El mayorazgo de Ugarte en Amurrio

Como todos sabemos, Ugarte es uno de los barrios que conforman la localidad de Amurrio “desde siempre”. Allí se encuentra, junto a la carretera, un edificio que en el momento de escribir estas letras apenas es visible porque la vegetación se ha adueñado por completo de sus muros, aunque no hace tanto, aún abandonado, podía apreciarse su factura, más bien moderna, la más reciente encarnación de una casa antigua, la principal del barrio y una de las más importantes del pueblo y la comarca. Sobre ella y los que fueron sus dueños trataremos en este artículo.

En el expediente de hidalguía del Capitán Juan de Ugarte, del año 1638 y sobre el que tratamos en números anteriores de esta revista, se decía que las casas de Ugarte en Astobiza, Ziorraga, Berganza, Lezama y Amurrio eran todas dependientes de la originaria casa torre de los Ugarte, en el valle de Laudio/Llodio. Esto es cierto para los tres primeros lugares citados, ya que sabemos que uno de los señores de Ugarte de Llodio fue al mismo tiempo señor de la casa torre de Astobiza, cuyos descendientes radicaron en la casa torre de Ziorraga y en la de Jauregia en Berganza. El parentesco entre todos ellos se manifiesta en su apellido, Fernández de Ugarte. Sin embargo, no conocemos ningún documento que nos aclare el origen de los Ugarte de Amurrio, ni de la familia de la que vamos a hablar ni de otras que también lucieron este apellido, que no fueron pocas.

Así, los Ugarte en Amurrio son muy abundantes desde los primeros registros parroquiales, de mediados del siglo XVI, y es imposible que todos desciendan de un tronco común. Por entonces, había familias importantes de este apellido en el mismo barrio de Ugarte, en Armuru y en Urieta, sin parentesco próximo que nosotros sepamos, además de otras familias de menos enjundia que llevaban el mismo apelativo.Por ello, creemos que el solar de Ugarte, que da nombre a todo un barrio, habría sido realmente ajeno al de Llodio. Muestra de esta ausencia de vínculos con aquel sería el hecho de que en Amurrio no lucen el patronímico Fernández, sino otros como Martínez de Ugarte o Sáez de Ugarte.

Pero los dueños de la casa más principal de Ugarte usaron otro patronímico distinto, Ortiz. Y de ellos hablaremos a continuación.

HERNANDO ORTIZ DE UGARTE

Sobre 1534 los señores de la casa torre de Astobiza, el Caballero de Santiago Cristóbal de Mújica y Ana Hurtado de Mendoza, fallecieron prematuramente lejos de Ayala en menos de un mes. Para disponer de sus cosas, tanto en lo espiritual como en lo terrenal, habían dado facultad al padre de ella, Lope Hurtado de Mendoza, que en enero de 1535 dispuso todo lo concerniente a las honras por sus almas y la gestión de sus bienes. Una de las cláusulas decía: “que se cumplan los contratos de casamientos que mandaron los dhos don xpoual e dona ana a preseual de muxica e a dona ynes de muxica muger de hernando de ugarte yjos del dho don xpoual”[1]. Aunque Inés de Mújica figura aquí como mujer de Hernando de Ugarte, a continuación se expresa que aquella debía recibir 10.000 maravedís cuando se casara, por lo que probablemente habían hecho esponsales y vivían juntos pero sin haber formalizado el matrimonio propiamente dicho. Como se dice en la cita anterior, Inés -que en otras ocasiones aparece con el nombre de Leonor- y Presebal fueron hijos de Cristóbal…pero no de Ana. Sabemos que Presebal nació hacia 1512 y suponemos que Inés lo debió hacer un par de años antes o después pero Cristóbal y Ana no se casaron hasta 1526[2]. Por lo tanto, fueron hijos de Cristóbal en su soltería aunque no sabemos quién fue la madre.

Ser un hijo ilegítimo por aquel entonces no era un obstáculo para quienes tenían poder y recursos económicos, de manera que nadie fue capaz de hacer sombra en Ayala a Presebal de Mújica, que vivió en Luiaondo. Y su cuñado Hernando Ortiz de Ugarte no le fue a la zaga. Lo lógica sería pensar que Hernando fue natural y heredero del solar de Ugarte en Amurrio, en el que vivió, pero lo cierto es que la documentación histórica no arroja sombra alguna sobre su origen: fue natural de Saratxo, hijo de Juan Sánchez de Derendano y Marina de Echeguren. Siendo así, Hernando debió tomar el apellido Ugarte al pasar a residir a esta casa; el problema es que nada indica que ésta hubiera sido de Inés de Mújica. Entonces, ¿estuvo Hernando casado en primeras nupcias con una presunta heredera de la casa solar de Ugarte y de ahí que adoptara el apellido? Por el momento, no lo sabemos, de modo que el origen de esta casa continúa siendo una incógnita para nosotros.

Lo que podemos afirmar es que Hernando de Ugarte ya era un personaje importante en la comarca en 1533, ya que aparece junto a otros muchos ayaleses aceptando la sentencia del Consejo Real que obligó a la Tierra de Ayala a regresar al seno de la Hermandad de Álava, en la que fue procurador -representante de Ayala- en 1535, 1536, 1538, 1552, 1556, 1557 y 1559. En 1558 incluso fue nombrado capitán de las tropas provinciales en la guerra con Francia. Pertenecía, por tanto, a la élite social ayalesa.

Como casi todos los notables de la zona en aquellos siglos, desempeñó el oficio de escribano. Por ello, y por su categoría y ascendencia social, en 1541 estuvo en Valladolid siguiendo los pleitos que Ayala mantenía en la Audiencia de la Chancillería.

Por otro lado, y aunque éstas no fueron tan estáticas como en muchas ocasiones se han querido presentar, Ugarte parece adscribirse al bando oñacino, pues como tal aparece definido cuando, junto a otros de esta parcialidad, quitó un alfanje y un letrero que los Murga habían colocado en la tumba del recién difunto Lope García de Murga hacia 1550 en la parroquia de Santa María. Poco después de este incidente, el Licenciado Menchaca fue nombrado patrón de la parroquia por merced real, con derecho a llevar la mitad de los diezmos de la misma, pero al ser foráneo fue precisamente Hernando, y después su hijo, quienes percibieron esos diezmos. Su poder en el pueblo fue, en conclusión, muy elevado.

Los Derendano siempre aparecen en los pocos documentos ayaleses anteriores que conocemos, indudablemente su posición social venía de familia, aunque la rama fue cercenada cuando su hermano Juan de Derendano fue asesinado el día de Jueves Santo de 1539 en la iglesia de San Nicolás de Saratxo a causa de un saetazo propinado por Martín de Oquendo, que huyó a Panamá. Juan dejó una sola hija de corta edad y nombró heredero a Hernando en caso de que ella falleciera antes de la edad de testar o sin herederos legítimos, como efectivamente ocurrió[3].

Hernando Ortiz de Ugarte habría fallecido entre 1571 y 1573 con unos ochenta años de edad. Esto se dice en declaraciones de testigos posteriores, por lo que es posible que exageraran la edad, puesto que algunos afirman incluso que murió centenario. Si nació en la última década del siglo XV, es muy posible que hubiera tenido un primer matrimonio, ya que Inés debió ser bastante más joven. Por último, no conocemos cuántos hijos tuvieron pero tenemos noticias de cuatro: Casilda, que se casó con el escribano Juan de Velasco en Larrinbe; Francisca, que se casó con Francisco Fernández de Ugarte, señor de Ziorraga; Diego y Cristóbal, que es el siguiente protagonista de esta historia. 

CRISTÓBAL ORTIZ DE UGARTE

Desconocemos su fecha de nacimiento pero debió hacerlo pocos años después del matrimonio de sus padres puesto que se casó en 1561 o 1562 con Francisca de Orueta, natural de Luiaondo. Al igual que su padre, fue escribano y desarrolló una intensa carrera en las instituciones locales y alavesas. En la Tierra de Ayala, fue alcalde ordinario por primera vez en el curso 1565-1566 y lo sería de nuevo en 1569-1570 y 1573-1574, fue síndico procurador general en 1576-1577 y diputado regidor en 1600-1601. Acudió como procurador de Ayala a las Juntas Generales de Álava desde noviembre de 1576 hasta mayo de 1578, en mayo de 1581, en 1586-1587 y en 1594-1595. Y si su presencia en estas instituciones no fue mayor es debido a la incompatibilidad de estas representaciones con el oficio que ocupó durante muchos años, el de teniente de Alcalde Mayor, actuando en ocasiones incluso como titular, a pesar de que el Alcalde Mayor o Gobernador no podía ser natural de la Tierra ni de una distancia menor a las cinco leguas de ella. Allá por 1584 y 1585 se unió al ínclito Juan de Urrutia a la hora de reivindicar las preeminencias que como tal Alcalde Mayor creía -erróneamente- que le correspondían en la parroquia de Amurrio. En 1595 aún figura como Alcalde Mayor y en agosto de 1600 presentó título de teniente de Gobernador, por lo que su vinculación al cargo fue muy duradera.

Su testamento nos servirá para acercarnos mejor a su figura[4]. El “dueño y señor de la casa de Ugarte del lugar de amurrio”, ya viudo, testó el 4 de abril de 1606 estando “enfermo de mi cuerpo y en mi buen juicio y entendimiento”, por lo que probablemente falleció poco después. En primer lugar, dispuso que su cuerpo fuese sepultado “dentro en el cuerpo de la yglesia de santa mª del lugar de amurrio en la sepultura donde yaçe sepultada doña francisca de urueta mi muger o donde fuere la voluntad de lope garcia de murga aguirre mi señor primo”. En realidad, eran primos segundos, puesto que sus respectivos padres Hernando Ortiz de Ugarte y Juan Martínez de Aguirre eran primos, al ser sus madres Marina y Constanza de Echeguren respectivamente. Lo que ocurre es que Lope era el patrón de la iglesia y el único, junto a la casa de Saerin, que tenía derecho al notable honor de tener sepultura en el interior de la iglesia. Es por ello que Juan de Urrutia y Cristóbal, las personas más poderosas de Amurrio por aquel entonces, trataron sin éxito de adquirir ese mismo derecho por todos los medios legales e ilegales. Esa es la razón por la que Cristóbal se encomendaba a la voluntad de Lope García de Murga, quien ya habría condescendido con su mujer, para obtener tal privilegio digno de su status social.

Por otra parte, Cristóbal ordenó que se hicieran las funciones de entierro, novenario y cabo de año por “Diego de Ugarte mi hermano difunto”, lo que nos lleva a pensar que falleció fuera de la localidad y/o en circunstancias que impidieron realizar los actos religiosos pertinentes.

Por aquel entonces, tenía tres hijos y cuatro hijas. En vida de su esposa, habían casado a Mencía -con Francisco de Arechederra-, a Leonor –con Hernando de Ayo, vecinos de Luiaondo como los anteriores- y a Hernando (1563), seguramente los tres mayores. Tenían también a Juan (1568), Francisca (1575), Casilda (1576) y Cristóbal (1579). Casilda se había casado con Ventura de Zaballa tras la muerte de su madre. Por lo tanto, tenía en casa a Francisca, a quien encargó la misión de llevar oblada y candela a su sepultura y a quien presta especial atención en el testamento legándole hasta 1.000 ducados.

El hijo menor, Cristóbal, se encontraba por entonces en Sicilia (“que si lo quiere Dios no permita muriere cristoual de ugarte mi hijo antes que a esta tierra benga de las partes de cicilia donde al presente está”) y tenía una hija llamada Leonor, a todas luces  ilegítima.

El testador nombró heredero universal de todos los bienes muebles y raíces, derechos y acciones, que quedaron de el y de su mujer, a su hijo Juan “que al presente reside según publico y notorio en la ciudad de potosi que es en el reino del peru” con la condición de que, si no regresaba a Amurrio a vivir en el plazo de cuatro años, los heredase Cristóbal con la misma condición. Además, ninguno de los hijos de éstos podrían heredar si no eran fruto de legítimo matrimonio. Si ninguno de los dos hijos regresaba en el plazo señalado, quedarían apartados de la herencia y todos los bienes pasarían a su hijo mayor, Hernando de Ugarte, o al heredero de éste en caso de haber fallecido. Y lo mismo ocurriría si Juan o Cristóbal regresaban pero no tenían hijos legítimos o los tenían y fallecían antes de poder testar.

HERNANDO DE UGARTE ORUETA

Hernando, que solo algunas veces aparece con el patronímico Ortiz, fue bautizado en la parroquia de Amurrio el 25 de noviembre de 1563. Siguió con el oficio de escribano de sus antecesores y se casó en 1583 con Casilda de Ulibarri Onsoño, de Lezama. Fue un matrimonio joven, con veinte y dieciocho años respectivamente, posiblemente porque Casilda había quedado huérfana y heredera de la hacienda familiar del barrio Ulibarri de Lezama, donde vivieron el resto de sus días.

A diferencia de su padre y abuelo, Hernando nunca fue procurador en las Juntas Generales de Álava ni nos consta que desempeñase el cargo de síndico en Ayala. Sin embargo, fue alcalde ordinario en al menos ocho ocasiones con una impecable irregularidad: una vez cada cuatro años (1582-1583, 1586-1587, 1590-1591, 1594-1595, 1598-1599, 1602-1603, 1606-1607 y 1610-1611). Sin embargo, sí que se ocupó como teniente de Gobernador al igual que su padre.

Desde luego, sus recursos se vieron notablemente incrementados cuando, ante la ausencia de sus hermanos, pasó a heredar el grueso de los bienes que habían dejado sus padres, que no era poca cosa. Ello se puede ver en el testamento que Hernando Ortiz de Ugarte y doña Casilda de Ulibarri, que así figuran en el documento, otorgaron el 27 de abril de 1638, con setenta y cinco y setenta y tres años respectivamente (“por ser como somos personas de mucha edad biejos ancianos en la dha nra cassa de ulibarri”) después de cincuenta y cinco años de matrimonio. Un dato curioso: aquellos mismos días se estaba produciendo la investigación para la concesión del hábito de Santiago al Capitán Juan de Ugarte, proceso en el que Hernando y sus hijos, sobre todo uno de ellos, fueron parte importante, tal y como se dijo en artículos anteriores en esta misma revista.

Fue un testamento conjunto (“Porque entre nosotros de muchos años y tiempos a esta parte esta tratado y comunicado de q aiamos de hacer testamento y disposicion conjunta”) en el que establecieron que ninguno de los dos pudiera por su cuenta cambiar nada de lo dispuesto“para onrra y seruicio de Dios Nro S y de nra buena fama y de nra prosperidad”. En primer lugar, mandaron que sus cuerpos fueran sepultados en la iglesia parroquial de San Martín de Lezama “en la sepultura que nra cassa de ulibarri tiene en la dha Yglesia y en ella esta sepultado Sancho Abad de Ulibarri”. Aquí es preciso realizar varias puntualizaciones. En primer lugar, Sancho era tío de Casilda y parece haber sido propietario de la hacienda, o de parte de ella. En segundo lugar, ya se habrían introducido las sepulturas desde el exterior de la iglesia, donde estaban a finales del XVI. En tercer lugar, y a pesar de que ellos digan ser propietarios de una sepultura, sabemos que en la iglesia de Lezama éstas fueron comunes y nadie gozó nunca de privilegio alguno sobre sus convecinos, por ser la parroquia propia del concejo.

Hernando y Casilda tenían por aquel entonces cuatro hijos vivos, además de otros que habían fallecido. El mayor de todos era el bachiller Gregorio de Ugarte (1586), cura y beneficiado de la parroquia de Lezama. En el testamento se dice que habían gastado “mucha suma y cantidad de dinero” en sus escuelas, estudios, ordenaciones y demás necesidades, por lo que le apartaron con doce ducados anuales de por vida desde el año posterior a la muerte de ambos. Podemos añadir que siendo muy joven tuvo al menos dos hijos varones con María Isabel de Estranzu, los cuales dejaron una muy nutrida descendencia. 

Gabriel (1594) era escribano y vecino de Baranbio, y cuando se casó con Ana Maria de Ugarte Teza, natural de la casa de Ziorraga, le mandaron “muchos bienes de casas rruedas y ganados y otros bienes y dineros”, de manera que le apartaron con solamente cuatrocientos reales. No sabemos cuáles fueron esos bienes ni su procedencia. 

María (1599) se había casado con Lope de Mújica Hurtado de Mendoza, señor de Astobiza y Caballero de Santiago, y fue generosamente dotada por sus padres, ya que le mandaron más de cuatro mil ducados con ocasión de su boda y fue apartada con otros cien. Además, a su nieto Cristóbal de Mújica “para aiuda de sus estudios y necesidades” le mandaron cien ducados a pagar según los fuera necesitando antes de que cumpliera los veinticinco años.

No se olvidaron de Juan (1588), que había fallecido en las Indias, pero “antes q alla fuesse tubo y dejo en el dho lugar de lezama un hijo también llamado Juan de ugarte que al presente es edad de diez y siete años” y a quien habían criado en su casa los testadores, enseñándole a leer y escribir. En ese momento, estaba en Gordejuela en “cassa del maestre esquela” y, aunque manifestaban haber gastado mucho en el, por ser su nieto le mandaron otros ciento cincuenta ducados. Este muchacho se casó en Lezama unos quince años después y fue propietario en el barrio San Millán, de donde había sido su madre, a pesar de haberse criado con su familia paterna.

Por último, el hijo más joven, Cristóbal (1603), era escribano y vivía en su compañía. Tenía treinta y cinco años ya y por aquellos días tenía puesto todo su empeño, junto a su cuñado Lope, en impedir que el Capitán recibiera el hábito de Santiago. Los testimonios acerca de la implicación de Hernando en esta confabulación son contradictorios, si bien ya vimos que tanto Hernando como sus hijos Gregorio y Gabriel no respaldaron las acusaciones del benjamín de la familia.

Hernando y Casilda fundaron mayorazgo en este testamento y llamaron a el en primer lugar a Cristóbal de Ugarte “mozo libre de por casar”. Por entender que “asi es mas combeniente al seruicio de Dios nro S. y de los Sres Reyes de la corona de castilla y de estos Reynos y al bien y buena memoria nra y de nras casas y pª q nros sucesores vivan mejor y se empleen y ocupen en seruicio de la dibina Magd (…) y sustentar mejor sus personas honrras y familias” fundaron mayorazgo para que los bienes “perpetuamente y en todo tiempo del mundo sean indibisibles e impartibles y anden siempre en un dueño” y no se pudieran enajenar, trocar ni cambiar, y en virtud del fuero “que permite q los testadores puedan disponer de sus bienes en fabor de q quiera de sus hijos y descendiente y apartar a los demas”, así hicieron con el resto de sus hijos “con sendos arboles con su tierra y rraiz en lo ultimo de nras tierras y eredamientos q nros sucessor quisiere señalarles y con sendas texas y un cada seis maravedis”.

El mayorazgo de Ugarte fue fruto de la unión de los bienes que habían heredado y acumulado a lo largo de su vida Hernando por una parte y Casilda por el otro. Es decir, se produjo la suma de ambos patrimonios. Así, formaron parte del mayorazgo “nra cassa y solar principal de ugarte sita en el dho lugar de amurrio en el barrio q se llama de ugarte q esta sobre el camino Real q ban de la ciudad de vitoria para la de balmaseda” con sus cabañas de horno y era que estaban enfrente, con sus lagares, bodega y huerta cerrada de paredes, manzanales, heredades, quintanales, antuzanos delante y alrededor de ella y más de la mitad del molino de “Boriaur” con todas sus heredades; también la parte del patronazgo que le correspondía en la parroquia de Murga; y “las sepulturas q tenemos compradas y nos pertenecen a nos y a la dha cassa en la dha yglesia de amurrio”. Por tanto, los Murga habrían perdido la exclusividad de tener tumba en la iglesia de Amurrio.

Hernando también tenía una serie de bienes en Saratxo, los que sin duda heredó su abuelo después del asesinato de Juan de Derendano y la prematura muerte de la única hija que dejó. Así, se menciona “otra cassa principal q tenemos y nos pertenece a nos y a la dha nra casa de ugarte en el lugar derendano q se llama la cassa derendano” con su huerta y diversas heredades que tenía detrás y a los lados, con una parte en el molino llamado de Ugarte, sepulturas en la parroquia de San Nicolás, y dos molinos en el río con sus correspondientes casas, además de otra que estaba “un poco mas abaxo del molino bagero q es para el servicio de dhos molinos”. Por último, tenía también unas casas en Urduña/Orduña.

En cuanto a los bienes inmuebles que había aportado Casilda, eran una “casa principal q se llama de ulibarri q al presente uiuimos que esta sita en el dho lugar de lezama en el barrio de ulibarri” con dos cabañas enfrente de ella, la una de era y la otra de horno, con “otra cassa que esta cerca de la dha cassa en el dho barrio q solia ser del dho abad de ulibarri difunto” con su cabaña de era, con sus heredades manzanales y huertas cercanas, que se van detallando, así como un robledal grande llamado Lexadui que estaba delante de la casa. Tenían también un molino en el río que baja de Olamendi y montes “mui muchos y en muchas partes y lugares” como en Lezama, Larrinbe, Amurrio y Saratxo así como el “usso y aprouechamiento q las dhas dos casas tienen en las sepulturas propias” que tenían en la iglesia. Las cuentas y créditos no se expresaban pero sí se dice que tenían diez mil ducados de censos sobre diversos vecinos de Ayala y de fuera.

Por último, establecieron que el mayorazgo fuera electivo entre todos los hijos varones que Cristóbal pudiera tener, a no ser que solo tuviera un varón. Si no llegase a hacer elección, heredaría el hijo mayor; y, a falta de varón, la hija mayor. En caso de que Cristóbal no llegase a tener hijos legítimos, el mayorazgo quedaría para María, mujer de Lope de Mújica, y sino para Gabriel.

CRISTÓBAL DE UGARTE ULIBARRI

Cristóbal fue bautizado el 12 de enero de 1603 y su fuerte personalidad ya quedó esbozada en precedentes artículos. Sabemos que fue alcalde ordinario al menos en tres ocasiones (1623-1624, 1632-1633 y 1654-1655), que probablemente fueron más porque no disponemos de los libros de actas de los años intermedios. Fue escribano como su padre, abuelo y bisabuelo, y aunque no acudió nunca a Juntas alavesas ni parece que ocupara otros cargos de gran responsabilidad, fue una persona muy influyente. Al fin y al cabo, tenía todo lo que había que tener para imponer su voluntad: casas, tierras, dinero, prestigio, etc. Por ejemplo, a finales de 1624 se trasladó a Valladolid donde fue agente de los intereses de la Tierra de Ayala por espacio de 542 días con un salario diario de 400 maravedís, unos 11 reales. En el tribunal vallisoletano se dirimían pleitos que Ayala tenía con Mena, Zuya o Villalba de Losa. En 1626 Cristóbal ganó una Real Provisión que ordenaba que Ayala le pagase los 228.902 maravedís que le adeudaban por estos trabajos. 

Cristóbal probablemente sabía de las intenciones de sus padres de nombrarle heredero y trató de apuntalar su posición casándose con Francisca de Sojo Urrutia, nieta de Juan de Urrutia, de Amurrio, cuyo mayorazgo no tenía muchos bienes muebles pero sí muchas rentas fuera de Ayala. Sin embargo, la aparición del Capitán dio al traste con estos planes, aunque finalmente Francisca no se casó con ninguno de los dos.

Cristóbal hizo testamento en su casa de Ulibarri el 21 de noviembre de 1657 y falleció ese día o, en todo caso, antes del 27, con cincuenta y cuatro años. Pidió ser enterrado “en la sepultura donde están enterrados los señores hernando ortiz de ugarte y Dª Casilda de ulibarri mis padres”. Es curioso que nunca llegara a casarse, quizá después del fiasco con Francisca no encontró mujer cuya dote considerase digna del suyo, pero en su testamento reconoció la existencia de tres hijos habido con dos mujeres distintas. Las relaciones extramatrimoniales no son nada raro en esta familia, puesto que no lo fueron entre las élites de la época y a veces tampoco entre los simples labradores.

En cuanto a estos hijos naturales, primero tenía a Hernando “que le huue de maria cruz de gamarra que al pressente esta estudiando artes en la universidad de alcala de henares”; le donó tres mil ducados en escrituras de censos con sus réditos para que prosiguiera sus estudios o lo que necesitase, así como los bienes muebles que tenía en la casa de Ugarte (arcas, trojes, cajas, mesas, bufetes, escabeles, sillas, etc.) y veintidós sillas y taburetes nuevos con “que están en esta casa de ulibarri”. Hernando fue bautizado en 1640 y seguramente es el mismo que figura como testigo en el testamento de su tía María en 1661, pero nada más sabemos de él.

Segundo, a Casilda de Ugarte “mi hija y de la dha maria cruz de gamarra que la tengo en mi casa” le mandó dos mil ducados en escrituras de censos y todos los bienes muebles que había en la casa de Ulibarri por los buenos servicios que le había hecho. Según parece, nació en 1645 pero, a diferencia del caso anterior en que ambos figuran como padres en la partida de bautismo, en esta ocasión figura como hija natural de ella sin mención alguna al padre. Cristóbal los reconoció como hijos “y como a tales los he tenido y criado en mi casa desde su niñez en esta dha mi casa de ulibarri”. Casilda se casó en 1662 con Domingo de Zulueta Vidaur, quienes fueron a vivir a las ventas de Ilunbe en Arrigorriaga.

Tercero, a Mari Sánz de Ugarte “mi hija q la huue de mª de landaburu de lastrasco” legó un censo de ciento ocho ducados de principal contra los bienes y hacienda de Juan de Ugarte, vecino de Saratxo, y la reconoció como hija, aunque no sabemos nada más sobre ella. 

Al no tener herederos legítimos, nombró heredero del vínculo y mayorazgo a su sobrino Cristóbal de Mújica. En todo caso, fue su hermana María de Ugarte quien tomó posesión del mismo el 27 de noviembre de 1657 en cumplimiento de las normas sucesorias dispuestas por Hernando en su testamento.

EPÍLOGO

María de Ugarte, viuda de Lope de Mújica, testó el mismo día de su muerte, el 18 de mayo de 1661. Lo otorgó “en esta mi casa de ulibarri”, por lo que se habría trasladado allí tras el fallecimiento de su hermano. Quedó como heredero universal de todos sus bienes su único hijo Cristóbal de Mújica (1628), que ya estaba casado para entonces. Éste tomó posesión de la casa de Ulibarri y de la de Ugarte el 26 de mayo.

Por otro lado, el 20 de mayo de 1662 Gabriel de Ugarte fue enterrado en Baranbio. Había dejado como heredero a su hijo mayor, Juan Bautista, que por entonces era menor de veinticinco años. Por ello, nombró curador a su tío Miguel, dueño del vínculo y mayorazgo de Ziorraga. Aunque éste intentó excusarse por tener ya varios hijos bajo su tutela y por sus muchas ocupaciones administrando sus ferrerías, molinos y hacienda, con frecuentes viajes a Vitoria, Bilbao, Orozko y otros lugares, fue obligado a aceptar so pena de prisión.

El 16 de diciembre ambos presentaron una demanda en la Audiencia de Valladolid contra Cristóbal de Mújica para que “restituyera” los bienes del mayorazgo de Ugarte a Juan Bautista pretextando que Cristóbal de Ugarte su bisabuelo lo había fundado para que los bienes “andubiesen de rodilla en rodilla”, es decir, de primogénito en primogénito, a pesar de lo cual Hernando había nombrado heredero a su hijo menor en detrimento de Gabriel y, por tanto, de su hijo Juan Bautista, a quien según ellos corresponderían como bisnieto mayor de varón en varón.

La demanda no tenía mayor recorrido, ya que los testamentos que hemos expuesto son muy claros al respecto. No fue Cristóbal quien fundó mayorazgo sobre la casa de Ugarte, sino su hijo Hernando. Por lo tanto, Juan Bautista carecía de derecho alguno al vínculo. Pero tan sustanciosa herencia bien merecía el intento.

Por lo tanto, el mayorazgo de los Ugarte de Amurrio pasó a los señores de Astobiza, que fueron los Mújica y luego, por matrimonio, los Salazar. Estas casas mencionadas empezaron a ser habitadas por colonos y arrendatarios que se limitaban a trabajar las tierras, de manera que su simbolismo social como lugares desde los que se detentaba el poder se evaporó por completo y pasaron a ser casas de labranza como las demás. No obstante, las ramas secundarias de estos Ugarte dejaron una nutrida descendencia que ha perdurado hasta nuestros días. En todo caso, bien merece resaltar la trascendencia que casas como la de Ugarte tuvo en el pasado, por mucho que la desidia la aboque a la desaparición. ¿No daríamos un gran paso adelante en la conservación de nuestro patrimonio si los elementos arquitectónicos se valorasen no solo por su valor intrínseco como elemento material sino también por las vivencias que encierran sus paredes y lo que han significado a lo largo de la historia?


[1] Real Chancillería de Valladolid, Registro de Ejecutorias, Caja 1507, 21

[2] Archivo Histórico de la Nobleza, BAENA,C.442,D.50

[3] Real Chancilleria de Valladolid, Registro de Ejecutorias, Caja  1072, 61

[4] La mayor parte de la información que configura el resto del artículo ha sido obtenida de: Real Chancilleria de Valladolid, Registro de Ejecutorias, Caja 2893, 61

El Capitán Juan de Ugarte Larrea: familia, tiempo y legado (II)

Como vimos en el primer capítulo, cuando en 1638 dos receptores de la Orden de Santiago se desplazaron a Lezama para investigar la condición de hidalgo del Capitán Juan de Ugarte, Lope Hurtado de Mújica salió al paso para acusarle de judío, basándose sobre todo en sendos pleitos mantenidos por su padre Martín de Ugarte y por un pariente de Inoso sobre haber sido tildados de judíos. Pues bien; al día siguiente de la explosiva manifestación realizada por Lope, se tomó declaración a las personas que presentó como sus fuentes de información. Los ancianos Marcos de Urrutia y Francisco de Bidaur negaron haber dicho nada a Lope, ni siquiera habían tratado del tema. Al contrario, declararon a favor del Capitán manifestando que Martín y su padre habían desempeñado oficios públicos en la Tierra de Ayala, los cuales no habían obtenido mediante sobornos sino por ser considerados como gente de la más principal de la Tierra.

La acusación de Cristóbal

El 7 de abril el escribano Cristóbal de Ugarte Ulibarri no solo respaldó la versión de su cuñado Lope sino que agregó toda una serie de detalles, empezando por un presunto encuentro que nueve años atrás habría tenido en Santa Gadea con un anciano que le contó que había conocido a una Ugarte de Lezama que quedó preñada de su amo, un boticario de quien se decía que era judío. Además, Cristóbal puso especial cuidado en relatar una serie de recientes incidentes que verificarían la reputación judía de la familia Ugarte. Los iremos comentando a continuación con la correspondiente respuesta de los aludidos.

En primer lugar, Cristóbal afirmó que el ya difunto Simón de Landazuri había llamado judío a Juan de Ugarte de Urtaran, primo segundo del Capitán. Los receptores no investigaron este suceso. Segundo, hizo alusión a una riña sobre la entrada de ganado en una heredad en la cual Pedro de Unzueta de Zubinto llamó judía y bellaca a Águeda de Urtaran, prima del Capitán. El aludido, que era arriero, afirmó tajantemente que mal rayo le partiera si alguna vez le había dicho algo así a Águeda porque la tenía por noble y jamás le había dado ocasión para reñir con ella “y que quien la a lebantado este tº tanbien le podia lebantar que avia hurtado las sabanas de la yglesia”.

