Una agresión, la casa de Arexmuga y el patronato de la iglesia de Saratxo

La mayoría de las parroquias de la comarca estuvieron sujetas al derecho de patronato que ostentaban las familias más poderosas del lugar. Este derecho tenía su origen en el hecho de que estas iglesias fueron construidas por particulares (en muchas ocasiones, los mismo señores de Ayala) y tanto ellos como sus herederos de generación en generación gozarían de ciertos privilegios sobre el templo. La percepción de los diezmos era el principal derecho que tenían los patronos de una iglesia pero no el único. Generalmente, tenían su sepultura y su asiento en un lugar destacado pero los privilegios abarcaban también detalles que, hoy en día, ya no nos parecen muy importantes: los patronos eran los primeros en recibir la paz en misa. Este hecho aparentemente trascendental no lo era en absoluto, ya que lo verdaderamente importante era la plasmación visual del privilegio concreto: al recibir la paz en primer lugar estaban reafirmando su preeminencia en la escala social, su lugar diferenciado respecto al resto de vecinos. La vulneración de este derecho podía dar lugar a serios pleitos y conflictos, no pocas veces expresados de forma violenta. Eso es lo que ocurrió en las navidades del año 1599 en la iglesia de San Nicolás del lugar de Saratxo, que por entonces aún era habitualmente llamado Derendano.

Es sabido que el patronato de la iglesia de Saratxo perteneció al convento de Quejana por donación que hicieron los señores de Ayala en la Baja Edad Media. Es así que el convento financió las obras realizadas en el templo en diferentes ocasiones así como su reconstrucción en el año 1757. Esta situación duró hasta 1841, cuando los diezmos fueron abolidos y se instaló la Contribución de Culto y Clero.

Sin embargo, el patronato de la parroquia de San Nicolás no fue exclusivo de las monjas de Quejana: otra parte correspondía a la casa y solar de Arexmuga, “casa solariega muy principal de notorios caballeros” situada en la misma localidad. Los propietarios de esta casa, como herederos de los fundadores, o cofundadores, de la iglesia, tenían su sepultura en el crucero de capilla mayor, lugar privilegiado, así como un banco de su propiedad en posición destacada. Y, por supuesto, también tenían el derecho a recibir la paz en primer lugar, subrayando así su preeminencia sobre sus convecinos.

Muy poco es lo que sabemos acerca de la casa de Arexmuga y sus propietarios, los Gómez de Velasco. Los primeros miembros de este linaje de los que tenemos noticia son Pedro Gómez de Velasco y Maria Ibáñez su mujer, que debieron vivir a finales del siglo XV y principios del XVI. Fueron padres de San Juan de Velasco, casado con Catalina Martínez de Landa, vecino de la localidad en 1562; estos a su vez fueron padres de Gaspar, que era vecino en 1590. Este estuvo casado con Maria de Zaldibar y tenían un hijo llamado Juan Gómez de Velasco; madre e hijo son los protagonistas de este relato.

En la pascua del año 1599, estando todos los vecinos en la iglesia de San Nicolás asistiendo a los oficios, el monaguillo Lope de Muruzaga, que no tenía ni 14 años, dio la paz en primer lugar a un anciano llamado Juan de Echevarria antes que a Juan Gómez de Velasco. Así, cuando fue su turno este no quiso tomar la paz y, con “mucha cólera y aceleración”, abofeteó al joven Lope y lo golpeó contra la pared, haciéndole muchos malos tratamientos de manos y de palabras. Ante esta situación, intervino Juan de Landa, que era cuñado de Lope, amonestando a Velasco por su agresión a un joven honrado y de buena familia. Pero llevado por la ira Juan Gómez cogió una lanza y arremetió contra Landa, de modo que los feligreses tuvieron que intervenir para impedir que la agresión pasara a mayores. Después, la dicha Maria de Zaldibar “como persona que le daba consejo favor e ayuda al dicho su hijo para cometer los dichos delitos” salió de la iglesia y, cogiendo un hueso humano de gran tamaño que había encontrado, se lo arrojó a Landa a la cara y trató de atizarle con un palo mientras le decía que era un desvergonzado de ruin linaje.

La escena continuó al día siguiente. Estando nuevamente en la iglesia, había otro muchacho haciendo de monaguillo y al tiempo de dar la paz, Maria de Zaldibar se levantó de su asiento y dijo que si su hijo no recibía la paz en primer lugar, pegaría al monaguillo con un candelero y le quebraría la cabeza con el. Sin embargo, todo siguió en orden y no se produjo ningún altercado.

