Breve historia del Alto Nervión: la Baja Edad Media

Habíamos finalizado el capítulo anterior en la segunda mitad del siglo XII con todo el Alto Nervión definitivamente integrado en Castilla y habiendo conocido ya los nombres de los tenentes o señores de sus territorios, y con buena parte de sus pueblos ya documentados. Desde luego, el paisaje humano del Alto Nervión en el siglo XII comienza a sernos más familiar.

La documentación histórica, sin ser especialmente abundante, es cada vez más numerosa, por lo que la explicación de este periodo histórico conocido como la Baja Edad Media es bastante más compleja que los anteriores. Muchos procesos distintos confluyen en estos siglos. Por eso, sin ánimo de realizar un estudio detallado sobre la historia de la comarca (para más información se puede consultar la bibliografía especializada), en el presente capítulo nos centraremos sobre todo en uno de los muchos procesos históricos que se están produciendo: concretamente, en la definición territorial e institucional de las entidades que integran el Alto Nervión. Es en estos siglos cuando se formarán aquellas entidades territoriales que estarán vigentes nada menos que hasta la revolución liberal-burguesa del siglo XIX. Y data también de aquellos siglos la división de la comarca entre Álava y Bizkaia.

 

En el capítulo anterior, vimos cómo Bizkaia, Álava, Ayala y Orduña eran territorios diferenciados en la Crónica de Alfonso III, independientemente de la realidad que se ocultase bajo cada una de esas denominaciones. En el siglo XI, también Llodio aparecía como un valle diferenciado, sujeto a un Señor diferente (aunque de la misma familia que el de Bizkaia y emparentado con el de Ayala). Por lo tanto, podemos afirmar que Ayala, Llodio y Orduña son demarcaciones territoriales individualizadas y diferenciadas, como mínimo, desde hace un milenio. En la Baja Edad Media, aparecerán dos más: Arrastaria y Artziniega.

En el año 1075 Lope Sánchez (señor de Llodio) donó a San Millán de la Cogolla el monasterio de Santiago de Langreiz (del cual toma su nombre el monte Santiago) con, entre otros, posesiones en Tertanga y unos manzanares sitos en el “valle” de Orduña. Y en 1135 el rey Alfonso VII donó a San Millán la “villa de Gavinea”[1] en el “territorio de Orduña”. Los medievalistas consideran que por “valle” y “territorio”, en aquella época, habría que entender una entidad de límites definidos, que es percibida como una unidad y que está integrada por una serie de asentamientos rurales de pequeño tamaño sin una jerarquía entre sí. Por ejemplo, en el caso de Orduña existirían ya toda una serie de asentamientos (como ya dijimos, la arqueología muestra que lugares como Zedelika o Lendoñogoiti se poblaron muchos siglos antes, y lo mismo habría pasado en otros sitios) que con el tiempo habrían de dar lugar a las localidades y barrios que hemos conocido, sin menoscabo de que algunos de ellos pudieron desaparecer a finales del medievo (de hecho, leves indicios apuntan que algunos asentamientos no sobrevivieron, o lo hicieron reducidos a algún aislado caserío, al siglo XVI; pero este es un tema aún por investigar). Otro asentamiento en este lugar era el de Arbileta, documentado en 1192 cuando el rey Alfonso VIII donó al Obispado de Calahorra el monasterio de San Clemente.

Se cree que Ayala y Llodio también respondían a esta concepción de “valle”, si bien en el primer caso la aldea como unidad básica de organización tendría mucha más fuerza: recordemos que algunas se documentan ya desde el año 864. De su organización interna y forma de gobierno no sabemos nada; solo en Orduña está documentada la existencia previa de un concejo, es decir, una forma de gobierno local más o menos comunitaria e independiente del poder de cualquier señor feudal.

 

En el año 1229 se produjo un cambio de notable importancia para la historia de nuestra comarca. El Señor de Bizkaia Lope Díaz de Haro otorgó carta-puebla a Orduña, fundando así una villa como dote para su matrimonio con Doña Urraca, la hermana del rey castellano. La condición de villa iba asociada a la constitución de un núcleo urbano y fue entonces cuando se creó el germen del actual casco histórico de Orduña, que estuvo constituido por tres calles: Hierro o Arriba, Medio y Carnicería o Abajo. Aunque no existen datos que lo confirmen de forma fehaciente, se cree que la población se habría trasladado desde su primitivo asentamiento junto al Santuario de la Antigua, además de, como era habitual en la fundación de núcleos urbanos, desde las localidades circundantes, atraídos por los privilegios que tenían las villas[2].