En tercer lugar, Cristóbal declaró que Martín de Alpichu le había contado que Francisca de Elexaga había llamado judía a María de Onsoño, sobrina del Capitán, y, aunque la quisieron denunciar por ello, no lo hicieron precisamente por no llamar la atención mientras los receptores estuvieran haciendo su trabajo. Pero Alpichu no había visto que tal cosa sucediera y dijo que, aunque le llevasen a ajusticiar, no podía decir una cosa así. Aquí lo más curioso de todo es que Elexaga, natural de Amurrio y vecina de Larrinbe, “no nos entendia lo que la hablabamos y preguntabamos por no saber hablar mas que bascuence” y por ello nombraron por intérprete a Antonio de Murga, señor de la casa de su apellido. Sobre éste y otros datos lingüísticos de mucho interés que contiene el expediente del Capitán ya hemos tratado en otro lugar (“Nuevos datos para la historia lingüística del Alto Nervión”, en el blog Crónicas del Alto Nervión).

Cuarto, el escribano afirmó que su abuelo Cristóbal, persona muy principal y con mucha mano en la Tierra, había ayudado mucho a Martín de Ugarte y solo por su influencia y la de su padre Hernando le dieron los oficios que tanto anhelaba porque el resto no se los querían dar y con régalos y dádivas los consiguieron (nótese cómo se manifiesta, sin pudor alguno, la manipulación de los oficios de la Tierra de Ayala). Bastantes testigos lo negaron, aunque nosotros pensamos que seguramente es cierto que Martín obtuvo sus cargos por influencia de estos individuos, pero porque éste era el modus operandi habitual, no específicamente por no ser hidalgo. 

Por último, Cristóbal, como ya había hecho Lope anteriormente, indicó que Martín había sido arriero e incluso el Capitán habría andado de joven con sus machos. Algunos testigos declararon que Martín nunca trajinó personalmente sino por medio de criados, otros dijeron que los machos los tenía solo para la labranza, pero en todo caso la arriería no menoscababa en absoluto la hidalguía de quienes la ejercían.

Podemos avanzar que Lope y Cristóbal, por muy pesos pesados que fueran en la escala social de la época, fueron absolutamente los únicos en defender los orígenes judíos del Capitán y, por extensión, de sus antepasados y parientes, parte de los cuales ya han ido desfilando por estas páginas. Este hecho es muy revelador, y lo es todavía más si tenemos en cuenta que ni siquiera los hermanos y el padre de Cristóbal ratificaron su declaración.

El escribano ya retirado Hernando de Ugarte Orueta no solo era el padre y suegro de Cristóbal y Lope respectivamente, sino que era por entonces familiar del Santo Oficio y un hombre de edad avanzada que durante toda su vida adulta había gozado de un prestigio enorme en Ayala y había desempeñado todos los cargos habidos y por haber, por lo que gozaba de la mayor estima y prestigio en el seno de la comunidad. Por otro lado, su esposa era prima segunda de Catalina de Larrea, la madre del Capitán. Sin medias tintas, Hernando afirmó que tenía a la familia del Capitán por hidalga y cristiana vieja y negó su influjo a la hora de que Martín obtuviera oficios en la Tierra de Ayala. Gran parte de su declaración se centró en relatar el encontronazo entre Martín y las hermanas Balza y el pleito subsiguiente, en el que, como ya vimos, actuó como escribano acompañante.

También fue Hernando el primero en decir que, en su tiempo, Juan Balza había manifestado que trataría sacar a su hija a salvo del pleito interpuesto por Martín de Ugarte, y para ello habría inventado la historia de la bisabuela venida de Santa Gadea, ya que si fuera cierto la mujer nunca habría sido admitida en la Tierra. Y tenía toda la razón. Las brumas de esa historia se disolvieron con la declaración de Juan Balza de Berganzagoitia, que tenía unos 68 años y era el único hijo superviviente de Juan Balza y hermano de las ya difuntas Ana y Magdalena. Según nos aclara este hombre, después del incidente de la romería en Urkillatu su padre trató de convencer a Ugarte para que dejase estar el tema, pero ante la negativa de Martín, Juan decidió defender a su hija a toda costa y para ello habló con muchas personas para persuardirlas de que declarasen que la bisabuela de Martín había venido de Castilla -de Paul, Miranda o Santa Gadea- preñada de un judío. Al final, el pleito le costó más de 600 ducados, una pena de destierro y otras molestias. Juan declaró que su padre pasó el resto de su vida diciendo que lo que más sentía era haber levantado aquel testimonio contra Martín “y esto dice el declarante por si pudiesse en parte descargar la conciencia de su padre por ser el hijo solo que le a quedado aunque no es nada afecto a las cossas del Pretendiente por los daños que le hiço el pleyto que hubo con su padre”. Por lo tanto, todo fue orquestado e inventado por Juan Balza para tratar de salvar a su hija del pleito mantenido con Martín de Ugarte, y por ello las personas que se hicieron eco de este rumor habrían sido convencidas de alguna manera para declarar tal cosa, lo que algunos hicieron con notable ambigüedad.

Como revelaban aquellas palabras dichas por Ana en Mendixur, y posteriormente refrendadas por el mucho más culto Martín Ortiz de Aldama, cada día en la Tierra se llamaban judíos unos a otros sin saber lo que decían; puede que en otras ocasiones algunos familiares o antepasados del Capitán fuesen llamados judíos, pero ello no significaba nada puesto que era empleado como un insulto más y no de forma literal. Muy ofensivo para quien lo recibía, eso sí, en unos tiempos en los que el honor personal y familiar era lo más importante. 

Los orígenes familiares del Capitán y la casa Ugarte de Lezama

Si la historia de la mujer que regresó de Santa Gadea embarazada de un judío no es cierta, ¿qué sabemos de los orígenes del Capitán Juan de Ugarte? Esta mujer, que fue su tatarabuela, se llamó María de Ugarte, natural de Lezama y descendiente de la casa-torre de Ugarte en Laudio. Según dice un Licenciado en el transcurso del pleito, las casas de Ugarte de Berganza, Astobiza, Ziorraga, Amurrio y Lezama dependían todas de la originaria de Laudio.

María de Ugarte no fue nunca a Santa Gadea ni a ninguna localidad castellana, sino que se casó con un hombre llamado Juan de Ugarte, hijo segundón de la “casa solariega que llaman de Lodio (sic) que es del apellido de Ugarte”. Ambos tuvieron, tal y como se decía, un hijo llamado Juan, que se casó con María Ortiz de Elgueta. Pero no fue hijo único y pensamos que tuvo como mínimo un hermano, afincado en Inoso y abuelo del Diego de Ugarte mencionado en el capítulo anterior. Por su parte, Juan y María Ortiz fueron los padres de quien aparece documentado en numerosas ocasiones, en estos y otros documentos, como Juan de Ugarte de Sagarzaguren, casado con Mari Hernández de Gorostiza Sagarzaguren. Todos los indicios sugieren que ella fue la heredera del caserío Sagarzaguren, a donde casó Juan y donde nació Martín. Juan habría tenido un hermano llamado Pedro que se habría quedado con la casa familiar y posiblemente otro  casado en Urtaran, padre y abuelo de los Ugarte de Urtaran.

Señalábamos que Lope Hurtado de Mújica afirmó que María de Ugarte había sido natural de una casilla pequeña que ya habían deshecho y estuvo enfrente de la de Pedro de Ugarte, también llamado “Pedro de Ugarte de Orue”. Los receptores fueron al lugar y hallaron señales no de una casilla sino de una casa grande, pero el terreno ya estaba labrado y plantado de árboles. Pedro dijo que, según había oído de su padre Juan de Oribe de Ugarte, hubo allí una casa muy grande en la que vivió el antepasado del Capitán que vino desde Laudio. Es decir, Juan de Ugarte, consorte de María. Aunque hubiera sido lógico que éstos hubieran construido también la casa de Pedro de Ugarte, ni éste ni su padre Juan figuran como familiares ni siquiera lejanos del Capitán, si bien es plausible que fuesen parientes de Pedro, el hermano de Juan de Ugarte de Sagarzaguren.

¿Dónde se encontraba, pues, la casa de los antepasados del Capitán? La cuestión es que tampoco tenemos muchos más datos sobre la casa del mencionado Pedro de Ugarte. En el expediente se dice que estaba a unos doscientos pasos de un cruce en el que se separaban dos caminos. Según se iba desde la parroquia, el camino de la izquierda iba a Vitoria y el de la derecha a La Rioja, y el caserío quedaba entre ambos. Imaginamos que el camino de Vitoria remontaba los montes de Altube mientras que el de La Rioja era el camino del puerto de Dardoza, por Txibiarte. Es el emplazamiento más lógico en función de las indicaciones geográficas anteriores pero existen más datos que nos confirman que, efectivamente, este cruce debía encontrarse en el triángulo existente entre San Millán, Gurbista y Andikoetxealde, término que precisamente recibe el nombre de Ugarte. Y sabemos que por allí existió una casa. En primer lugar, en la fogueración de 1562, entre los vecinos de Gurbista y los de Unzueta, figura un tal Juan Pérez de Ugarte que pudo ser el abuelo de Martín. En todo caso, poco después, cuando fallecieron Juan Martínez de Landa y su hijo Juan, éstos dejaron “la mitad de la casa y casería de Ugarte”[i]. Cuando se describen los bienes de Pedro Martínez de Landa en 1580, se mencionan la barrera de Ugarte, la cerrada de Ugarte, el camino de Ugarte al “cadalso de Eguiluz” –se refiere a la Torre Cadalso que estuvo frente a la casa de Isasi, no a la casa de Egiluz-, río que viene de Ugarte al molino de Landa y, finalmente, la propia casa de Ugarte[ii]. En 1631, el manzanal de la casa encimera de Landa estaba “pegante con las heredades que de la dicha acera estan a la propia acera hasta la casa de Ugarte”[iii]. Por lo tanto, la ubicamos no lejos de Landako, posiblemente cerca del caserío Andikoetxealde. La última referencia que hemos hallado es de 1656, cuando se cita la “casa cayda de ugarte sita en este dicho lugar”, que era o había sido de Pedro de Ugarte y su madre María de Urrujola. Puede ser el mismo Pedro que aparece en 1638.

Una maniobra política

Ya llegamos a la cuestión principal. ¿Por qué Lope y Cristóbal recurrieron a viejos pleitos, antiguas habladurías sin fundamento, y prácticamente sin apoyo alguno, para difamar al Capitán? ¿Cuál es la razón por la que querían perjudicarle? Testigos del máximo renombre y reputación como fray Juan de Ugarte, que era lector de teología jubilado, o Martín Ortiz de Aldama, familiar y alguacil mayor del Santo Oficio del Reino de Navarra y Partido de Calahorra, Gobernador de Ayala y vecino de Okondo, nos aclaran que los cuñados temían perder su poder e influencia en esa parte de la Tierra de Ayala y habían asumido que el Capitán se casaría con Francisca de Sojo Urrutia, heredera del mayorazgo de los Urrutia de Amurrio. El problema es que Lope había proyectado el matrimonio de Cristóbal con dicha Francisca, de modo que sus planes amenazaban con irse al traste. Se contaba que Cristóbal bramaba “este indiano me ha de quitar este casamiento” mientras trataba de convencer a los ancianos para que declarasen en contra del Capitán. Varios testigos contaron un pasaje ocurrido en la taberna de Etxazar de Larrinbe: Cristóbal estaba jugando vino a los naipes con Diego de Landaburu y Pedro de Ugarte de Bidea, vecinos de Amurrio, cuando les dijo, tirándose de las barbas, que aunque gastasen el y su cuñado todas sus haciendas y aunque se lo llevara el diablo no se habría de poner el hábito el Capitán.

Lo curioso es que varios testigos, como los recién nombrados sin ir más lejos, consideraban que Hernando también estaba confabulado con ellos y enemistado con el Capitán, a pesar de que declaró a su favor y en contra de su propio hijo. Alguno señaló que su hijo y yerno lo “habían reducido”. También hubo quien consideró que otro de sus hijos, el escribano Gabriel de Ugarte Ulibarri, estaba en el ajo, pero éste, al igual que su otro hermano, el Bachiller Gregorio de Ugarte, declararon a favor del Capitán y en contra de su hermano Cristóbal.

Si algo caracteriza la vida política de la Tierra de Ayala a lo largo de toda la Edad Moderna, es la formación de lo que llamaban bandos o parcialidades, la unión de diversos personajes poderosos, habitualmente familiares entre sí y casi siempre escribanos de oficio, para monopolizar y controlar el desempeño de cargos públicos, enriquecerse y ejercer un control total sobre el resto de la población, parte de los cuales actuarían como fieles sirvientes. Es la adaptación moderna y desprovista de violencia de las luchas de bandos bajomedievales y, en algunos rasgos, un precedente del caciquismo contemporáneo. El manejo de los asuntos públicos por parte de los poderosos y su dominio sobre el resto es una historia bien antigua, adopte la forma que adopte.

Sin ninguna duda, Cristóbal y Lope aspiraban a hacer su voluntad en Lezama y alrededores. No les faltaban competidores, ya que, sin ir más lejos, el escribano local Juan Ortiz de Padura y Domingo Fernández de Ugarte, señor de Ziorraga, formaban parte de la parcialidad comandada por los Uriarte de Amurrio, muy activa en los primeros treinta años del siglo XVII. Cristóbal y sus antepasados siempre fueron enemigos de los Uriarte. Pero su matrimonio con la heredera del mayorazgo de Urrutia habría conformado un patrimonio y una capacidad económica de enorme calado, de manera que se habría convertido en todo un potentado comarcal.

Y he aquí que, de un día para otro, el hijo del difunto Martín de Ugarte regresa de las Indias con el título de Capitán, el hábito de la Orden de Santiago al caer, soltero y con impresionantes riquezas acumuladas, de las que empezó a hacer ostentación al comenzar la construcción de “una cassa subida” junto al caserío de sus padres, la que habría de ser torre o palacio de Larrako, que toma su nombre del caserío Larrea que allí estaba. El caserío no estaba caído, como recordamos haber leído en alguna publicación, ya que la casa caída a la que hace referencia el expediente es la de Ugarte de sus antepasados y no su casa nativa.

La aparición del Capitán fue toda una amenaza para las aspiraciones de los cuñados, ya que, debido a sus capacidades, se dio por hecho que matrimoniaría con la heredera del mayorazgo Urrutia. No sabemos si el Capitán albergó esta esperanza alguna vez o el temor de Lope y Cristóbal fue del todo infundado, pero lo cierto es que la “doncella” y su madre no admitieron volver a tratar la cuestión del matrimonio con los cuñados. El solo hecho de que el Capitán se estableciera en Lezama ya lo convertía en un grandísimo rival en potencia. Y es por eso por lo que ambos mostraron públicamente una gran enemistad hacia el Capitán, hostilidad que era pública y notoria como declararon algunos de los mayores prohombres de la comarca.

Decenas de vecinos de Lezama y alrededores, desde simples labradores hasta los personajes más poderosos de Ayala, declararon en aquellas semanas del mes de mayo de 1638 y todos ratificaron, de una manera u otra, más o menos explícitamente, lo que hasta aquí hemos narrado. El Licenciado Francisco López de Echabarri contó que, aunque en lo público Cristóbal se había mostrado amigo del Capitán, en secreto había procurado hacerle malas obras como fue el caso de un pleito sobre la casa de Larrea. Y, por ejemplo, Cristóbal le hizo contradicción en secreto cuando el Capitán quiso comprar una casa cerca de su caserío natal, de modo que el precio de la misma subió 150 ducados. El escribano hablaba mal y con envidia de la casa que el Capitán estaba levantando, y lo mismo se decía de Lope, de quien se comenta que estaba rendido a la voluntad de su cuñado, que debía tener un carácter muy fuerte.

Al final, la pretensión de los cuñados solo provocó mayores molestias a los receptores de la Orden de Santiago, pues tomaron declaración a una cantidad inusitada de testigos, amén de realizar ciertas diligencias infructuosas por Santa Gadea, Paul y Miranda de Ebro en busca de noticias de alguna mujer de Lezama que hubiera ido a servir, así como el paso por Valladolid a compulsar los dos pleitos ya mencionados.

Así que finalmente, en dicho año 1638, el Capitán Juan de Ugarte fue nombrado Caballero de la Orden de Santiago. Para tranquilidad de los cuñados, el Capitán se casó, en una fecha que no conocemos pero que no debe ir más allá de mediados del año siguiente, con una dama de la Corte, Antonia de Ipeñarrieta, y pasó a residir en Madrid, al menos la mayor parte de su tiempo, donde adquirió muchas propiedades y rentas.

El legado del Capitán Juan de Ugarte

El 9 de octubre de 1640 el Capitán realizó testamento en Madrid por medio del cual fundó vínculo y mayorazgo. En esta extensa escritura, estableció una serie de memorias y fundaciones en su localidad natal, de modo que se convirtió en un importante benefactor de la misma. Entre ellas, se encuentra una memoria para pobres, un estipendio anual para el maestro de Lezama y una memoria perpetua de cien ducados de renta anuales para el casamiento de doncellas huérfanas de Lezama, o de Ayala si no las hubiera, siempre con preferencia a sus parientes, a nombramiento del poseedor que fuera del mayorazgo que fundó en este mismo testamento. Cada huérfana tendría la obligación, en compensación, de decir una misa cantada por su alma. Por entonces, solo tenía una hija de ocho meses, Maria Micaela (que murió poco después), pero esperaba tener más y que le sucediera su hijo varón mayor. Después de establecer el modo en que debía realizarse la sucesión en el vínculo, estableció que no pudieran heredarlo religiosos, locos, sordos, mudos o “ermafroditas”.

El Capitán vivió otros cuarenta años más después de testar, hasta su fallecimiento en 1680 a los 79 años de edad. De todo este largo intervalo de tiempo, solamente podemos mencionar la muy citada participación en la guerra de Cataluña en 1642 con un regimiento mantenido a su costa y su participación también en la campaña de Hondarribia. En 1649 el rey Felipe IV le hizo merced de las alcabalas del valle de Zuia, derecho que conservaron sus descendientes. A su muerte, dejó dos hijos: José, que también fue nombrado Caballero de Santiago pero murió prematuramente dos años después, y Teresa, Condesa de Peñaflorida.

Como dijimos en el capítulo anterior, su hermano Martín, posiblemente heredero del caserío familiar, murió prematuramente dejando solo dos hijos de su matrimonio: Martín, que salió a servir al rey y falleció joven, y Francisca. Ésta se casó en 1652 con Francisco de Arechederra, que hubo de cambiar su apellido al de Mariaca como condición para heredar de una tía soltera el mayorazgo del mismo nombre. El Capitán estaba afincado en Madrid, por lo que ofreció a su sobrina la posibilidad de pasar a vivir a sus casas de Lezama y así lo hicieron, ya que allí nacieron sus hijos. Posiblemente, el Capitán nunca habitó, al menos de manera continuada, el palacio de Larrako, aunque su hijo José sí fue bautizado en la parroquia.

A la muerte del Capitán en 1680, sus bienes en Lezama fueron tasados en 810.144 reales y eran los siguientes: la torre o palacio de Larrako, la ermita de San Juan, una casilla de horno, una casa antigua -posiblemente el caserío original- y una casa accesoria, todo ello valorado en 550.500 reales; la torre junto a la iglesia con su cercado y casa de horno, por valor de 212.300 reales, la cual había sido construida hacia 1665; y otras casas que había comprado como las de Zaballa, valorada en 6.050 reales; la casa de Errekalde y lo que se había agregado de otra que se deshizo, valían 11.220 reales; la casa de Lezameta valorada en 4.950 reales, y la de Bengoetxea en 2.970 reales.

Evidentemente, debido a sus fundaciones y sus propiedades, la influencia social del Capitán en Lezama fue considerable. ¿Qué fue de sus oponentes? Aunque el Capitán finalmente no se estableció de manera continua en Lezama, el proyecto de matrimonio entre Cristóbal de Ugarte y Francisca de Sojo tampoco se llevó a cabo. Ella se casó bastantes años más tarde, en 1647, con Juan Rodríguez de Salamanca Cerecedo. En adelante, el mayorazgo de Urrutia siempre estuvo en manos foráneas y sus propietarios no volvieron a residir en Amurrio ni en Ayala.

Por su parte, Cristóbal tuvo tres hijos bastardos con dos mujeres distintas. Uno de ellos estudió para ser escribano pero pronto se le pierde la pista, probablemente por haber fallecido. A pesar de todo su poder, Cristóbal nunca llegó a casarse. Por ello, cuando falleció en 1661, no tenía herederos legítimos y su mayorazgo, que no era poca cosa, pasó a su hermana María y después a su hijo Cristóbal de Mújica Ugarte, señor de Astobiza. Y he aquí la paradoja: después de tantos esfuerzos por parte de Lope para defenestrar al Capitán y casar a su cuñado con la heredera del mayorazgo de Urrutia, fue precisamente la soltería de Cristóbal lo que propició que sus propiedades pasasen a manos de su mujer, con lo que su hijo, que se llamó precisamente Cristóbal, heredó tanto los bienes de Lope como los de su tocayo tío.

Por su parte, tras la muerte prematura de su hermano José, Teresa de Ugarte Ipeñarrieta, Condesa de Peñaflorida, testó en 1690 y optó por dejar el mayorazgo fundado por su padre en Lezama a su prima Francisca de Ugarte. Ella y su marido incrementaron el vínculo de Larrako al agregarle dos casas más en 1700: una en Padura comprada en concurso de acreedores en 1686 y otra junto a ésta que les fue donada en 1691. Su marido falleció al año siguiente después de haber sido alcalde ordinario en la Tiera de Ayala en numerosas ocasiones, síndico en otra, y alcanzó a actuar como teniente de Gobernador.

Su hijo mayor, Juan Antonio de Mariaca, nacido en 1653, fue también Caballero de Santiago y heredero de los mayorazgos de Mariaka y Larrako. Durante algunos tramos de su vida, residió en otros lugares como Bilbao, pero falleció en Lezama en 1712. De modo que el mayorazgo recayó en su hermano José, casado en 1696 con Juana Maria de Mújica Mascarua, que era precisamente hija de Cristóbal de Mújica, de la torre de Astobiza. Así se unieron en matrimonio las dos familias más poderosas de la zona, antaño enfrentadas, si bien el mayorazgo de Astobiza –que ahora incluía los de Ugarte y Ulibarri que fueron de Cristóbal- quedó para Ambrosio de Mújica, por lo que el matrimonio no significó la unión de ambos patrimonios.

José de Mariaca no desempeñó los cargos públicos habituales en la Tierra de Ayala, al menos que tengamos constancia, pero en 1701 era mayordomo y administrador de las rentas del Estado de Ayala e hizo numerosas comisiones en beneficio de la Tierra. Su hijo Lope se casó en 1723 con María Josefa de Salazar Allende y Labarrieta, heredera del mayorazgo de Salazar Allende en Gordexola. Así aumentaron mucho sus propiedades y tuvo también muchas casas y caserías en Bilbao, Begoña y Abando. Pasó a vivir a Gordexola pero aún así tuvo tiempo de ser alcalde ordinario y procurador en Juntas incluso antes de casarse.

Fue sucesor su hijo José Dámaso, bautizado en Gordexola en 1734 y casado en Markina-Xemein con Maria Antonia de Ansotegui y Berastegui en 1771. A estos sucedió su hijo Bernabé, nacido en Iratzagorria en 1776 y casado con Regina Oraá en 1809. Como curiosidad, Regina trató de fugarse con su amante, un médico de familia de origen toscano. Bernabé era de ideas liberales y por ello fue encarcelado en 1816. También fue Contador de la Aduana de Bilbao pero llegado el Trienio Liberal fue comprendido en la conspiración de Mariano Renovales. Según el decreto de 25 de abril de 1823 contra los que habían servido militarmente, obtenido el empleo del sistema constitucional o por opiniones políticas y que aún no se hubiera restituido a sus casas en los términos señalados en el decreto, se le embargaron sus bienes. Hubo de exiliarse en Pau. En dicho año 1823 Larrako estaba habitado por el sacerdote y administrador del mayorazgo Manuel Bautista de la Fuente; por aquel entonces había dos cabañas deshabitadas junto al palacio y, también inmediata, una casa en la que habitaba Isidoro de Viguri Salazar[iv].

Bernabé murió en 1832 y fue sucedido por su única hija, Luisa, casada con José de Ordovas y fallecida en 1840. Una crónica periodística de 1843 señala la existencia del Palacio de Larrako en el barrio de Padura de Lezama, a cuyo lado se conservaba el antiguo solar, las ruinas de la ermita, vestigios de la casa-tahona, etc. todo lo que pertenecía a Elisa de Ordovas y Mariaca[v]. Posteriormente, en 1880, apareció en El Anunciador Vitoriano un artículo escrito por Ricardo Becerro de Bengoa dedicado al palacio en su primera página casi en su totalidad. Ricardo traduce Larrako a su compañero de viajes como “de la dehesa” o del campo acotado; y lo sitúa en el barrio Padura. A un lado, les enseñaron los restos de una antigua ermita, y comenta el cronista que el interior del palacio había sido modernamente reformado. Señala que ya no albergaba elemento artístico de mención pero que, hasta principios de siglo, si guardó objetos de valor pertenecientes al Capitán así como armas de la campaña de Hondarribia, que glosa con fervor.

A finales de 1901, la prensa anunciaba que “el palacio titulado Larraco” iba a ser ocupado en breve por una comunidad de religiosos cartujos, lo que nunca ocurrió[vi]. El 29 de septiembre de 1920 la compró Anselmo San Ildefonso Acedo, sastre de profesión, que tenía su taller en Bilbao. Sin embargo, en 1926 Valeriano Colón pagaba contribución por lo que el palacio que Anselmo habitaba, y de las caserías de Errekalde, Bengoetxea y La Txara, ésta en Lezameta.



[i] Real Chancillería de Valladolid, Registro de Ejecutorias, Caja 1572, 49

[ii] Real Chancillería de Valladolid, Registro de Ejecutorias, Caja 3080, 20

[iii] Ibidem

[iv] Archivo Foral de Bizkaia: Judicial, Corregidor, Civil, JCR3410/005

[v] Semanario Pintoresco Español, 2 de julio de 1843, p. 4-5

[vi] El Eco de Navarra, Año XXVII, nº 7439, 14-12-1901, p. 2

Guerra Civil

 

 

 

 

Ochenta años después, la Guerra Civil continúa siendo un tema de rabiosa actualidad, no ya porque suscita un gran interés en el público sino sobre todo por su presencia en la agenda política. A juzgar por las enconadas defensas y airadas reacciones de unos y otros ante determinadas manifestaciones y declaraciones, el tema no está en absoluto cerrado, al menos desde el punto de vista de la identificación personal con los implicados. Aún hoy los que se niegan a la apertura de fosas comunes para no “abrir heridas” son los mismos que al clamar contra la exhumación de Franco dejaron bien claro que la herida no está cerrada ni cicatrizada, ni mucho menos, y que de aquellos barros vienen estos lodos. No es desconocimiento y desinformación lo que alienta a aquellos sujetos que de tarde en tarde reciclan una vez más el argumentario completo que desplegó el franquismo para legitimarse responsabilizando así al socialismo, de entonces y de ahora, de haber provocado una Guerra (¡¡¡).

El franquismo se levantó sobre la derrota total y absoluta de la II República y la represión, defenestración, silenciamiento, satanización, criminalización, exilio y muerte de combatientes, políticos, funcionarios y simpatizantes de aquella. La II República fue el primer régimen plenamente democrático de la historia de España. En primer lugar, porque es imposible considerar plenamente democrático cualquier sistema que deje fuera a la mitad de la población: la República reconoció, por primera vez en la historia de España, el derecho a voto de las mujeres. Pero hay otros motivos, como la libre concurrencia política. Hay que tener en cuenta los precedentes: se venía de ese largo periodo conocido como la Restauración en el que dos grandes partidos de notables se alternaban en el poder de forma pactada mediante mecanismos como el caciquismo, el clientelismo y el fraude electoral, elementos que tan bien caracterizan el urquijismo imperante en el Alto Nervión en dicho periodo. El sistema de la Restauración apenas daba margen a los partidos políticos modernos de masas, de modo que la mayor parte de la población no tenía participación alguna en política. ¿En qué lugar deja a ciertos partidos políticos actuales que se dicen demócratas el hecho de que sistemáticamente ningunean y vilipendian el régimen republicano, a pesar de logros históricos tan importantes como éstos?

La democracia republicana fue vista por sus defensores como el medio para poner en marcha una serie de profundas reformas que llevarían a España a la modernidad de una vez por todas. Efectivamente, los primeros gobiernos de la República trataron de poner remedio a los grandes problemas del país, como el agrario, el militar o el analfabetismo. Su programa de modernización política, social, institucional y cultural, toda su actividad legislativa, tuvo sus aciertos y sus deficiencias, como se puede decir de cualquier otro gobierno. Sin embargo, la mayor parte de la derecha fue hostil a la República desde el principio. Sus reformas sociales, económicas, políticas, agrarias y militares suscitaron miedo en la aristocracia y la burguesía porque veían sus privilegios y su preminencia en riesgo. Por supuesto, la Iglesia también estaba en cuestión y se constituyó como el baluarte del tradicionalismo, el conservadurismo y de los enemigos de la República. Al final, la derecha terminó considerando el régimen como la antesala de una revolución de inspiración soviética, a pesar de que no existía –ni existe a día de hoy- ni el más leve indicio de que esto fuera posible ni viable.

La II República era un régimen legal e internacionalmente reconocido, de carácter progresista por el impulso de sus gobiernos de tendencia izquierdista (pero no conviene olvidar que, durante un periodo de dos años, fueron las derechas quienes gobernaron la República) pero ni mucho menos revolucionario. Es cierto que hubo un cierto grado de conflictividad pero tampoco se puede desligar a España de la inestabilidad europea de entreguerras y la crisis económica generalizada mientras ascendía el totalitarismo en gran parte del continente.

 

En las elecciones de febrero de 1936, la coalición de izquierdas llamada Frente Popular logró una amplia victoria sobre las derechas. Aunque la diferencia de votos fue ajustada, la desunión de las derechas favoreció al FP. Pero las elecciones dejaron patente la gran polarización política en un clima de tensión y violencia creciente por ambas partes, ya que la formación de milicias fue un fenómeno transversal.

Con demasiada (pero no casual) frecuencia, aún tenemos que leer en diferentes medios el argumento de que la sublevación militar del 18 de julio se produjo a raíz de esta victoria electoral del FP, que según esta versión de los hechos anunciaba la proximidad de la revolución marxista, de manera que los “españoles de bien” se vieron obligados a levantarse en armas para salvar al país de la interferencia de la garra soviética en suelo español. Ochenta años después, aún no hay evidencia empírica que demuestre de manera fehaciente que la URSS interviniera en absoluto en la política española antes de iniciarse la Guerra. Además, el comunista era un partido político minoritario y fue precisamente la situación de guerra la que alentó la revolución social y creó comunistas donde antes no los había. Por cierto, es lo mismo que ocurrió con Falange pero en el lado contrario: un partido minoritario, residual, que terminó por convertirse en el partido único del régimen en el contexto de la guerra.

Pero lo que sí sabemos y está documentalmente probado es que algunos monárquicos ya estaban conspirando contra la República el mismo día de su proclamación el 14 de abril de 1931, y no dejaron de hacerlo durante los siguientes cinco años. Monárquicos y carlistas, tanto civiles como militares, no dejaron nunca de maquinar en contra del régimen establecido tanto en el interior como en el exterior, estableciendo contactos con la Italia fascista, los cuales fraguaron en un pacto en 1935. De hecho, se contempló la posibilidad de poner en marcha la sublevación ya antes de las elecciones de 1936, si bien la gran mayoría de los conspiradores consideró que la situación, aún, no estaba madura.

Desde el mismo día en que fue proclamada la II República, uno de los principales activos de la conspiración fue José Calvo Sotelo, quien buscaba imponer un programa monárquico, de momento con un general al frente –consideraba que el exrey Alfonso XIII ya estaba suficientemente desacreditado y amortizado-. El líder de Renovación Española no se cortaba en sus intervenciones en el Congreso y en prensa con discursos realmente virulentos. La hemeroteca, así como muchos de los documentos privados de los conspiradores, demuestran que Calvo y los suyos querían abolir las elecciones, ilegalizar los partidos republicanos, obreros y “antinacionales”, y prohibir el socialismo por ley. Eran antidemocráticos, antiliberales, católicos a ultranza, enemigos acérrimos de la modernidad política.

