Breve historia del Alto Nervión: la edad de los metales

A largo plazo, las innovaciones introducidas durante el Neolítico (a pesar de que, como recuerda John Gray, no todos los cambios fueron necesariamente positivos, al menos no para todos los individuos) provocaron un aumento de la población al incrementar la producción y el alimento disponible, al mismo tiempo que significaron una intensificación en la explotación del territorio. De este modo, los vestigios, sobre todo cerámicos pero también humanos, del Calcolítico y la Edad del Bronce son bastante abundantes en las numerosas cuevas de la Sierra Sálvada.

Tradicionalmente, estos indicios de la presencia humana en la sierra se han asociado con una actividad pastoril. Por ejemplo, se considera que los dólmenes se asientan próximos a las rutas de transhumancia y en nuestro caso fue así. En todo caso, hay que ser cautos: frecuentemente se produce una traslación de ideas e imágenes actuales, como podría ser la transhumancia pastoril que hemos conocido, al pasado, y ello no tiene por qué ser así.

Al Neolítico le siguieron una serie de etapas que se individualizan en función de la aparición del manejo de diversos metales: son el Calcolítico o Edad del Cobre, la Edad del Bronce y la Edad del Hierro. En Euskal Herria no es fácil establecer una cronología entre ellas, sobre todo en el caso de las dos primeras. Tampoco se puede asegurar que la aparición de estos metales en los yacimientos arqueológicos responda a un intercambio o a una producción in situ de los mismos.

Es un periodo histórico que abarca varios milenios. Las cronologías son muy variadas en función de la zona y la periodización de esta época no resulta fácil. En la vertiente cantábrica, se conocen sobre todo yacimientos en cueva del Bronce, en las que se enterraban a los muertos pero algunas también se usaban como lugar de habitación, quizá solo de manera estacional. Además, en la vertiente mediterránea las influencias centroeuropeas llegadas por el valle del Ebro eran muy notorias, mientras que en el norte quedaban más diluidas.

Es posible que las migraciones de centroeuropeos se produjeran en varias oleadas, algunas en el Bronce Final y otras posteriormente, dando lugar a la Edad del Hierro, época tradicionalmente asociada a la cultura celta.

La Edad del Hierro se define por el manejo de la tecnología del hierro y se caracteriza por la aparición de unos poblados muy identificables: los castros. Se trata de recintos amurallados localizados en zonas altas desde los cuales se controlaría y vigilaría el territorio circundante. Se consideran construcciones propias de los pueblos celtas, de origen indoeuropeo.

Hubo un tiempo en que se creía que la presencia celta se limitaba a Álava y Navarra, mientras que en Bizkaia y Gipuzkoa la población autóctona habría continuado residiendo según patrones más o menos primitivos. Sin embargo, hoy sabemos que esto no es cierto, ya que en las provincias costeras también hay castros de la misma tipología.

No sabemos dónde vivieron los habitantes del Alto Nervión en los milenios precedentes, pero sí conocemos varios de sus poblados de la Edad del Hierro, que abarca el primer milenio antes de nuestra era. Sin embargo, no son muchos los que conocen la existencia de estos yacimientos, a pesar de que caminen sobre ellos con frecuencia. Convendría potenciar más adecuadamente nuestro patrimonio histórico.

Las mesetas superiores de los montes Babio y Peregaña consisten en dos castros, muy parecidos entre si, de esta época histórica. Testigos visibles de ello son los restos de sus murallas exteriores, que cuentan con una largura aproximada de medio kilómetro. Lamentablemente, estos castros no han sido excavados a pesar de su potencial, ya que las murallas encierran un espacio de gran extensión, por lo que podría tratarse de poblados realmente grandes. Tampoco se sabe mucho del asentamiento que al parecer hubo en la zona de Santa Cristina, en Orduña.

Por otra parte, muy distinta tipología presentaba el poblado que en el siglo II a.C. se creó en Aloria, sobre el que posteriormente se alzaría un poblado romano, ya que se aleja de los castros característicos de la época.

Este debía ser el hábitat que se encontraron los romanos al llegar a nuestra comarca. Es bien sabido que varios autores romanos escribieron acerca de las tribus que habitaban el norte peninsular en la época en que entraron en contacto con Roma. Son informaciones dificiles de tratar, por su distinta procedencia, intencionalidad, época, fiabilidad, etc. Sobre los límites de estas tribus prerromanas, sobre su adscripción céltica o nativa y sobre sus lenguas se han vertido ríos de tinta. Y lejos estamos de alcanzar un consenso al respecto.

Resumiendo, la actual Euskal Herria estaría ocupada, de este a oeste, por vascones, várdulos, caristios y autrigones, con los berones en la actual Rioja Alavesa. El río Nervión sería el límite entre los autrigones y los caristios.

De ser así, deberíamos aceptar que los castros de Babio y Peregaña fueron de la tribu autrigona mientras el poblado de Aloria fue caristio. Sin embargo, no hay que considerar a estas tribus como entidades políticas definidas y, en cualquier caso, la existencia de fronteras definidas se antoja improbable. Al fin y al cabo, las informaciones al respecto no solo son escasas y confusas, sino que están basadas en la percepción que los informadores romanos obtuvieron de una realidad que les era totalmente desconocida.

Pero el gran debate en torno a los pueblos prerromanos no ha girado tanto en torno a sus límites, ni las características y diferencias entre ellos en función del registro arqueológico, sino acerca de su origen y por ende la lengua que hablaban. ¿Cuál era el origen étnico de várdulos, caristios y autrigones? ¿Eran tribus de origen celta que hablaban lenguas indoeuropeas o, por el contrario, hablaban alguna lengua protovasca emparentada con ese antepasado del euskera que se documenta profusamente en Aquitania por aquel entonces?

Este es un debate tremendamente ideologizado y politizado. Vayamos con los hechos. La mayoría de los topónimos que los autores romanos nos han transmitido, así como los documentos epigráficos encontrados en territorio de estas tribus, son de naturaleza indoeuropea. De hecho, no pocos de los topónimos que aún hoy nombran localidades del Alto Nervión tienen un origen indoeuropeo, así como el nombre del mismo río.

En general, la mayoría acepta el carácter celta de los autrigones y las dudas son mayores respecto a várdulos y caristios. En todo caso, algunos investigadores creen que estas tribus no eran celtas sino que su sustrato indoeuropeo era más antiguo, formado de la unión de inmigrantes con los nativos hacia la Edad del Bronce. Esta información coincidiría con las últimas investigaciones genéticas citadas en el artículo anterior.

La naturaleza y la lengua empleada por estas tribus es una cuestión capital en la teoría de la “vasconización tardía”, de la que hablaremos en próximos apartados.

En todo caso, se acepta que la situación lingüística prerromana sería mucho más complicada de lo que creemos: el bilingüismo y la discontinuidad lingüística podrían ser moneda corriente. Y, además, tampoco sería correcto aplicar la correspondencia etnia – lengua. Mas aún teniendo en cuenta que es realmente poco lo que se sabe de esas tribus y ni siquiera podemos afirmar que los habitantes de estas tierras tuvieran conciencia de su pertenencia a una tribu identificada e identificable.

Siguiente capítulo: el Imperio Romano

 

 

 

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