En todo caso, el 5 de enero de 1600 Juan de Landa acudió a los “palaçioss de quexana” y denunció, en su nombre y en el del menor Lope de Muruzaga, a Maria de Zaldibar y Juan Gómez de Velasco, individuos “principales, ricos y hacendados”. El alcalde mayor de la Tierra de Ayala, hechas las pertinentes averiguaciones, consideró probada la acusación y emitió su condena en febrero: Juan Gómez de Velasco se había ausentado de la tierra, por lo que se ordenó que fuese atrapado y enviado a galeras para servir durante 4 años, además de tener que pagar 30.000 maravedís. Por su parte, Maria fue condenada a una pena de 2 años de destierro y al pago de 3.000 maravedís.

Poco después, Juan Gómez de Velasco se presentó en la Chancillería de Valladolid, que era el tribunal ante el que se apelaban las sentencias emitidas por el alcalde mayor de Ayala. Es decir, era la instancia superior de justicia de la época. Velasco afirmaba que la condena era injusta porque no habían cometido ningún delito contra los denunciantes, más bien al contrario, ya que aquellos habían querido perturbarles en la posesión de sus derechos legítimos. Y en lo que respecta a la agresión cometida sobre Lope de Muruzaga, afirmaba que no le golpeó de consideración y que, en todo caso, las reprimendas más o menos violentas estaban permitidas y generalmente aceptadas cuando los mozos actuaban indebidamente. De todos modos, consideraba que Lope había actuado en todo momento bajo las órdenes de Juan de Landa.

Y es que Juan Gómez de Velasco acusaba a Landa, y a otros vecinos, de haber tratado de quitarle sus privilegios y la posesión de la tumba en la parroquia aprovechando su juventud. Esto habría motivado la llegada de un visitador eclesiástico que, tras examinar la iglesia, había ordenado que quitasen la tumba y allanasen el suelo por ser su existencia contraria a la constitución del obispado.

En este contexto, se reunieron los vecinos del concejo de Derendano a campana tañida frente a la iglesia de San Nicolás. Por aquel entonces, eran regidores Pedro de Ugarte y Martín de Elexaga. El objetivo de la reunión fue aceptar que los Velasco continuasen gozando de sus preeminencias y evitarse largos y costosos pleitos que siempre resultaban gravosos para la población. Los vecinos que asistieron a esta reunión fueron Juan Sanz de Echevarria, Juan de Uscategui, Juan de Landazuri, Martin Pascual de Oquendo, Pedro Rodriguez de Saracho, Domingo de Echavarria, Asensio de Oquendo, Juan de Soxo, Juan de Viguri, Pedro de Urtaran y Pedro su hijo, Christobal de Estranzu, Pedro de Menoyo, Domingo de Anda y Domingo de Aquexolo.

Una vez que el caso quedó en la Chancillería, el pleito pronto quedó orientado hacia la averiguación de si las pretensiones de los Velasco eran legítimas, olvidando el tema de la agresión. Para ello, un receptor procedente de la misma Chancillería se trasladó a Saratxo a tomar declaración a los vecinos, que unánimemente confirmaron el origen de los Velasco y los privilegios que desde tiempos inmemoriales había tenido la casa de Arexmuga.

En todo caso, el documento aporta datos de cierto interés. En primer lugar, posiblemente por ser foráneo el receptor, se indica que el escribano local hizo que las preguntas fueran “dadas a entender” a Pedro de Landazuri, de 60 años, y a Catalina de Saracho, viuda de Sancho de Viguri, de unos 75 años. Pensamos que hace referencia a una traducción del castellano al euskera, que sería la lengua mayoritaria por aquel entonces. En segundo lugar, los testigos afirmaron que las casas de Elexaga, Landazuri y Ugarte también tenían sepulturas en la iglesia. En tercer lugar, se mencionan a vecinos del pueblo que llevaban ya muertos muchos años, como Pedro Díaz de Calzada, San Juan de Mendiguren, Diego Ortiz de Saratxo y Juan Sanz de Echabarria (que habría muerto con unos 100 años).

Dicho todo esto, ¿cuál es esta casa de Arexmuga o Aresmuga? Sin duda, si sus propietarios fueron patronos de la iglesia se debía de tratar de una casa de cierta importancia. Pero lo cierto es que no tenemos muchos más datos sobre ella. Sabemos que en 1706 estaba habitada por Thomas de Padrabieta Uriarte y su mujer Maria de Gorbea Angulo, colonos o arrendatarios. En cuanto a sus propietarios, tampoco seguimos muy lejos la pista de los Gómez de Velasco: de Juan no volvemos a tener noticia y solo sabemos que su hermano Ignacio se casó con Mariana de Orueta Mujica-Butrón, que bautizaron a su primer hijo en Saratxo en 1619 y después pasaron a habitar en Orduña.