Al final, en la sublevación de julio de 1936 confluyeron varias tramas conspirativas, ya que por ejemplo los carlistas y tradicionalistas habían maquinado en contra de la República también desde sus primeros días pero por su cuenta. Por su parte, los falangistas habían sido empleados más bien como pistoleros en los últimos meses. En definitiva, el golpe de Estado fue protagonizado por aquellos que, desde el principio, habían visto a la República como una amenaza para el catolicismo y para sus intereses económicos, sociales y políticos. Los monárquicos fueron los principales conspiradores, pero en la sublevación confluyeron también carlistas, falangistas, católicos y otros derechistas, por lo que ni mucho menos los sublevados conformaron un grupo homogéneo con la misma ideología e intereses. Exactamente igual que tampoco lo era el bando leal al gobierno republicano. Las etiquetas de “rojos” y “fascistas” se van generalizando con el curso de la guerra y responden a intereses presentistas de demonización y despersonalización del enemigo, pero no tiene ningún sentido emplearlas, ni siquiera en un ámbito divulgativo como éste, porque no reflejan ni de lejos la complejidad de la realidad.

 

El golpe de estado militar del 18 de julio de 1936 no fue secundado por la totalidad del ejército ni las autoridades civiles acataron sus disposiciones por doquier, de modo que no logró imponerse en todo el país, en gran medida gracias a la oposición activa de los partidos políticos y civiles adictos a la izquierda. Como el golpe no logró imponerse y el gobierno no tenía la fuerza suficiente para atajarlo por completo, la situación derivó en una guerra.

Hasta el 1 de abril de 1939 en España convivieron dos gobiernos: el republicano, que era el legítimamente elegido en las urnas, y el de los sublevados, con la única “legitimidad” de las armas. Por ello, hubieron de activar un discurso que les legitimase. Con este objetivo, echaron mano de una serie de argumentos, algunos de los cuales ya estaban en circulación desde años antes para crear un “estado de necesidad”, y que terminaron por convertirse en dogma durante el franquismo y, a día de hoy, son muchos los que, con plena intención o por total desconocimiento, aún los mantienen contra toda evidencia histórica. Estos mitos son los siguientes:

  • La II República como régimen ilegítimo y revolucionario
  • Proximidad de una inminente revolución en España auspiciada por la URSS
  • El régimen constituía una agresión a la Iglesia, el ejército y la clase propietaria
  • Política tendente a la destrucción de la unidad de la patria y encarnación de la República como la “Anti-España”
  • Incapacidad total del gobierno para mantener el orden público, por lo que España degeneraba en una total anarquía

 

En Álava, la sublevación triunfó sin mayores problemas debido al apoyo de las guarniciones militares al golpe, sí, pero indudablemente también por la adhesión de buena parte de la sociedad alavesa, de origen rural, conservadora y católica, de filiación carlista o cuanto menos tradicionalista. Así, la Comunión Tradicionalista era la principal fuerza política de la provincia y su máximo líder, José Luis Oriol, había estado decididamente comprometido con la sublevación hasta el punto de implicar su fortuna personal. En todo caso, Álava era un territorio donde la tranquilidad había sido la nota dominante, pero las noticias que llegaban de fuera –no siempre ciertas- así como las deficiencias de los gobiernos republicanos alimentaron los temores de los ciudadanos alaveses.

En el mundo rural alavés caló de manera especial el discurso tradicionalista que anunciaba la llegada de la revolución con el gobierno frentepopulista, y ello resultó fundamental a la hora de decantar las simpatías de sus habitantes. De hecho, requetés y otros voluntarios formaron milicias que apoyaron de manera importante la sublevación en Álava. Según destacan varios autores, las relaciones clientelares resultaron fundamentales a la hora de confeccionar estas milicias. Muchas personas se vieron arrastradas a la guerra simplemente por cuestiones geográficas, obligación o por lealtad personal hacia un líder, más que por activismo político o cuestiones ideológicas.

 

A pesar de la facilidad con la que el golpe de estado triunfó en la capital alavesa y, por extensión, en el resto de la provincia, en la Cuenca Cantábrica, sin embargo, el golpe de estado fracasó. Su situación geográfica, vinculada a Bilbao y su entorno más que a Vitoria y el resto de Álava, así como la actitud de las guarniciones de la Guardia Civil y la rápida respuesta de algunas autoridades y civiles son los factores fundamentales que explican el fracaso del golpe en esta comarca. Y probablemente también las debilidades del plan por medio del cual se debía consumar la sublevación.

Antes del fallido golpe de estado, la Comunión Tradicionalista era la principal fuerza política en el Alto Nervión. En las elecciones de febrero de 1936, CT obtuvo unos notables resultados, siendo la fuerza más votada en todos los municipios excepto en Amurrio y Lezama. Obtuvo más de la mitad de los sufragios en Laudio, Okondo, Ayala y Arrastaria, y poco le faltó en Artziniega. Orduña siempre fue un importante bastión carlista. Y su presencia era igualmente importante en los dos municipios que se erigen en excepción: en Lezama, la candidatura tradicionalista solo fue superada por el PNV, y lo mismo ocurrió en Amurrio, en este caso debido sobre todo al fraccionamiento del voto derechista entre CT y el católico Acción Popular, que sorprendentemente fue más votado que aquella a pesar de que en el resto de municipios apenas tuvo relevancia alguna.

La izquierda no tenía una presencia abrumadora en la comarca. La candidatura del Frente Popular obtuvo sus mejores resultados en Amurrio y Artziniega, con el 18% de los votos. Por lo tanto, la adscripción política de la comarca era mayoritariamente conservadora, si bien con un peso importante del nacionalismo vasco, que terminó por mantenerse leal a la República. El peso del tradicionalismo en el Alto Nervión era tal que, en 1935, el Requeté de Laudio, con 45 miembros, era el más numeroso de la provincia. El cabecilla carlista local era el profesor mercantil Eugenio Perea Urquijo. Se dice que, después del golpe, en el palacio del Marqués se encontró un listado con el nombre de doscientos requetés de la zona. El jefe de CT, José Luis Oriol, que tenía un chalet en el lugar en el que posteriormente se construiría el colegio de Izarra, compró un alijo de armas en Bélgica con el fin de armar a los requetés alaveses, que estuvieron entrenando en los meses previos a la sublevación. Para que quede claro, hablamos de personas comprometidas con una sublevación armada y violenta contra el gobierno legalmente constituido de la II República.

En cuanto se tuvo noticia de la ya esperada sublevación, los requetés fueron confluyendo en Vitoria, lugar desde el que partieron las órdenes a sus enlaces en otros puntos de la provincia para que hicieran lo mismo. Generalmente, estas personas fueron hijos de familias de clase media y alta que tenían relaciones clienterales y de patronazgo en sus lugares de origen. Este perfil se corresponde a la perfección con la del joven José Ramón Isasi Aldama, natural de Baranbio, cuyo padre Juan José, antiguo cabeza de Unión Patriótica y propagandista carlista, había fallecido en enero. Isasi, que era uno de los pocos individuos de la comarca y de toda la provincia que estaba afiliado a Falange, un partido muy pequeño antes de la guerra, tenía solamente 19 años, pero aún así logró organizar un grupo armado de unas treinta personas comprometidas con la sublevación. De hecho, las autoridades militares de Vitoria dejaron a Isasi como encargado de la sublevación en toda la Cuenca Cantábrica alavesa.

 

El día clave para la fallida sublevación en el Alto Nervión fue el domingo 19 de julio de 1936. Si hacemos caso a una denuncia posterior, que fue juzgada por el Tribunal Popular de Euzkadi, varios vecinos de la zona de Baranbio se reunieron en casa de Isasi donde Beatriz y Mercedes, hermanas de José Ramón, les habrían facilitado armas “con objeto de hacer frente a las milicias leales en el caso de que estos intentaran penetrar en dicha casa y poder participar en el alzamiento militar”. Se involucró a un tal Pepe, Severino Jauregui Larrazabal, Juan Mendieta Abin, Emilio Fernández Torre y Jesús y Dolores Iturbe Múgica, algunos de los cuales fueron acusados de esconder y transportar armas y defender la casa de Isasi a mano armada.

Como es lógico, existen dos versiones enfrentadas de lo que realmente ocurrió aquel fin de semana en Baranbio, la de los acusados y la de los acusadores. Los autos del Tribunal Popular de Euzkadi manifiestan que las dos hermanas Isasi, junto a otra hermana y un hermano, y sus dos sirvientes, Pepe y Severino, lograron pasarse al campo contrario. Sin embargo, otras personas, como la mujer de Severino, Dolores Iturbe, manifestaron que todos aquellos fueron detenidos al cabo de dos o tres días de “estallar el movimiento” para ser puestos en libertad tres o cuatro días después y huir a campo contrario. Según parece, realmente las hermanas Isasi fueron canjeadas por los dirigentes del PNV alavés Abaitua, Aguirre y Landaburu.

Según el testimonio del presidente de la Junta de Defensa de Baranbio, Julián Echevarria Larrazabal, el 19 de julio llegaron al pueblo procedentes de Vitoria varias parejas de la Guardia Civil y un oficial junto a varios falangistas, todos uniformados y armados, que se reunieron en casa de Isasi. Allí habrían estado Jesús Iturbe y Juan Mendieta, a quien habrían hallado oculto en la dicha casa al día siguiente. “De todo lo que hicieron, nada pudo ser por defender a la casa de Ysasi por que por entonces nada ocurría y los unicos que se movían en el pueblo heran ellos y lo hacían con total libertad”.

Los acusados negaron los hechos que se les imputaban. Por ejemplo, Jesús Iturbe declaró en primera instancia que aquel domingo por la tarde las hermanas Isasi le instaron a ir a su casa, donde se encontró a José Cerrillo, Evaristo Zuloaga, Juan José Iturbe y un tal Pepe, todos los cuales recibieron escopetas de las hermanas. Luego, se habría ido a su casa a altas horas de madrugada. Sin embargo, tiempo después alegó haber realizado estas declaraciones por miedo a ser asesinado, pues le amenazaban con ello. En todo caso, Emilio Fernández admitió haber sido objeto de ciertas proposiciones al respecto de la necesidad de defender la patria el sábado 18 por parte de María Luisa Isasi, y situó a Zuloaga en el lugar de los hechos.

Sea como fuere, lo cierto es que el joven líder de la sublevación en la comarca se dirigió a Amurrio aquel 19 de julio, a donde llegó a media tarde, a mitad del baile, en un coche decorado con banderas de Falange y la bicolor monárquica, pegando gritos y con alguna que otra exhibición de armas según parece. Pero el objetivo era alentar la sublevación de la unidad de la Guardia Civil destinada en esta localidad, por lo que Isasi y sus acompañantes se dirigieron al cuartel. El jefe del puesto, el brigada Plácido Aguado, sí era favorable a la sublevación pero los guardias Joaquín San Vicente, Sergio Mata, Pablo Ochoa, Benito Estíbalez y Raimundo Hierro se negaron a alzarse y advirtieron a su superior que acatarían las órdenes del gobierno republicano y ayudarían al pueblo a reprimir la sublevación. Fue San Vicente quien tomó la iniciativa e impidió a Isasi acceder al cuartel -situado en la desaparecida casona de los Lezama-, además de avisar al ayuntamiento de Laudio de la próxima llegada de Isasi. Por lo tanto, la figura del guardia Joaquín San Vicente se antoja clave para el fracaso de la sublevación en la comarca; a pesar de ello, en diciembre decidió ocultarse junto a su compañero Estíbalez y permanecieron escondidos hasta la entrada de los sublevados en junio, momento en que se presentaron ante sus tropas; eso no evitó que fueran juzgados.

Por su parte, el jefe del puesto de Laudio, el cabo Dionisio Ecenarro, dudaba sobre qué posición tomar ante la presión de Isasi y los requetés locales por un lado y la del Gobierno Civil de Vizcaya por otro para que se mantuviera leal al gobierno. En este momento, resultó decisiva la intervención del alcalde nacionalista Florencio Iñarritu, que ordenó a la Guardia Civil que detuviera a los requetés y protegiera el ayuntamiento. Finalmente, el cabo Ecenarro optó por obedecer a este último y detuvo a Isasi, si bien como contrapartida permitió que el caudillo requeté Eugenio Perea huyera a Vitoria. El cabo pasó a formar parte del Comité de Defensa laudioarra pero, dados sus antecedentes, no confiaban en el y en noviembre fue arrestado. Sin embargo, los sublevados no estaban dispuestos a perdonar “traidores” y, en su momento, ellos también lo detuvieron y encarcelaron por la denuncia que le puso la hermana de Isasi. El 20 de julio el capitán Juan Ibarrola Orueta se trasladó a Laudio desde Bilbao para hacerse cargo del puesto y restablecer el orden en la localidad. Los miembros del grupo de Isasi y los requetés locales tuvieron variados destinos: algunos fueron detenidos, otros lograron huir a Vitoria y alistarse en el Requeté y otros se alistaron en las filas republicanas para evitar represalias.

Mientras, en Artziniega los guardias civiles preguntaron al alcalde, el nacionalista Juan Zabalgoitia, por la posición que adoptaría el PNV ante la sublevación. Zabalgoitia respondió que tenía órdenes de mantenerse leal a la República, por lo que los guardias huyeron sin más por el puerto de Angulo.

Y en la vizcaína ciudad de Orduña, los requetés, que en los meses anteriores habían realizado ejercicios en Sierra Sálvada, estaban a la espera de instrucciones desde Laudio y Vitoria. El día 19 se reunieron en la taberna de Iza; algunos se mostraron partidarios de levantarse con las pocas armas que tenían pero había muchas dudas sobre a quiénes apoyaría la Guardia Civil y los forales de la ciudad. Al día siguiente, la Guardia Civil y algunos miembros de la Agrupación Republicana requisaron dinamita de la cantera de yeso, por lo que fue manifiesto que aquí tampoco iban a ser los guardias proclives al levantamiento. A lo largo de esta misma jornada, comenzaron a aparecer en la comarca patrullas de milicianos procedentes de la margen izquierda, forales y guardias vizcaínos. Y ya el día 22 llegó desde Bilbao una columna compuesta por guardias de asalto, guardias civiles y milicianos, al mando del comandante Aizpuru y el teniente Noguerol, y que se asentó en la comarca ocupando edificios en Amurrio y Orduña. Fue el germen de la que sería conocida como “Columna Aizpuru”.

Aquella misma jornada, un grupo de carlistas se desplazó hasta Vitoria para entrevistarse con Eugenio Perea, que ordenó que todos los requetés de Ayala se desplazaran hasta la capital. Los carlistas orduñeses lograron comunicar la orden y llegar a la ciudad a pesar de que, a su regreso, ya estaban siendo buscados por los leales al gobierno republicano. Tras estos hechos, hasta 67 requetés orduñeses se pasaron a campo sublevado.

Por lo tanto, el golpe de estado fracasó en el Alto Nervión, que quedó en territorio leal a la República. Años después, por junio de 1946, con ocasión de la formación de la interesada y parcial Causa General, se preguntó a municipios y Guardia Civil de la zona por las razones que habían motivado el fracaso de la sublevación en esta comarca. En términos generales, se apuntó a la falta de preparación y/o apoyo a los derechistas locales por parte de las autoridades provinciales, la falta de armas, así como la aparición de milicianos procedentes de Bizkaia para hacerse con el control de la situación. El ayuntamiento de Amurrio también señaló el hecho de que la topografía no reunía las condiciones para establecer un frente de guerra. Resultan de especial interés algunas de las apreciaciones de la Guardia Civil; el comandante del puesto de Amurrio consideraba también como factores del fracaso la falta de decisión de los derechistas y “tal vez por ser por estas regiones de ideas separatistas-vascos y no creyesen que con el triunfo de los rojos tendrian las consecuencias que tuvieron”. La Guardia Civil de Artziniega exageró considerablemente al afirmar que el golpe fracasó en aquella villa porque el 80 o 90% de la gente era separatista o de izquierdas. Lo cual ni muchísimo menos era cierto. Es significativo que no dijesen nada sobre la actitud favorable a la República que tuvieron los guardias civiles de la zona.

 

El componente ideológico solo fue uno de los factores que confluyeron a la hora de inclinar la balanza de la sublevación en la comarca hacia un lado u otro, y probablemente no el principal. El tradicionalismo era mayoritario en el Alto Nervión. Aunque algunos aún lo crean, ésta no fue una guerra contra los vascos. Fue una guerra civil en la plena extensión y literalidad del término en la que unos españoles lucharon contra otros españoles, unos vascos lucharon contra otros vascos, unos alaveses lucharon contra otros alaveses y, por supuesto, lo mismo ocurrió con los naturales de nuestra comarca. Muchos lucharon voluntariamente en el bando sublevado, no siempre por las mismas razones, y por supuesto sin saber, como nadie lo sabía, lo que ocurriría en el futuro. Muchos lucharon en el bando sublevado de forma obligada. Muchos lucharon voluntariamente en el bando republicano, no siempre por las mismas razones. Muchos lucharon en el bando republicano a regañadientes, para evitar represalias por su condición de derechistas. Y muchos lucharon primero en uno y luego en otro, por diversas razones.

Como resultado de todo ello, hubo más naturales del Alto Nervión en las filas sublevadas o franquistas que en el ejército republicano. Según los datos aportados por G. Ruiz Llano en su tesis doctoral, datos que no hemos logrado detallar ni localizar en su fuente original, unos 124 jóvenes, y otros tantos de más edad, escaparon de la Cuenca Cantábrica y se alistaron en Vitoria en el ejército sublevado a lo largo de la guerra. De hecho, cifra en 239 personas las nativas de los municipios alaveses del Alto Nervión –excluyendo, por tanto, la ciudad de Orduña, que aportó un número importante de combatientes a las filas requetés- que se alistaron voluntariamente en las filas sublevadas. De éstas, 210 lo hicieron en batallones requetés, 14 en falangistas, 8 en la Legión y 7 se enrolaron en unidades regulares del ejército.

Pero fueron muchas más las personas que combatieron forzosamente en las filas sublevadas: nada menos que 720. De éstos, 704 combatieron en unidades del ejército y 16 estaban realizando el servicio militar. A ellos habría que sumar otros 270 individuos que estuvieron encuadrados en batallones de trabajadores, prisioneros de guerra empleados como mano de obra forzosa. Por lo tanto, y según los cálculos del autor, el 4% de la población masculina de la comarca luchó voluntariamente en el ejército sublevado o franquista y el 16,8% lo hizo forzosamente. Esto nos lleva a concluir que uno de cada cinco hombres formaron parte de las filas militares sublevadas.

Pero esta afirmación requiere de una matización muy importante: cuando el Alto Nervión cayó en manos sublevadas en junio de 1937, aún restaban casi dos años de guerra, con movilizaciones de reemplazos, reclutamientos, etc. Además, parte importante de los reclutados forzosamente habían luchado anteriormente en el ejército republicano; así habría ocurrido con los encuadrados en batallones de trabajadores y con otros que optaron por unirse a alguna unidad sublevada antes de penar en prisiones y campos de concentración. Algunos, incluso, fallecieron combatiendo en el ejército al que previamente se habían enfrentado. Aún así, el número de voluntarios fue importante, y eso sin tener en cuenta a los orduñeses, muy numerosos en las filas requetés.

Veamos los datos municipio por municipio, confrontándolos con los que Ruiz Llano aporta para el ejército republicano, menos completos y exactos, menos detallados, pero orientativos en todo caso. Hay que tener en cuenta, como hemos dicho, que muchos hombres estuvieron primero en un bando y luego en otro.

Laudio aportó al menos 142 combatientes al ejército republicano. Los datos no están, como decimos, muy detallados y, de hecho, la vía por la que muchos de ellos accedieron al mismo no pudo ser determinada. También hay voluntarios y generalmente un mayor número de forzosos, que deben corresponder a aquellos reemplazos que fueron llamados a filas. Sin embargo, fueron nada menos que 257 los vecinos de este municipio que lucharon en el bando sublevado: 78 fueron voluntarios -73 de ellos como requetés, ya que en Laudio existió un Requeté bien organizado y preparado- y 179 fueron integrados forzosamente. Además, hubo 48 hombres que fueron destinados a batallones de trabajadores.

El municipio de Ayala aportó 219 combatientes al ejército republicano, de los cuales al menos 52 fueron voluntarios. Por el contrario, 267 formaron parte del ejército sublevado: 63 voluntarios -55 de ellos requetés- y 204 fueron reclutados a la fuerza. A ellos hay que sumar los 61 destinados a batallones de trabajadores.

En Amurrio, fueron al menos 152 las personas integradas en el ejército leal a la República, 52 de ellas voluntariamente. Por el contrario, 128 formaron parte de las fuerzas sublevadas: solamente 13 lo hicieron de forma voluntaria y 115 fueron movilizados forzosamente. Otros 53 terminaron encuadrados en batallones de trabajadores. En Amurrio, el PNV era fuerte, y también había una presencia relativamente importante de las izquierdas debido a sus recientes primeros pasos en la senda de la industrialización.

En el municipio de Artziniega, 69 hombres lucharon por el bando republicano y 56 lo hicieron en las filas rebeldes: 12 voluntarios y 44 forzosos, además de otros 25 en batallones de trabajadores.

En Lezama, fueron 102 los hombres que formaron parte del ejército republicano, justamente el mismo número de los que lo hicieron en el bando sublevado, de los cuales solo 17 fueron voluntarios y los 85 restantes se encuadraron de manera forzosa. Eso sí, hubo otros 48 hombres destinados a batallones de trabajadores.

Finalmente, en Okondo solamente 29 personas formaron parte del ejército republicano, mientras que 44 fueron reclutadas forzosamente por los sublevados, además de 13 voluntarios. Solamente 17 de sus vecinos pasaron por batallones de trabajadores.

No disponemos de datos al respecto de los movilizados en el ejército republicano en el ayuntamiento de Arrastaria. Sí sabemos que aportó la nada desdeñable cifra de 43 voluntarios a las fuerzas sublevadas, casi todos requetés, y otros 32 se incorporaron forzosamente. 19 hombres fueron enviados a batallones de trabajadores. Habría que señalar que, en Arrastaria, a principios de septiembre de 1936 sus vecinos decidieron evacuar el municipio con libertad para elegir entre desplazarse a Urkabustaiz, y por lo tanto a territorio controlado por los sublevados, o a Orduña u otras localidades aún leales a la República. Según se dice en otros lugares, al parecer en estos movimientos influyeron más las relaciones familiares que las estrictamente ideológicas.

El Capitán Juan de Ugarte Larrea: familia, tiempo y legado (I)

 

 

 

Numerosas publicaciones y folletos informativos recogen fotografías y algunos datos básicos sobre el Palacio de Larrako, en la localidad de Lezama, que es así una de las construcciones civiles más espléndidas y vistosas del actual municipio de Amurrio. Como bien suelen señalar, ya que casi siempre emplean el mismo texto reelaborado una y otra vez, fue un Capitán del ejército llamado Juan de Ugarte la acaudalada persona que financió su construcción, motivo por el cual podemos considerarlo el más famoso y conocido de todos los ilustres hijos del pueblo de Lezama. Sin embargo, muy poco más se ha contado sobre este personaje.

Nuestro objetivo no es reconstruir la vida completa del Capitán, ya que las fuentes documentales que conocemos no nos aportan demasiados datos, al menos no los suficientes para rastrear toda su vida. Pero lo que sí nos permiten las fuentes es conocer sus orígenes familiares, las circunstancias y complicaciones de su ascenso en la escala social ayalesa, las luchas de poder en las que se vio envuelto, y el alcance de su legado. Para ello, nos basamos sobre todo en un documento fundamental que es el expediente realizado con ocasión de su ingreso en la Orden de Santiago. Se trata del más especial y sorprendente de cuantos ha tenido ocasión de consultar el autor, y no han sido pocos. De todos modos, es tal el volumen de información que contiene, que hemos tenido que limitarnos a los datos más importantes y los más curiosos para componer un artículo que resulte legible. Eso sí, por cuestiones de espacio nos vemos obligados a publicarlo en dos partes. He aquí la primera.

 

 

Primeros años de vida

 

El 9 de febrero del año 1601 el sacerdote Juanes de Uscategui bautizó en la parroquia de San Martín de Lezama a un niño que fue apadrinado por Gregorio de Aguirre y su tía Marina de Ugarte Bechia, vecina de Amurrio. Fue llamado como sus dos abuelos: Juan. El mismo nombre, por cierto, que sus padres Martín de Ugarte y Catalina de Larrea habían escogido para su primer hijo varón, nacido en 1592, de efímera existencia.

Los primeros años de la vida de Juan transcurrieron en su casa natal, el caserío Larrea. De hecho, el chico fue bautizado como “Ugarte de Larrea” y algunos de sus hermanos simplemente como Larrea. De este solar podemos decir que, posiblemente, la referencia más antigua data de 1508, cuando el sacerdote Fernando Martínez de Larrea denunció a Sancho Fernández de Ugarte por haber matado a su hermano Iñigo Martínez de Larrea, que bien pudo ser el propietario de la casa y que ya tenía hijos crecidos[i]. Evidentemente, el Palacio de Larrako toma su nombre del caserío preexistente en el paraje.

Catalina de Larrea debió ser la heredera de este caserío. Nació en 1568 y fue bautizada como “Verganza de Larrea”, ya que su padre Juan, que era zapatero, fue hijo de Juan de Berganza y Mariana de Larrea. Éste Juan fue natural de la casa de Berganzagoitia en jurisdicción de Larrinbe y era descendiente de la casa de Mariaka. Por otro lado, la madre de Catalina se llamó Catalina de Goicoechea, era natural de Baranbio y a veces figura con el apellido Rotabarria, por lo que no nos cuenta mucho trabajo relacionarla con el ya desaparecido caserío Goikoetxea en Baranbio. Pero esta es otra historia.

Cuando Catalina se casó con Martín de Ugarte, constituyeron una familia con ciertas capacidades y reconocimiento social, no obstante Martín desempeñó cargos en la Tierra de Ayala con relativa frecuencia, al igual que lo habían hecho su padre y su suegro. Pero seguramente no dejaban de ser labradores con un cierto desahogo económico, no más.

Martín depositó grandes esperanzas en su hijo Juan. Cuando tenía unos trece o catorce años, lo envió a Bilbao a casa de su amigo Domingo de Urrutia con el fin de “perfeccionarle en el leer, escribir y contar”, ya que en su tierra no había quien le enseñara a hacerlo. Martín no sabía firmar, por lo que era analfabeto, y esto es realmente llamativo porque era hijo del escribano Juan de Ugarte de Sagarzaguren. No solo eso, sino que, según testimonio de Martín de Urquijo, su padre hacía “mucha merced” al pueblo al enseñar las oraciones, a leer y a escribir a los mozos del lugar. Pero curiosamente parece que no enseñó a su propio hijo. Como muestran los documentos de la época, al menos en esta localidad eran bastantes los que, como mínimo, sabían firmar. Pero una cosa es saber leer y garabatear algunas letras y otra muy distinta perfeccionar estas capacidades. Como no había ningún lugar en Ayala donde recibir una educación de mayor calado, y quizá a falta de los recursos necesarios para enviar al muchacho a Castilla a formarse en las letras como hicieron otros ayaleses, lo envió a Bilbao a estudiar y, en el ínterin, se alojaría en casa de una persona de confianza. Era habitual en estos casos que fuese el propio padre quien corriese con los gastos de la manutención del joven, pero no sabemos cuál fue la formula empleada por Martín.

Juan estuvo en Bilbao poco más de dos años antes de regresar a su hogar. Después, fue enviado a Italia y a continuación a América a prestar servicio al rey en el ejército. Esta no deja de ser una biografía de trazo grueso que no aclara gran cosa. Lo que sí sabemos es que Martín realizó las gestiones pertinentes para que su hijo pasase a las Indias en el año 1624. Nuestro protagonista contaba 23 años y era “alto de cuerpo, comenzado a barbar, espigado, seco de rostro”. El 11 de febrero de dicho año, Martín presentó seis testigos en Lezama para certificar la hidalguía de su hijo: fueron Domingo de San Millán, Pedro de Oquendo de Eranegui, Gregorio de Ocaranduy, Martín de Uscategui Urtaran, Domingo de Urtaran de Aspilaga y Domingo Balza de Aguirre, todos ellos entre los 60 y los 80 años de edad. El trámite fue realizado ante los hermanos Cristóbal y Gabriel de Ugarte Ulibarri, que actuaron como alcalde ordinario y escribano respectivamente, aunque el primero también era escribano de oficio y uno de los personajes más poderosos de Ayala. Varios de estos nombres aparecerán más adelante.

No conocemos detalles sobre la carrera militar de Juan de Ugarte en las Indias. Pero sus logros debieron ser muy importantes porque, trece años después, en 1637, regresó del Nuevo Continente a Sevilla y desde aquí a su localidad natal. El muchacho ya era todo un hombre de 36 años que se presentó en Lezama con el grado de capitán, la merced del rey para ser obsequiado con el hábito de la Orden de Santiago y dinero, mucho dinero. Y, sin embargo, seguía soltero.

En Lezama le esperaba su madre, ya viuda y con 70 años; Juan tenía varias hermanas, dos mayores y dos menores, que estaban casadas en la misma localidad, en Larrinbe y en Amurrio. Aunque no disponemos de datos directos que lo confirmen, todo apunta a que el caserío Larrea quedó para su hermano Martín, cinco años menor que Juan, quien en 1625, y con solo 19 años –edad que por aquí entonces y siempre ha sido poco habitual para contraer matrimonio-, se casó con María Ortiz de Zulueta. Sabemos que Martín murió joven, pero no es mencionado en ningún momento en la documentación referente a su hermano, por lo que creemos que a su regreso el Capitán halló en su casa natal a su madre, su cuñada ya viuda y dos sobrinos de corta edad.

 

 

 

El hábito de Santiago

 

La de Santiago era una orden religiosa y militar fundada en el siglo XII, muy vinculada a la protección de peregrinos y a la Reconquista, pero para el momento que nos ocupa estas funciones se habían diluido y la Orden se había convertido en un grupo elitista que otorgaba reconocimiento y prestigio social, con especial querencia por los nuevos ricos, como precisamente era el caso del Capitán. Por supuesto, ser hidalgo era condición indispensable para lograr acceder a cualquier orden militar, por lo que previamente a la obtención del hábito un par de miembros de la misma, a los que suelen llamar receptores, solían investigar al candidato en su localidad natal compulsando documentos y tomando declaración a testigos con el fin de certificar la nobleza del sujeto y, en consecuencia, su limpieza de sangre y condición de cristianos viejos.

El Capitán ya llevaba unos cuantos meses en Lezama, había adquirido alguna que otra propiedad y las obras de construcción de su palacio ya estaban en marcha cuando en el mes de abril de 1638 llegaron dos receptores de la Orden para proceder a la pertinente investigación, que siempre eran exhaustivas pero en cierto modo rutinarias. En esta ocasión, el proceso no iba a ser sencillo.

Después de la convencional declaración del primer testigo, que fue el sacerdote Gregorio Abad de Aguirre, se presentó Lope Hurtado de Mújica, señor de la casa torre de Astobiza y Caballero de Santiago a sus 33 años. La casa de Astobiza es una de las más antiguas y prestigiosas de Ayala pero hasta el momento no descollaban por sus bienes inmuebles –tenían los suficientes pero no demasiados- ni se inmiscuyeron demasiado en la política local, si bien no dejaron de ejercer influencia sobre sus convecinos; su poderío procedía de las recompensas recibidas gracias a los servicios prestados a la Corona. Por ejemplo, Lope Hurtado de Mendoza había sido embajador de Carlos I en Portugal; su yerno Cristóbal de Mújica Butrón fue Caballero de Santiago y fundador del mayorazgo de su casa. De este modo, nuestro Lope había obtenido el hábito de Santiago más por su sangre y ascendencia que por méritos propios, como sí era el caso del Capitán. Lope fue el primero de la saga familiar en contraer matrimonio con una mujer local, concretamente con María de Ugarte Ulibarri, natural de Lezama (hermana de Cristóbal y Gabriel), y parece que también fue quien intensificó la intervención de la familia en los asuntos locales.

