La delgada línea entre la guerrilla y el bandidaje: el cura Izarra, Ochoa y Mataculebras

Mediante el tratado de Fontainebleau, en octubre de 1807, España y Francia acordaron la invasión y el reparto de Portugal, por lo que el primero permitió el paso de tropas francesas por su territorio. Sin embargo, el ejército francés se fue acantonando en diversos lugares, en grandes y pequeñas ciudades, en una situación que derivó en una ocupación de facto del territorio, todo ello a costa de los recursos públicos y privados de la población.

En marzo de 1808 el ejército francés entró en Madrid aún como aliado, pero el mes siguiente Napoleón consiguió reunir a la familia real española en Baiona y obtuvo la abdicación en favor de su hermano José Bonaparte. Pero un par de días antes, el 2 de mayo, se produjo un levantamiento popular en Madrid contra la ocupación francesa, que fue el detonante de la que sería conocida como la Guerra de Independencia. En un principio, la oposición se materializó en la formación de partidas guerrilleras de extracción popular, fuera de toda norma militar, que contaron con la complicidad –expresada en logística, refugio e información por medio de espías- de una población hostil al dominio francés. Pero las actividades de estas partidas guerrilleras no siempre fueron respetuosas con la población, llegando en ocasiones a degenerar en una abierta actitud de pillaje y bandidaje. Eso parece que fue lo que ocurrió con la partida guerrillera que operó en nuestra comarca.

 

En el Alto Nervión, en los primeros momentos del conflicto se formó una partida encabezada por Domingo Thomas de Izarra Urrutia, nacido en Izoria en 1778, que fue conocido como “el cura Izarra” por su condición de sacerdote. Era hijo del escribano Bartolomé de Izarra, natural de Bergüenda, tenía un hermano en México y su cuñado Manuel Sáenz de Cuezba era también escribano en Amurrio e Izoria.

El Cura Izarra reunió a unos 40 hombres a caballo y armados con fusiles, carabinas o escopetas, naturales de Amurrio, Larrinbe, Laudio/Llodio, Arrankudiaga, Gordexola y otros lugares. Su acción más conocida tuvo lugar en septiembre de 1808 cuando atacaron a una partida de soldados franceses en la venta llamada de “Los Nogales” en el barrio Zuloaga, junto a Areta, matando a dos y apresando a los demás. Esta acción provocó duras represalias por el ejército francés en Laudio/Llodio y Luiaondo, donde quemaron casas y ejecutaron a unos cuantos vecinos.

Izarra falleció en septiembre de 1809, siendo enterrado en su Izoria natal el día 26. Al frente de la partida guerrillera le sustituyó Francisco Ortiz, natural del valle de Mena, que pronto fue sustituido por Francisco de Ugalde, de Luiaondo. Ambos abandonaron pronto la partida por lo que finalmente se hizo cargo de la misma Josef Asencio de Ochoa Garayo, nacido en Luiaondo en 1779, labrador y arriero, y de estado casado. Ochoa, junto a su lugarteniente Francisco de Larracoechea, “el tuerto de Areta”, había participado en la acción de Zuloaga un año atrás. Con ellos estaba también Antonio María de Barbara Lezama, hijo de un escribano de Laudio/Llodio, de 20 años.

Tiempo después, las autoridades que juzgaron a miembros de su partida afirmaron que Ochoa, al suceder a Izarra, había multiplicado “los excesos por instantes, en tanto grado que llegó a horrorizar aun a aquellos mismos que alimentaban sentimientos iguales a los suyos”. El de Luiaondo no perdió el tiempo tras la muerte de Izarra. Y ya el 2 de octubre su partida secuestró a Pedro de Ibarrola –en Zuaza o en Arespalditza/Respaldiza, las fuentes son contradictorias- y ejecutó robos en casas de notables vecinos de la zona como Ramón Eugenio de Acha, Francisco Pablo de Iturribarria, Matías de Echeguren, etc. A finales de octubre, trató de quemar la casa del dicho Ibarrola, de modo “que fue necesario todo el esfuerzo de una alma bien formada para disuadirle”.

A principios de noviembre, Ochoa y su gente saquearon algunas casas en la ciudad de Urduña/Orduña, como la tienda de Diego de Salazar de donde se llevaron paños y otros bienes, parte de los cuales le fueron devueltos tras muchos ruegos.

