El asesinato de Juan Pérez de Axpechueta

10 de septiembre de 1611

 

Era una noche tranquila y apacible, y aún restaban varias horas para el alba, cuando Juan Pérez de Axpechueta salió de la casa que ocupaba junto a la ferrería de Gardea, de la cual era administrador, montó su cabalgadura y puso rumbo hacia Murga, su localidad natal y donde residía junto a su familia. Iba a ser una larga jornada. Esperaba llegar pronto a su casa de Axpetxueta (Aspitxueta) para informar a su mujer Maria López de los últimos acontecimientos y luego buscar a su cuñado Antonio de Murga Aguirre, señor de la Casa y Torre de Murga. En su compañía, esperaba partir cuanto antes a Laredo a ver si allí daban con el Juez de Sacas, a quien había buscado infructuosamente en Bilbao el día anterior, viernes.

Juan Pérez salió de Gardea junto a su criado Juan de Murieta pero llegado al puente situado frente a la casa de Pedro de Solaun aquel se despidió para ir a dar noticia a varios allegados que se habían refugiado en casa de Pedro tras la denuncia que el escribano Domingo de Uriarte puso ante el Juez de Sacas.

Mientras su cabalgadura se dirigía a Murga a ritmo cansino, Juan Pérez debió repasar mentalmente una y otra vez las molestias, viajes y quebraderos de cabeza que le traían a mal vivir aquellos días. De todo ello hacía responsable a un maldito escribano de Amurrio que nunca había mostrado la más mínima simpatía hacia la casa de Murga y por enemistad con su cuñado, el señor de dicha casa, estaba siendo importunado, molestado y vejado de forma intolerable. Uriarte y su familia habían tratado de oponerse a los Murga de todas las formas posibles; por ejemplo, siendo Domingo alcalde de la Tierra de Ayala había tratado de quitar a Murga los honores que tenía en la parroquia de Amurrio, de lo cual se derivaron largos pleitos.

En esta ocasión, el escribano trataba de hacerse con la renta de la ferrería de Gardea, que Juan Pérez administraba en nombre de su cuñado. Ya había pasado por la cárcel de Mendixur por puro capricho de Domingo de Uriarte, que además le había injuriado gravemente llamándole “morisco” delante de mucha gente. Y no contento con eso, le había acusado ante el Juez de Sacas de Bilbao de haber enviado lana a reinos extraños.

Uriarte había aprovechado su desempeño de cargos públicos para inducir aquella denuncia y, usándola como pretexto, irrumpir en su casa de Axpetxueta y embargarle muchos bienes. Después de eso, había visto al escribano y sus esbirros rondar por allí, incluso de noche, y se estremeció al pensar que estuviera tramando algo más contra el. No dejaba de recordar cómo se las gastaba Uriarte, como la vez que había ido al valle de Okondo junto a su hermano Francisco, su cuñado Martín de la Plaza y su yerno el escribano Juan Ortiz de Padura en busca de Martín de San Probençi. Derribaron las puertas de su casa y el propio Domingo se lo llevó con las manos atadas.

En estas y en otras tantas cavilaciones debía ir inmerso Juan Pérez cuando llegó a la pasada del molino de Altui, un paso estrecho y complicado entre el monte y la presa del molino, allí donde terminaba la jurisdicción del valle de Laudio. Entonces, la cabalgadura se encabritó mientras varias manos le agarraban y le empujaban hacia el suelo bajo una lluvia de golpes hasta que el fuerte chasquido de su cuello al romperse certificó su muerte.

 

Juan Pérez de Axpechueta fue arrojado a la presa del molino y nunca llegó a su destino. Pero sí lo hizo su cabalgadura. Alarmados por este hecho, su mujer y allegados comenzaron a buscarle y sus pasos no tardaron en llevarles hasta Luiaondo. Allí se dio aviso de la desaparición al Alcalde Mayor de la Tierra de Ayala. Pronto se hicieron algunas diligencias para buscar el cadaver en Altui, donde ya había fallecido más de un individuo, y efectivamente allí lo encontraron.

Su viuda Maria López de Murga nunca tuvo dudas sobre lo ocurrido ni sobre la autoría del crimen. Según su versión, el asesinato había sido planeado unos días antes en la casa de Lope de Perea en Luiaondo por una serie de hombres poderosos unidos por lazos familiares e intereses comunes. Es por ello que denunció a los vecinos de Amurrio Domingo de Uriarte escribano y su hermano Francisco, a los escribanos Juan de Salazar Oribe y Domingo de Sagarribay, y al barbero y tabernero Martín de la Plaza; y a los vecinos de Laudio Iñigo de Zubiaur e Iñigo de Villachica, que el día de autos se habrían presentado en el punto de reunión, la casa de Juan de Otazu en Luiaondo, con dos “paniaguados” llamados Pedro Hortiz de Hernani Baquiola y Juan de Dubiriz Landaeta.