Los motivos por los que se fundó la villa de Orduña habrían sido fundamentalmente dos. Por una parte, fue capital su situación geográfica en uno de los caminos naturales que unían la meseta castellana con los puertos cantábricos en un momento en que comenzaba a desarrollarse el comercio entre Castilla y el norte de Europa. Por otro lado, se documenta la elaboración de tejidos en el lugar, como reflejo de la formación de una economía más avanzada que comenzaba a trascender lo agropecuario.

A partir de entonces, la ruta comercial que transitaba por Orduña fue ganando en importancia y con ello la localidad experimentó sucesivas ampliaciones de su casco urbano, convirtiéndose en uno de los núcleos más desarrollados del norte peninsular, lo que le valdría el título de ciudad ya en el siglo XV.

Finalmente, durante los siglos bajomedievales la posesión del señorío de Orduña fue basculando, en función de la coyuntura, entre el señor de Bizkaia y la monarquía, si bien la vinculación con el primero fue siempre notoria. A pesar de los intentos de los señores de Ayala en el siglo XV por añadir el de Orduña a sus amplios dominios, como sabemos, la ya por entonces ciudad terminó por integrarse en el Señorío de Bizkaia.

 

Es posible que la creación de la villa fuese lo que creara la diferenciación entre lo que sería su jurisdicción propiamente dicha y la Junta de Ruzabal, que fue tomando cuerpo en los siglos siguientes hasta su definitiva institucionalización a principios del siglo XVI.

Y es posible también que fuera entonces cuando el valle de Arrastaria[3] comenzó a tomar cuerpo, ya que en origen habría sido parte de ese “territorio” o “valle” de Orduña. En 1257 ya se mencionan las parroquias de “Odelica, Urruno, Tertanga, Aloria, Artomaña y Arbieto”. Orduña y el Señor de Ayala, Fernán Pérez de Ayala, pleitearon sobre la posesión del Valle de Arrastaria y fue éste quien tomó posesión del mismo en 1380, confirmando sus “fueros, usos e libertades” en la parroquia más rica del valle, la de Delika.

 

Solo unos años antes, en 1373, Fernán Pérez de Ayala otorgó un fuero propio, de origen consuetudinario, a la Tierra de Ayala. Para aquel entonces, la Tierra ya estaría configurada por las mismas 36 localidades que la van a componer hasta su desaparición por decreto de Espartero en 1841. Pero sobre su origen, más allá de los mitos que tratan de explicarlo y que no repetiremos aquí, no podemos decir gran cosa. No deja de llamar la atención su curiosa disposición geográfica horizontal, ocupando varios valles paralelos, con unos extremos bastante alejados geográficamente. ¿Es esto una herencia de la época en que los movimientos del norte peninsular tenían una orientación este – oeste?

En cualquier caso, Ayala ya se mencionaba en la Crónica de Alfonso III y sus primeras aldeas se documentan en el año 864. Fue una tierra de contacto entre poblaciones nativas y repobladores godos (“bascongados e latinados”, según Lope García de Salazar), sobre todo en la zona occidental y la Sopeña, áreas cuyos templos parroquiales caerán en la órbita de los templos monásticos de la zona del Ebro. Independientemente de todo ello, el hecho de que contase con Fuero propio ya en 1373 nos habla de un territorio bien definido y con la suficiente entidad y trayectoria histórica como para proceder a una organización interna de calado. Los ayaleses renunciaron a su fuero en 1487, eso sí, con la excepción de ciertas disposiciones entre las que se incluye la más característica de todas: la libertad absoluta de testar.

 

En 1272 el rey castellano Alfonso X el Sabio fundó la villa de Artziniega probablemente para rivalizar con las de Orduña y Balmaseda, que pertenecían entonces a los señores de Bizkaia. Dado que poco tiempo después los reyes castellanos pasaron a ser los señores de Bizkaia, perdió su primitiva función. La villa, claro está, no fue fundada sobre la nada: en torno al Santuario de La Encina había existido un poblado desde la época tardorromana, en un proceso análogo al ocurrido en Orduña. Lo que no sabemos es si Artziniega era un territorio diferenciado de Ayala antes de esta fundación o no; bien pudo ser parte de la Tierra de Ayala y, ya que los señores de Ayala en el siglo XIII aún no eran los poderosos hombres que fueron posteriormente, hubieron de aceptar esta intromisión del monarca en sus dominios. Pudo no ser así. En todo caso, en 1371 la villa fue entregada a Pedro López de Ayala, por lo que en adelante estuvo bajo poder de los Ayala.