Ante los receptores, y sin ser convocado por ellos, Lope presentó un memorial en el que negaba la hidalguía del Capitán con el pretexto de que una tatarabuela suya que emigró a servir a Santa Gadea por su extrema pobreza había regresado con el hijo de un boticario judío en el vientre, un niño que se llamaría Juan de Ugarte, igual que su bisnieto el Capitán. Lope dijo no recordar el nombre de la susodicha pero había sido natural de una casilla pequeña que se deshizo y estaba frente a la que en el día poseía un tal Pedro de Ugarte. ¿Por qué tenía Lope conocimiento de esta historia? En primera instancia, declaró que lo había oído decir a personas como Francisco de Bidaur, Gregorio de Ocaranduy y Marcos de Urrutia, “hombres desapasionados y sin enemistad con el pretendiente”. Recordemos, sin embargo, que Ocaranduy había declarado positivamente a favor de la hidalguía de Juan de Ugarte antes de su marcha a América, pero ya era difunto y no era posible que respondiera a las alusiones y aclarara esta aparente contradicción en sus testimonios.

Tener ascendencia judía era una mácula que le convertía a uno en judío automáticamente y acusar de ello a un hidalgo constituía el más grave de los atentados contra su honor. En aquellos tiempos, se concedía un gran valor al testimonio de personajes tan prestigiosos como Lope, que además era caballero de la misma Orden, pero los receptores no se dejaban convencer con tamaña facilidad. La acusación requería una base consistente y creíble, sustentada en hechos demostrables. Por eso, Lope declaró que a Martín de Ugarte le habían llamado judío diversas veces en público y que se comentaba que en su casa no comían tocino; que el mismo epíteto había recibido Diego de Ugarte, natural y vecino de Inoso, pariente del pretendiente al hábito; y que Martín desempeñó cargos en la Tierra únicamente por “regalar” al ya difunto Juan Fernández de Ugarte, señor que fue de la casa de Ziorraga, y a Hernando Ortiz de Ugarte, señor de la casa de su apellido en Amurrio y de la de Ulibarri en Lezama, y a la sazón suegro del declarante.

Como se puede ver, la mayor parte de los argumentos para negar la hidalguía del Capitán tenían que ver en realidad con su difunto padre. Esto nada tiene de casual ni gratuito, pues Lope debía saber que, cuando aún era un joven por casar, Martín de Ugarte hubo de afrontar también la misma acusación de judío que su hijo. El pleito resultante fue compulsado por completo y se adjuntó al expediente del Capitán. Además del papel trascendental que desempeñó en las acusaciones vertidas sobre el Capitán, contiene datos inéditos y de gran interés, por lo que vamos a dedicarle casi todo lo que resta de esta entrada para abordar, en otra posterior, los sucesos de 1638, los orígenes de su familia y las luchas de poder entre diversas familias en aquella época, y finalmente su legado.

 

 

Martín de Ugarte, acusado de judío

 

 

Junto o próximo a la casa de Juan de Recalde, muy cerca también del caserío Larrea, se encontraba el término “do dizen Urquillatu”, donde posteriormente hubo una tejera. En este punto, la tarde del martes 7 de junio de 1587, el día después de la Pascua del Espíritu Santo o Pentecostés, muchos “mancebos y donzellas” de Lezama y algunos de Larrinbe se juntaron allí a “bailar y tomar plaçer (…) al son de un tanborin baylando”. Como un gran número de testigos declararon posteriormente –no todos coincidieron en la exactitud de las palabras, pero sí en lo esencial del relato-, en un momento dado de la romería se habían formado dos “regocijos” o corros en un baile “que llaman en lengua bascongada a tabolin bolinete”. En uno de ellos se encontraban Magdalena Balza de Berganzagoitia y Martín de Ugarte y sucedió que, sin motivo ni provocación aparente, la joven le propinó un bofetón o puñada en el rostro, encima del ojo, y se fue corriendo al otro corro, donde estaba su hermana Ana, perseguida por Martín. Ugarte, que tenía 24 años por entonces, se tapaba un ojo con la mano y protestaba por el golpe y le dijo a Magdalena “balgate del diablo yegua cornuda” mientras le daba una patada o rodillazo “en el pecho del coño” [sic].

Entonces, Ana le habría contestado “eso Martin para hombre mancebo ruin criança traigas para mançebo que no os tenia yo meresçido”. Es dificil interpretar el significado de estas y otras palabras que se reproducen en pleitos antiguos, pero al menos la segunda parte de la frase parece señalar que Ana expresó que Martín no se la merecía, y es que, como veremos, ambos parecían estar llamados a contraer matrimonio. Martín contestó “pues tomalda a cuestas”, en referencia a su hermana, y Ana dijo “mal biaje hagais judio biejo”, pero aparentemente estas palabras no fueron escuchadas por Martín y solo después se habría enterado de ello.

Fueron numerosos los muchachos y muchachas que observaron el lance y prestaron declaración pero solo uno, un testigo presentado por la parte defensora de Balza, aportó el detalle de que, tras el intercambio de impresiones con Ana, y estando Magdalena sentada, Ugarte se puso un dedo en la frente y les amenazó “esta que me lo abeis de pagar”. Añade también que fue un hijo de Juan de Landazuri, posiblemente un tal Martín que declaró en el juicio pero nada dijo al respecto de este pasaje, quien agarró a Martín y lo llevó de vuelta a su corrillo.

Como consecuencia de este enfrentamiento, Martín de Ugarte se querelló contra Ana Balza de Berganzagoitia por haberle llamado judío, y también contra su padre Juan Balza de Berganzagoitia y su tío Domingo de Berganzagoitia, ambos herreros. Éste figura posteriormente varias veces con el apellido Aguirre, e incluso como Domingo de Aguirre “dicho balça”. Lo curioso es que es el mismo que en 1624 declaró como testigo en el expediente de hidalguía del Capitán previo a su paso a las Américas.

El domingo de la misma semana, que se contaban 12 del mes de junio, Martín de Ugarte se encontraba en la portalada de la casa de Martín de Padura pasando el rato junto a la señora de la casa María Sáez de Jauregui, su criado Juan de Zaballa, Pedro de Unzueta de Urtaran y María Ortiz de Mendieta y su hija María de Zaballa, mujer de Diego Ortiz de Urrutia, todos ellos vecinos cercanos y de muy diversas edades. Según declaró esta última, allí se presentó Juan Balza en compañía de otras personas y comenzó a increpar a Ugarte diciéndole que si hubiera estado presente en la riña le habría cortado las piernas. Martin le contestó que “por ser buestras hijas muchas veces les he hecho honra” y Balza replicó: “no quiero ni buestra honra ni deshonra”. Según testimonio de Pedro de Unzueta, antes de este cruce dialéctico Balza pidió a Ugarte que desistiera del pleito pero el joven contestó “yo no puedo dejar de hacer mi probanza de bondad y genealogia q yo jamas trate contra vos”. Entonces Balza le amenazó con abrirle de arriba a abajo y le dijo que “si nadie es suçio yo no le puedo limpiar”. Martin contestó “dios perdone a los que vos habeis muerto”, como si diera a entender que Balza tenía algún que otro cadáver en el armario.

Juan Balza y su hermano Domingo también fueron aquel día “en acabando de comer” a casa de otra María de Zaballa, de 48 años, para persuadirla, bajo amenazas, de que declarase contra ellos. La mujer respondió que, en caso de ser llamada a declarar, diría la verdad. Por el contrario, María relató un episodio que ocurrió cuando regresaba de misa junto a Juan Balza, su tocaya la mujer de Diego Ortiz de Urrutia, María Sáez de Jauregui y Catalina de Padura. Balza dijo que era malo que una hija de Juan de Ugarte, hermano de Martin, hubiese entrado en la iglesia con tanta “fantassia y gravedad” y otro tipo de acusaciones y ella le dijo “Juan Balça no teneis razón dezir tales cosas por ella porque si ha errado ella se emendara”. Este suceso parece revelar una animosidad previa de Balza contra los Ugarte.

De modo que el pleito siguió su curso. El día 17 Balza recusó al escribano Cristóbal de Ugarte, vecino de Amurrio, por considerarlo próximo a Martín, y también pidió la recusación de la casa de Juan de Velasco en Larrinbe como lugar de audiencia, suponemos que por ser su esposa Casilda hermana del escribano. Ambas recusaciones fueron aceptadas y Balza nombró un “escribano acompañado”, que paradójicamente fue el hijo de Cristóbal, Hernando (Ortiz) de Ugarte Orueta, vecino de Lezama, ya mencionado.

 

 

El pleito

 

El 20 de junio el Alcalde Mayor de Ayala ordenó encarcelar a Ana, su padre Juan y su tío Domingo. La joven alegó que la cárcel de Mendixur no era lugar seguro para su honor de doncella y, tal y como se hacía en ocasiones, se optó por encarcelarla en una casa particular. Lo curioso es que este papel le correspondió a la casa de otro tío suyo, Pedro de Berganzagoitia, herrero y vecino de Amurrio. A pesar de que se le impuso una pena de 200 ducados en caso de huida, Ana no tardó en dejar la casa de su tío, de modo que solo tres días después Martín de Ugarte acudió ante el Alcalde Mayor a protestar no solo por esta fuga, si no por el hecho de que su padre aún no había sido capturado.

Para el día de San Juan, 24 de junio, padre e hija ya estaban presos en Mendixur. La mujer se presentó por la mañana por iniciativa propia para hablar con su padre; ambos estuvieron presos hasta el 4 de julio, si bien en algunas ocasiones el alcaide permitió salir a Juan para que hiciera las gestiones necesarias para su defensa en el pleito. Eso es precisamente lo que había hecho el alcaide Martín de Lezama el día 26 por la mañana cuando Ugarte se presentó en la fortaleza para comprobar si Balza estaba en ella; debía saber que había salido, ya que, aunque Lezama le mintió y le dijo que sí estaba en ella, Ugarte no le creyó y subió a la estancia en la que se encontraba Ana. Allí tendría lugar una significativa conversación entre ellos, de la que fueron testigos el alcaide, su mujer Juana de Berganzagoitia –que no era pariente de los acusados- y Martín de Landaburu, pariente de Balza dentro del cuarto grado y que se encontraba allí cosiendo ropas y vestidos del alcaide. Pues bien, Ana dijo: “Martin me tienen presso y por bos estoy aquí bos y yo mas nos queriamos”. Lezama intervino: “por cassarse con bos viene Martin aca, casaros los dos y todos estos pleitos (…) en bien”. El texto no es del todo legible, pero parece ser que Lezama instaba a concertar el matrimonio para poner fin a la disputa que enfrentaba a ambas familias. Martín contestó que “Ana no se casaría conmigo abiendome llamado y tratado de judio pero creo q debia de ser por dichos de su padre” y Ana le replicó,“Martin estais engañado que a mi padre no he oydo tal cosa pero ha otras personas los an llamado y tratado de judio y anssi os lo llame yo”. Esta afirmación no deja de ser una confesión por parte de Ana de que le llamó judío con ligereza, porque era un insulto que se empleaba con profusión sin reparar en su verdadero significado, pero los ánimos de Martín no quedaron aplacados sino que, al contrario, se sintió aún más agraviado.

Ana negó que todo esto hubiera ocurrido. Tenía 19 años y solo admitió haber dicho a Martín que “para mancebo tenía ruin crianza” por los malos tratamientos que le hizo a su hermana Magdalena. Afirmó que le tenía por buen cristiano pero, cuestionada al respecto de su hidalguía, contestó con evasivas. Lo mismo hizo su padre, ya que aunque negó haber propagado que Martín y sus antepasados eran judíos, cuando le preguntaron acerca de la condición de hidalgo del aludido contestó que no sabía “si en el cabía alguna de las razas o no”.

El caso es que ambos denunciaron a Martín por golpear a Magdalena y el joven fue detenido y encarcelado. Los Balza alegaron que, a consecuencia del golpe propinado por Ugarte, la muchacha se hallaba en cama gravemente herida y con su vida en riesgo, si bien no sabemos mucho más al respecto. El 6 de julio Martín ofreció su primera declaración completa, en la que negó la agresión. Afirmó que, a pesar de “haber tenido ocasión” de haber hecho alguna pesadumbre a Magdalena por haberle dado una puñada en el ojo, no le dijo palabra injuriosa ni de consideración y las que le dijo fue en placer y pasatiempo yendo tras ella muy contento para “bolberla a la dança y conbersacion” y, cuando no quiso volver, regresó a la danza sin ningún enojo ni disgusto. Como podemos ver, este testimonio no es del todo coincidente con lo manifestado por diversos testigos que se encontraban en aquella romería pero a Martín le interesaba rebajar la gravedad de sus acciones para no ser condenado por agresión.

Decenas de personas fueron llamadas a declarar, por una u otra de las partes. Sería interesante observar sus nombres, edades y declaraciones, pero narrar todos los detalles del pleito exigiría un espacio desmesurado del que no disponemos y el resultado sería un tanto confuso y dificil de asimilar. Así que nos limitaremos en las próximas líneas a reflejar las acusaciones vertidas en la figura de Martín de Ugarte por los testigos presentados por Balza.

Ya hemos visto previamente algunos indicios que nos hacen sospechar que la animadversión de Juan Balza por la familia de Martín era previa al incidente de la romería. Pedro de Berganzagoitia, no el tío de Ana sino otro del mismo nombre que era pariente de Balza dentro del cuarto grado, contó que, un par de años antes, iba con Juan hacia su casa después de oír misa cuando le dijo que Martín había pedido la mano de su hija y repetía: “blanca y media de coño y que hijo de un judio se auia de pedir a su hija Blanca y media de coño”. No sabemos muy bien si este testimonio trata de hacer ver que la condición judía de Ugarte era vox populi aún antes del incidente, y que esa era la razón por la que se oponía a que desposase a su hija, o fue en realidad un ataque a la personalidad aparentemente colérica y fogosa de Balza, ya que otros testigos, como Diego de Padura de Olagorta, declararon que tenía mala fama y reputación, que era un hombre inquieto, revoltoso y “de mala lengua”. Ya había estado en Mendixur varias veces y una de ellas acusado de injurias por su propia madre Elvira de Berganza.

Además, un hombre de reputación como Martín de Urquijo, vecino de Lezama pero natural de la torre de los Ospín de Urquijo en Okondo, que se había criado con uno de los mayordomos del señor Atanasio de Ayala, afirmó que unos dos meses antes Balza había intentado que los vecinos de Lezama expulsasen de la iglesia a Juan de Ugarte, padre de Martín, por “no saber si era moro o cristiano”.

¿Qué dijeron los testigos al respecto del origen judío de Martín? María de Zaballa, aquella que habría asegurado a los Balza que diría la verdad, declaró que había oído, aunque no recordaba a quién, que no se sabía de dónde descendía Ugarte. Su madre Maria Ortiz de Mendieta algo había oído de la bisabuela de Martín pero los tenía por buenos cristianos y gente honrada. Pero Juan de Larrea, vecino de Astobiza y pariente de Balza en cuarto grado -y que lo era más próximo aún ade Catalina de Larrea-, dijo haber oído estos cuentos de boca de Mendieta, y también sabía que ésta en cierta ocasión le había dirigido palabras deshonrosas a Juan de Ugarte. De ello se hace eco de Pedro de Latatu, pues al respecto de la riña entre ambos Pedro Abad de Urtaran le comentó que pudiera ser “que tuviera alguna raza”.

María de Arriaga se hizo eco de ciertas sospechas sobre la procedencia de Juan de Ugarte, abuelo de Martin e hijo de la mujer presuntamente llegada de Santa Gadea. Catalina de Lezameta declaró que había oído de su madre que la bisabuela de Martin vino preñada de Castilla y la susodicha comentó que esa historia la tenía oída a María Hernández de Gujuli pero en cincuenta años no había vuelto a oír murmurar nada y ella los tenía por hijosdalgo limpios de toda raza. Juan de Landa de Basabe y Juan Díez de Basabe reprodujeron también la historia de la bisabuela que regresó embarazada de Santa Gadea, y no fueron los únicos. Claro que también hubo quien dijo no saber nada al respecto, a pesar de ser testigos presentados por los Balza.

Uno de los hechos cotidianos que delataban la condición judía de un individuo era su rechazo a comer tocino, alimento fundamental en la dieta de estas personas. Fueron varias las personas que declararon que Pedro de Ugarte, que era tío de Martín, no comía tocino. Por ejemplo, Juan Ibáñez de Murga relató que la mujer de Pedro solía decir que su marido más quería comer tocino que perdiz y, sin embargo, lo que producían lo vendían en Orduña. Pero incluso algunos de los testigos presentados por el propio Balza desmintieron este extremo. Juan de Unzueta declaró que había estado muchas veces con Martín y sus primos carnales y nunca había visto que tuvieran escrúpulo alguno en comer tocino sino que lo ingerían con el mismo buen apetito que él. Pedro de Eguiluz, si bien dijo haber escuchado la historia de la bisabuela, no pudo dejar de confesar que era vecino de Pedro de Ugarte y, por haber trabajado y comido juntos muchas veces, sabía que no hacía ningún asco al tocino.

Otro de los hechos probatorios de la condición judía, y por tanto no hidalga, de los Ugarte lo era el que, presuntamente, no habían sido admitidos en los oficios del concejo de Lezama. Alonso de Yarritu, que era pariente dentro del cuarto grado de las hijas de Balza, declaró que, desde que pusieron un capítulo en las ordenanzas para que no fuese admitido ni como regidor ni como fiel ningún vecino que no fuese hidalgo, ni Martín ni su padre ni sus primos habían sido regidores. Algún que otro testigo se hizo eco de este hecho como algo que se comentaba o que habían escuchado por ahí. Por el contrario, Pedro de Latatu dio fe de que en diversas ocasiones se había propuesto para el oficio de regidor a los primos y tíos de Martín, y si no habían salido fue por persuasión de su padre Juan de Ugarte, aunque no queda claro por qué no quería que salieran elegidos. Más concluyente fue el testimonio del anciano Juan López de Aranguren cuando afirmó que Juan había sido regidor junto a el.

Por último, el alguacil Martín de Gallartu, vecino de Amurrio, relató que poco tiempo antes un hermano de Martín, llamado Francisco y casado en aquella localidad, tuvo una riña con Martín de Pardío de Ugartebechi tras perder una hoz cuando segaban una heredad del escribano Domingo de Uriarte, discusión en la que, al parecer, Pardío llamó judío a Francisco.

Finalmente, el 20 de octubre de 1588, y por testimonio de Cristóbal de Ugarte, el Alcalde Mayor declaró a Martin de Ugarte por hijodalgo y condenó a Juan y Ana en medio año de destierro y 2.000 maravedis mas el pago de los costes procesales. A Martin se le condenó en 300 maravedis por la agresión. La Chancillería de Valladolid confirmó la sentencia.

 

 

Los Ugarte de Inoso

 

A pesar de que Martín de Ugarte fue declarado hijodalgo y los Balza sancionados por haberle injuriado, cuarenta años después Lope Hurtado de Mújica resucitó estas viejas habladurías cuando incluso no pocos vecinos de avanzada edad ya ni recordaban este pleito. Más fresca en la memoria estaba la querella que Diego de Ugarte, vecino de Inoso, había puesto a Pedro de Guinea en 1633 por haberle llamado judío. Fue en casa de Francisco de Inoso, delante de muchas personas, donde Guinea, que era vecino de Lezama en el barrio Zulueta, le amenazó con sacarle los ojos y le llamó repetidas veces judío marrano, jurafalso y otras injurias. En opinión de Ugarte, Guinea “hera de diferente calidad que la suya” por ser descendiente de labradores pecheros y hombre inquieto y revoltoso, pendenciero, malhablado, que tenía muchos conflictos en las tabernas y con sacerdotes. Guinea fue severamente castigado y desterrado, y murió no mucho después en Subijana de Álava. Lo relevante del caso es que Diego aparece como primo o primo segundo de Martín de Ugarte. Por lo que alcanzamos a saber, el padre de ambos se llamaba Juan, por lo que solo podían ser primos como mucho, de modo que ellos serían, efectivamente, primos segundos.

 

En el proximo capítulo, analizaremos cómo Lope se basó en estos dos pleitos para tratar de desacreditar al Capitán Juan de Ugarte tachándolo de judío y, por lo tanto, incapaz de acceder a la Orden de Santiago. Hasta aquí hemos sabido que Martín fue hijo de un escribano llamado Juan de Ugarte, nieto de otro Juan de Ugarte, quien se decía que fue hijo de María de Ugarte y un boticario judío. Pero, ¿es esto cierto? ¿Cuáles eran los orígenes del Capitán y sus antecesores? ¿Por qué Lope presentó esta acusación y qué buscaba al obstaculizar el ascenso del Capitán? ¿Actuó solo o tenía aliados?

 

 

[i] Archivo Histórico Diocesano de Zaragoza: Fondo de Apelaciones, Bizkaia, Caja 203-6, 2057

Pleito de Elejazar (II)

 

 

 

 

Seguimos con el conocido como Pleito de Elejazar.

El 8 de febrero de 1768 comenzó en la casa del escribano Domingo Tomás de Echeguren, vecino de Olabezar, una serie de compulsas de documentos que tendrían su peso en el pleito. Concretamente, se presentó un apeo que tuvo lugar el 24 de agosto de 1675 con los regidores de Olabezar Juan de Ugarte de Belaunde y Juan de Gabiña y otros vecinos del pueblo que visitaron los mojones del monte de Elejazar propio de los cinco concejos. Primero visitaron un mojón yendo a la casa de Urietagoicoa en el puesto de Enorduy, que era el primero que confinaba con la jurisdicción de Luiaondo; más arriba y a la vista de éste visitaron otros dos mojones y luego otro en el punto de Lantegui que tenía grabado en la parte de arriba la fecha 1648 y a la parte de Luiaondo la de 1671 y los regidores pusieron en la piedra hacia la parte de arriba el año actual, a la vista de Olarte; visitaron el siguiente mojón que estaba más abajo, en el arroyo lindante con la jurisdicción de Luiaondo y Olarte, y con el castañal de Juan de Urrutia; visitados estos cinco mojones, fueron al punto de la entrada de Elejazar y plantaron un roble y después bajaron a Lekuzabal donde hallaron plantados muchos castaños, lo cual había ejecutado San Juan de Urrea, vecino de Amurrio, de quien se dice que era el vecino más cercano al lugar.

También se presentaron las escrituras entre Joaquín de Urizar y Roque de Picaza y pleito que pasó ante el Gobernador. Dicho pleito comenzó el 7 de enero de 1751 cuando Picaza, arrendatario de la ferrería de Zabalibar, propia de los herederos de Diego de Landa, compareció ante el Gobernador y pidió que se impidiese a Joaquín de Urizar, vecino de Miraballes, que cortase la porción de leña que se le había rematado en el monte de Elejazar. Picaza argumentaba que por costumbre y privilegio, como arrendatario de la ferrería de Amurrio, debía ser preferido a cualquier otro en el aprovechamiento de la leña que producían los montes comunes y particulares de dicha jurisdicción, y estaba presto a pagar el precio de las dichas cargas con las mismas condiciones en que se remataron. El Gobernador ordenó que quedase Manuel de Lezama como depositario y no se hiciera corta alguna.

Urizar protestó la decisión en base a tres argumentos. Primero, que Picaza asistió al remate y cuando Francisco de Aldama le ofreció los carbones dijo que no le convenía. Segundo, que Amurrio tenía recursos suficientes para alimentar cuatro ferrerías si fuera necesario. Tercero, que ya tenía la leña preparada para poner en hoyas y que no podía dejarla expuesta a robos o que se perdiera.

El 29 de marzo de 1754 se procedió a la presentación de testigos para este caso. El primero fue Francisco de Aldama Isasi, de 28 años, quien afirmó que el término de Elejazar era propio y privativo de los cinco concejos tanto para su aprovechamiento como en su propiedad; que al remate asistió Picaza, Pedro de Hernani y otros ferrones -pero no Urizar- y Hernani dijo que pujase el que quisiera pero que nadie importunase después a la persona que lo hiciera. En el segundo remate, que fue en favor de Hernani, éste le dijo a Picaza que hiciera postura para el tercero como ya lo había hecho en el primero pero le contestó que no le convenía porque era caro. El tercer remate se lo llevó Aldama, que luego lo cedió a Urizar por medio de escritura pública. Añadió que no había visto ni tenía noticia de que se hubieran sacado de los montes de los cinco concejos carbón para otras ferrerías pero sí había visto transportarlos del valle de Arrastaria y de montes particulares sin que nadie hubiera puesto traba alguna.

Pedro de Yarritu, vecino de Amurrio de 58 años, había tasado la leña vendida junto a José de Zulueta, de Larrinbe. Dijo que Picaza le había dicho que no a Aldama porque en Elejazar no podía entrar con el carro. En todo caso, opinaba que le vendría mucho mejor tomar los montes particulares que había cerca de la ferrería, los cuales solían vender su esquilmo para carbón. Al contrario que el testigo anterior, y que Diego de Ugarte, vecino de Amurrio de 38 años, comentó que sí se habían rematado leñas para carbón a personas que lo habían llevado fuera, y unos cuatro años atrás él mismo vendió hasta 400 cargas de sus propios montes a Juan de Barrones, de Llodio, que las llevó a sus ferrerías sin mayor impedimento.

Tomás de Gabiña, vecino de Etxegoien de 60 años, asistió al remate y le dijo a Picaza que entrase porque le traía a mayor cuenta que a un forastero y le contestó que no porque no podía entrar con carro en aquel paraje. Coincide en que se habían llevado carbones fuera sin oposición alguna.

La declaración continuó al día siguiente con testigos como Bartolomé de Esnarriaga, de 45 años, Francisco de Aldama, de 60, Juan de Zulueta, vecino de Larrinbe de 60 años, y Diego de Aldama, de 43, quien dijo que los montes cercanos a la ferrería no eran capaces de producir 8.000 cargas de carbón (que era lo que les preguntaban) pero las que hubiera las tenía mas en cuenta Picaza tomarlas que las que podía conseguir en Elejazar.

La causa continuó a principios de mayo en la casa de Águeda de Zulueta, vecina de Amurrio, con el interrogatorio de Picaza y la presentación de sus testigos. Roque dijo que no se halló en el tercer remate, que era imposible que en las cercanías de la ferrería sacara 8.000 cargas de carbón, sino 800 o 900 como mucho; dejó por cierto que se tenía costumbre de vender leña en remate público pero que si se había conducido a ferrerías de fuera había sido con ignorancia de los ferrones o porque no las necesitaban.

Domingo Tomas de Echeguren, el escribano de Olabezar que por aquel entonces tenía 34 años, añadió que había oido vagamente decir a Martín de Otaola, de Amurrio, que Roque no necesitaba los carbones y los tenía ofrecidos a otro ferrón, pero se remitió a lo que había declarado el propio Roque. La mencionada Águeda, de 41 años, afirmó que Urizar, Aldama y Yarritu estuvieron comiendo en su casa, y les dijo que “era mucho” que Roque no hubiera entrado en los carbones que se habían rematado, a lo que le contestaron que no los había querido.

Juan de Ugarte, vecino de Amurrio de 51 años, dijo que Picaza era arrendatario de la ferrería de Zabalibar desde hacía unos 13-14 años y lo había renovado por otros nueve; que el monte de Elejazar estaba sito en jurisdicción de Amurrio y que los cinco concejos tenían comunidad de aprovechamiento; tenía por cierto que los arrendatarios de las ferrerías de Zabalibar y Luyando –cuyo administrador entonces era Luis Cristobal de Garbiras- tenían preferencia a otras de fuera no solo sobre la leña de los montes de Elejazar sino también a las de otros montes comunes y particulares; dijo que los montes del lugar no producían el suficiente carbón para alimentar la ferrería de Zabalibar y por eso le constaba que Picaza se valía de los montes de Altube y de otras partes, como había hecho ese año con 4000 o 5000 cargas y que los dueños de las ferrerías de Berganza y Ziorraga se las habían quitado y por ello le hacían mucha falta dichas cargas de Elejazar.

Domingo de Arana, vecino de Amurrio de 49 años, fue quien comunicó a Roque que le habían prendado las cargas que había comprado en Altube. Los demás testigos no aportaron nada nuevo. La sentencia pronunciada por el Gobernador el 14 de junio de 1751 desestimó la pretensión de Roque de Picaza.

 

Regresando al 8 de febrero de 1768, a la casa del escribano Echeguren acudió Francisco de Yarritu Bañueta y dijo que el día anterior el pueblo de Amurrio reunido en concejo decidió que ahora sus representantes en este asunto fuesen los actuales regidores, que eran el mismo Yarritu y Bartolomé de Esnarriaga menor.

El 24 de febrero, en la casa de Antonio de Urrutia en Luyando, se procedió a la presentación de testigos de la parte de Amurrio. Los puntos por los que se les preguntaría, y lo que querían demostrar, eran los siguientes:

  • que cada uno de los cinco concejos era separado y el monte de Elejazar estaba dentro del término de Amurrio, de modo que vendían la leña de dicho monte sin intervención de otros lugares, multaban a los vecinos de los cuatro concejos que habían entrado a cortar leña, y cada vez que hubieran necesitado materiales para sus casas pedían licencia a los regidores de Amurrio
  • que habían hecho en Elejazar cuantos plantíos habían querido sin asistencia de los otros lugares, así como apeos y demás por valor de 20.000 pesos en los últimos 200 años;
  • que el monte era de muchas leguas de extensión y para reconocerlos era necesario invertir muchos días, que en 1570 sumaban los cinco concejos unos 270 vecinos y Amurrio pasaba de los cien, y que Diego de Urrutia escribano fue vecino de Etxegoien y Presebal de Mujica de Larrinbe, todo ello encaminado a mostrar la falsedad de las ordenanzas
  • que en 1570 había un pleito pendiente entre el valle de Orozko y el Conde de Ayala sobre nombramiento de alcaldes y otros oficios, y al mismo tiempo se seguía otro entre Orozko y los cinco concejos sobre mero aprovechamiento de pastos y aguas. Por aquel entonces, Juan de Urrutia era vecino de Amurrio y administrador de los bienes del Conde, “sujeto de mucha estimación, poderío y de grandes combeniencias, de que dan testimonio las compras edificios y fundaciones que hizo”, que habría seguido este segundo pleito con el mayor tesón imposibilitando que Orozko se defendiera convenientemente en el primero y así el conde la gratificaría, como le hizo al otorgarle los diezmos de varios lugares.
  • En relación al punto anterior, preguntaban sobre Juan de Urrutia, Diego de Urrutia, Christobal de Ugarte, Juan Perez de Echeguren y Juan de Velasco, sujetos de muchas conveniencias, escribanos reales “y como tales de maior autoridad y estimación en este país” y todos juntos, también con Presebal de Muxica, habrían sido los más interesados en la prendaria de ganado hecha por Orozko y fueron los que manejaron y costearon el pleito; en este sentido, habrían usado del artificio de las Ordenanzas para facilitar el reintegro de los gastos cuando se siguió nuevo pleito con Orozko y debe suponerse que los otros cuatro lugares contribuyeron gustosísimos al salir tan beneficiados por las ordenanzas, pero no por ello Amurrio las admitió y como prueba de ello su concejo y vecinos nunca las habían observado ni tenían copia de ellas
  • Se preguntaba también sobre un pleito entre Olabezar y Etxegoien sobre límite de jurisdicción y propiedad de una porción de monte dentro de los términos delimitados por la ordenanza, el cual fue ganado por el primer concejo, que vendió mucha leña para carbón de ese monte y se quedó con todo el import
  • Se preguntaría sobre el supuesto hecho de que Olabezar y Saratxo impedían a los vecinos de Amurrio usar la piedra de los ríos de su jurisdicción y cuando les permitieron llevar alguna fue a cambio de dinero, mientras que los vecinos de Larrinbe cuando necesitaron piedra de las canteras de Amurrio pedían licencia

 

 

El primer testigo fue Domingo de Urquijo Bengoa, vecino de Luyando de 66 años. Como harán todos, a grandes rasgos ratifican la versión anterior y al mismo tiempo aportan detalles de su propia experiencia. Por ejemplo, que en una ocasión los regidores y vecinos de Amurrio acudieron a apagar un incendio sin ayuda de los otros concejos, y se les llevó vino y alimento.