Maria López afirmaba que los acusados habían estado acechándole en aquel punto a propósito, ya que era un lugar muy propicio para ello. Además del enfrentamiento mantenido por Uriarte con la casa de Murga, la viuda de Axpechueta señalaba que Zubiaur estaba enemistado con el por haber tomado en arrendamiento la hacienda y edificios de Antonio de Murga en Gardea, frente a sus pretensiones a los mismos. Además, Axpechueta habría discutido con Iñigo de Villachica en la boda de un sobrino de Pedro de Orue, cuñado de Iñigo.

En primera instancia, Maria López presentó como testigos a unos vecinos de Murga (Iñigo de Urieta, Sebastián de Urieta y Martín de Aguirre) que, habiendo llegado a Luiaondo en busca de su marido por encargo del Alcalde Mayor, habían sido instados por Ursula de Lezama-Urrutia, mujer de Otazu, a regresar a su casa, porque el desaparecido “estaba a buen recaudo”. También citaban a un arriero que aquella noche había visto luz, gente y cabalgaduras en casa de Otazu, ubicada solamente a dos tiros de ballesta de Altui. Afirmaban, incluso, que la mujer de Pedro de Orue había asegurado que sabía que aquello iba a suceder desde cuatro días atrás, del mismo modo que habrían escuchado decir a Baquiola que no hacía cuatro días que había cometido un asesinato y en cuatro días cometería otro.

 

Los acusados se ausentaron de la Tierra y no pudieron ser apresados, pero no evitaron que todos sus bienes fueran embargados y depositados provisionalmente en otros vecinos de la zona. Por ejemplo, a Domingo de Sagarribay se le embargaron las casas principales en las que vivía y otra más pequeña que tenía al lado, que se depositaron en Pedro de Gabiña, Christobal de Oribe y Juan de Sagarribay. A Martin de la Plaça le fue embargada la casa principal en la que vivía con un horno y tejado que se depositaron en Juan de Pardio. A Domingo de Uriarte se le embargaron las casas principales en las que vivía junto a una casa cabaña anexa y una casa de molinar con dos ruedas, de lo que fue depositario Andrés de Ugarte. A Iñigo de Zubiaur se le embargaron las casas principales en las que vivía además de una ferrería y una casa molinar con una rueda. A Juan de Salazar Oribe le embargaron las casas principales en las que vivía junto a la torre de Mendixur además de dos ruedas en Rotabarria con su casa, otra rueda de moler en Larrinbe y una casería con dos heredades en Saratxo, de lo que se nombró depositario a Juan de Beotegui.

Sin embargo, en poco tiempo todos ellos fueron prendidos y encarcelados en la casa de Diego de Urrutia en Luiaondo, que a pesar de ser de madera y, por lo tanto, poco segura, actuaba con frecuencia como cárcel de la Tierra. Ocurría además que Diego estaba implicado en la muerte de Juan Pérez.

Pronto empezaron los interrogatorios. En general, los acusados trataron de demostrar que la muerte de Juan Pérez había sido accidental, debida a un tropiezo del caballo en un lugar donde el paso en medio de la noche no era muy recomendable. Argumentaban que el cadáver no presentaba heridas ni golpes que delatasen haber sufrido una muerte violenta, a pesar de que los cirujanos que lo reconocieron hallaron que tenía la nuca dislocada, el cuello hinchado y algunos restos de sangre en la boca. Como el cuerpo fue llevado a Luiaondo y estuvo un día sin examinar, los reos utilizaron este defecto para no dar credibilidad al reconocimiento del cadaver. También afirmaban que Juan Pérez había estado “fatigado” de una “profunda melancolía”, que faltaba frecuentemente de su casa y que, por ello, su familia temía que se volviera loco y así lo afirmaban públicamente.

Domingo de Sagarribay afirmaba que no pudo tomar parte en los hechos, ya que los cuarenta días anteriores, y aún después, se los había pasado enfermo en cama, hasta el punto  de que los médicos creían que iba a morir. Además, afirmaba que era público y notorio que era amigo íntimo del difunto y que el hecho de que su tío Domingo de Uriarte fuera enemigo de Axpechueta no significaba que el también lo fuera.

La coartada del propio Uriarte era que había permanecido en casa de su sobrino Sagarribay, gravemente enfermo, hasta muy tarde, antes de irse a su propio domicilio, donde pasó la noche. Al día siguiente, se levantó para atender un negocio de un vecino de Larrinbe y después fue a Luiaondo a continuar con ciertas diligencias hasta la noche. Frente a las acusaciones de un vecino que afirmaba haberle visto un día persiguiendo a Juan Pérez, Uriarte reaccionó diciendo que dicho vecino era un hombre de mala reputacion, amancebado, paniaguado de la parte contraria y sin credibilidad.