Lo ocurrido a continuación no está del todo claro. Probablemente debido a estos excesos cometidos contra la población, al margen del ejército insurgente, una partida de la división mandada por Juan Díaz Porlier, “el Marquesillo”, persiguió a la partida de Ochoa, la desarmó y la condujo presa a Nájera. Sin embargo, al menos una parte de los mismos, quizá todos, lograron huir y Ochoa facilitó “nuevas reuniones de bandidos”, exigiendo violentamente raciones a los pueblos, apoderándose de cajas comunes y caballos, robando a particulares, etc.

En todo caso, no tenemos claro que Ochoa llegara a ser detenido por Porlier, ya que, cuando fue detenido el día 5 de diciembre, al parecer sí estaba integrado en el ejército. Aquel día fue apresado por un sargento de miqueletes frente a la iglesia de Areta junto a Larracoechea, Martín de Ibarrondo, labrador de Zeberio de 26 años, José de Arana, labrador de 21 años de Ugao, y José de Beobide, carbonero y curandero natural de Asteasu. Los detenidos permanecieron 46 días en la Cárcel Provisional de Bilbao antes de que Ochoa y Larracoechea fueran sentenciados a muerte y ejecutados a garrote vil el 19 de enero de 1810 en la plaza pública de Bilbao. Los otros tres fueron sentenciados a largas condenas a prisión.

 

Una sentencia de la Junta Criminal Extraordinaria de Vizcaya afirmó que Dionisio Ignacio de Larrea Ibarrola, nacido en Zalla en 1778 y conocido como “Mataculebras”, junto a algunos compañeros “que contemplaba más entregados al desorden”, se segregó de la partida de Ochoa y formó una pequeña cuadrilla que, al parecer, se dedicó a saquear a sus convecinos en vez de luchar contra los franceses. Así, dicha Junta definió a Larrea como un “monstruo de la naturaleza humana”, cuya cuadrilla se había agavillado “para afligir a la sociedad, separados de toda relación con sus semejantes, ha horrorizado a la humanidad con atrocidades que hacen estremecer al menos sensible”.

En todo caso, a pesar de esta afirmación, es posible que los seguidores de Mataculebras nunca se desligaran del todo de la partida de Ochoa, ya que algunos de ellos participaron en el saqueo de Urduña/Orduña y fueron apresados por el Marquesillo.

Ya en octubre de 1809 Larrea y sus seguidores asaltaron con armas de fuego la casa de Manuel de Otaola Beraza en Zuaza. Los atacantes ataron a Manuel junto a su mujer Benita de Obaldia Latatu y sus tres hijos, fueron golpeados y maltratados, y a su anciana madre la arrastraron por toda la sala. Se hicieron con 2.000 reales, varios efectos y alhajas de importancia, y por último sacudieron a Manuel, que se desmayó, le arrastraron y tiraron a un rincón de la chimenea y le dieron falsamente por muerto.

Después, Mataculebras pasó a Castillo-Elexabeitia junto a cinco compañeros para sorprender a la Justicia y obligar a los colectores de la limosna de la bula a entregarle 921 reales. También se apoderó de fondos del valle de Okondo y junto a otro hombre entró en casa de Francisco de Castresana Arechavala en Zuaza, donde robó cuanto pudo y destrozó cuanto no le servía.

Alguno de sus hombres, como Domingo de Allende, natural de Gordexola, participó en el saqueo de Urduña/Orduña en noviembre y fue apresado por el Marquesillo, logrando huir después.

En diciembre, Mataculebras acometió en tres ocasiones a la casa de Joseph de Zulueta Larrea en Zuaza y, aunque en las dos primeras solo pudo robar algunos carneros, en la tercera derribaron la puerta con un hacha, amarraron y maltrataron a sus habitantes, les robaron todo el dinero y las alhajas, se empeñaron en que el propio Zulueta debía pegar fuego a su propia casa y, por haberlo rehusado, “volvieron a golpear en términos que le dejaron privado del uso de sus sentidos”.

La escalada violenta se incrementó en el mes de diciembre. El día 8 trataron de asaltar la casa de Josef de Ibarrola a medianoche, pero aunque trató de forzar la puerta no consiguió abrirla ni derribarla, por lo que se marcharon amenazando con regresar y matarle.

