La primera batalla de San Pedro (5 al 11 de diciembre de 1936)

La Guerra Civil se originó a partir del intento de golpe de estado, el 18 de julio de 1936, protagonizado por una parte del ejército contra el gobierno democráticamente elegido del Frente Popular. El golpe contaría con el apoyo, no solo de una buena parte del ejército, sino de la Iglesia, los partidos de derechas y potencias internacionales como Italia y Alemania. Por el contrario, otra parte del ejército permaneció fiel al gobierno republicano, así como los partidos de izquierdas, los sindicatos y, en nuestro caso y tras algunas dudas, el PNV.

En 1936 poco quedaba de aquella ciudad que, en el siglo anterior, había sido nombrada como la “Atenas del norte”. La Vitoria previa a la guerra ha sido descrita como una ciudad de curas y militares. Ello no deja de ser injusto con aquellos republicanos, izquierdistas e incluso nacionalistas que pagaron con su vida su compromiso político durante la República. Pero es cierto que la presencia militar en Vitoria era alta, que la Comunión Tradicionalista era el principal partido de la provincia, y que la sublevación se impuso en la ciudad, y por extensión en casi toda Álava, sin demasiada oposición.

En Bizkaia y Gipuzkoa los cuerpos militares, los gobernadores y buena parte del pueblo tomaron parte activa a favor del gobierno legítimo. Es decir, el golpe fracasó.

Los días posteriores al 18 de julio fueron de incertidumbre e inestabilidad. La gente no sabía muy bien qué estaba ocurriendo ni a qué debía atenerse. Por eso fueron los momentos más propicios para todos aquellos que pensaron que habían quedado en el lado equivocado. La ausencia de frentes definidos en estos primeros días de conflicto hacían factible que los izquierdistas y nacionalistas que residían donde la sublevación había triunfado trataran de escapar a territorio leal a la República, mientras que los carlistas y derechistas de Bizkaia y Gipuzkoa, que no eran pocos ni mucho menos, tuvieron en este momento su mejor ocasión para encaminarse a Álava y Navarra. Y así lo hicieron muchos, sobre todo para evitar represalias. En todo caso, el paso de un lado a otro del frente será una constante a lo largo de todo el conflicto. Todavía en mayo de 1937 era raro el día en que los partes oficiales del ejército vasco y la prensa afín a los rebeldes no informaran de deserciones en uno y otro sentido. Incluso cuando la suerte de los republicanos ya estaba echada.

 

El Alto Nervión quedó en territorio republicano desde el inicio, sobre todo por su ubicación geográfica. Ya el primer día hicieron aparición en la zona grupos de obreros procedentes de la Margen Izquierda con la intención de dirigir la defensa contra las fuerzas rebeldes.

En Vitoria y casi toda Álava la sublevación fue un éxito. No solo porque las fuerzas militares acantonadas en la capital así lo hicieron, sino también por el apoyo prestado por la Comunión Tradicionalista, cuyos líderes estaban involucrados también en el golpe de estado. El líder carlista alavés, José Luis Oriol, financió el entrenamiento (meses antes del golpe) y el equipamiento del Requeté alavés, que en pocos días ya había llegado a Murgia, Izarra y todo Urkabustaiz. De esta manera, desde el puerto de Angulo hasta el de Altube, todos los altos, la línea de sierra, quedó bajo control rebelde, de modo que podían observar perfectamente lo que ocurría en el valle. No parece que establecieran puestos permanentes y tampoco mostraron una intención firme de bajar al valle, ya que la falta de efectivos impedía el avance sobre Bilbao, que sería la motivación principal de una acción de esas características.

En estos meses comprendidos entre julio y octubre de 1936 se formó en la comarca la llamada Columna Aizpuru, desplegada entre Altube y la zona de Amurrio-Orduña. La mayor parte de los individuos que la componían eran obreros de la margen izquierda y, después, milicianos huidos de Gipuzkoa tras la pérdida de Irun, Donostia y la parte oriental de la provincia. Debido a que en nuestra comarca los comunistas, anarquistas, socialistas y republicanos eran más bien escasos antes de la Guerra, y los nacionalistas se mantenían a la espera de que se aprobase el Estatuto, hubo pocos locales en esta Columna: sobre una docena, además de media docena de guías nativos. De este grupo de resistencia inicial salió el germen de los batallones Leandro Carro y Bakunin.

También hay que decir que fue en estos meses, ante la falta de cualquier tipo de control gubernamental y sin una organización efectiva, cuando los milicianos protagonizaron, además de detenciones, varios asesinatos de personas de derechas en la comarca.

El principal evento bélico de estos meses fue el ocurrido en Orduña el 4 de agosto, cuando tropas sublevadas bajaron de la Peña de Orduña y de Unza y consiguieron tomar una parte de la ciudad, produciéndose enfrentamientos en las calles y en la misma plaza. Estas tropas rebeldes practicaron varios asesinatos en la zona de Tertanga y retornaron a las posiciones de la Sierra al final del día.

También en agosto, un grupo de milicianos se enfrentó con los requetés en Txibiarte, falleciendo allí mismo uno de los pocos nativos que formaban parte de la Columna, un joven de Lezama llamado Aniceto Zaldegui. A partir de este momento, los requetés habrían establecido las posiciones fijas de Txibiarte, Sobrehayas y San Pedro.

 

En octubre de 1936 se aprobó el Estatuto Vasco y se procedió, en un tiempo record, a la formación del Euzko Gudarostea o Ejército Vasco. Los partidos políticos y sindicatos fueron formando sus batallones, tanto con voluntarios como con el reclutamiento forzoso de los reemplazos o quintas.