 

Como hemos visto, Llodio es un territorio que aparece diferenciado del de Ayala de forma temprana; el hecho de que en aquel valle rija el fuero vizcaíno quizá sea un remanente de una antigua vinculación con Bizkaia, pero realmente no está constatado que alguna vez perteneciera a aquel. Su primer señor documentado es Lópe Sánchez, sobrino del señor de Bizkaia, y luego el valle perteneció, en los siglos XII y XIII, a la Casa de Mendoza. En 1314 era su señor Lope de Mendoza, que vendió el señorío de Llodio a Leonor de Guzmán, esposa de Fernán Pérez de Ayala. A diferencia de lo que ocurre en Ayala, en el valle de Llodio la aldea no habría cristalizado como sí lo hizo en aquel territorio como forma de organización del espacio y de la sociedad. Sería por eso que, a lo largo de la historia, se mantuvo como unidad, como si fuera una sola localidad.

 

En definitiva, excepto Orduña, el resto de territorios que conforman el Alto Nervión quedaron bajo el señorío de los poderosos Ayala, que tuvieron así privilegios en lo que respecta al nombramiento de cargos, percepción de rentas y diezmos, atribuciones judiciales, etc. Esta circunstancia resultó fundamental para su integración en la Hermandad de Álava, fundada en 1463 y origen de la actual provincia[4]. La Hermandad General de Álava estaba integrada por una serie de territorios que también se llamaban hermandades; en lo que respecta a nuestro territorio, eran las de Ayala, Arrastaria, Artziniega y Llodio. Es decir: estas entidades nunca perdieron su autonomía en materia local ni su personalidad claramente diferenciada por mucho que estuvieran sujetas a un mismo señor, el de Ayala, o que pasaran a integrarse en la Hermandad de Álava.

Durante los siglos bajomedievales, todas estas entidades se fueron dotando de sus propias instituciones internas, sus mecanismos administrativos y de funcionamiento, sus cargos públicos, costumbres, etc. Generalmente, todo ello no fue plasmado de manera oficial en documentos escritos hasta finales del XV y sobre todo principios del XVI, momento en que se fechan la mayoría de las ordenanzas de los valles, localidades y juntas variadas. El siglo XVI asistió a la generalización de la puesta por escrito de todo acto público y, por eso, la documentación conservada de la época es muy superior a la de siglos anteriores. Su consulta nos muestra una sociedad plenamente organizada: las bases sobre las cuales iba a funcionar hasta el siglo XIX ya estaban puestas. Por el camino, claro está, habían sucedido muchas cosas: el ascenso de las familias de los Parientes Mayores y las luchas de bandos, los enfrentamientos por el poder entre las familias más poderosas, los intentos de los Ayala de controlar los núcleos urbanos, y otros fenómenos sociales relativos a la consecución de privilegios y libertades por parte de los pequeño-hidalgos, el control de las iglesias, etc.

 

Es un periodo complejo de la historia en el que ocurrieron muchas transformaciones y no tenemos respuesta para todas ellas. Las fogueraciones del siglo XVI, y toda la documentación del siglo en general, nos muestran la existencia de una serie de localidades cuyos límites estaban bien definidos y con un notable número de vecinos residentes en caseríos, gran parte de los cuales se han conservado hasta la actualidad. De repente, nos topamos con un mundo muy poblado y bien asentado del que no sabíamos prácticamente nada. ¿Cómo han surgido y se han individualizado todas estas localidades? ¿Qué criterios las han definido, en base a qué se han establecido sus límites? ¿Cuál es el origen de una red de caseríos tan amplia? ¿En qué situación se encontraba esa gran mayoría social en los tiempos de la lucha de bandos, cuando son totalmente ignorados por las fuentes de la época?  Muchas preguntas todavía que responder respecto a este periodo fundamental de nuestra historia.

 

[1] Podría tratarse de un asentamiento en el término de Gabiña, que fue una casa solar situada en jurisdicción de Belandia y de la que se tiene noticia, al menos, desde finales del XV y principios del XVI.

[2] No hay más que observar los apellidos de los vecinos de la localidad en la fogueración de 1511 disponible en este mismo blog para tomar idea de la procedencia de los mismos.

[3] Arrastaria se cita como campo en 1485; parece ser que el valle tomó su nombre del lugar donde hacían sus reuniones generales los vecinos de las localidades que lo componían.

[4] En todo caso, conviene recordar que los Ayala ya habían formado parte anteriormente de la Cofradía de Arriaga

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s