Ardizitala: un insulto en euskera

 

Una pequeña historia. Una rencilla ocurrida en Luiaondo en abril de 1723 entre vecinos y parientes lejanos. Desconocemos la razón por la que se cruzaron palabras de trazo grueso que derivaron en una agresión, sangre y riesgo de muerte para una joven muchacha. El documento en cuestión no es fácil de leer.

Lo relevante en esta ocasión es el dato lingüístico, que certifica el empleo de la lengua vasca en Luiaondo en 1723. Nada inesperado, por otra parte, pero sí que es especialmente interesante que el epíteto se refleje en euskera y además se traduce al castellano. Y esto es algo tremendamente poco frecuente, al menos en lo que a la documentación de nuestra tierra se refiere.

Vayamos con los protagonistas. La acusada, quien presuntamente empleó el vocablo ardizitala, se llamaba María Pérez de Urrutia Urteaga, tenía 44 años y era natural y vecina de Luiaondo. En abril de 1723, y en días consecutivos, insultó a las hermanas Catalina y Lucía de Beraza Isasi, que si bien eran naturales de Laudio tenían profundas raíces en Luiaondo, donde se había casado la primera y de donde eran naturales ambos progenitores. A Lucía no solo la insultó sino que la persiguió y la agredió gravemente. O de eso al menos fue acusada.

Pícara sucia de malvivir, desvergonzada o perra malvada son algunos de los insultos que salen a la palestra. Nada nuevo, palabras muy en la línea de las que suelen protagonizar estos pleitos: pícaro, bribón, judío, cornudo, etc. Lo novedoso e interesante es que, según Antonio de Beraza como representante de su hija Lucía, María Pérez le llamó a la joven ardizitala “en lengua bascongada que en la bulgar castellana significa oveja sucia”.

Servidor no es filólogo y admite que, a buen seguro, muchas de las implicaciones que subyacen este documento se le escapan. Así que bienvenida será cualquier aportación al respecto.

La palabra no parece ser de uso común y su traducción literal no sería “oveja sucia”; en todo caso, el adjetivo “sucia” habría que entenderlo referente a un rasgo del carácter o la identidad (mezquino, bellaco, o quizá refiriéndose a una carencia de sangre limpia, es decir, en otras palabras: que fuese una manera de llamarla judía). Más allá de estas especulaciones, no acertamos a establecer una traducción fidedigna ni vislumbramos qué es lo que realmente María Pérez quería decir con ese epíteto a Lucía.

Por otro lado, desde el punto de vista de la historia y el uso de la lengua, es evidente que el insulto fue realizado en una lengua que ambas partes comprendían, si bien por alguna razón fue traducido en los autos que, lógicamente, estaban escritos en castellano. Se podría pensar que la razón es que la palabra no tenía traducción exacta, y lo de “oveja sucia” fue una explicación literal sin más.

Resulta dificil encontrar una explicación porque, al menos en la documentación relativa al Alto Nervión, cuando se reproduce una conversación o un intercambio de palabras e insultos, éstos siempre aparecen en castellano, bien por haber sido pronunciados en esta lengua, bien por haber sido traducidos previamente. Después de tantas consultas, y a la luz de los datos disponibles y las últimas reflexiones, creemos que la situación lingüística es mucho más complicada de lo que se ha considerado (o se ha querido considerar).

Y, por último, no pasamos por alto el detalle de que, en este documento, la castellana aparece con el adjetivo de lengua “vulgar” que, por el contrario, tantas veces aparece acompañando a la lengua vasca (el euskera era la “lengua vulgar” y el castellano el oficial). Puede referirse simplemente a una traducción al castellano vulgar o hablado por un pueblo no muy alfabetizado. Pero también podrían desprenderse de ello consideraciones de mayor calado en cuanto al desigual empleo de ambas lenguas. No lo sabemos, pero no pasamos ocasión de dejar constancia de ello.

En definitiva, un testimonio más sobre la presencia del euskera en la Tierra de Ayala y el Alto Nervión, un dato que testifica el uso y comprensión de la lengua vasca, si bien no aclara demasiado en cuanto a su alcance y presencia del castellano. Una anécdota que puede resultar interesante también desde el punto de vista filológico, pero no es ese nuestro campo.

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