Según parece, con el tiempo el nombre de “Aresmuga” se transformó en “Mugaraz”, documentado a mediados del siglo XVIII y principios del XIX. Esta casa fue vendida en 1753 y es su patronazgo sobre la iglesia de San Nicolás lo que nos permite certificar que, a pesar del cambio del nombre, se trata de la misma casa. Casualmente, los vendedores también se apellidaban Velasco, aunque no tenían ningún parentesco con los Gómez de Velasco mencionados. Concretamente, eran los hermanos Maria del Pilar Velasco y Pimienta (Marquesa del Prado, vecina de Valladolid) y Juan de Velasco y Pimienta (Marqués de Pozo Blanco, Coronel de Caballería y Teniente del Regimiento de Flandes, residente en San Lucar de Barrameda).

Al parecer, todos los bienes que vendieron habían sido de su madre Ignacia Casilda tras la muerte de Francisco Antonio Díaz Pimienta, marqués de Villarreal, en 1732. Ignacia se casó con Francisco Diaz de Velasco, teniente general de los Reales Ejércitos y Marqués de Pozo Blanco. A los dos hermanos les correspondieron una serie de bienes en Orduña, Saratxo y el barrio de Zamarro, que vendieron en 1753 a Manuel Teodoro de Viana Eguiluz, Comisario de Guerra, Juez Oficial Real en las minas de Caillona en el reino de Perú y vecino de Orduña, por 42.053 reales debido a su ausencia de la tierra y no poderlos administrar adecuadamente.

Estos bienes comprendían las casas que servían de Mesón en la “calle de Nueba” de Orduña, con su huerta pegante a ellas, que lindaba al norte con “callexa o servidumbre” que va desde esa calle a la de Cantarranas, oeste con casa de Vicente Ochoa de Mugaburu y al sur con la muralla de las mismas casas, “que da a las Rondas y continúa hasta el Arco y Portal que sale para el convento de San Francisco”; y una casa en el barrio de Zamarro, con el suelo de otra casa de la que solo quedaban vestigios, junto a numerosas heredades.

Y vendieron también la casa y casería “que llaman Mugaraz” en Saratxo, con una herrán de 138 aranzadas junto a ella, que lindaba al sur con el Camino Real, por la hondonada con el río, por la cabecera con una heredad que fue de Thomas de Amirola, y por el norte con heredad de Pedro de Aguirre. Junto a ella iban asociadas heredades en Ugarz, en Boriñaur junto al Camino Real, en Pozo Redondo, en Ulizar y un monte en Lagoroa. Además, a la casería correspondía el patronato de la iglesia de la localidad y una parte del diezmo de ella, que ahora parecía estar reducida a los diezmos de frutos que se cogen en términos de dicha casería, y el resto se lo llevaban las religiosas del convento de San Juan de Quexana.

Los últimos datos de esta casería de los que disponemos, al menos por el momento, corresponden al primer tercio del siglo XIX. En 1810, Manuela Basilisa de Viana, vecina de Briones, recibió una comunicación para que presentara los títulos que la acreditasen como preceptora de diezmos en la iglesia de Saratxo. Lo mismo tuvieron que hacer las religiosas de Quejana, cuya presidenta era Maria Gertrudis Izar de la Fuente. Es en este contexto cuando se aporta la documentación relativa a la venta anteriormente mencionada. Se nos dice que, en dicho momento, la casa estaba arrendada a Francisco de Arberas Zaldu y Josefa de Otaola Udaeta. De hecho, en 1830 eran los propietarios de la misma. Sin embargo, ninguno de sus descendientes figura como propietario en 1876 ni en 1884.

¿Dónde estaba la casa de Arexmuga o Mugaraz? ¿Qué fue de ella? ¿Aún existe habiendo caído en el más absoluto olvido su antiguo nombre o desapareció, como tantos otros, en el siglo XIX? Esperemos que algún día la consulta de nuevas fuentes documentales pueda ofrecer la respuesta a estas preguntas.

 

FUENTES:

– Archivo Histórico Provincial de Álava: Protocolo Notarial 11.549, Géronimo de Abechuco, 1830

– Archivo Histórico Provincial de Álava: Protocolo Notarial 12.765, Juan de Murga, 1706

– Archivo Foral de Bizkaia: Consulado de Bilbao, 0480/009

– Real Chancillería de Valladolid: Registro de Ejecutorias, Caja 1927, 1