El 14 acudió junto a 8 compañeros a la casa de Eusebio de Otaolaurruchi Retes en Menagarai. Derribaron la puerta a la fuerza, se introdujeron armados, mientras Eusebio trataba infructuosamente de refugiarse en el tejado, donde fue hallado por Antonio Gorri, vecino de Zuaza, y en cuya casa al parecer se preparaban estos ataques. Luego, todos los miembros de la familia fueron atados, golpeados y maltratados “hasta el extremo”, robaron cuanto dinero, efectos y alhajas había, y se empeñaron en que les entregaran el importe de una pareja de bueyes, pero como Otaolaurruchi no tenía ese dinero, lo desnudaron, obligaron a su mujer Maria de Ibarrola Aldama a encender un fuego y, levantándole la camisa hasta los hombros, Mataculebras le hizo “sentar a carnes descubiertas sobre las llamas” mientras Allende le aplicaba tizones ardiendo en distintas partes del cuerpo. Su esposa, escuchando sus lamentos, corrió a poner las manos sobre las llamas “para evitar el último punto de dolor” pero Domingo de Allende le sacudió un fuerte porrazo y la amenazó con matarla si se acercaba; continuó el “sacrificio” de Eusebio hasta que lo dejaron malherido.

No sabemos exactamente cuándo fue apresada la partida de Larrea, pero debió ocurrir en la segunda mitad de enero o la primera de febrero de 1810. Larrea fue detenido junto a Antonio Gorri y Domingo de Allende, que fueron ejecutados por garrote vil el 5 de marzo en la plaza pública de Urduña/Orduña a las 12.30. A Larrea le separaron la cabeza del cuerpo y al día siguiente la colocaron en el Camino Real, en el sitio llamado “Puente de Sa­racho”, aunque en jurisdicción de Urduña/Orduña, y en medio de las casas de Francisco Riberas y Pedro de Ugarte, a pesar de que se había ordenado colocar a la orilla del camino real para “las Castillas” en el punto más inmediato a los lugares de Zuaza y Menagarai.

Otros tres hombres fueron detenidos con ellos, los cuales fueron condenados a diversas penas de prisión. Josef de Otaola Retes, de Zuaza, fue acusado de haber socorrido con pan, vino, aguardiente, carne y otros víveres a Larrea, los cuales había exigido a otros vecinos por su condición de regidor del pueblo. También estuvo en casa de Ibarrola y en la de Eusebio tras apropiarse de un fusil de la casa del montanero de la localidad, pero teniendo en cuenta que le llevaron atado a esta última acción “solo” fue condenado a 8 años de presidio.

Por su parte, Ramón de Olabarrieta y Félix de Montalban Acha, vecinos de Okondo, habían pertenecido a la partida de Ochoa y participaron en varias de las acciones mencionadas. Además, Olabarrieta fue acusado de robo por haber robado por la fuerza, en octubre de 1809, una mula y 1.500 reales en dinero y efectos a Maria Santa de Montalban; y también del robo de un baul que permanecía oculto en Gordexola desde que las tropas españolas habían evacuado Bizkaia. Ambos fueron condenados a 10 años de presidio.

 

Según parece, en el robo de dicho baul también participó otro individuo, ya veterano en estas actividades, que había sido detenido el 8 de enero de 1810 por una partida de policía del Señorío. Miembro de las partidas de Izarra y Ochoa, con quien participó en el saqueo a varios vecinos de Ayala en octubre y luego en el de Urduña/Orduña, apresado por el Marquesillo, Hilario de Gochi Zabalbechi, alias “Chanfandín”, natural de Madaria, fue ejecutado en la plaza pública de Bilbao el 23 de febrero a las 11 de la mañana. Las autoridades afirmaban de el que había sido “criado desde la niñez en la vagancia”.

Quizá también fueron miembros de la partida de Ochoa otros dos hombres que el 13 de agosto fueron sentenciados a muerte en Bilbao por la Comisión Militar francesa del general Avril por haber sido capturados con armas en la mano, es decir, por guerrilleros. Se trataba de Felipe Santiago de Garavilla, natural de Salmantón de 25 años, castaño, de ojos pardos, chato, barba redonda y sobre 1,56 de altura; y de Miguel de Allende, natural de Gordexola de 30 años, moreno, de ojos azules, nariz pequeña y puntiaguda, boca pequeña, barba redonda y 1,67 de estatura.

Por el contrario, otros individuos obtuvieron el indulto al deponer las armas de forma de voluntaria. Por ejemplo, el 24 de mayo de 1810 se presentó ante la corporación municipal orduñesa Antonio de Cuadra Ulizar, mozo soltero natural de Mendeika, para prestar juramento de fidelidad ante ella “por hallarse arrepentido de haber andado entre gente armada”.

 

 

 

Archivo Foral de Bizkaia: Instituciones, Consulado de Bilbao, 0594/040/019

Archivo Foral de Bizkaia: Administración de Bizkaia, Gobierno y Asuntos Eclesiásticos, AJ01611/055

Archivo Municipal de Bilbao: Bilbao Antigua 0333/001/009/005

 

 

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