Domingo Bajaneta, morador en Orduña de 76 años, había sido vecino de Amurrio unos 26. Sabía por Pedro de Urrea, dueño que fue de la casa de Zalbio, José de Orue y José de Isasi Urrea, que hacía unos 25 años habían estado trabajando en el monte unos “probincianos carboneros” por orden del lugar de Amurrio; él mismo había plantado carrascos en “deesados de Eroispe” por orden de los regidores del pueblo sin que interviniera nadie de los otros cuatro pueblos; habló también de que hacía unos 23 o 24 años vio cómo en Urieta detuvieron unos carros de unos vecinos de Olabezar que habían cortado un árbol mayor; sabía que se dio licencia a Antonio de Zulueta y José de Olarieta, vecinos de Larrinbe, para extraer madera para sus edificios y que fueron multados por Amurrio por haberse excedido en las cortas que le señalaron.

Diego de Laña, vecino de Luyando de 42 años, declaró que unos seis años antes había visto a los regidores de Amurrio, Juan de Isasi y Domingo de Ugarte, colocar los mojones entre dicho pueblo y Luyando junto con Domingo de Laña y Benito de Aranoa, que lo eran de esta localidad, sin que concurriera nadie de los otros cuatro concejos.

José de Yarritu, vecino de Lezama de 48 años, natural de Amurrio, dijo que los cuatro concejos tenían derechos en Basogalante, de Elejazar hacia Olarte y confinante con Orozko. De joven estuvo de criado en Urietagoikoa y junto a otros vecinos de Amurrio hizo plantío de quejigos en Elejazar sin concurrencia de vecinos de otros lugares y según tenía oido se hacía todos los años. Estando en su caserío natal de Aldama había visto en dos ocasiones cómo los vecinos de Amurrio fueron a pagar incendios aunque no podía decir si los gastos de todo ello se repartieron entre los cinco concejos o no.

Juan de Larrazabal, vecino de Llodio en su barrio de Olarte, de 79 años, habló del citado incendio de unos años antes, que salió de una hoya de los operarios de Urizar, que fue quien pagó el gasto del refresco que se dio a quienes fueron a sofocarlo, que fueron vecinos de Amurrio y Luyando. No aportaron más detalles los testimonios de Francisco de Ibarrola, vecino de Luyando de 60 años; Domingo de Laña, vecino de Luyando de 47; e Ignacio de Isasi, vecino del barrio de Olarte de 58 años.

El día 28 declaró Francisco de Urrutia, vecino de Olabezar de 60 años. Dijo que no había visto a ningún vecino de los cuatro lugares ir a cortar leña a Elejazar y no sabía si lo habían hecho pero lo reconocía como monte comunero, teniendo Amurrio como suyo propio el dehesado de Arrospide y Olabezar el de Lekuzabal. Afirmó también que no sabía que ningún vecino de Olabezar y Saratxo tuvieran puesta traba alguna para la saca de piedra del río a los de Amurrio.

El siguiente testigo fue Juan de Orortegui, vecino de Orozko de 70 años, que por 40 años fue vecino en Amurrio “y su varrio de Basarte” y hoy lo era su hijo Juan, motivo por el cual su testimonio fue protestado por las partes contrarias. Dijo que tres años antes vio en Elejazar a unos carboneros que le dijeron que cocían carbón para Bernardo de Olazar a quien se lo había vendido el lugar de Amurrio.

Antonio de Picaza, vecino de Orozko de 78 años, sabía que la divisoria entre Orozko y Amurrio constaba de 19 mojones y tenía el monte de Elejazar como privativo de dicho lugar; hacía unos 24 años fue con una caballería a por una carga de leña de unos despojos que se hallaban caídos en jurisdicción de Orozko de materiales que se habían cortado en dicho monte de Elejazar y estando en ello los regidores José de Orue y Juan de Isasi le prendieron y embargaron la caballería, y aunque le quisieron multar intervinieron algunas personas y al final pagó por lo que se llevó y alguna carga más, y que todo ello pasó sin intervención de las personas de los otros concejos; había oido al difunto José de Olarieta que, al tiempo que fabricó una casa de nueva planta en el barrio de Elgeta de Larrinbe, pidió licencia a los regidores de Amurrio para cortar materiales para la casa.

Vicente de Beraza, apoderado del lugar de Larrinbe de 43 años, dijo que el personalmente y por medio de operarios, sin pedir permiso alguno y en diferentes años, había sacado mucha piedra de las canteras contiguas a la torre de Mariaka para la cerradura de su manzanal, y solo en una ocasión un criado suyo le dijo que le había salido al camino el regidor Juan de Aldama y le hizo parar el carro y a tres o cuatro carreteros, y les dijo que no volvieran a la cantera, pero no hicieron caso.

Francisco de Garayo, vecino de Luyando de 52 años, había conducido carbón para Urizar desde Elejazar y le dijo que se lo había vendido Amurrio y que pagó por ello a los regidores de este pueblo. José de Padura, vecino de Larrinbe de 35 años, comentó que unos 16 años atrás había ido cinco o seis veces con su carro y bueyes al término de Vasogalanta a cortar y traer leña en compañía de los hermanos Juan y Domingo de Orortegui, y nadie se había opuesto excepto la última vez que cortó un carrasco de vida y Francisco de Aldama dio parte a los regidores porque le había visto, fue multado y pagó, aunque había cortado dicho carrasco para sostener el carro en las bajadas del monte; dijo que tenía oído que los vecinos de los cuatro concejos siempre habían pedido licencia a los regidores de Amurrio cuando necesitaban madera para sus edificios y así lo hicieron los de Larrinbe cuatro o cinco años atrás cuando se fabricó de nueva planta la ermita de San Mamés, y que por haber pedido mucha madera se lo negaron, aunque creían que no tenían derecho y enviaron carpinteros de todos modos.

Tomás de Gabiña, vecino de Etxegoien de 40 años, dijo que no había visto ni había oido que ningún vecino de los cuatro concejos hubiera pasado a hacer leña a Elejazar ni que hubiera sido multado por ello por los regidores de Amurrio hasta el dia 27, cuando fue presentado y juramentado para este pleito, viniendo por el camino en conversación con su convecino Manuel de Echeguren y con Bartolomé de Esnarriaga menor, regidor de Amurrio, quienes le contaron que Padura había sido multado por ello; su difunto padre Tomás necesitó hace unos 14 años de un árbol para teguillo para su casa, pidió permiso a los regidores de Amurrio y fueron los dos a Elejazar a cortarlo, y lo mismo había hecho su convecino Mateo de Gabiña haría ocho o nueve años; también relató que Olabezar y Etxegoien tenían un pleito sobre un pedazo de monte encima de la casa de Arrigoyco (Olabezar) que sube hasta la “cruz de Vabio”, y que los otros tres concejos no habían participado para nada.

El citado Manuel de Echeguren, de 50 años, había oído de algunos vecinos que habían sido multados y lo mismo le había oido a su padre; el había pedido licencia a los regidores de Amurrio para un “cocino” del molino de Etxegoien, y lo mismo había visto hacer a Juan y Tomas de Gabiña difuntos, y a Mateo de Gabiña; el pleito entre Etxegoien y Olabezar era por el término de Orbeguchi pero había sido un litigio entre los dos concejos sobre un monte privativo del lugar de Olabezar. Esto aclara un poco este término y contradice la versión que querían presentar.

Agustin de Orue, vecino de Larrinbe de 74 años, sabía que Padura y Landaburu fueron multados por cortar un carrasco con vida y pidieron ayuda al concejo pero se la denegaron porque si habían errado lo debían pagar ellos; cuando era regidor hacia 30-32 años el difunto Antonio de Zulueta le dijo que necesitaba algunos materiales de madera de Elejazar para la fábrica de su cabaña y le contestó que pidiera licencia a los regidores de Amurrio y si se la negaban el se la daría, pero se la dieron, y también vio al difunto José García, también vecino de Larrinbe, traer materiales de Elejazar para reposición y composición de la casa en que habitaba y una cabaña contigua a ella; y cuando hicieron de nueva planta la ermita de San Mamés los regidores de Amurrio se negaron a conceder permiso y entonces fueron al termino de Astepe en Elejazar y cortaron las maderas necesarias.

Diego de Zulueta, vecino de Larrinbe de 64 años, certificó que su difunto padre Antonio construyó de nueva planta una casa y cabaña con materiales de Elejazar. También asistió a la conducción de materiales para la reposición de una casa de Jose Ignacio de Salazar en Saratxo; según la ordenanza, debían pedir licencia a los regidores de los lugares donde se ejecutase la obra. Nadie había dicho esto antes.

Domingo de Orbe Marquijana, vecino de Luyando de 50 años pero que había vivido 34 en amurrio, comentó que había visto muchas veces a vecinos de Olabezar  cortar y llevar leña para sus hogares del dehesado de Lekuzabal sin impedimento ni embarazo alguno, pero el y otros vecinos de Amurrio también sacaron leña de ahí e incluso hicieron rotura, por lo que no sabía de quién era privativo. Lo que sí sabía es que el dehesado de Arroispe era de Amurrio y había oido que los de Larrinbe tenían el suyo hacia la parte de Onsoño.

Domingo de Gabiña, vecino de Saratxo de 54 años, declaró que 8 o 9 años atrás sus convecinos Nicolás de Salazar y Matías de Orue habían pedido licencia a los regidores de Amurrio para cortar materiales en Elejazar para la construcción de las casas que hicieron de nueva planta y aunque se les concedió no usaron de ellas porque se les ofrecieron materiales con más comodidad.

Domingo de Ugarte, vecino de Saratxo de 44 años, dijo que sabía por su padre Francisco, que murió con 97 años, que ninguno de los vecinos de los cuatro concejos podía ir a Elejazar a cortar materiales sin pedir licencia a los regidores de Amurrio pero éstos no la podían negar. Su testimonio fue protestado por Abasolo por ser inquilino de Juan Bautista Jiménez Bretón, vecino de Orduña y suegro de Manuel de Landa.

Manuel Domingo de Zaballa, vecino de Luyando de 68 años, dijo que había oido al difunto Felipe de Lezama Eguiluz, “caballero de muchas noticias”, ciertas informaciones sobre el pleito que el Conde de Ayala, que creía erróneamente que se llamaba Cayetano de Ayala, había seguido con el valle de Orozko. Por el mismo Felipe, sabía que Juan de Urrutia costeó la fábrica del palacio de Amurrio, que fue sujeto “de muchas conveniencias” y administrador del Conde de Ayala y por lo bien que cuidó de sus bienes e intereses le cedió por sus días los diezmos de Amurrio y Larrinbe y por ello creía que Urrutia habría hecho cualquier cosa a favor del Conde.

Así finalizó la presentación de testigos, a pesar de que Yarritu tenía presentados anteriormente a otros como Domingo de Acha, Manuel de Larrazabal y a los escribanos Gerónimo de Arana y Domingo de Larrazabal, ninguno de los cuales llegó a declarar, por los motivos que sean.

Como se puede ver, a pesar de que los testigos fueron presentados para ratificar una versión plenamente establecido, hubo disparidad de opiniones y, quizá intencionadamente, se dibuja una nebulosa acerca de la cuestión de la propiedad de los montes de Elejazar.

Continuará

Pleito de Elejazar (I)

 

 

 

Tras ser anunciado por medio de carteles fijados en los “sitios acostumbrados”, el 25 de marzo de 1764 en la casa-concejo de Amurrio se sacó a público remate el aprovechamiento de 3.230 cargas de carbón en el monte de Elejazar que se obtendrían a partir de todo género de leña a tasación de Juan de Isasi, Pedro de Yarritu de Urietagoicoa, Francisco de Aldama Salbio y los regidores Santos de Olarieta y José de Aldama. Esta venta se realizó con el permiso expreso de los lugares de Larrinbe, Saratxo, Etxegoien y Olabezar, que integraban la Junta de Armuru para la administración de los montes comunes de los cinco concejos, y la mitad de los beneficios que cada una de estas localidades obtuviera en función de su vecindario -si bien Larrinbe solo aceptó aportar ¼ de los mismos por su mayor población- se destinaría a la reconstrucción de la ermita de San Silvestre -la actual de San Roque-, destruida tras un incendio.

Fue un remate a candela, de modo que estando la última vela encendida el aprovechamiento se adjudicó al Licenciado Bernardo de Olazar y Arecheta, abogado y vecino de Laudio/Llodio, administrador de la ferrería de Padura en Luiaondo, a razón de 32 reales y una blanca cada carga. Ese fue el precio a pagar, independientemente de que luego lograra sacar más o menos cargas de las tasadas. El remate estaba sujeto a diversas condiciones: sus operarios no debían excederse en podar roble ni carrasco que se hallase fuera de lo señalado, de lo contrario sería multado; se establecían distintas penas en el caso de que cortasen por pie robles y carrascos, fuese dentro o fuera de lo delimitado; las marcas de los robles que podían tirar se harían en la raíz y debían cortarlos de tal modo que la marca fuera visible; los árboles que se podasen debían ser dejados con “orca y pendón” y las mejores ramas; el carbón había de ser sacado en caballerías sin introducir carro; y se le concedió un plazo de dos años para la poda y la corta.

A pesar de ello, los leñadores y carboneros contratados por Olazar cortaron más leña de la que se les había señalado –un exceso que fue bastante frecuente, por cierto-, de manera que en 1766 pagó sin rechistar una multa de 1.170 reales de vellón a los regidores de Amurrio, José de Aldama y Pablo de Urrutia. Sin embargo, éstos se negaron a entregar cantidad alguna a los otros pueblos alegando que solo los vecinos de Amurrio podían aprovecharse de los montes de Elejazar para consumo y materiales para sus casas. Debido a esta repentina innovación, y teniendo en cuenta que los otro cuatro concejos sí habían sido partícipes, permiso mediante, del remate del monte, el 17 de febrero de 1767 el regidor de Olabezar, Manuel Tomás de Abasolo, con asistencia del Licenciado Juan Francisco Leal de Ibarra, protestó la situación ante el Gobernador y Alcalde Mayor de la Tierra de Ayala, el Licenciado José Valentin de Mendieta, y pidió que los regidores de Amurrio les entregaran lo que les debían y no les impidieran el aprovechamiento de los montes comunes tal y como se observaba en las ordenanzas que los cinco concejos realizaron el 28 de abril de 1570. Estas ordenanzas son bien conocidas, ya que José de Madinabeitia las publicó en el Apéndice de su obra El Libro de Amurrio.

El Gobernador ordenó que el concejo de Amurrio se reuniera para tratar del asunto. Así lo hicieron, y ya en 1767 los regidores Diego de Landa y Francisco de Orbe-Marquijana, asistidos por el Licenciado Francisco Xabier de Isasi, se presentaron en su tribunal para dar una respuesta. Y ésta fue que ni Olabezar ni otro concejo tenía derecho alguno en Elejazar, puesto que era un monte privativo de Amurrio. Por eso, cuando los vecinos de Olabezar y otras localidades habían cortado leña en dicho lugar habían sido multados y si alguna vez habían necesitado materiales de construcción lo habían solicitado a Amurrio y se lo habían concedido. Pero nada más. Por si fuera poco, negaron la existencia de las ordenanzas de 1570 y negaban la posibilidad de que Amurrio hubiera cedido parte de sus montes porque lo prohibían las leyes reales.

El 11 de marzo Larrinbe, por medio de su regidor Vicente de Beraza, se adhirió a la causa de Olabezar y ambos unidos insistieron en que Elejazar siempre había sido común de los cinco concejos no solo en aprovechamiento sino también en propiedad, como estaba señalado en la ordenanza de 1570, de la cual las cinco localidades tenían copia e hicieron presentación. Afirmaban que, en caso de haber sido multado algún vecino, lo habría sido por haber hecho mala corta o infringir las normas. Además, ya que la obra de la ermita y casa de San Silvestre no se había ejecutado, pedían que se les devolviera lo que ya habían pagado para ello.

La situación se estaba enquistando y ya se adivinaba un pleito en lotananza. El 27 de abril los regidores de Amurrio se reafirmaron en su posición: cada concejo era independiente y, por lo tanto, tenía sus propios órganos de gobierno y su propio término. Lo cual, evidentemente, era cierto. Pero no dudaron en esgrimir un argumento que consideramos de primordial interés: la falsedad de las ordenanzas. Sí, según los regidores del Amurrio de aquella época esas ordenanzas ya conocidas y publicadas son falsas. Para defender esta posición, recurrieron a argumentos de forma y fondo. En primer lugar, dijeron que Olabezar no había presentado el documento original o matriz sino un traslado al que le faltaban los capítulos octavo y noveno, parte del séptimo y el décimo. Segundo, las supuestas ordenanzas habían sido otorgadas ante Diego de Urrutia, quien se titulaba alcalde ordinario y por ello no pudo actuar también como escribano. Tercero, argumentaban que del texto de dichas ordenanzas se desprendía que habían recorrido y examinado todos los montes, y luego redactado el capitulado, en un solo día, lo cual era imposible “aun quando el sujeto que en ello entendiese fuese el mas abil, despierto y laborioso”. Cuarto, consideraban que el instrumento no había sido otorgado con la concurrencia de la mayoría de la población, ya que por entonces los cinco pueblos sumarían unos 260 vecinos y solo se nombraron 41 en la escritura. Quinto, las ordenanzas no estaban aprobadas por monarca alguno y no se habían observado nunca. Por ello, afirmaban que siempre había sido Amurrio quien había corrido con todos los gastos del mantenimiento, extinción de fuegos y todo lo concerniente al monte de Elejazar y sus dehesas. En definitiva, concluían, las ordenanzas no fueron más que un artificio de Diego de Urrutia “acaso por sus fines particulares” y con la gente que sin duda sería de su devoción. Éste será uno de los puntos clave de esta historia.

¿Cuál es la versión de la parte contraria? Abasolo y Beraza replicaron que los montes de Elejazar eran de las cinco localidades pero, aún en el caso de que fuera privativo de Amurrio, ello no impedía que las otras cuatro localidades tuvieran derechos de aprovechamiento, ya que no era contrario a derecho sino muy común en la Tierra de Ayala y fuera de ella; y esta situación se venía dando “desde tiempo inmemorial” y desde la misma fundación de los pueblos, por ello no había constancia en ninguna parte de que Amurrio hubiera concedido derecho alguno a los otros pueblos. Achacaban la falta de capítulos a algún descuido del escribano que hizo el traslado, de modo que presentaron el ejemplar de Larrinbe para su compulsa por el escribano que estaba llevando la causa, José Ventura de Villodas. Alegaban, no muy convincentemente, que bien pudo haber dos Diego de Urrutia en vez de uno pero que, en cualquier caso, asistió en calidad de vecino de Amurrio sin intervenir como alcalde porque el acto fue presidido por Presebal de Otazu, teniente de gobernador, y además los alcaldes ordinarios no estaban eximidos de otorgar escrituras no concurriendo a ellas solo en calidad de vecinos.

Por otra parte, comentaban que las ordenanzas no fueron aprobadas en realidad hasta el 17 de enero de 1571 por lo que tuvieron tiempo suficiente para el examen de los montes y posterior redacción del articulado. Y si el escribano no nombró a todos los vecinos, sí se refirió a ellos como “otros muchos vecinos”. En cuanto a los intereses de Urrutia, dijeron fue un escribano fiel y legal, vecino de Amurrio, por lo que no se le puede presuponer más inclinación a los otros cuatro pueblos que al suyo propio. Argumentaban también que los cinco lugares siempre habían contribuido a los pleitos para su defensa y si se había hecho algún apeo sin ellos había sido clandestinamente. Y todo ello queda refrendado en que representantes de los cinco concejos autorizaron la venta a Olazar. Añaden además que era mentira que Amurrio hubiera mejorado el estado del monte con plantíos sino que había realizado muchos excesos por la mayor cercanía al mismo sin que los celadores o guardas de los otros cuatro pueblos hubieran podido hacer nada por impedirlo.

 

Sigue el toma y daca. Los regidores de Amurrio apreciaron que el capítulo compulsado como el noveno en la ordenanza presentada por Larrinbe era el que se había compulsado como el séptimo en la presentada por Olabezar, por lo que tildaron esos documentos de falsos. Y comentaron también que Urrutia se encabezaba como alcalde ordinario de la Tierra y no como vecino de Amurrio pues en aquel tiempo lo era en Etxegoien, y por lo tanto no pudo actuar legítimamente como escribano. Otro defecto consistía en que se asentaba la firma de Iñigo Ochoa de Beraza pero no luego no aparecía la misma. Por lo tanto, insistieron en que todo fue puro artificio de Diego de Urrutia en unión del Alcalde Mayor Presebal de Mugica, vecino de Larrinbe –aunque sabemos muy bien que en realidad lo fue de Luiaondo-, y que así facilitaba grandes conveniencias para su pueblo en esta ficticia comunidad de montes. Consideraban que de Amurrio solo figuraban trece vecinos en esa escritura, siendo uno de ellos Juan de Urrutia, hijo de Diego, y si hubiera habido mayor concurrencia habría nombrado más hasta hacerlo con la mayoría. Como aparentemente solía ser habitual.

 

Y como también era habitual en estos casos, tras exponer ambas partes su postura, se convocó presentación de testigos por ambas partes para obtener declaraciones. Los testigos presentados por Abasolo y Beraza comenzaron a desfilar ante el Gobernador el 16 de noviembre de 1767 en la ermita de San Mamés de Larrinbe.

El primero de todos fue de Lorenzo de Cerrajeria, vecino de Murga de 85 años, y por ser el primero marcó la pauta de posteriores declaraciones (como ya explicamos en esta entrada). Según Lorenzo, el monte de Elejazar era propio y común de los cinco concejos, cada uno de los cuales tenía sus propias dehesas privativas en el. En su larga vida había visto a varios vecinos de Olabezar traer de ese monte libremente y sin contradicción alguna los materiales que habían necesitado para la fábrica de edificios, leña y otras cosas; siempre que se había querido vender leña del dicho monte habían concurrido los regidores y parte de vecinos de los pueblos a otorgar los instrumentos concernientes y a percibir lo correspondiente a la vecindad de cada uno, como en la subasta que se remató en Olazar. Tenía oido que cada vez que había habido algún pleito o amojonamiento en dicho monte cada concejo había contribuido en función de su número de vecinos. Por último, señala la existencia en Ayala de otras mancomunidades de montes de igual naturaleza.

Pero no hay nada mejor para una buena defensa que hechos concretos y palpables. El vecino de Murga José de la Torre, de unos 60 años, había estado presente en varias ventas de leña y sabía que concurrían los representantes de los cinco concejos; fue, por nombramiento de Manuel de Lezama, uno de los peritos que asistió al examen de los excesos cometidos por los operarios de Olazar.

 

El día 17 continuó la presentación de testigos y el primero fue Francisco de Aguirre Torre, vecino de Izoria de 56 años. Había visto traer leña de Elejazar a los vecinos de Olabezar Domingo de Ugalde, Pedro de Urrutia y los difuntos Francisco de Respaldiza y Valentin de Gabiña, los tres primeros para sus hogares y el cuarto para la fábrica de una casa nueva tras haberse quemado y arruinado la antigua, lo que había ocurrido muy recientemente según consta en el Libro de Actas de la Tierra de Ayala, concretamente en 1761-62. Francisco afirmó que muchos vecinos de Olabezar preferían comprar la leña o ir a buscarla a sus montes privativos que ir a Elejazar por la larga distancia. Luego declaró Lorenzo de Ugarte, vecino de Murga de 67 años pero natural de Olabezar, por lo que Francisco de Orbe-Marquijana protestó su posible parcialidad. En su juventud, siendo criado de Francisco de Aguirre, de Olabezar, fue en varias ocasiones a Elejazar a por leña y madera para una casa nueva que aquel hizo y, de hecho, recibió la ayuda de algunos vecinos de Amurrio, como un tal Pedro de Yarritu ya difunto. También Domingo Antonio de Aguirre, vecino de Murga de 50 años, había ido a Elejazar a bajar materiales por orden de Pedro de Respaldiza.

El día 18 declaró Manuel de Zumelzu mayor, vecino de Murga de 58 años. Había sido vecino de Amurrio y había visto a vecinos de Olabezar y Larrinbe llevar materiales para sus edificios así como acudir a los representantes de los cuatro concejos a los remates de venta, como 14 o 15 años atrás que vendieron una porción de leña para reducir a carbón a Joaquin de Ulizar, vecino de Miraballes.

El día 19 testificó Domingo de Beraza, maestro carpintero y vecino de Murga de 62 años, quien unos 34 años atrás fue contratado por Diego de Landa para cortar ciertas maderas en el monte de Elejazar para la barquinera de la ferrería de Zabalibar. Sin embargo, Felipe de Lezama Eguiluz se opuso a su transporte por no haber pedido licencia a los regidores y vecinos, a lo que Landa replicó no haber necesidad por ser dicho monte comunero de los cinco lugares. Este Diego de Landa es el padre del otro del mismo nombre, precisamente el regidor que había negado ante el Gobernador que el monte de Elejazar fuese común. En cualquier caso, Beraza fue apresado y encarcelado, pero el Gobernador ordenó que le soltaran, por lo que fue con las yugadas de bueyes a conducir las maderas para la ferrería. Aportó también la información de que a Domingo de Ugarte, de Amurrio, le multaron por cortar sin licencia una madera para un pesebre, le prendaron el carro y lo vendieron en la iglesia parroquial.

Finalizó la presentación de testigos el 20 de noviembre. Francisco de Lecanda, residente en Inoso de 90 años, era natural de Amurrio, donde había vivido unos 50 años y lugar de residencia de dos de sus hijos. Comentó que unos 60 años atrás llevó materiales de Elejazar para reconstruir la casa-mesón contigua al puente de Saratxo tras un incendio y lo mismo ejecutó para la casa que Antonio de Zulueta construyó junto a la ermita de San Mamés. Había visto vender leña en tres ocasiones y para ello se había convocado a los regidores y vecinos de los cinco lugares. Por último, Juan de Berganza, maestro carpintero de Lezama de 75 años, había estado varias veces en Elejazar cortando materiales y en especial para la casa y cabaña del mencionado Zulueta. Siendo regidor de su localidad, asistió al apeo y reconocimiento de mojones de dicho monte.

 

Unos pocos días después, el vecino de Olabezar Isidro de Ugalde “siguiendo la costumbre antigua” pasó con su carro y bueyes al dehesado de Lekuzabal para coger leña y cuando regresaba le salieron al paso Pedro de Yarritu, Francisco de Aldama Salbio y Antonio de Arana, quienes le prendaron bueyes y carro, que los llevaron a Domingo García de Urietagoicoa. Todos ellos eran vecinos cercanos. El regidor ordenó que se le devolviera todo pero solo lo hicieron con los bueyes, quedando carro y leña retenidos. De este modo, el 27 de noviembre Abasolo se presentó ante el Gobernador para pedir la restitución de dichos efectos a Ugalde, ya que siempre habían tenido derecho de aprovechamiento en la dehesa de Lekuzabal, y solicitó que mientras durase el pleito se mantuviesen las antiguas costumbres y no se les importunase. El Gobernador ordenó ese mismo día que los regidores hicieran devolver el carro y la leña a Ugalde en el plazo de un día y que no se les importunase en el aprovechamiento de la dehesa.

 

Pero el 12 de diciembre Diego de Landa y Francisco de Orbe-Marquijana contestaron que todo cuanto proponía Abasolo era falso, ya que el monte en que Ugalde cortó la leña era privativo de Amurrio. Además, debía haber reclamado ante ellos y no ante el Gobernador. Abasolo contestó que todo era incierto y pidió que declarasen los tres que hicieron la prendaria. Y así se hizo.

Los tres hombres fueron interrogados el 18 de enero de 1768 en el barrio Marquijana de Abajo de Murga. Pedro de Yarritu, de 34 años, explicó que la prenda fue hecha porque Ugalde había cortado leña no en Lekuzabal sino parte arriba de la peña de Arkotxa, donde algunos vecinos de Amurrio tenían plantíos de castaños y roturas. No negó que los vecinos de Olabezar tuvieran aprovechamiento en Lekuzabal pero también los de Amurrio habían sacado leña para sus casas y habían hecho roturas, como fue el caso de los difuntos vecinos de Urieta Domingo de Olartegochia y Domingo de Orbe. Antonio de Arana, de unos 50 años, declaró prácticamente lo mismo.

Francisco de Aldama Salbio, de unos 45 años, añadió que había visto en varias ocasiones a vecinos de Olabezar cortar leñas libremente en Arkotxa, que era término de Amurrio, y los de esta localidad también habían tenido derechos en Lekuzabal hasta que el mismo y Francisco de Olartegochia fueron castigados por hacerlo tras una denuncia puesta por los de Olabezar. De hecho, el 23 de febrero de 1757 se reunió el concejo de Olabezar en el pórtico de la parroquia de San Pedro y Aldama, gracias a la intervención de personas celosas de la paz, reconoció como privativa de Olabezar la dehesa de Lekuzabal y su término de Abuduaga para pastar sus ganados, hacer plantíos y aprovecharse de su leña, de modo que se comprometió a entregar diez  brazas de tabla y pagar el valor de media arroba de aceite por un roble que cortó y redujo a tabla en Lekuzabal.

 

Y así es como se puso en marcha el conocido como Pleito de Elejazar que enfrentó a Amurrio con los miembros restantes de la Junta de Armuru en el transcurso del cual incluso la existencia real de ésta llegó a ser puesta en duda. Un excelente documento en el que aparecen muchos personajes de la época, muchos términos, muchos datos, que forman un vívido retrato del Amurrio de aquel entonces. Seguiremos en próximos capítulos.

El Batallón Araba (IV)

  1. Padilla Ibargüen, Hermenegildo:

Arexola

Compañía Alaitza desde enero a abril

  1. Padilla Ibargüen, Leandro:

Arexola

Compañía Alaitza en enero y Eleizalde desde febrero hasta Santoña, herido en este último momento

  1. Padillo Bóveda, Asensio:

Compañía Alaitza desde diciembre hasta abril

  1. Padura Gobantes, Faustino:

Compañía Eleizalde en octubre; Alaitza de diciembre a marzo; luego miembro del Cuartel hasta Santoña

  1. Padura Oyarzabal, Elías:

Amurrio

Compañía Eleizalde en octubre, luego en la Alaitza desde diciembre hasta Santoña

  1. Pagazaurtundua Olabarria, Vicente:

Compañía Alaitza desde diciembre hasta junio, Cabo hasta enero, Sargento desde febrero hasta abril, y luego Teniente

  1. Pagazaurtundua Olabarria, Víctor:

Compañía Alaitza desde abril hasta Santoña

  1. Parrazar Arechaga, Félix:

Orduña

Compañía Eleizalde desde diciembre hasta Santoña; en julio en el Batallón Simón Bolibar

  1. Parrazar Belandia, Enrique:

Orduña

Compañía Estabillo desde septiembre hasta la primera quincena de diciembre, Cabo desde noviembre; luego en la Urrutia hasta Santoña como gudari

  1. Parrazar Belandia, Jesús:

Orduña

Compañía Ayala desde octubre hasta junio

  1. Paul Lartundo, Esteban:

Tertanga

Compañía Estabillo de septiembre a marzo; en la Urrutia hasta Santoña; en julio en el Batallón Simón Bolibar

  1. Paul Padilla, Guillermo:

Orduña

Compañía Estabillo desde septiembre hasta Santoña

  1. Perea Oqueranza, Félix:

Araia

Compañía Estabillo desde la segunda quincena de diciembre hasta junio

  1. Perea Oqueranza, Jesús:

Araia

Compañía Alaitza desde diciembre hasta Santoña, como Cabo hasta marzo

  1. Perea Oqueranza, Tomás:

Araia

Compañía Ayala desde octubre hasta Santoña; en la primera quincena de diciembre sirvió en Servicios Auxiliares

  1. Pérez de Lazarraga Ruiz de Escudero, Ismael:

Barrundia

Compañía Estabillo en noviembre; pasa a Servicios Auxiliares (barbero) hasta Santoña

  1. Pérez Pérez, Roque:

Servicios Mecánicos (chofer) desde diciembre hasta Santoña

  1. Picaza Sarachaga, José:

Amurrio

Compañía Ayala en octubre, Cabo de la Estabillo en noviembre y primera quincena de diciembre.

