juan Francisco de Salazar Landaburu, a quien llamaban “Zentella”. Tuvo, además, una hija casada en Lezama, otra en Laudio/Llodio y a Isidra, que se casó con Manuel de Arberas Landaburu y posteriormente con Valentín de Aldama Zulueta, todos ellos de un cierto poder adquisitivo -dentro de los límites de los labradores propietarios, claro está-. De hecho, Dionisio de Aldama Aldama fue hijo del segundo matrimonio de Valentín tras la muerte de Isidra. En resumen: Fernando de Aguirre “Godoy”, labrador y arriero, era un hombre con “posibles”, bien considerado y situado en el escalafón social del Amurrio de la época.

Es posible también que fuera un poco conflictivo, quizás altivo. Por si fuera poca cosa la furibunda reacción al incidente del caballo, respondió con cierta soberbia a las justicias cuando presentó su defensa en el caso. Además, unos años antes había sido denunciado por desacato por insultar a Félix de Aldama cuando era alcalde, en un pleito que llegó hasta la Chancillería de Valladolid. Es de pensar que recibió su mote de Manuel Godoy, el que fuera célebre y polémico primer ministro de Carlos IV. Quizá fue defensor del mismo, quizá fue un furibundo detractor, lo cual sería más probable que lo primero, quizá recibió su mote por cualquiera de los insospechados motivos por el cual ponemos a una persona un mote que le acompaña toda la vida hasta sustituir su nombre verdadero.

Desgraciadamente, no sabemos quiénes fueron sus 6 acompañantes. De lo que no hay duda es que se comunicaban en castellano, no en euskera. Uno puede hacerse muchas preguntas al respecto: ¿hablaron en castellano para no ser entendidos por los posaderos? No resulta verosímil. ¿Sabían euskera? Y, si era así, ¿por qué no lo hablaban entre ellos?

El problema es nuestro desconocimiento de la identidad de todos los carreteros para determinar el origen y circunstancias de cada uno de ellos. La cronología sobre el momento en que el euskera se dejó de hablar en Amurrio se sustenta en datos aislados, generalidades, pero pocos asideros concretos. Se cree que la Guerra Carlista fue un golpe definitivo pero, siendo lugar de paso y un pueblo en el que se asentaron no pocos individuos procedentes de entornos no euskaldunes, no sería de extrañar que el castellano estuviera ya muy extendido con antelación. En todo caso, creemos que en la Tierra de Ayala el bilingüismo y la convivencia de lenguas fue algo más extendido de lo que creemos y persistente en el tiempo hasta el definitivo retroceso del euskera.

Como a veces ocurre en la actualidad, quizá alguno de nuestros carreteros no sabía euskera y por eso hablaban entre sí en castellano; un idioma que debían conocer aunque eso no resta para que alguno tuviera dificultades para expresarse en el mismo. Sin embargo, el testimonio es claro: el castellano era su vehículo de comunicación. Y lo sería de manera habitual. 

¿Eso excluye el conocimiento del euskera? En absoluto. Fernando, nacido en 1771, muy posiblemente lo sabría. Quizá otros también. De alguna manera debieron comunicarse con unos posaderos que no tenían ni idea de castellano, aunque no deja de ser cierto que debieron ser muchos los castellanoparlantes que, rumbo a Bilbao o de vuelta a Castilla y otros parajes, hicieron parada en dicha casa. Al fin y al cabo, siempre hay una manera de entenderse a la hora de prestar y recibir los servicios básicos.

Para finalizar, volvemos a aquella hija de Fernando que se había casado en Lezama. Se llamaba Josefa y contrajo matrimonio con Antonio de Arana Lezameta, del caserío Sautuko y propietario de varias casas más. En Lezama, según los testimonios históricos, el euskera se perdió más tarde que en Amurrio. Entre otros hijos, tuvieron una llamada Francisca, nacida en 1847. En el padrón de Bilbao de 1920 (sobre el que iremos aportando en el futuro más información para el estudio de la historia del euskera en la comarca), Francisca se declaraba euskaldun, al igual que dos de sus hijos, habidos con un hombre natural de Zuaza, y un sobrino natural de Durango. ¿Era su lengua materna, que había conservado, o la había aprendido en los largos años que estuvo viviendo en Bilbao? Ambas hipótesis son plausibles. Desgraciadamente, poco más es lo que se puede hacer con los testimonios disponibles. Seguir investigando para obtener un cuadro lo más completo posible.