Iñigo de Zubiaur declaró que Juan de Garay, vecino de Luiaondo, le había pedido que intercediera ante Uriarte para que no fuese apresado por una pendencia que había tenido con Juan de Basurto. Tras hacerlo, fue a la hospedería de aquel lugar y después llegaron los otros culpables, con los que se sentó a comer. Luego fue a hablar con Basurto a Amurrio y regresó a su casa en Laudio con Iñigo de Villachica sobre las 5 de la tarde. Pasó la noche en casa y al día siguiente asistió a misa; lo mismo hizo el sábado en Udiarraga, donde fue informado del hallazgo del cuerpo de Juan Pérez en la presa de Altui. Por su parte, Villachica afirmó que había pasado todo el tiempo en su casa.

Martín de la Plaza también se decía amigo del difunto. Al igual que Uriarte, afirmaba haber estado en casa de Sagarribay antes de marcharse a su propio domicilio en compañía del sacerdote Pedro de Sagarribay. Al día siguiente habría ido a Luiaondo a ciertas diligencias y pasó la noche en casa de Andrés de Ugarte, en unas “terceras” que se solían hacer y luego se acostó en su casa. El domingo después de comer estuvo en buena conversacion en casa de Domingo de Uriarte.

Juan de Salazar Oribe comentaba que la razón por la que los acusados habían estado comiendo en casa de Lope de Perea el miércoles consistía en haber ido a entender en un pleito entre Uriarte y Francisco de Guinea. Afirmaba que Domingo “de la Serraxeria” (“persona sin crédito alguno porque solía cometer delitos malsonantes” y al que también tildan de alcohólico) y Andrés de Murga le tenían por enemigo del difunto, pero el lo negaba, afirmando que entre ellos había amistad y se invitaban a comer mutuamente.

Pedro Hortiz de Baquiola dijo que el viernes y el sábado hasta la mañana estuvo trabajando en la obra de una casa nueva de Maria Pérez de Gastaca en Laudio. Por su parte, Maria López le tildó de “facineroso de mala reputación”, de familia desconocida y que había afirmado falsamente que tenía hermanos en Arrankudiaga. Además, ya debía tener una condena a muerte pendiente y había asesinado a un tal Artabe en aquel lugar, por lo que tuvo que trasladarse a Laudio para entrar al servicio de Zubiaur y Villachica. La viuda rechazaba las declaraciones que los reos habían realizado ante Joanes de Aresqueta, porque era primo de la mujer de Francisco de Uriarte.

 

Aunque las justicias consideraron probado que Juan Pérez de Axpechueta no había perdido el juicio ni había muerto ahogado en la presa, sino que habia sido arrojado allí tras ser asesinado, no nos consta cuál fue la pena impuesta a los dos esbirros que, a todas luces, parecen ser los autores materiales del asesinato.

Sin embargo, el inductor de todo parece muy claro, y se trata de Domingo de Uriarte escribano, de quien eran parientes (cuñados, sobrinos, yernos) todos los demás. Hasta el momento, nada se ha publicado acerca de esta familia de Amurrio, muy notable entre los siglos XVI y XVII, en la que hubo varios escribanos ya desde finales del XV y que alcanzaron una notoriedad muy notable en la localidad. Fueron familias como ésta las que lograron ascender en la jerarquía social tras el final de la lucha de bandos, y para ello no descartaron del todo las actividades violentas e intimidatorias. Los Uriarte, de los cuales este Domingo habría sido su miembro más activo y conflictivo, serán objeto de un tratamiento exclusivo próximamente.

El asesinato de Juan Pérez de Axpechueta, miembro del linaje de los Murga (posiblemente, el linaje de viejo cuño que mejor se adaptó a los siglos XVI-XVII), se saldó con una condena a 4 años de destierro a una distancia mayor de 5 leguas y al pago de 30.000 maravedís para Domingo de Uriarte e Iñigo de Villachica. Por su parte, la mayor pena recayó en Iñigo de Zubiaur, quizá por haber sido el amo de los dos presuntos autores materiales del asesinato: 4 años de servicio al rey con armas y caballos a su costa y sin sueldo, y el pago de 80.000 maravedís. El resto, los Sagarribay, Salazar y Plaza, fueron absueltos.

 

(Real Chancilleria de Valladolid, Registro de Ejecutorias, Caja 2159, 51)

2 comentarios en “El asesinato de Juan Pérez de Axpechueta

  1. Como todas las entradas de este blog, esta es una elegante pincelada de amor a la historia de Ayala. Enriquece nuestro bagaje. Muchas gracias por su trabajo.

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