  1. Pinedo Braceras, Emiliano:

Artomaña

Compañía Estabillo desde la segunda quincena de noviembre hasta marzo; Sección Mixta de abril a Santoña; en julio en el Batallón Simón Bolibar. Estuvo preso en los Escolapios junto a su hermano Sebastián, y parece que también en un Batallón de Trabajadores. Su padre Luis Pinedo Arberas y su hermano Gregorio fueron asesinados el 13 de septiembre de 1936

  1. Pinedo Echeguren, Alfonso:

Amurrio

Compañía Ayala en mayo y junio

  1. Pinedo Retes, Hilario:

Orduña

Compañía Estabillo desde noviembre hasta junio; Cabo en la segunda quincena de diciembre; Sargento en enero: Suboficial desde marzo

  1. Pinedo Retes, Sergio:

Orduña

Compañía Estabillo desde septiembre hasta junio; Sargento desde noviembre; Teniente desde la segunda quincena de diciembre siendo Suboficial solo en febrero. Fue encarcelado

  1. Pinedo Vélez, Timoteo:

Orduña

Compañía Ayala desde octubre hasta Santoña; Cabo en la primera quincena de noviembre, ascendido a Sargento después; y a Suboficial en abril

  1. Placer Martínez de Lecea, Eloy:

Ozaeta

Compañía Ayala desde octubre hasta enero; Sección Mixta en febrero y primera quincena de marzo; en la segunda quincena de marzo entró como alumno de artillería en la Escuela Militar de Euzkadi

  1. Plágaro Iguaran, Cándido:

Compañía Ayala desde octubre hasta la primera quincena de diciembre, luego estuvo herido hasta marzo; luego fue miembro del Cuartel hasta Santoña

  1. Plágaro Mancisidor, Lino:

Compañía Alaitza desde diciembre hasta junio

  1. Polancos Solaun, Jesús:

Laudio

Compañía Alaitza de abril a junio

  1. Polo Sara, Máximo:

Compañía Ayala desde octubre hasta la primera quincena de diciembre, herido en la segunda; Cuartel en enero; Sección Mixta en enero

  1. Porres Abasolo, Agustín:

Compañía Estabillo desde septiembre hasta Santoña; Cabo desde abril

  1. Porres Abasolo, Félix:

Compañía Ayala en octubre; en la Estabillo desde noviembre hasta junio

  1. Porres Abasolo, Julián:

Compañía Estabillo de septiembre a abril; Urrutia de mayo a Santoña

  1. Presilla Urrechi, Luis:

Compañía Alaitza desde diciembre hasta Santoña; en julio en el Batallón Simón Bolibar

  1. Puelles López, Ramón:

Compañía Alaitza desde diciembre hasta marzo

  1. Quincoces López de Urbina, Juan:

Compañía Ayala desde octubre hasta junio; Cabo desde noviembre; Sargento desde abril

  1. Quintana Calzada, Blas:

Orduña

Compañía Estabillo desde septiembre hasta diciembre, ascendido a Teniente en noviembre; en enero pasa a la Ayala con el grado de Capitán hasta marzo; luego pasó a la Irrintzi como simple gudari. Fue encarcelado en El Dueso y luego en Puerto de Santa María por “adhesión a la rebelión” entre julio de 1938 hasta mayo de 1941

  1. Rámila Santa Coloma, Jacinto:

Artziniega

Compañía Eleizalde desde octubre hasta junio

  1. Ramirez Icaza, Bernardo:

Servicios Auxiliares la primera quincena de noviembre

  1. Ramirez Tobalina, Emilio:

Delika

Compañía Alaitza desde diciembre hasta junio

  1. Ramirez de Olano Miguel, Jesús:

Cabo de la Compañía Alaitza en abril

  1. Ramos Madaria, Julio:

Orduña

Compañía Ayala de octubre a la primera quincena de noviembre; Sección de Enlaces hasta enero; Urrutia hasta Santoña; en julio en el Batallón Simón Bolibar

  1. Ramos Udaeta, José María:

Amurrio

Compañía Estabillo desde septiembre hasta mayo; Sección de Enlaces en junio y Santoña. Estuvo preso en Santander

  1. Regulez Larracoechea, Félix:

Gordexola

Compañía Eleizalde en octubre y luego en la Alaitza hasta Santoña, herido desde junio

  1. Reigadas Velasco, Agustín:

Angulo

Compañía Eleizalde desde la segunda quincena de marzo hasta Santoña

  1. Reparaz Ojembarrena, Félix:

Compañía Ayala desde noviembre hasta enero

  1. Respaldiza Abasolo, Feliciano:

Okondo

Compañía Urrutia desde la segunda quincena de diciembre hasta junio

  1. Respaldiza Alava, Luciano:

Zuaza

Compañía Estabillo desde septiembre hasta junio. Fue encarcelado

  1. Respaldiza Udaeta, Ramón:

Compañía Alaitza en enero; luego en la Eleizalde hasta mayo. Anteriormente había estado detenido en “El Carmelo”

  1. Respaldiza Urquijo, Benjamín:

Okondo

Compañía Eleizalde desde octubre hasta junio

  1. Respaldiza Urquijo, Ignacio:

Okondo

Compañía Eleizalde en octubre y luego en la Alaitza hasta junio. Su hermano Santos fue ejecutado en Donostia el 17 de agosto de 1938

  1. Retes Rámila, Agustín:

Artziniega

Compañía Eleizalde desde enero hasta junio

  1. Retes Rámila, Eugenio:

Artziniega

Sección de Enlaces en diciembre; luego en la Eleizalde hasta junio. Estuvo con su hermano Fernando detenido en “El Carmelo”

  1. Retes Rámila, Fernando:

Artziniega

Sección Mixta en enero; luego en la Eleizalde hasta junio. Permaneció detenido entre el 28 de agosto y el 8 de enero de 1837, en “El Carmelo”

  1. Retes Rámila, Jacinto:

Artziniega

Compañía Eleizalde en abril

  1. Revuelta Lejarraga, Gerardo:

Amurrio

Compañía Ayala desde mayo hasta Santoña; en julio en el Batallón Simón Bolibar. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 36.

  1. Revuelta Lejarraga, José:

Saratxo

Compañía Eleizalde en octubre; luego en la Alaitza desde la segunda quincena de diciembre hasta marzo; Servicios Auxiliares (limpieza) hasta Santoña; en julio en el Batallón Simón Bolibar. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 64. Falleció el 14 de agosto de 1940 trabajando en el ferrocarril.

  1. Revuelta Zulueta, Félix:

Amurrio

Compañía Estabillo desde septiembre hasta la primera quincena de noviembre; luego pasa a Enlaces hasta junio y fue Cabo desde la segunda de noviembre hasta marzo. Hasta septiembre había sido guardia cívico en Amurrio. Estuvo preso en Bilbao.

  1. Ribacoba, Domingo:

Compañía Eleizalde en octubre; fallecido en la segunda quincena de diciembre

  1. Robina Gabiña, Manuel:

Orduña

Compañía Ayala desde enero hasta junio

  1. Roca Puig, José Luis:

Compañía Alaitza desde diciembre hasta abril

  1. Roca Rubio, José:

Amurrio

Compañía Estabillo desde septiembre hasta la primera quincena de noviembre; luego en Enlaces hasta Santoña. Fue destinado a un Batallón de Trabajadores

  1. Rodrigo Ruiz de Lazcano, Jesús:

Sección Enlaces en la segunda quincena de diciembre y enero; Sección Mixta en febrero y primera quincena de marzo

  1. Rodríguez, Eugenio:

Bilbao

Servicios Auxiliares (guardia) en noviembre y diciembre. Fue capellán de la Compañía Estabillo

  1. Rodríguez San Pedro, Miguel:

Compañía Ayala en octubre y primera quincena de noviembre; luego a Enlaces hasta junio, siendo Cabo desde mayo

  1. Roqueñi Tercilla, Pedro:

Salmanton

Compañía Eleizalde desde octubre hasta junio. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 2

  1. Roqueñi Tercilla, Salustiano:

Salmanton

Compañía Eleizalde en abril hasta junio. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 2

  1. Rotaeche, Andrés:

Compañía Alaitza en abril

  1. Rotaeche, Juan:

Servicios Auxiliares (cocina) en noviembre y diciembre

  1. Rotaeche Vitorica, Silvestre:

Baranbio

Compañía Alaitza hasta marzo, luego en la Ayala, y herido desde mayo hasta Santoña. A finales de 1938 estaba en el II Tercio de la Legión.

  1. Ruiz de Angoitia, Carlos:

Compañía Eleizalde en octubre y luego en la Alaitza hasta abril

  1. Ruiz de Asua Martínez de Aramayona, José Ramón:

Urbina

Compañía Ayala desde la segunda quincena de noviembre hasta enero; después fue Suboficial de la Plana Mayor en febrero y marzo; Ayudante en abril; y Comisario Político hasta Santoña

  1. Ruiz de Estibaliz San Martín, Jesús:

Compañía Eleizalde desde diciembre hasta marzo; herido desde enero

  1. Ruiz de Gordejuela Olabuenaga, José María:

Amurrio

Compañía Eleizalde en octubre, luego en la Alaitza hasta junio. Estuvo preso en Santander

  1. Ruiz Jauregui, José:

Servicios Auxiliares (matarife) desde abril hasta Santoña

  1. Ruiz Mendia, José:

Compañía Alaitza en la segunda quincena de marzo

  1. Ruiz Zarate, Antolín:

Tertanga

Compañía Estabillo desde septiember hasta Santoña. En septiembre de 1938 estaba en el Campo de Concentración de Miranda.

  1. Saez de Biteri Aspichueta, Demetrio:

Vitoria-Gasteiz

Compañía Ayala desde octubre hasta Santoña; sargento desde noviembre, asciende a Teniente en abril

  1. Sáez de Biteri Iturriaga, Pedro:

Compañía Estabillo en noviembre y primera quincena de diciembre; luego en la Urrutia hasta junio, Cabo en abril y Sargento desde mayo

  1. Sáez de Elburgo Zarate, Ramón:

Compañía Ayala desde noviembre hasta marzo

  1. Sáez de Oxer Aristimuño, José:

Compañía Ayala en abril; Urrutia de mayo a Santoña; en julio en el Batallón Simón Bolibar

  1. Sáenz López de Guereñu, José Luis:

Compañía Ayala desde la segunda quincena de noviembre hasta marzo

  1. Sagarduy Garayo, Santos:

Luiaondo

Sección Enlaces en diciembre; la Mixta en enero; luego en la Eleizalde hasta junio

  1. Sagasti, Francisco:

Compañía Eleizalde desde octubre hasta enero

  1. Salabarria Arana, Valentín:

Zuaza

Compañía Estabillo desde septiembre hasta abril

  1. Salabarria Arana, Vicente:

Zuaza

Compañía Ayala desde abril hasta junio

  1. Salabarria Murga, Julián:

Respaldiza

Compañía Eleizalde desde octubre hasta mayo; herido desde abril. Fue destinado a un Batallón de Trabajadores

  1. Salabarria Prada, Víctor:

Compañía Estabillo desde septiembre hasta junio

  1. Salabarria Villate, Domingo:

Delika

Compañía Ayala desde octubre hasta Santoña; aunque estuvo herido desde la segunda quincena de diciembre hasta la primera de marzo; luego en la segunda estuvo en la Sección Mixta; y herido nuevamente en Santoña. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 72

  1. Salazar, Ángel:

Compañía Urrutia la segunda quincena de diciembre y en enero

  1. Salazar Mendibil, Andrés:

Delika

Compañía Ayala desde octubre hasta la primera quincena de diciembre; en la Urrutia de febrero a Santoña; en julio en el Batallón Simón Bolibar. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 21

  1. Salazar Mendibil, Félix:

Delika

Compañía Ayala desde octubre hasta Santoña, estuvo herido desde la segunda quincena de diciembre hasta febrero; luego estuvo en el Batallón Simón Bolibar. En septiembre de 1938, estaba en el Hospital de Prisioneros de Gernika

  1. Salazar Molinuevo, Jesús:

Laudio

Compañía Urrutia desde la segunda quincena de diciembre hasta junio

  1. Salcedo, Julián:

Servicios Auxiliares en la primera quincena de noviembre

  1. San Martín Ugalde, Antonio:

Amurrio

Compañía Estabillo en septiembre y octubre, Capitán este mes; Comandante del Batallón entre noviembre y la primera quincena de marzo. En abril era Comandante del Frente de Burgos, ya que era militar profesional y fue ascendido. En septiembre de 1938 se hallaba huido en Francia junto a su esposa Pilar Zulaica Lafuente y sus hijos

  1. San Sebastián Zalbide, Luis:

Larrinbe

Compañía Eleizalde desde octubre hasta junio

  1. Sanchoyerto Miranda, Benjamín:

Mendieta

Compañía Ayala desde octubre hasta marzo, y luego en la Eleizalde hasta Santoña

  1. Sanchoyerto Miranda, José:

Mendieta

Compañía Eleizalde desde octubre hasta Santoña

  1. Santa Coloma, Felipe:

Compañía Ayala desde octubre hasta enero. Fallecido

  1. Santa Coloma Basagoiti, Daniel:

Compañía Ayala en abril; pasa a la Alaitza hasta junio

  1. Santa Coloma Basagoiti, Maximino:

Compañía Eleizalde en la segunda quincena de octubre; luego en la Estabillo hasta abril

  1. Santa María Beraza, José:

Compañía Eleizalde desde octubre hasta Santoña

  1. Santa María Beraza, Pedro:

Compañía Eleizalde desde octubre hasta Santoña

  1. Sarachaga Saiz-Aja, Antonio:

Llanteno

Compañía Eleizalde desde octubre hasta junio

  1. Sarachaga Saiz-Aja, Juan:

Llanteno

Compañía Alaitza en mayo y junio

  1. Sarasola Zubeldia, Eugenio:

Vitoria-Gasteiz

Compañía Ayala desde octubre hasta abril; Cabo desde noviembre. Fue juzgado en Burgos

  1. Sasiain Albizua, Tomás:

Amurrio

Compañía Estabillo desde septiembre hasta Santoña. Estuvo preso en Corbán

  1. Sautu Apodaca, Félix:

Murgia

Compañía Alaitza en abril y primera quincena de mayo, Cabo

  1. Sautua Gutiérrez, Alejandro:

Compañía Alaitza desde diciembre hasta Santoña; en julio en el Batallón Simón Bolibar

  1. Segurola Ugarte, Álvaro:

Compañía Alaitza desde mayo hasta Santoña; en julio en el Batallón Simón Bolibar

  1. Serrada Peña, Luis:

Puentelarrá

Compañía Ayala desde octubre hasta julio; Teniente desde noviembre; ascendido a Capitán en abril. El 16 de julio de 1937 ingresó en el batallón San Andrés como capitán de la 3ª Compañía

  1. Serrano Garrido, Wenceslao:

Compañía Eleizalde desde octubre hasta Santoña

  1. Sobrón Ibáñez, Pedro:

Orduña

Compañía Ayala en mayo y junio

  1. Solachi Zaldegui, Miguel:

Lezama

Compañía Eleizalde desde octubre hasta junio. Fallecido en el monte Arraiz

  1. Solana Gómez, Eugenio:

Compañía Alaitza desde la segunda quincena de marzo hasta Santoña, herido en este momento

  1. Solaun, Luis María:

Servicios Auxiliares (guardia) en noviembre y diciembre

  1. Solaun Ayala, Ezequiel:

Laudio

Compañía Eleizalde la segunda quincena de octubre, Ayala en noviembre y primera quincena de diciembre; luego en la Urrutia hasta Santoña; en julio en el Batallón Simón Bolibar

  1. Solaun Ayala, José Antonio:

Laudio

Compañía Alaitza desde diciembre hasta junio

  1. Solaun Viguri, Ildefonso:

Amurrio

Compañía Eleizalde desde octubre hasta junio

  1. Solaun Zubiaur, Víctor:

Amurrio

Compañía Alaitza de abril a junio

  1. Soldevilla de la Torre, Rafael:

Orduña

Sección de Enlaces desde mayo hasta Santoña

  1. Solloa, Julián:

Servicios Auxiliares (cocina) en la primera quincena de noviembre

  1. Solloa Solloa, Eduardo:

Menagarai

Compañía Ayala desde octubre hasta junio. Fallecido el 4 de marzo de 1938 en el frente de Teruel en el Regimiento nº 39 de Canarias

  1. Soliguren Fernández de Matauco, Gregorio:

Compañía Ayala desde octubre hasta junio; estuvo herido en la segunda quincena de diciembre y hasta febrero

  1. Tellaeche Arostegui, Ambrosio:

Artomaña

Compañía Estabillo desde septiembre hasta marzo; Sección Mixta en abril y mayo; regresa a la Estabillo en junio y Santoña. En septiembre de 1938 el y su hermano estaban presos

  1. Tellaeche Arostegui, Clemente:

Artomaña

Compañía Estabillo desde septiembre hasta marzo, siendo Cabo en la primera quincena de noviembre; Sección Mixta en abril y mayo; en la Estabillo en junio y Santoña

  1. Tellaeche Bergara, Avelino:

Orduña

Compañía Ayala en mayo y junio

  1. Tellaeche Durana, Santiago:

Lendoñobeiti

Compañía Eleizalde y luego en la Alaitza hasta junio

  1. Tellaeche Iturralde, Jesús:

Artomaña

Compañía Estabillo desde septiembre hasta Santoña; en julio en el Batallón Simón Bolibar. Estuvo preso en los Escolapios. Un hermano suyo falleció en el frente en Arrasate el 25 de septiembre de 1936

  1. Telleria Barandiaran, Ricardo:

Idiazabal

Sección Mixta en abril y mayo. Al parecer también estuvo en el batallón Amaiur, y luego preso.

  1. Tierra Aguirre, Indalecio:

Quejana

Compañía Eleizalde en octubre y luego en la Alaitza hasta Santoña, siendo Cabo hasta febrero

  1. Tirado Álvarez, Agapito:

(Ayala?)

Compañía Ayala en noviembre y primera quincena de diciembre

  1. Tudanca Loizaga, Alipio:

Compañía Estabillo en la segunda quincena de diciembre; luego en Enlaces hasta junio. En 1939 recibió la Medalla de Hierro por el ayuntamiento de Bilbao por combatiente

  1. Ugalde Arteaga, Luis:

Bilbao

Compañía Alaitza de diciembre hasta Santoña; en julio en el Batallón Simón Bolibar.

  1. Ugarriza Epelde, Cándido:

Astobiza

Compañía Alaitza desde diciembre hasta Santoña

  1. Ugarriza Epelde, Miguel:

Astobiza

Compañía Ayala desde abril hasta junio

  1. Ugarte, Vicente:

-Compañía Estabillo en septiembre y octubre

  1. Ugarte Lili, Anselmo:

Baranbio

Compañía Alaitza desde la segunda quincena de diciembre hasta marzo; Sección Mixta en abril y mayo; regresa a la Alaitza en junio. Estuvo preso en Aranda de Duero

  1. Ugarte Lili, Juan:

Baranbio

Compañía Estabillo en septiembre y octubre. En spetiembre de 1938 estaba preso

  1. Ugarte Lili, Jesús:

Baranbio

Compañía Ayala en la primera quincena de octubre; luego en la Estabillo desde noviembre hasta Santoña. Estuvo prisionero en los Escolapios

  1. Ugarte Lili, Ricardo:

Baranbio

Compañía Ayala desde octubre hasta marzo, herido la segunda quincena de diciembre y en enero; Sección Mixta en abril y mayo; Compañía Urrutia en junio y Santoña. Sin embargo, al ser juzgado en Burgos se dice que, al tiempo de ser apresado, estaba en el Itxarkundia. Estuvo preso en Segovia.

  1. Ugarte López, Jorge:

Orduña

Compañía Estabillo desde la segunda quincena de noviembre hasta junio; Cabo desde mayo. Entre julio de 1941 y diciembre de 1942 estuvo preso como trabajador forzado en la 3ª Agrupación de las Colonias Penitenciarias Militarizadas en Talavera de la Reina

  1. Ugarte López, Manuel:

Orduña

Compañía Eleizalde desde octubre hasta junio

  1. Ugarte Orue, Cándido:

Respaldiza

Compañía Alaitza en mayo y junio. Estuvo preso en Vitoria

  1. Ugarte Orue, Damián:

Respaldiza

Compañía Estabillo desde septiembre hasta Santoña. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 23

  1. Ugarte Retes, Luis:

Sección de Enlaces desde enero hasta junio

  1. Ugarte Ugarte, Juan Ángel:

Orduña

Compañía Ayala desde octubre hasta la primera quincena de diciembre, Cabo desde la primera de noviembre; luego pasa a la Urrutia hasta junio, siempre Cabo

  1. Ugarte Ugarte, Jesús:

Compañía Estabillo desde septiembre hasta Santoña. Al parecer, falleció en un accidente de tren cuando estaba con los sublevados

  1. Ugarte Urruela, Vicente:

Orduña

Compañía Ayala desde octubre hasta Santoña; en julio en el Batallón Simón Bolibar

  1. Ugarte Urruela, Manuel:

Orduña

Compañía Ayala en mayo y junio

  1. Ugarte Vicuña, Julio:

Estella

Servicios Auxiliares (guardia) en noviembre y diciembre; fue el capellán del batallón

  1. Ugarte Zulueta, Justo:

Aloria

Sección Mixta de marzo a mayo; Compañía Estabillo en junio y Santoña. En septiembre de 1938 estaba preso en Deusto

  1. Uliarte Olazaran, Restituto:

Orduña

Compañía Alaitza desde diciembre hasta junio

  1. Ulibarri Alday, Bernardino:

Olabezar

Compañía Ayala en octubre y primera quincena de noviembre; luego en la Estabillo hasta junio, siendo Cabo este mes

  1. Ulibarri Alday, Juan:

Olabezar

Compañía Estabillo desde septiembre hasta la primera quincena de marzo; Cabo en la primera quincena de noviembre; Sargento después, herido desde la segunda quincena de diciembre; Teniente de la Plana Mayor en la segunda quincena de marzo; armero en los Servicios Mecánicos desde abril hasta Santoña

  1. Unanue Eguren, José:

Olabezar

Compañía Ayala desde octubre hasta mayo. José Luis Unanue figura como fallecido el 19 de mayo de 1937, posiblemente sea el mismo

  1. Unanue Eguren, Tomás:

Olabezar

Compañía Eleizalde en octubre y luego en la Alaitza hasta junio

  1. Unanue Jiménez, Fermín:

Olabezar

Compañía Ayala desde octubre hasta Santoña; luego estuvo en prisión

  1. Unibaso Mardaras, Domingo:

Cuartel en junio y Santoña

  1. Unzalu Mendia, Severino:

Zigoitia

Compañía Alaitza desde diciembre hasta junio

  1. Unzalu Urrutia, Jesús:

Compañía Ayala desde noviembre hasta Santoña

  1. Uranga Ruiz de Azua, Santiago:

Balmaseda

Sección de Enlaces en marzo y abril. Fue un conocido pintor

  1. Urbina Larrinaga, Juan:

Laudio

Compañía Ayala de octubre a marzo; Urrutia de abril a Santoña; en julio en el Batallón Simón Bolibar

  1. Urcelai Astobiza, Miguel:

Laudio

Compañía Alaitza desde diciembre hasta Santoña; en julio en el Batallón Simón Bolibar

  1. Urcelai Olalde, Benito:

Compañía Ayala desde noviembre hasta marzo

  1. Uriarte, Marcelino:

Compañía Ayala en noviembre, luego en la Alaitza hasta enero como Sargento

  1. Uriarte Basterrechea, Fidel:

Compañía Eleizalde en octubre y luego en la Alaitza hasta la primera quincena de mayo siendo Cabo; fue Cabo también de la Sección Mixta en febrero. Murió en batalla en Jata el 13 de junio de 1937

  1. Uriarte Martínez de Zuazo, Salustiano:

Compañía Ayala desde noviembre hasta marzo

  1. Uriarte Vitorica, Pedro:

Baranbio

Compañía Alaitza desde diciembre hasta junio. Quedó mutilado, quizá luchando en el bando sublevado porque consta la concesión de un subsidio

  1. Uribe-Etxebarria Oseka, José:

Compañía Ayala en octubre y primera quincena de noviembre; pasó a la Sección de Enlaces en la segunda quincena de noviembre; a la Sección Mixta en febrero; y en abril de nuevo a la Ayala hasta Santoña

  1. Urieta, Enrique:

Compañía Eleizalde la segunda quincena de diciembre y enero; Sección Mixta en febrero y primera quincena de marzo

  1. Uriondo Bea, Daniel:

Laudio

Compañía Ayala desde abril hasta Santoña. Antes fue Guardia de Orden Público y fue juzgado.

  1. Urquiaga Azcarraga, José:

Compañía Estabillo desde la segunda quincena de noviembre hasta Santoña; está herido desde enero

  1. Urquijo, Antonio:

Servicios Auxiliares (cocina) en la primera quincena de noviembre

  1. Urquijo, José Luis:

Compañía Alaitza en diciembre y enero

  1. Urquijo Galíndez, Benito:

Laudio

Compañía Eleizalde desde octubre hasta junio. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 11

  1. Urquijo Galíndez, José María:

Laudio

Compañía Eleizalde desde diciembre hasta junio

  1. Urquijo Landaluce, Félix:

Compañía Ayala de octubre a marzo; Urrutia de abril a Santoña

  1. Urquijo Murga, Gregorio:

Compañía Ayala desde abril hasta junio

  1. Urquijo Tudanca, Ángel:

Compañía Ayala desde octubre hasta la primera quincena de diciembre

  1. Urquijo Zubiaur, Hermenegildo:

(Zuaza?)

Compañía Estabillo en octubre, luego en la Alaitza hasta junio

  1. Urquijo Velasco, Francisco:

Compañía Estabillo desde febrero hasta junio

  1. Urraza, Amalio:

Servicios Auxiliares (cocina) desde noviembre hasta enero

  1. Urrestarazu, Antonio:

Compañía Ayala desde noviembre hasta enero; Cabo al principio y Sargento en la segunda quincena de diciembre y enero

  1. Urruela Landa, Enrique:

Sojo

Compañía Estabillo desde septiembre hasta junio; Cabo desde noviembre. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 18

  1. Urruela Landa, Victoriano:

Sojo

Compañía Estabillo desde septiembre hasta mayo; Enlaces en junio. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 68

  1. Urruela Oribe, Manuel:

Orduña

Compañía Ayala desde la segunda quincena de noviembre hasta Santoña; en julio en el Batallón Simón Bolibar

  1. Urruela Retes, Florencio:

Zuaza

Compañía Estabillo desde septiembre hasta la primera quincena de noviembre; luego en Enlaces hasta Santoña, es Sargento desde la segunda de diciembre

  1. Urrutia Aldama, José María:

Amurrio

Compañía Estabillo desde septiembre hasta la primera quincena de diciembre. Murió en combate en Ubidea el 30 de noviembre de 1936

  1. Urrutia Armona, Félix:

Amurrio

Compañía Eleizalde desde octubre hasta junio. Combatió luego en el bando sublevado, por lo que recibió una compensación

  1. Urrutia Echebarria, Félix:

Amurrio

Compañía Estabillo de septiembre a la primera quincena de diciembre; luego, hasta junio, Cabo de la Urrutia. Fue destinado a un Batallón de Trabajadores

  1. Urrutia Echebarria, Juan:

Amurrio

Compañía Estabillo de septiembre a la primera quincena de diciembre; luego, hasta abril, Cabo de la Compañía Urrutia. Fue destinado a un Batallón de Trabajadores

  1. Urzai Zabalza, Carlos:

Compañía Ayala en mayo y Santoña

  1. Usategui Olamendi, Eugenio:

Baranbio

Compañía Estabillo en mayo y junio

  1. Usategui Olamendi, Gregorio:

Baranbio

Compañía Estabillo desde septiembre hasta Santoña

  1. Usategui Olamendi, Juan José:

Baranbio

Compañía Estabillo desde septiembre hasta diciembre, Cabo en la segunda quincena; luego en la Urrutia hasta Santoña, volvió a ser Cabo en abril y Sargento desde mayo.

  1. Vacas Bordes, Antonio:

Laudio

Compañía Estabillo en noviembre y primera quincena de diciembre; luego a la Urrutia hasta marzo. Fue encarcelado

  1. Valle Beracoechea, Marcos:

Arrankudiaga

Compañía Urrutia en Santoña; en julio en el Batallón Simón Bolibar

  1. Valle Beracoechea, Juan:

Arrankudiaga

Compañía Urrutia en abril y primera quincena de mayo, luego herido hasta Santoña

  1. Valle Beracoechea, Serafín:

Arrankudiaga

Compañía Estabillo desde septiembre hasta la primera quincena de diciembre, Sargento desde noviembre; Capitán de la Compañía Urrutia desde la segunda quincena de diciembre, hasta junio. Fue destinado a un Batallón de Trabajadores.

  1. Vallejo Escudero, Juan Bautista:

Servicios Auxiliares (motorista) de diciembre a febrero; Sección Mixta en marzo

  1. Velasco Madaria, Carlos:

Amurrio

Compañía Estabillo desde septiembre hasta junio. Estuvo preso en Bilbao

  1. Velasco Madaria, Juan Ángel:

Amurrio

Compañía Estabillo desde septiembre hasta la primera quincena de diciembre; luego en Servicios Auxiliares hasta Santoña, siendo Sargento desde marzo. Estuvo preso en Bilbao

  1. Vélez Molinuevo, Isidro:

Orduña

Compañía Estabillo desde septiembre hasta marzo

  1. Vélez Salazar, Ángel:

Compañía Estabillo desde septiembre hasta enero; luego en Servicios Auxiliares (zapatero) hasta Santoña, cuando estaba herido

  1. Viana, Santos:

Compañía Eleizalde en diciembre y enero

  1. Viana Landaburu, Luis:

Compañía Ayala la segunda quincena de noviembre y la primera de diciembre; Compañía Urrutia hasta marzo; Alaitza en abril

  1. Viguri Orueta, Enrique:

Compañía Eleizalde desde octubre hasta junio; Sargento desde diciembre hasta marzo

  1. Villamil, Guillermo:

Compañía Estabillo desde septiembre hasta mayo; Sección Mixta en junio y Santoña; en julio en el Batallón Simón Bolibar

  1. Villamor Rodríguez, Domingo:

Compañía Ayala desde noviembre hasta marzo

  1. Villamor Sobrón, Rufino:

Compañía Ayala en mayo. Fue sacerdote

  1. Villanueva Alaña, Víctor:

Okondo

Compañía Eleizalde en octubre; luego en la Estabillo hasta marzo, siendo Cabo desde la segunda quincena de diciembre y Sargento en febrero y marzo; Teniente de la Compañía Ayala en abril; y Teniente Ayudante de la Plana Mayor en mayo y junio

  1. Villate Ortega, Saturnino:

Orduña

Compañía Alaitza desde diciembre hasta marzo; luego miembro del Cuartel hasta Santoña

  1. Vitorica Albizua, Maximino:

Amurrio

Compañía Eleizalde en octubre y luego en la Alaitza hasta Santoña, herido desde junio. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 78

  1. Vitorica Orue, Clemente:

Larrinbe

Compañía Eleizalde desde octubre hasta junio

  1. Vivanco Mendieta, Damián:

Compañía Ayala desde septiembre hasta la primera quincena de diciembre; Sección de Enlaces en la segunda; Servicios Auxiliares de enero a marzo; Compañía Estabillo desde abril hasta junio

  1. Yarritu Echebarria, Andrés:

Amurrio

Compañía Eleizalde desde octubre hasta marzo; Sargento desde diciembre; luego fue Sargento del Cuartel hasta Santoña

  1. Yarritu Echebarria, Guillermo:

Amurrio

Compañía Alaitza de abril a junio. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 13

  1. Yarritu Echebarria, Marcos:

Amurrio

Compañía Eleizalde desde octubre hasta junio; Cabo desde febrero

  1. Yarritu Echebarria, Restituto:

Amurrio

Compañía Eleizalde desde octubre hasta Santoña

  1. Yarritu Echebarria, Victoriano:

Amurrio

Compañía Estabillo desde septiembre hasta la primera quincena de noviembre, cuando es nombrado Suboficial; mantiene la graduación en la segunda quincena en la Sección de Enlaces, y en la segunda de diciembre pasa a la Compañía Urrutia; en abril pasa a Suboficial de la Plana Mayor; luego pasó al Batallón Simón Bolibar. Estuvo preso en El Dueso y luego en Puerto de Santa María desde agosto de 1938 hasta abril de 1941.