 

 

FUENTE PRINCIPAL:

Archivo Foral de Bizkaia: Judicial, Corregidor, Criminal, JCR0999/001

Presos en el Puerto de Santa Maria

 

 

El Archivo Histórico Provincial de Cádiz ha elaborado una base de datos sobre todos los reclusos que pasaron por la prisión de Puerto de Santa Maria entre 1936 y 1955, es decir, durante la Guerra Civil y la larga posguerra. Muchos de ellos fueron trasladados desde la prisión de Orduña. Y también fueron varios los naturales del Alto Nervión que estuvieron internados en este centro. Son los siguientes:

 

-Cipriano Abasolo Murga, natural de Orduña, internado el 11-8-1938 procedente de El Dueso (Santoña) hasta el 7-9-1740, cuando quedó en libertad

-Lázaro Alava Elejalde, natural de Orduña, internado el 31-7-1938 procedente de El Dueso hasta el 8-5-1941, puesto en libertad condicional

-Luis Arberas Echevarria, natural de Baranbio, internado el 14-6-1939 procedente la privisón provincial de Bilbao hasta 16-1-1943, cuando quedó en libertad

-Francisco Arsuaga Sagarduy, natural de Luiaondo, internado el 21-7-1938 procedente de la prisión provincial de Vitoria-Gasteiz hasta el 26-11-1942, puesto en libertad condicional

-Luis Barañano Barbara, natural de Amurrio, internado el 1-7-1938 procedente de la prisión provincial de Bilbao hasta el 7-7-1940, puesto en libertad

-Benito Echeguren Vallejuelo, natural de Amurrio, internado el 11-8-1938 procedente de El Dueso hasta el 26-7-1941, puesto en libertad condicional provisional con destierro

-Juan Echevarri Echavarria, natural de Llodio, internado el 16-6-1938 procedente de la prisión provincial de Vitoria-Gasteiz hasta el 4-1-1942, puesto en libertad condicional provisional con destierro

-Juan Eguia Orue, natural de Llodio, internado el 6-8-1938 procedente de El Dueso hasta el 12-8-1940, cuando fue puesto en libertad

-Isidoro Elcoro de la Fuente, natural de Orduña, internado el 6-8-1938 procedente de El Dueso hasta el 13-8-1940, puesto en libertad

-Francisco Guaresti Iraurgui, natural de Baranbio, internado el 16-6-1938 procedente de la prisión provincial de Vitoria hasta el 1-6-1941, cuando fue puesto en libertad condicional

-Lorenzo Ibáñez Barrio, natural de Orduña, internado el 6-8-1938 procedente de El Dueso hasta el 8-5-1941, cuando fue puesto en libertad condicional provisional

-Domingo Ibáñez Gorriaran, natural de Llodio, internado el 6-8-1938 procedente  de El Dueso hasta el 20-8-1940, cuando fue puesto en libertad

-Jose Ibarrola Echevarria, natural de Orozko, internado el 6-8-1938 procedente de El Dueso hasta el 13-8-1940, cuando fue puesto en libertad

-Domingo Isusi Goicoechea, natural de Lezama, internado el 6-8-1938 procedente de El Dueso hasta el 2-7-1940, cuando fue puesto en libertad

-Marcelo Landeta Arbide, natural de Orozko, internado el 6-8-1938 procedente de El Dueso hasta el 2-7-1940, cuando fue puesto en libertad

-Gregorio Mendivil Mendivil, natural de Saratxo, internado el 6-8-1938 procedente de El Dueso hasta el 25-8-1941, cuando fue puesto en libertad