  1. Yarritu Mendia, Andrés:

Amurrio

Compañía Ayala en octubre y primera quincena de noviembre; luego en la Estabillo hasta Santoña. Fue destinado a un Batallón de Trabajadores

  1. Yarritu Mendia, José:

Amurrio

Compañía Estabillo desde octubre hasta Santoña. Estuvo preso en Vitoria

  1. Yarritu Oribe, José María:

Arespalditza

Sección Mixta la segunda quincena de marzo; Compañía Estabillo desde abril hasta junio; procedía del Malato. Anteriormente había estado preso en “El Carmelo”

  1. Yarza Beraza, Justo:

Respaldiza

Compañía Estabillo desde septiembre hasta enero; Sargento en la primera quincena de noviembre; Suboficial desde la segunda; armero en los Servicios Mecánicos en febrero y marzo; luego en Servicios Auxiliares como informador hasta Santoña. En su expediente del Tribunal de Responsabilidades Políticas, se dice que sus funciones como Teniente se limitaron a la intervención de las nóminas sin llegar a mandar fuerzas en el frente. En septiembre de 1938 estaba en el Penal del Dueso

  1. Yarza Larrinaga, José:

Compañía Ayala en octubre y primera quincena de noviembre; luego en la Estabillo hasta diciembre, herido en la segunda quincena de este mes; Servicios Auxiliares de enero a marzo; Sección Mixta de abril a Santoña

  1. Zabala, Luis:

Compañía Estabillo desde septiembre hasta la primera quincena de diciembre; en la Urrutia hasta enero

  1. Zaballa Balza, José:

Astobiza

Compañía Alaitza desde diciembre hasta junio. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 91. Su hermano Vicente estaba en un grupo de Zapadores de FET

  1. Zaballa Madina, Francisco:

Arrasate

Compañía Ayala desde noviembre hasta junio

  1. Zaldunbide Mallabia, Víctor:

Aulestia

Servicios Mecánicos (chofer) desde diciembre hasta Santoña

  1. Zaldunbide Ugartechea, Genaro:

Ondarroa

Sección Mixta en la segunda quincena de marzo; pasa a la Estabillo hasta Santoña, estando herido desde la segunda quincena de mayo

  1. Zarate Aulestiarte, Eulogio:

Compañía Ayala desde mayo hasta Santoña

  1. Zarate Sopelana, Ignacio:

Compañía Ayala desde noviembre hasta Santoña

  1. Zenarruzabeitia Zarate, Martín:

Amorebieta

Sección de Enlaces desde marzo hasta junio

  1. Zengotitabengoa Aranburu, Pío:

Compañía Alaitza de abril a junio, herido desde la segunda quincena de mayo

  1. Zorrilla, Ángel:

Servicios Auxiliares (cocina) en noviembre y diciembre

  1. Zuazo García, Primitivo Blas:

Suboficial del Cuartel de mayo a Santoña

  1. Zubiaga, Antonio:

Compañía Estabillo en septiembre y octubre; Servicios Auxiliares (guardia) la primera quincena de noviembre

  1. Zubiaga Aldama, Ildefonso:

Artomaña

Compañía Alaitza desde diciembre hasta junio, Cabo desde febrero. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 20.

  1. Zubiaga Parrazar, Abundio:

Orduña

Compañía Ayala desde mayo hasta Santoña, herido en este momento

  1. Zubiaur, Ricardo:

Servicios Auxiliares la primera quincena de noviembre

  1. Zubiaur Gurbista, José María:

Amurrio

Compañía Ayala desde octubre hasta junio

  1. Zubiaur Unzaga, Antonio:

Laudio

Compañía Ayala desde la segunda quincena de diciembre a marzo; Sección Mixta en abril y mayo; Compañía Eleizalde en junio

  1. Zubikarai Urresti, Segundo:

Sección Mixta en la segunda quincena de marzo y luego en la Ayala hasta Santoña; procedía del Batallón Malato

  1. Zubikarai Urresti, Alejandro:

Sección Mixta en la segunda quincena de marzo y luego en la Ayala hasta junio; procedía del Batallón Malato

  1. Zulaica, Ramón:

Servicios Auxiliares (cocina) en noviembre y diciembre

  1. Zuluaga Alzola, Juan:

Compañía Estabillo desde la segunda quincena de noviembre hasta Santoña

  1. Zulueta Alday, Antonio:

Amurrio

Servicios Auxiliares en diciembre; en Enlaces desde enero hasta junio

  1. Zulueta Bordagaray, Jesús:

Lezama

Compañía Estabillo desde abril hasta junio

  1. Zulueta Bordagaray, Marcos:

Lezama

Compañía Estabillo desde septiembre hasta enero, ascendido a Cabo en la segunda quincena de diciembre; Armero en febrero y marzo; Sargento de la Estabillo desde abril hasta junio. Fue destinado a un Batallón de Trabajadores, del que huyó

  1. Zulueta Pinedo, Ángel:

Saratxo

Compañía Estabillo de septiembre a enero; Cabo de la Sección Mixta de febrero a Santoña, herido desde junio. Su padre Félix, que en septiembre de 1938 estaba preso, declaró tener cuatro hijos luchando con los sublevados, puede que él fuera uno

  1. Zurimendi Berganza, Ignacio:

Compañía Ayala en octubre y primera quincena de noviembre; en la Estabillo las dos quincenas siguientes; herido desde la segunda de diciembre hasta marzo; luego en Servicios Auxiliares (oficina) hasta Santoña. Falleció en la Batalla del Ebro.

  1. Zurimendi Berganza, José:

Amurrio

Compañía Estabillo desde septiembre hasta Santoña. Estuvo preso en Deusto

  1. Zurutuza Telleriarte, Ambrosio:

Compañía Ayala en mayo y junio

El Batallón Araba (I)

El Batallón Araba estuvo bajo la disciplina del Partido Nacionalista Vasco, fue el nº 14 del Ejército de Euzkadi dentro de la V Brigada y su nombre hace referencia al origen alavés de la mayoría de sus componentes, a los que hay que sumar muchos vizcaínos de Orduña. Es, sin duda, el batallón que albergó mayor cantidad de naturales del Alto Nervión en el bando republicano, si bien es preciso señalar la presencia de no pocos individuos procedentes de Aramaio, Legutiano o Zigoitia, y otros lugares.

En su época de máximo desarrollo, contó con cuatro compañías, una sección de ametralladoras, Servicios Auxiliares, Servicios Mecánicos, Sección de Enlaces y Transmisiones, Sección Mixta, además del personal estable en su Cuartel, que estuvo situado en el Palacio de Lamuza en Laudio.

Pero a ello se llegó poco a poco. Durante el mes de agosto de 1936, una cincuentena de jóvenes de la zona acudía cada domingo a Arrankudiaga para recibir instrucción militar por parte de Ramón Azkue y José Duo. De este núcleo inicial de voluntarios, surgió la primera compañía, la Estabillo, formada a primeros de septiembre y mandada por Antonio San Martín Ugalde, vecino de Amurrio y con experiencia por haber servido como suboficial en Marruecos.

La segunda compañía, llamada Ayala, se formó a finales de mes con más voluntarios de la comarca, pero también bastantes alaveses que habían huido del campo contrario. A finales de octubre, sirvieron en el frente por primera vez en Bizkaia. Mientras tanto, se formó la tercera compañía, la llamada Luis de Eleizalde, y la cuarta, la Alaitza, mayoritariamente –si no totalmente- con los individuos que fueron llamados a filas.

El batallón se constituyó como tal con estas cuatro compañías a finales de noviembre, antes de participar en la batalla de Villarreal. Por estas fechas, en noviembre y la primera quincena de diciembre, se integraron en el Araba dos compañías procedentes del encartado batallón Avellaneda, llamas Kolitza y Güeñes, y otra llamada Azkatuta que estuvo entre noviembre y diciembre.

A mediados de diciembre, se creó una compañía de ametralladoras bautizada en honor del amurrioarra José María Urrutia, fallecido en Villarreal. Para entonces, ya contaba con Servicios Auxiliares, sección de Enlaces y Transmisiones, y las demás unidades ya mencionadas.

No es nuestro objetivo relatar todos los pormenores y actuaciones del batallón, ni realizar una exposición detallada de su organización y mandos, sino que nos limitaremos –y no es poco- a enumerar y nombrar a las personas que formaron parte del batallón. Esta labor ha sido realizada a partir de la consulta de las nóminas del batallón.

Pero antes, unas puntualizaciones previas: no disponemos de nóminas de la compañía Alaitza previas a la segunda quincena de diciembre, ni las correspondientes a la Eleizalde en noviembre y primera quincena de diciembre. En fechas posteriores, no hemos consultado las nóminas correspondientes a todas las quincenas pero sí la mayoría. En consecuencia, es muy posible que algunos individuos estuvieran integrados en el batallón antes de lo que señalamos.

Por último, y como se verá, fue muy habitual el traspaso de personas de una compañía a otra. Y también es preciso señalar que muchos dejan de aparecer a partir de marzo de 1937 u otros momentos; sabemos de algunos casos de individuos que fueron trasladados a otros batallones, por lo que es posible que eso explique estas “desapariciones” de las nóminas. Pero pueden haber influido otros factores como un ascenso a otro cargo dentro del ejército o en algún poder local o haber sido dados de baja definitiva por incapacidad o muerte. Finalmente, la última nómina corresponde a la primera quincena de julio, cuando parte del batallón estaba preso en Santoña; otros gudaris fueron apresados antes, a finales de junio tras la caída de Bilbao, mientras que otros, los menos, lograron continuar hasta Asturias enrolados en otros batallones, sobre todo en el Simón Bolibar.

Esta es la primera de varias entradas en las que irán apareciendo los nombres de los combatientes en orden alfabético. Por supuesto, cualquier tipo de corrección o aportación será más que bienvenida.

  1. Abechuco Astarloa, Florencio:

Larrinbe, vecino de Amurrio

Compañía Eleizalde, desde octubre hasta Santoña; Cabo desde diciembre; después de julio, pasó al Batallón Simón Bolibar

  1. Abechuco Astarloa, Maximino:

Larrinbe, vecino de Amurrio

Compañía Eleizalde en octubre, luego en la Alaitza hasta Santoña; después, pasó al Batallón Simón Bolibar. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 64

  1. Abiega Picaza, Eugenio:

Okondo

Compañía Ayala en abril, en la Alaitza en mayo, vuelve a la Ayala en junio y Santoña

Su hermano Valentín fue guardia cívico y en septiembre de 1940 se desconocía su paradero.

  1. Abrisqueta Aguirre, José:

Compañía Estabillo desde la segunda quincena de diciembre hasta Santoña, herido en este último momento. El 20 de marzo de 1938 fue herido en acción de guerra cuando estaba integrado en un batallón de FET-JONS

  1. Acha Gabiña, Maximino:

Amurrio

Compañía Eleizalde desde octubre hasta junio

Fallecido el 26 de enero de 1938 en Pamplona tras ser herido en el Ebro luchando en el Tercio de la Virgen de Begoña

  1. Acha Larrazabal, Antonio:

Laudio

Compañía Alaitza desde diciembre hasta junio. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 15. Según parece, se exilió a Venezuela

  1. Acha Zubiaur, Gregorio:

Laudio

Compañía Eleizalde desde octubre hasta junio; pero en enero estuvo en la Sección Mixta. Emigró a Brasil.  A pesar de todo, también figura como preso en El Carmelo el 30 de noviembre de 1936

Su hermano Eduardo falleció luchando con un tercio de Requetés

  1. Aguinaco Pujana, Eulogio:

Vitoria-Gasteiz

Compañía Ayala desde octubre hasta junio; ascendió a Cabo en mayo.

  1. Aguirre Bilbao, Félix:

Retes de Llanteno

Compañía Estabillo desde abril hasta junio. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 13

  1. Aguirre Iñurria, Anastasio:

Compañía Ayala desde noviembre hasta marzo, estando herido desde la segunda quincena de diciembre hasta febrero; Servicios Auxiliares (limpieza) en abril y mayo; (convoy) en junio y Santoña

  1. Aguirre Llano, Juan José:

Lezama

Compañía Estabillo desde septiembre hasta Santoña; Cabo desde la segunda quincena de diciembre. Estuvo preso en Puerto de Santa María

  1. Aguirre Llano, Prudencio:

Lezama

Compañía Estabillo en la primera quincena de noviembre; Sección de Enlaces las dos siguientes quincenas; en la segunda de diciembre pasa a Servicios Mecánicos como armero, donde estuvo hasta Santoña. Luego fue destinado a un Batallón de Trabajadores

  1. Aguirre Olamendi, Antonio:

Baranbio

Compañía Ayala de octubre a marzo; Sección Mixta en abril y mayo; Compañía Urrutia en junio y Santoña. Estuvo preso en Santander

  1. Aguirre Santibáñez, Jesús:

Sección de Enlaces desde febrero hasta abril. Después estuvo en la Escuela Popular de Guerra número 6 de donde salió en noviembre de 1937 como teniente de campaña del Arma de Infantería; fue destinado a las órdenes del jefe del Ejército del Norte. Sin embargo, en marzo de 1938 causó baja del ejército por llevar más de dos meses en paradero desconocido

  1. Aguirre Urquiola, Luis:

Compañía Eleizalde en enero; en mayo figura como personal del Cuartel; y luego en junio y Santoña, herido en estos dos momentos

  1. Aguirregabiria Barañano, Eduardo:

Compañía Ayala de octubre hasta la primera quincena de diciembre, luego en la Urrutia hasta Santoña, Cabo desde mayo

  1. Ainz Arcocha, Segundo:

Laudio

Compañía Ayala desde octubre hasta Santoña; ascendió a cabo en noviembre, a sargento en febrero y descendió a soldado en abril.

  1. Ainz Arcocha, Agustín:

Laudio

Compañía Ayala. Ingresa en abril, herido la segunda quincena de junio y en Santoña

  1. Ainz Arcocha, Claudio:

Laudio

Compañía Eleizalde en octubre, luego en la Alaitza hasta Santoña estando herido desde la segunda quincena de mayo. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 19

  1. Álava Elejalde, Lázaro:

Orduña

Compañía Estabillo desde septiembre hasta Santoña; Cabo desde la segunda quincena de noviembre; Sargento desde la segunda de diciembre; Teniente desde febrero. Fue encarcelado en El Dueso y en Puerto de Santa María, de donde salió el 8 de mayo de 1941.

  1. Álava Menoyo, José María:

Retes de Llanteno

Compañía Estabillo desde septiembre hasta junio. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 20

  1. Albinarrate Echebarria, Dionisio:

Saratxo

Compañía Ayala de noviembre a marzo; Sección Mixta de abril a Santoña; en julio en el Batallón Simón Bolibar. Su padre Matías estuvo enrolado en el batallón comunista Leandro Carro.

  1. Albinarrate Echebarria, Patricio:

Saratxo

Ingresa en la Compañía Eleizalde la segunda quincena de octubre, pasa en noviembre a la Compañía Ayala, hasta Santoña

  1. Albiz Villacián, Aquilino:

Compañía Ayala desde octubre hasta la primera quincena de diciembre, luego en la Alaitza hasta marzo

  1. Albizua Barañano, Pedro:

Amurrio

Compañía Estabillo desde septiembre hasta junio. Fue destinado a un Batallón de Trabajadores

  1. Aldama Echebarria, Marcos:

Amurrio

Compañía Ayala desde octubre hasta junio. Sin embargo, la primera quincena de octubre figura en nómina de Cuartel General de los comunistas en los Capuchinos

  1. Aldama Echebarria, Modesto:

Amurrio

Compañía Eleizalde en octubre; Urrutia desde la segunda quincena de diciembre hasta Santoña

  1. Aldama Laña, Antonio:

Amurrio

Compañía Estabillo de septiembre a la primera quincena de diciembre; luego en la Urrutia hasta marzo

  1. Aldama Rodríguez, Eustaquio:

Zuaza

Compañía Estabillo desde septiembre hasta junio. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 15.

  1. Aldama Zulueta, Juan:

Lezama

Compañía Estabillo desde septiembre hasta junio; Cabo en la primera quincena de noviembre y luego de forma definitiva desde la segunda de diciembre. Estuvo preso en Puerto de Santa María

  1. Aldama Zulueta, Lino:

Lezama

Compañía Eleizalde desde octubre hasta junio; Suboficial desde enero

  1. Aldasoro Uribe, Jorge:

Compañía Estabillo desde enero hasta junio

  1. Alday Olamendi, Jesús:

Baranbio

Compañía Alaitza desde diciembre hasta Santoña. Posteriormente, al ser juzgado en Burgos, figura como chofer, mientras que su hermano Luis fue sanitario del batallón. Estuvo preso en Cádiz.

  1. Alday Olamendi, Nicolás:

Baranbio

Servicios Auxiliares en diciembre y en enero pasa a la Compañía Ayala, hasta junio. Al parecer, falleció en el transcurso de la guerra.

  1. Alday Otaola, Gerardo:

Zuaza

Compañía Estabillo desde septiembre hasta junio. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 63

  1. Alday Otaola, Maximino:

Zuaza

Compañía Estabillo desde septiembre hasta junio

  1. Aldazabal, Roque:

Servicios Auxiliares en la primera quincena de diciembre

  1. Alegría Madinabeitia, Felipe:

Araia

Compañía Ayala desde octubre hasta junio. Fue desterrado a Pamplona en octubre de 1937

  1. Allende, Víctor:

Compañía Eleizalde en octubre

  1. Allende Otaola, Juan Cruz:

Compañía Urrutia desde la segunda quincena de diciembre hasta junio (no aparece en abril)

  1. Altube Goitia, Saturnino:

Elgea.

Compañía Ayala desde noviembre hasta marzo. Luego desaparece y en Santoña figura en la Compañía Alaitza

  1. Altube Ortiz, Antonio:

Lezama

Compañía Eleizalde desde diciembre hasta junio

  1. Altube Ortiz, Cesáreo:

Lezama

Compañía Eleizalde desde octubre hasta Santoña, herido en la segunda quincena de mayo y junio. Estuvo preso en Deusto

  1. Altube Ortiz, Joaquín:

Lezama

Compañía Ayala desde la primera quincena de noviembre hasta abril; mayo en la Alaitza; vuelve a Ayala en junio y Santoña

  1. Altube Ortiz, José María:

Lezama

Compañía Ayala desde septiembre hasta junio; Cabo desde abril. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 13

  1. Altuna Alzola, Ramón:

Barajuen

Compañía Eleizalde desde diciembre hasta junio. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 14

  1. Altuna Alzola, Victoriano:

Barajuen

Cabo de la Compañía Urrutia desde la segunda quincena de diciembre hasta marzo; luego pasó al Batallón Simón Bolibar. Estuvo en la cárcel de Lugo entre el 20 de noviembre de 1939 y el 14 de septiembre de 1940 por “auxilio a la rebelión”.

  1. Altuna Zubia, Pedro:

Aramaio

Compañía Estabillo desde enero hasta junio. Estuvo en un Batallón de Trabajadores

  1. Alustiza Basterra, Alfredo:

Compañía Ayala desde octubre hasta junio

  1. Álvarez Salazar, Ovidio

Laudio

Compañía Ayala la primera quincena de noviembre; Cabo de la Sección de Enlaces las dos siguientes hasta Santoña; herido desde mayo

  1. Amirola Respaldiza, Juan:

Lezama

Compañía Estabillo desde septiembre hasta marzo

  1. Amirola Respaldiza, Casimiro:

Lezama

Compañía Estabillo en mayo y junio

  1. Amirola Respaldiza, Urbano:

Lezama

Sección Mixta en abril y mayo; Compañía Estabillo en junio

  1. Amondarain, Bernardo:

Orozko

Servicios Auxiliares (guardia) en noviembre y diciembre. Capellán de la Compañía Alaitza

  1. Angoitia Arteche, Antonio:

Compañía Eleizalde desde octubre hasta junio

  1. Ansorena Azcaray, Alejo:

Baranbio

Compañía Eleizalde desde octubre hasta junio; Cabo desde abril. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 12

  1. Ansorena Azcaray, Eugenio:

Baranbio

Compañía Eleizalde en mayo y junio. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 12

  1. Anúcita Maurolagoitia, José Luis:

(Bilbao?)

Sección de Enlaces en marzo y abril

  1. Añariz Viteri, Anastasio:

Compañía Ayala, únicamente en la primera quincena de noviembre

  1. Apodaca Oribe, Aquilino:

Laudio

Compañía Eleizalde desde octubre hasta junio

  1. Apodaca Orue, Samuel:

Amurrio

Compañía Eleizalde en octubre, y luego Cabo de la Alaitza hasta enero. Causó baja y pasó a ser guarda cívico en Amurrio

  1. Apodaca Santamaria, Juan:

Aloria

Compañía Ayala, desde la segunda quincena de noviembre hasta Santoña; en julio en el Batallón Simón Bolibar

  1. Apodaca Santamaria, Nicolás:

Aloria

Compañía Ayala, desde mayo hasta Santoña; en julio en el Batallón Simón Bolibar. Su hermana Marina fue asesinada en Orduña el 30 de agosto de 1936

  1. Arabiotorre Requeta, José:

Compañía Estabillo desde septiembre hasta la primera quincena de diciembre; luego en la Urrutia hasta marzo

  1. Aramendi Zugasti, Roberto:

Baranbio

Compañía Estabillo en septiembre; en octubre pasó a la Ayala; ascendió a Cabo en mayo y no llegó a Santoña. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 12

  1. Arandia Basterra, Fermín:

Arrankudiaga

Compañía Eleizalde en octubre, luego en la Alaitza hasta junio

  1. Aranoa Echaurren, Juan José:

Amurrio

Se incorporó a la Estabillo la segunda quincena de diciembre; de enero hasta Santoña en la Compañía Ayala. Fue destinado a un Batallón de Trabajadores

  1. Arbaiza Barbara, Faustino:

Lezama

Compañía Ayala de octubre a abril; Urrutia de mayo a Santoña

  1. Arbaizagoitia Bilbao, Alejandro:

Sección Mixta en enero; luego pasa a la Eleizalde hasta junio

  1. Arbaizagoitia Gabiña, Victoriano:

Amurrio

Compañía Eleizalde desde octubre hasta junio

  1. Arbaizagoitia Zaballa, José María:

Laudio

Compañía Ayala desde octubre hasta Santoña, cuando figura como herido

  1. Arbaizagoitia Zaballa, Tomás:

Laudio

Compañía Ayala desde febrero hasta Santoña; en julio en el Batallón Simón Bolibar

  1. Arberas Ugarte, Gregorio:

Saratxo

Compañía Ayala desde octubre hasta Santoña

  1. Arberas Ugarte, Elisardo:

Saratxo

Compañía Ayala desde mayo hasta junio

  1. Arberas Ugarte, Olegario:

Saratxo

Sección Enlaces en la segunda quincena de diciembre y enero; Sección Mixta hasta mayo; Eleizalde en junio. Fallecido el 18 de junio de 1937 en un bombardeo.

  1. Arbide Goti, Esteban:

Orozko

Compañía Alaitza de abril a junio

  1. Arellano Pérez, Jesús:

Compañía Ayala desde marzo hasta junio

  1. Arenaza San Andrés, José Luis:

Sección de Enlaces en marzo y abril

  1. Arenaza Urquijo, Félix:

Campijo

Compañía Eleizalde desde octubre hasta junio; Cabo desde febrero. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 20

  1. Arenaza Urquijo, Gabriel:

Campijo

Compañía Ayala desde abril hasta junio. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 20

  1. Argote Menchaca, Koldobika:

Bilbao

Compañía Alaitza de diciembre a junio; en julio en el Batallón Simón Bolibar

  1. Argote San Martín, Sabino:

Compañía Alaitza desde diciembre hasta Santoña

  1. Armendariz Galarza, Tomás:

Laudio

Compañía Estabillo en la primera quincena de noviembre; en la Ayala hasta la segunda de diciembre; Servicios Auxiliares (barbero) desde enero hasta Santoña

  1. Arrizubieta Corta, Juan Martín:

Ispaster, vecino de Artziniega

Sección de Enlaces en la segunda quincena de diciembre; Sección Mixta desde enero hasta la primera quincena de marzo, estando herido en febrero; luego a la Eleizalde hasta junio. Fue destinado a un Batallón de Trabajadores

  1. Arrondo López de Landache, Fernando:

Compañía Estabillo desde noviembre hasta Santoña

  1. Arruabarrena Magunagoitia, Juan:

Sección de Enlaces desde marzo hasta junio

  1. Arteta Ortueta, Leandro:

Baranbio

Compañía Ayala desde abril hasta Santoña, herido desde la segunda quincena de mayo

  1. Aspiazu Apodaca, Jesús:

Astobiza

Sección Mixta de marzo a mayo; Compañía Estabillo en junio.

  1. Aspiazu Otaola, Jesús:

Zuaza

Compañía Alaitza en la segunda quincena de mayo y junio. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 17

  1. Aspiazu Otaola, Florencio:

Zuaza

Compañía Eleizalde en octubre; luego en la Alaitza hasta mayo; Sección de Enlaces en junio

  1. Aspizua, Joaquín:

Compañía Estabillo en la segunda quincena de noviembre y primera de diciembre

  1. Aspizua Llanos, Luis:

Menagarai

Compañía Estabillo desde septiembre hasta Santoña, herido desde la segunda quincena de noviembre. Estuvo preso en Deusto y luego en un Batallón de Trabajadores.

  1. Aspizua Llanos, Anselmo:

Menagarai

Compañía Estabillo desde la segunda quincena de noviembre hasta Santoña, herido en este momento. Estuvo preso en Deusto

  1. Aspuru Chabarri, Gregorio:

Compañía Alaitza desde abril hasta junio

  1. Aspuru Martínez, Francisco:

Compañía Urrutia desde la segunda quincena de diciembre hasta Santoña

  1. Aspuru Ortiz, Fernando:

Quejana

Compañía Estabillo en septiembre y octubre; Servicios Auxiliares (Guardia) en noviembre y diciembre; luego fue miembro del Cuartel hasta Santoña. Fue atrapado en alta mar huyendo de Avilés el 21 de octubre de 1937. Perdió un hijo luchando con los sublevados. Su hermano Clemente estuvo en el Batallón de Trabajadores nº 2

  1. Astiria Inchausti, Florencio:

Sección de Enlaces desde febrero hasta junio

  1. Astondoa Unzalu, Félix:

Elosu

Compañía Alaitza desde diciembre hasta Santoña

  1. Astondoa Unzalu, Juan:

Elosu

Compañía Eleizalde desde octubre hasta Santoña

  1. Astondoa Unzalu, Victoriano:

Elosu

Ingresa en octubre en la Compañía Ayala después de ser guardia cívico; desde la segunda quincena de noviembre hasta enero en la Sección de Enlaces; febrero y marzo en la Sección Mixta; luego regresó a la Ayala, hasta Santoña. Su expediente del Tribunal de Responsabilidades Políticas dice que llegó a Sargento, pero en las nóminas no figura así

  1. Atucha Azcue, Ignacio:

Servicios Mecánicos (chofer) desde diciembre hasta Santoña

  1. Axpe Beitia, Ángel:

Aramaio

Compañía Eleizalde desde febrero hasta junio

  1. Azcarraga Ormaechea, Antonio:

Compañía Estabillo desde la segunda quincena de noviembre hasta Santoña. El 22 de febrero de 1938 fue trasladado de Artillería de Montaña en Vitoria a la fábrica de Beistegui en Eibar, ya que era tornero

  1. Azkue Uriarte, Juan María:

Administrador del Cuartel de Lamuza la primera quincena de diciembre

  1. Azkue Uriarte, Luis:

Cuartel de Lamuza en diciembre

  1. Azula Sarriugarte, Benito:

Compañía Eleizalde en la segunda quincena de marzo; procedente del Batallón Malato.

  1. Badillo Angulo, Dionisio:

Okondo

Compañía Eleizalde en la segunda quincena de octubre, pasa a la Estabillo en la segunda de noviembre y hasta Santoña. Estuvo en la cárcel y sus hermanos Antonio y Roque estuvieron en el Batallón de Trabajadores nº 122.

  1. Badillo Ibarreche, Higinio:

Ayala

Compañía Alaitza desde diciembre hasta junio, como Cabo hasta abril. Fue destinado a un Batallón de Trabajadores

  1. Badillo Ibarreche, Santiago:

Ayala

Compañía Eleizalde desde octubre a enero; Alaitza desde marzo hasta junio

  1. Badillo Mendia, Antonio:

Orduña

Compañía Estabillo en septiembre y octubre; Intendente desde noviembre hasta junio. Fue internado en la prisión de El Dueso y posteriormente en Puerto de Santa María

  1. Badillo Oribe, Adrián:

Compañía Estabillo en septiembre y octubre; Servicios Auxiliares (guardia) en noviembre y diciembre; luego fue miembro del Cuartel de Lamuza. Fue destinado a un Batallón de Trabajadores

  1. Badillo Torre, Saturnino:

Barriga, vecino de Orduña

Compañía Ayala desde mayo hasta junio

  1. Bañales Robina, Antonio:

Compañía Estabillo desde abril hasta Santoña

  1. Barajuen González de Zarate, Basilio:

Foronda

Compañía Ayala desde octubre hasta Santoña. Ascendió a Cabo en noviembre y a Sargento en abril

  1. Barañano Abendaño, Francisco:

Amurrio

Compañía Estabillo en septiembre, Teniente de la misma la primera quincena de octubre; Capitán desde noviembre hasta marzo; Comandante del Batallón desde abril hasta junio. Falleció el 12 de julio de 1937.

  1. Barañano Barbara, Luis:

Laudio

Cabo de la Sección de Enlaces desde la segunda quincena de noviembre hasta enero; Sargento de la Sección Mixta de febrero a mayo. Había sido vocal del Comité de Defensa de Amurrio, dejando de pertenecer al mismo como protesta por el asesinato de José María Viguri y su hija de 13 años. Fue hecho prisionero en Laredo el 25 de agosto y estuvo preso en Puerto de Santa María.