-Angel Menoyo Ojembarrena, natural de Maroño, internado el 24-8-1938 procedente de El Dueso hasta el 21-8-1940, cuando fue puesto en libertad

-Bernardo Menoyo Padura, natural de Respaldiza, internado el 18-8-1938 procedente de El Dueso hasta el 14-10-1938, cuando fue trasladado a la prisión de Vitoria

-Rafael Olamendi Bordes, natural de Lezama, internado el 6-8-1938 procedente de El Dueso hasta el 18-8-1940, cuando fue puesto en libertad

-Domingo Olabarria Andicoechea, natural de Orozko, internado el 6-8-1938 procedente de El Dueso hasta el 17-12-1940, cuando fue puesto en libertad

-Bernardo Olazaran Zubieta, natural de Orduña, internado el 6-8-1938 procedente de El Dueso hasta el 9-7-1940, por prisión atenuada en su domicilio

-Aurelio Ortiz Ibarra, natural de Orduña, internado el 6-8-1938 procedente de El Dueso hasta el 13-8-1940, por prisión atenuada en su domicilio

-Juan Oyarzabal Laburu, natural de Zuaza, internado el 11-8-1938 procedente de El Dueso hasta el 19-8-1940, cuando fue puesto en libertad

-Félix Ozaeta Olartecoechea, natural de Orozko, internado el 1-7-1938 procedente de la prisión provincial de Bilbao hasta el 7-7-1940, cuando fue puesto en libertad

-Felix Pagazaurtundua Olabarria, natural de Orozko, internado el 18-8-1938 procedente de El Dueso hasta el 26-8-1940, cuando fue puesto en libertad

-José Picaza Ibarrondo, natural de Baranbio, internado el 2-8-1938 hasta el 8-8-1940, por prisión atenuada en su domicilio

-Felipe Pinedo Larrinaga, natural de Orduña, internado el 18-8-1938 procedente de El Dueso hasta el 16-12-1940, cuando fue puesto en libertad

-Pedro Pinedo Monllort, natural de Amurrio, internado el 11-8-1938 procedente de El Dueso hasta el 17-11-1940, cuando fue puesto en libertad

-Blas Quintana Calzada, natural de Orduña, internado el 29-7-1938 procedente de El Dueso hasta el 1-5-1941, cuando fue puesto en libertad condicional

-Agustín Santamaría Castro, natural de Orduña, internado el 25-4-1939 procedente de la prisión provincial de Bilbao hasta el 1-5-1941, cuando fue puesto en libertad condicional provisional

-Arcadio de la Torre Iglesias, natural de Llodio, internado el 18-8-1938 procedente de El Dueso hasta el 21-8-1940, cuando fue puesto en libertad

-Santiago Ugarte Ureta, natural de Orozko, internado el 23-7-1938 procedente de la prisión provincial de Bilbao hasta el 13-9-1940, cuando fue puesto en libertad

-Germán Urrutia Urrutia, natural de Respaldiza, internado el 19-7-1955 por rebelión militar y robo procedente de la prisión provincial de Bilbao

-Pablo Velasco Castresana, natural de Sojoguti, internado el 29-7-1938 procedente de El Dueso hasta el 2-3-1942, cuando falleció

-Elías Vergara Echeguren, natural de Salmanton, internado el 11-8-1938 procedente de El Dueso hasta el 17-8-1940, cuando fue puesto en libertad

-Victoriano Yarritu Echevarria, natural de Amurrio, internado el 11-8-1938 procedente de El Dueso hasta el 3-4-1941, cuando fue puesto en libertad

-Justo Yarza Beraza, natural de Respaldiza, internado el 29-7-1938 procedente de El Dueso hasta el 13-8-1940, cuando fue puesto en libertad

-José Zorrozua Pagazaurtundua, natural de Llodio, internado el 16-6-1938 procedente de la prisión provincial de Vitoria hasta el 5-6-1941, cuando fue puesto en libertad