  1. Barañano Escuza, Antonio:

Laudio

Compañía Estabillo en noviembre y primera quincena de diciembre; luego en la Urrutia hasta Santoña

  1. Barañano Escuza, Feliciano:

Laudio

Compañía Ayala en octubre; Sargento en noviembre; luego pasa a la Estabillo y en la segunda quincena de diciembre a la Urrutia como Cabo, hasta marzo. Después pasó al Batallón Malato como Capitán

  1. Barbara Rotaeche, Félix:

Laudio

Compañía Ayala desde octubre hasta junio. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 15

  1. Bárcena Castresana, Antonio:

Artziniega

Compañía Alaitza desde marzo hasta Santoña, herido desde junio

  1. Bárcena Castresana, Domingo:

Artziniega

Compañía Alaitza desde diciembre hasta junio. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 14

  1. Barredo Tellaeche, Sergio:

Compañía Alaitza desde diciembre hasta Santoña; en julio en el Batallón Simón Bolibar

  1. Barrena Barrena, José:

Compañía Estabillo de septiembre hasta la primera quincena de diciembre; en la Urrutia hasta Santoña, Cabo desde abril

  1. Barrenengoa Elejalde, Bernabé:

Amurrio

Compañía Estabillo desde septiembre hasta diciembre; Servicios Auxiliares (barbero) hasta Santoña, estando herido desde la segunda quincena de mayo

  1. Basabe, Francisco:

Compañía Eleizalde en enero; Sección Mixta en febrero y primera quincena de marzo

  1. Basabe Biteri, Agapito:

Elosu

Compañía Ayala desde noviembre hasta mayo; Sección Mixta en junio y Santoña. En octubre figura un Victor Basabe, que podría ser el mismo

  1. Basaldua Bordes, Francisco:

Amurrio

Compañía Ayala desde octubre hasta la primera quincena de diciembre, herido en la segunda; Servicios Auxiliares en enero; Sección Mixta en febrero y marzo; Compañía Alaitza desde abril, herido en junio y Santoña; en julio en el Batallón Simón Bolibar. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 31

  1. Basarrate Las Fuentes, Dionisio:

Servicios Auxiliares en diciembre; en los meses finales fue miembro del Cuartel

  1. Basarrate Las Fuentes, Francisco:

Compañía Eleizalde desde octubre hasta mayo; Cabo solo en enero

  1. Basterrechea Begoña, Jeremías:

Larrabetzu

Sección de Enlaces en febrero

  1. Basterrechea Solano, Vicente:

Compañía Alaitza desde diciembre hasta marzo; Urrutia en abril

  1. Basualdo Isasi, Gregorio:

Baranbio

Compañía Alaitza desde diciembre hasta Santoña, primero como Sargento y desde mayo como Suboficial.

  1. Batiz Aresti, Faustino:

Sección de Enlaces desde febrero hasta abril

Fue herido gravemente el 4 de enero de 1938 cuando era soldado del Tercio de Requetés de Nuestra Señora de Begoña, por lo que se le concedió una pensión vitalicia de 12,50 pesetas mensuales.

  1. Beiztegui, Eduardo:

Compañía Ayala en octubre, capitán en noviembre y diciembre.

  1. Benavides Mezcorta, Pascual:

Llanteno

Compañía Eleizalde en octubre, Estabillo en noviembre y primera quincena de diciembre, luego en la Urrutia hasta abril. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 13

  1. Bengoa Sagarduy, Sebastián:

Laudio

Compañía Eleizalde desde octubre hasta junio. Su hermano Pedro estuvo en el Batallón de Trabajadores nº 50

  1. Bengoa Urrutia, Gabriel:

Ibarra

Compañía Ayala desde la segunda quincena de noviembre hasta junio. Fue destinado a un Batallón de Trabajadores.

  1. Beobide Garmendia, Andrés:

Zestafe

Sección Enlaces en la segunda quincena de diciembre y enero; Sección Mixta hasta mayo; Compañía Ayala en junio y Santoña

  1. Beobide Garmendia, Eulogio:

Zestafe

Compañía Eleizalde desde octubre hasta junio. Falleció en un bombardeo el 18 de julio de 1937

  1. Beobide Garmendia, Sebastián:

Zestafe

Sección Enlaces la segunda quincena de diciembre y enero; Sección Mixta febrero y marzo; Urrutia desde abril a Santoña

  1. Beracoechea Gorostizaga, Pablo:

Compañía Estabillo desde abril hasta junio

  1. Beraza Olano, José María:

Artziniega

Sección Mixta en febrero; luego pasa a la Eleizalde hasta junio. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 112

  1. Beraza Urquijo, Ángel:

Zuaza

Compañía Eleizalde desde octubre hasta junio. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 14

  1. Beraza Urquijo, Tiburcio:

Zuaza

Compañía Eleizalde la segunda quincena de octubre; a partir de enero en la Estabillo hasta junio (entre medias no aparece). Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 17

  1. Bergara Albiz, Andrés:

Salmanton

Compañía Eleizalde desde octubre hasta mayo. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 18. Su hermano Rufino estuvo preso en Cádiz.

  1. Bergara Echeguren, Elías:

Salmanton

Compañía Estabillo desde septiembre hasta Santoña; Cabo desde noviembre, Sargento desde febrero y Teniente en junio. Estuvo preso en El Dueso y luego en Puerto de Santa María hasta agosto de 1940.

  1. Bergara Echeguren, Juan José:

Salmanton

Compañía Estabillo desde abril hasta junio

  1. Bergara Larrieta, Nicanor:

Tertanga

Compañía Ayala desde octubre hasta la primera quincena de diciembre; herido en la segunda; en la Sección Mixta en enero, y luego regresa a la Ayala hasta marzo; luego pasó al Batallón Olabarri o ANV-1. Tras la Guerra, consiguió saltar de un camión en Orduña y ocultarse en su casa hasta que huyó a Francia

  1. Bergara Larrieta, Valentín:

Tertanga

Compañía Estabillo desde septiembre hasta Santoña

  1. Bergara Velasco, Félix:

Orduña

Compañía Estabillo desde septiembre hasta mayo; Sección Mixta en junio y Santoña

  1. Berriozabal Ugarte, Jesús:

Legutiano

Compañía Eleizalde desde octubre hasta mayo. Fue encarcelado en Puerto de Santa María hasta septiembre de 1940

  1. Berroxalditz Uriarte, Tomás:

Sección de Enlaces desde la segunda quincena de marzo hasta junio

  1. Bideguren Urraza, Ángel:

Compañía Eleizalde desde octubre hasta Santoña, herido desde junio

  1. Bilbao Inchaurraga, Francisco:

Compañía Eleizalde en octubre y luego en la Alaitza hasta junio

  1. Billalabeitia Ugarte, Felipe:

Sección de Enlaces en febrero

  1. Biteri Mendieta, Faustino:

Urrunaga

Compañía Ayala desde noviembre hasta junio; ascendió a Cabo en abril

  1. Biteri Ruiz, Leandro:

Compañía Eleizalde desde octubre hasta Santoña; herido en la segunda quincena de mayo y en Santoña

  1. Biteri Unzalu, Domingo:

Elosu

Compañía Eleizalde desde octubre hasta Santoña; Sargento desde el primer momento; Teniente desde abril; Capitán en junio; herido en Santoña. Estuvo en prisión.

  1. Bordagaray Yarritu, José:

Lezama

Compañía Estabillo en mayo y junio

  1. Bordagaray Yarritu, Luis:

Lezama

Compañía Estabillo de septiembre a marzo, Cabo desde enero; Sección Mixta en abril y mayo; Cabo de la Compañía Estabillo en junio. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 12

  1. Bordes Cerrillo, Evaristo:

Amurrio

Compañía Alaitza desde abril a junio. Era moldeador y, en marzo de 1938, causó baja de la Caja de Reclutas de Vitoria para entrar a trabajar, forzosamente, en la fábrica de Mariano Corral en Amurrio.

  1. Bordes Echeguren, Esteban:

Amurrio

Compañía Eleizalde en octubre y luego en la Alaitza hasta marzo; después pasó al Batallón Simón Bolibar

  1. Bordes Echeguren, Matías:

Amurrio

Sección Enlaces en enero y febrero; Sección Mixta en marzo

  1. Braceras Otaolaurruchi, Luis:

Menagarai

Compañía Alaitza en la segunda quincena de mayo y junio. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 15

  1. Bringas Bringas, Marcelino:

Artziniega

Compañía Alaitza desde abril hasta Santoña. Estuvo encarcelado en la Prisión Provincial de Huelva

  1. Cámara Bringas, Jesús:

Compañía Eleizalde desde octubre hasta junio

  1. Campo Braceras, Cirilo:

Sojo

Compañía Ayala en octubre y primera quincena de noviembre; luego Sección de Enlaces hasta Santoña. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 37

  1. Campo Braceras, José Antonio:

Sojo

Compañía Estabillo desde septiembre hasta abril; Cabo desde la segunda quincena de noviembre

  1. Campo Braceras, Juan Cruz:

Sojo

Compañía Estabillo en septiembre y octubre; luego a Sección de Enlaces hasta abril, siendo Cabo en este último momento. Fue sometido a Consejo de Guerra sumarísimo, del que fue sobreseído en 1941.

  1. Campo Lecanda, Víctor:

Amurrio

Compañía Ayala en octubre; Servicios Auxiliares (guardia) en noviembre y diciembre; en enero en el Cuartel de Lamuza

  1. Campo Pinedo, José Ramón:

Compañía Ayala desde octubre hasta marzo

  1. Canibe Berganza, Serapio:

Retes de Llanteno

Compañía Estabillo desde marzo hasta Santoña, herido desde la segunda quincena de mayo

  1. Carrión Iñiguez de Mendoza, Eduardo:

Vitoria-Gasteiz

Compañía Ayala desde octubre hasta abril, siendo Suboficial desde noviembre; en mayo ascendió a Suboficial de la Plana Mayor. Fue encarcelado.

  1. Castañares Iturbe, Juan:

Elosu

Compañía Eleizalde desde diciembre hasta junio. Fue encarcelado

  1. Castaños Abasolo, Segundo:

Izoria

Compañía Ayala desde noviembre hasta junio. Estuvo encarcelado en Pamplona.

  1. Cendoya Aldecoa, Juan:

Compañía Ayala desde octubre hasta junio; Cabo desde noviembre hasta marzo, luego fue solo gudari

  1. Cendoya Aldecoa, Rafael:

Compañía Alaitza desde diciembre hasta junio

  1. Cereceda Pereda, José Luis:

Compañía Alaitza desde abril a junio

  1. Cereceda Urquijo, Manuel:

Menagarai

Compañía Eleizalde desde octubre hasta junio

  1. Cortazar Armentia, Julián:

Compañía Eleizalde desde octubre hasta mayo

  1. Cortazar Díaz de Lezana, Ignacio:

Orduña

Sección de Enlaces en mayo; pasa a la Estabillo en junio

  1. Cortazar López, Cornelio:

Sección de Enlaces desde la segunda quincena de diciembre hasta Santoña, herido desde la segunda quincena de junio

  1. Cristóbal Urrestarazu, Andrés:

Compañía Ayala desde la segunda quincena de noviembre hasta Santoña; en julio en el Batallón Simón Bolibar

  1. Cuadra Echevarria, Jesús:

Arrigorriaga, vecino de Amurrio

Sección de Enlaces desde marzo hasta junio

  1. Cuadra Larrazabal, Florencio:

Amurrio

Compañía Alaitza desde abril hasta Santoña, herido en este último momento; en julio en el Batallón Simón Bolibar

  1. Cuadra Madaria, Maximino:

Lendoño de Abajo

Compañía Eleizalde en octubre y luego en la Alaitza hasta junio

  1. Cuadra Otaola, Miguel:

Mendeika

Compañía Eleizalde desde octubre hasta mayo

  1. Cuadra Yarritu, Gregorio:

Amurrio

Compañía Ayala en octubre y primera quincena de noviembre; luego pasa a la Estabillo hasta marzo. Fue destinado al Batallón de Trabajadores nº 76

  1. Cuadra Yarritu, José Luis:

Amurrio

Compañía Estabillo de septiembre a la primera quincena de diciembre; Cabo de la Urrutia desde la segunda a marzo; luego Cabo del Cuartel hasta Santoña

  1. Cuevas Urrutia, Aurelio:

Araia

Compañía Ayala desde noviembre hasta Santoña. Fue encarcelado.

  1. Chertudi Larrucea, Juan:

Compañía Ayala en la segunda quincena de noviembre y primera de diciembre; luego en la Urrutia hasta Santoña

  1. Díaz Espinosa, Severiano:

Compañía Estabillo desde septiembre hasta mayo; Sección de Enlaces en junio y Santoña

  1. Díaz Robledo, Baldomero:

Sección Mixta en enero, luego pasa a la Estabillo hasta Santoña

  1. Diego Diego, José:

Compañía Ayala desde noviembre hasta marzo, parece que falta en la segunda quincena de enero.

  1. Diego Diego, Pedro:

Compañía Estabillo desde enero hasta marzo

  1. Dierez Zinkunegi, Iñaki:

Azkoitia

Se incorpora en la Sección Mixta en la segunda quincena de marzo, pasa en abril a la Compañía Ayala, herido en Santoña

  1. Díez Elejalde, Ambrosio:

Orduña

Compañía Eleizalde desde octubre hasta junio

  1. Dorronsoro Echevarria, Ignacio:

Arrankudiaga

Compañía Alaitza desde diciembre hasta marzo

  1. Duo Lekue, José:

Arrankudiaga

Compañía Alaitza desde diciembre hasta Santoña como Teniente

  1. Duran Serrada, Aureliano:

Compañía Ayala desde la segunda quincena de diciembre hasta mayo. Era Guardia Civil

  1. Durana Ugarte, Felipe:

Orduña

Compañía Eleizalde desde octubre hasta junio

Ardizitala: un insulto en euskera

 

Una pequeña historia. Una rencilla ocurrida en Luiaondo en abril de 1723 entre vecinos y parientes lejanos. Desconocemos la razón por la que se cruzaron palabras de trazo grueso que derivaron en una agresión, sangre y riesgo de muerte para una joven muchacha. El documento en cuestión no es fácil de leer.

Lo relevante en esta ocasión es el dato lingüístico, que certifica el empleo de la lengua vasca en Luiaondo en 1723. Nada inesperado, por otra parte, pero sí que es especialmente interesante que el epíteto se refleje en euskera y además se traduce al castellano. Y esto es algo tremendamente poco frecuente, al menos en lo que a la documentación de nuestra tierra se refiere.

Vayamos con los protagonistas. La acusada, quien presuntamente empleó el vocablo ardizitala, se llamaba María Pérez de Urrutia Urteaga, tenía 44 años y era natural y vecina de Luiaondo. En abril de 1723, y en días consecutivos, insultó a las hermanas Catalina y Lucía de Beraza Isasi, que si bien eran naturales de Laudio tenían profundas raíces en Luiaondo, donde se había casado la primera y de donde eran naturales ambos progenitores. A Lucía no solo la insultó sino que la persiguió y la agredió gravemente. O de eso al menos fue acusada.

Pícara sucia de malvivir, desvergonzada o perra malvada son algunos de los insultos que salen a la palestra. Nada nuevo, palabras muy en la línea de las que suelen protagonizar estos pleitos: pícaro, bribón, judío, cornudo, etc. Lo novedoso e interesante es que, según Antonio de Beraza como representante de su hija Lucía, María Pérez le llamó a la joven ardizitala “en lengua bascongada que en la bulgar castellana significa oveja sucia”.

Servidor no es filólogo y admite que, a buen seguro, muchas de las implicaciones que subyacen este documento se le escapan. Así que bienvenida será cualquier aportación al respecto.

La palabra no parece ser de uso común y su traducción literal no sería “oveja sucia”; en todo caso, el adjetivo “sucia” habría que entenderlo referente a un rasgo del carácter o la identidad (mezquino, bellaco, o quizá refiriéndose a una carencia de sangre limpia, es decir, en otras palabras: que fuese una manera de llamarla judía). Más allá de estas especulaciones, no acertamos a establecer una traducción fidedigna ni vislumbramos qué es lo que realmente María Pérez quería decir con ese epíteto a Lucía.

Por otro lado, desde el punto de vista de la historia y el uso de la lengua, es evidente que el insulto fue realizado en una lengua que ambas partes comprendían, si bien por alguna razón fue traducido en los autos que, lógicamente, estaban escritos en castellano. Se podría pensar que la razón es que la palabra no tenía traducción exacta, y lo de “oveja sucia” fue una explicación literal sin más.

Resulta dificil encontrar una explicación porque, al menos en la documentación relativa al Alto Nervión, cuando se reproduce una conversación o un intercambio de palabras e insultos, éstos siempre aparecen en castellano, bien por haber sido pronunciados en esta lengua, bien por haber sido traducidos previamente. Después de tantas consultas, y a la luz de los datos disponibles y las últimas reflexiones, creemos que la situación lingüística es mucho más complicada de lo que se ha considerado (o se ha querido considerar).

Y, por último, no pasamos por alto el detalle de que, en este documento, la castellana aparece con el adjetivo de lengua “vulgar” que, por el contrario, tantas veces aparece acompañando a la lengua vasca (el euskera era la “lengua vulgar” y el castellano el oficial). Puede referirse simplemente a una traducción al castellano vulgar o hablado por un pueblo no muy alfabetizado. Pero también podrían desprenderse de ello consideraciones de mayor calado en cuanto al desigual empleo de ambas lenguas. No lo sabemos, pero no pasamos ocasión de dejar constancia de ello.

En definitiva, un testimonio más sobre la presencia del euskera en la Tierra de Ayala y el Alto Nervión, un dato que testifica el uso y comprensión de la lengua vasca, si bien no aclara demasiado en cuanto a su alcance y presencia del castellano. Una anécdota que puede resultar interesante también desde el punto de vista filológico, pero no es ese nuestro campo.

Nuevos datos para la historia lingüística del Alto Nervión

 

 

De vez en cuando la gente me pregunta por el momento en que el euskera nativo se perdió en la comarca. Algunos esperan obtener una respuesta concreta y sencilla, que evita entrar en mayores consideraciones sobre nuestro pasado al mismo tiempo que encuentra un factor externo que explique la razón por la que el euskera autóctono es una lengua desaparecida. Hablamos, claro está, de Franco.

Pero la realidad nunca es tan simple: el panorama lingüístico de los últimos siglos de nuestra historia es mucho más complejo de lo que hemos creído, pero las fuentes de información disponibles son limitadas y pocas respuestas categóricas podemos aportar. La recopilación de datos sobre la presencia pasada del euskera en el Alto Nervión más completa en lo que respecta a la elaboración de una cronología que estudie el proceso de desaparición de la lengua vasca en este lugar lo constituye el  artículo que publiqué en agosto en la revista Kondaira.

A pesar de que su publicación es reciente, por fortuna continúan apareciendo datos que nos ayudan a presentar un panorama cada vez más definido al respecto, si bien aún insuficiente. Vamos con ello.

 

El expediente para la concesión del hábito de la Orden de Santiago al Capitán Juan de Ugarte Berganza, natural de Lezama, en el año 1638, es un documento de gran valor por muchas razones, entre ellas por los poco habituales datos lingüísticos que contiene. Para ponernos en contexto, la obtención de este hábito conllevaba una investigación previa en la que dos caballeros de la Orden se desplazaban a la localidad natal del sujeto para investigar su nobleza, lo que hacían interrogando a testigos, visitando el solar del que procedía, compulsando partidas sacramentales, testamentos, etc. Y así se efectuó también en el caso del Capitán Ugarte.

Es relativamente frecuente que estos, llamémosle investigadores, hubieran de recurrir a intérpretes locales para entenderse con unos lugareños que hablaban exclusivamente euskera. O al menos eso nos consta en ciertos casos paralelos, incluso en la provincia de Álava. Pero nunca había visto tal cosa en los expedientes de acceso a esta y otras órdenes por parte de naturales de nuestra comarca. Ello puede deberse a dos motivos principales: que no necesitasen intérprete alguno o que, aún necesitándolo, no se hubiera reflejado así en la documentación. Consideramos que esta segunda opción solo se habría producido en el caso de que uno de los receptores supiera euskera y hubiera ejercido directamente como intérprete, papel que frecuentemente solían desempeñar los mismos escribanos que generaban los documentos escritos.

Debido a que por parte de dos de los hombres más poderosos de la zona se trató de obstaculizar el ascenso de Juan de Ugarte mediante la falsa acusación de ser descendiente de judíos, se tomó declaración a una inusual cantidad de testigos. Solo en Lezama se examinó a unos cuarenta hombres, la mayoría de esta localidad pero también los hubo de Amurrio, Larrinbe e Inoso. Pues bien: ni uno solo necesitó intérprete, todos sabían castellano. Es cierto que entre los testigos hubo sacerdotes y escribanos. Es cierto que bastantes testigos firmaron sus declaraciones de su puño y letra, lo que significa una mínima capacidad de lectura y escritura (en castellano, por supuesto).

Pero el dato más significativo de todos es que también hubo bastantes testigos que no sabían firmar, que serían por lo tanto analfabetos, que no habían acudido a ninguna escuela, por rudimentaria que fuera (en Lezama consta que precisamente el abuelo del Capitán enseñó a muchos jóvenes) ni recibido ningún tipo de formación más o menos básica, y aún así conocían el suficiente castellano como para entender y comunicarse correctamente con los dos receptores. Recordemos que estamos en 1638, y que la mayoría de los testigos eran personas de cierta edad, nacidas en la segunda mitad del siglo XVI.

También fueron examinadas dos mujeres. Una de ellas, vecina de Lezama y de edad aproximada a los 90 años, también sabía castellano. Pero la otra no. Se llamaba Francisca de Elexaga, era natural de Amurrio y vecina de Larrinbe, en el barrio Mendibil, donde estaba casada con Diego de Sautu (“no nos entendia lo que la hablabamos y preguntabamos por no saber hablar mas que bascuence”). Por este motivo, nombraron por intérprete nada menos que a Antonio de Murga Esquibel, señor de la casa de Murga.

Por lo tanto, lo que podemos decir es que ya para entonces el castellano era lengua extendida entre Lezama y alrededores. Pero tenemos también a una mujer que podía hacer vida sabiendo solo euskera. Y tenemos también a uno de los personajes más importantes del Alto Nervión, el señor de Murga, conocedor de esta lengua, lo que significaría que el euskera se hablaba también en el seno de las familias más adineradas y que era lengua habitual en la comarca. Hay que pensar que el bilingüismo fue un fenómeno mucho más habitual de lo que pensamos.

A continuación, los receptores pasaron a los lugares de Baranbio y Laudio, los cuales, como es sabido, fueron los últimos en perder el euskera prácticamente en los inicios del siglo XX. Pues bien: en Baranbio, tres de los nueve testigos (Martín de Aranguren, Martín de Onsoño y Sebastián de Isasi) examinados necesitaron intérprete, que fue Pedro de Berganza; y varios de los que no lo necesitaron no sabían firmar.

Por el contrario, en Laudio todos los testigos menos dos necesitaron intérprete.

 

Otras probanzas para la obtención del hábito fueron realizadas en Lezama antes y después. En 1625, cuando se concedió el hábito de Santiago a Hortuño de Ugarte Iturriaga, descendiente de la torre de Jauregia en Berganza, al menos uno de los testigos necesitó de intérprete, que fue a la sazón un vecino de Lemoa. El testigo euskaldun era un anciano apellidado Sagun, vecino de Baranbio, cuyo nombre no se ve con claridad en el documento. Sin embargo, no parece que lo necesitaran otros vecinos de la zona como Juan de Larrea de Vidaur, Juan de Arrategui, Pero Verde, Pedro Ortiz de Berganza, Pedro Hernando de Berganza y Juan de Berganza, por no hablar de otros mucho más cualificados y pertenecientes a la “jet set” local del momento.

En 1636 llegaron dos receptores que examinaron a nueve vecinos de Lezama para la concesión de la Orden de Santiago a Juan de Urbina Eguiluz, descendiente de la casa-torre de Egiluz; y en 1639 se tomó declaración a otros vecinos como parte de la investigación del abuelo materno de Antonio de Isasi Eguiluz, descendiente de la misma casa. Recordemos que fue en 1638 cuando se investigó al Capitán. Por lo tanto, tenemos tres casos en fechas muy cercanas. No hemos dejado de advertir el detalle de que los declarantes en los tres casos fueron prácticamente los mismos. ¿Cabe la posibilidad de que fueran presentados como testigos precisamente por su conocimiento del castellano? Es una opción.

Por último, ninguna referencia lingüística obtenemos del expediente de Lucas de Careaga Urrutia, del año 1707, cuando fueron examinados varios testigos de Lezama, alfabetos y analfabetos, si bien en este caso contemplamos la posibilidad de que uno de los dos receptores supiera euskera.

 

El expediente de Juan de Ugarte nos reserva una sorpresa, y es que el documento trae anexo un pleito que su padre Martín trató con la familia Balza de Berganzagoitia en 1588, muy rico en detalles de todo tipo.

El pleito tuvo lugar en el tribunal del Alcalde Mayor de Ayala y pasó ante el escribano de Amurrio Cristóbal de Ugarte. Al ser familia lejana y, al parecer, afín a Martín de Ugarte, Juan Balza de Berganzagoitia obtuvo la facultad para elegir escribano acompañado, es decir, un escribano que actuara de su parte y “vigilara” que su colega actuase conforme a derecho. Este papel recayó en el escribano Pedro de Menoyo, natural y vecino de Salmanton, personaje de cierta relevancia en la Tierra de Ayala en su época como se puede ver en sus libros de actas.

En un momento dado, Balza protestó que se habían presentado testigos que no sabían la lengua castellana y, dado que Menoyo no entendía “la lengua bascongada”, pidió que no fueran examinados hasta fuese con otro escribano acompañado que sí supiera el idioma (parece que este papel iba a recaer en Hernando de Ugarte, a la sazón hijo de Cristóbal y vecino de Lezama). Nunca se nos aclara quiénes fueron exactamente estos testigos euskaldunes monolingües, aunque sabemos que fueron dos.

De todos modos, hay que prestar atención al hecho de que, aún después de esta queja, Menoyo estuvo recibiendo testimonio de un montón de vecinos de Lezama, incluídas muchas mujeres de todas las edades, más susceptibles de no saber castellano que los hombres, sin que se diga nada sobre ello. ¿Cumplió esa función el escribano Cristóbal de Ugarte, que fue quien las puso por escrito? Es una hipótesis plausible, pero no explica la razón por la que, llegado el momento de tomar declaración a Martín de Pardío, vecino de Amurrio en el barrio del mismo nombre, hubo de nombrase un intérprete, papel que recayó en el escribano Domingo de Uriarte, del mismo lugar.

Por último, también se hace referencia a un baile que, “en lengua bascongada”, llamaban “a tabolin bolinete”, o algo similar. Una señal de la cotidianeidad de la lengua, la que emplearían en el día a día.

 

Todavía hay más. Cuando Martín de Pardío fue llamado a declarar por segunda vez, está escrito que su anterior declaración se le “dio a entender de verbo ad verbum”. La expresión “de verbo ad verbum” no es desconocida y en ocasiones puede hacer referencia a una traducción literal realizada de un idioma a otro, aunque no tiene por qué ser así si nos atenemos a su significado literal. Un caso en el que la hemos hallado es en 1790, cuando el escribano Félix Martinez de Marigorta hizo una notificación en “voz inteligible de verbo ad verbum” en la plazoleta de la iglesia de Lezama. Es atractivo deducir de ello que la notificación se hizo en euskera traduciendo el documento en cuestión pero la verdad es que no podemos afirmar tal cosa.

Por su parte, en ocasiones también leemos que a ciertas personas se les “da a entender” una notificación, una declaración, etc. Puede referirse exclusivamente a lo que parece: una explicación o una lectura, sin implicaciones lingüísticas. Pero, ¿y si así fuera? En este mismo pleito que nos ocupa en los últimos párrafos, a Diego de Padura de Echabarri, Juan de Alupazaga y al joven Juan de Aguirre se les leyó de verbo ad verbum su anterior declaración. Ninguno de los tres sabía firmar. Esta expresión también se emplea cuando el Alcalde Mayor, el Licenciado Francisco de Llanos, leyó una declaración a Ana Balza de Berganzagoitia. También en sendas lecturas que les hicieron a Gómez de Padura, Maria de Unzueta de Urtaran y Gregorio de Sauto, todos ellos menores de edad y vecinos cercanos; no ocurre lo mismo en el caso de otros cuatro vecinos de Lezama, dos de los cuales sabían firmar.

Esta misma expresión aparece en otro documento poco después, en 1600, cuando el escribano dio a entender a Pedro de Landazuri, vecino de Saratxo, una serie de preguntas formuladas por un receptor foráneo, y lo mismo ocurre con la anciana Catalina de Saracho.

 

Podemos concluir que en Lezama, y pueblos de su entorno como Amurrio, Larrinbe e Inoso, y en menor medida también en Baranbio, el castellano estaba bastante extendido entre los hombres, incluso entre aquellos que no habían recibido ni la más mínima instrucción básica. El hecho de que muchos hombres trabajaran como arrieros y realizaran frecuentes viajes a Castilla, La Rioja o Bilbao no explica este hecho por sí solo. Existían algunas escuelas rudimentarias y personas que enseñaban a título individual, pero también hemos visto que bastantes de estos castellanoparlantes no habían recibido formación alguna.

Pero, al mismo tiempo, se constata la existencia de personas que solo hablan euskera y de ciertos notables, como Murga y Uriarte, que también lo conocían, por lo que debía ser la lengua habitual en el seno de sus familias y en la comarca. Mi opinión es que el euskera era la lengua materna de la mayoría de la gente, al menos en la mitad oriental del Alto Nervión, y nunca mejor dicho lo de materna porque su supervivencia se ha debido sobre todo a las mujeres, que transmitían el idioma a sus hijos. Pero muchos hombres sabían también castellano, aprendido en la escuela, sirviendo en lugares de mayoría castellanoparlante o directamente enseñado por el padre u otro familiar varón; el conocimiento de este idioma facilitaba mucho las cosas, habida cuenta de que era necesario para la arriería, el comercio, la emigración, el servicio militar, la administración, etc.

Tampoco podemos pasar por alto el significativo detalle de que Menoyo no supiera euskera, otro notable, personaje activo en la Tierra de Ayala, natural de Salmanton; no solo es relevante que el no lo supiera, sino el hecho de que pudiera desempeñar su oficio sin conocer la lengua. Quizá en la mitad occidental del Alto Nervión el euskera estuviera menos extendido de lo supuesto.

 

En el artículo que he enlazado anteriormente, defiendo que el panorama lingüístico del Alto Nervión en siglos pasados fue más complejo de lo que tendemos a creer en esta época en la que los idiomas se emplean, por desgracia, como arma arrojadiza. Esta es una comarca caracterizada por la heterogeneidad, con grandes diferencias entre sus distintos componentes, y no iba a ser menos en lo lingüístico. El Alto Nervión fue, durante siglos, la frontera occidental del euskera; pero cada vez me parece menos conveniente usar el término “frontera” por implicar división. Más bien, fue el lugar de encuentro entre ambas lenguas, que por largo tiempo convivieron una junto a la otra: personas que solo sabían euskera y personas que solo sabían castellano junto a una amplia gama de gente que conocía ambas. Esa debió ser la tónica general en el conjunto del Alto Nervión, lo cual no quita que hubiera áreas donde el euskera debió tener una presencia más reducida (Artziniega, Arrastaria y Orduña) y otra en la que era lengua dominante (Laudio, Baranbio).

Esta convivencia de lenguas queda maravillosamente reflejada en un escrito de los hermanos Olamendi, sacerdotes de Luiaondo a principios del siglo XIX, en el que manifestaban la existencia en la localidad de gente que decía desconocer el castellano y de otros que desconocían el euskera, todo ello en un mismo lugar. Autores medievales como Lope García de Salazar ya señalaron en su momento que Ayala había sido poblada por “vascongados e latinados”, lo que, más allá del mito en el que se contextualiza, refleja la convivencia de ambas lenguas en esta Tierra desde tiempos antiguos. Y esa es la palabra a destacar: convivencia, en las mismas localidades, en las mismas personas. Solo así se puede entender que doscientos años después de los hechos narrados el euskera siguiera vivo en estas localidades.

Pero esa ya es otra historia.