Para finales de noviembre se programó la que sería la única acción ofensiva protagonizada por este ejército, la llamada “ofensiva de Villarreal” que trató de romper las líneas sublevadas por Legutiano y avanzar sobre Vitoria. Como línea secundaria de acción, se estableció el objetivo de avanzar sobre las posiciones rebeldes de Urkabustaiz para caer sobre Murgia y de ahí hacia la capital alavesa, creando un segundo foco de conflicto que aligerase la presión sobre Legutiano y despejando de paso los observatorios que tenían sobre Orduña y Amurrio.

Esta segunda operación, que se retrasó varios días respecto a la previsión inicial, estuvo dirigida por el capitán Noguerol, jefe del sector Amurrio-Orduña. En ella habrían participado unos 5.000 hombres y varios batallones, aunque no lo hicieron todos al mismo tiempo. Conocemos la participación de los batallones nacionalistas Amayur e Itxarkundia, el anarquista Bakunin, el comunista Leandro Carro y el 3º de la UGT, socialista, con apoyo puntual de otro batallón socialista.

Por el contrario, al inicio las posiciones rebeldes estaban escasamente defendidas, con solo un batallón constituido por 775 combatientes, suma de varias compañías de diversa procedencia. Entre ellas se contaban tres compañías del requeté alavés y varios escuadrones de Caballería del Regimiento Numancia que actuaban como infantería. También disponían de algunas piezas artilleras.

 

La ofensiva comenzó el día 5 de diciembre y, según un informe, en esta primera acción solo habría tomado parte el Bakunin al completo con subunidades del Leandro Carro y el apoyo de varios carros de asalto que avanzaron entre la niebla por la carretera de la Barrerilla.

El objetivo era el monte San Pedro. Salieron todavía de noche desde la posteriormente célebre y disputada “posición once”, también llamada de Las Minas o Los Cuetos. De ahí avanzaron hacia San Pedro. Las 4ª y 7ª compañías del requeté alavés, que defendían la posición, contestaron con fuego de fusilería y ametralladora pero para las 12 de la mañana los republicanos ya habían ocupado la posición. Hasta allí se desplazó el capitán Noguerol, que fue alcanzado y muerto por una bala perdida. Por su parte, las dos compañías requetés se unieron a la 9ª, que defendía Uzkiano, para cubrir las posiciones de Txibiarte y Sobrehayas. Se retiraron hacia el pinar en jurisdicción de Orduña.

Al día siguiente se sumó a la lucha el batallón Amayur y continuó la presión sobre Uzkiano, aunque no parece que ocurriera gran cosa en toda la jornada.

Por el contrario, el teniente coronel Aizpuru reactivó la ofensiva el día 7 de diciembre con el 3º de la UGT y el Amayur con el objetivo de conquistar Txibiarte y Sobrehayas. Según el testimonio de Eduardo Uribe, miliciano del batallón socialista, salieron de Baranbio con una bolsa de comida para un solo día y, caminando por el monte, al mediodía llegaron a los túneles del ferrocarril. Era la primera vez que atacaban una posición y, según Uribe, la más terrible. Había niebla y caía algo de nieve. “Eso fue nuestra salvación, por lo menos de momento, ya que nos permitió avanzar hasta unos 200 metros de las trincheras enemigas sin que se dieran cuenta. Después se despejó la niebla y nos inmovilizaron bajo el intenso fuego de sus armas. Era una zona llana sin ningún lugar para protegerse, así que en cuanto desapareció la niebla y quedamos al descubierto tuvimos muchas bajas y gracias a que otra de nuestras compañías atacó el enemigo por un costado, les obligamos a retirarse, abandonando incluso algunos fusiles y pertrechos. Nuestro comandante belga –Juul Christiaens– fue el primero en llegar a la cima del monte”

Un grupo de milicianos llegó también al chalet de Oriol, situado donde posteriormente se establecería el colegio de Izarra, pero se retiraron porque el lugar no ofrecía ninguna seguridad contra un contraataque.

Al día siguiente se produjo el contraataque de los requetés desde Uzkiano con la recién constituida Columna Gutiérrez, formada por tres compañías y una sección de 105 de montaña. Retomamos el testimonio de Uribe: «Al amanecer del día 8 todos estábamos helados. No se podía hacer fuego porque la leña estaba mojada. Los fusiles cubiertos de barro los usábamos como bastones. (…) Un grupo consiguió encender una hoguera y fuimos todos a calentarnos y a secar la ropa. De pronto, alguien que no tenía sitio cerca del fuego se dio cuenta de que a lo lejos por la parte de Uzquiano se veían grupos de soldados con mulos que parecían transportar ametralladoras y morteros. No había trinchera y nadie había pensado fortificar la posición y, aunque hubiéramos querido tampoco podíamos porque no teníamos herramientas. Tumbados en el barro, cada uno buscó un sitio donde esconder la cabeza y empezó el tiroteo, pero, al poco tiempo, algunos nos quedamos sin munición, ya que la habíamos gastado en el ataque (…) Nuestras ametralladoras casi no funcionaban por el agua, el barro y la falta de prácticas de los servidores. Las cintas de munición estaban empapadas. En algún sitio llegaron tan cerca que una granada Lafitte le pegó a uno en el casco.(…) En cambio a una docena de metros de donde yo estaba un mortero casi le llevó el pie a un cabo. Llegó una sección de un batallón nacionalista [el Amayur] con dos ametralladoras que traían al hombro y alivió algo nuestra situación, pero lo pasamos muy mal hasta que subió de Barambio una compañía del 6º de la UGT Pablo Iglesias armados con fusiles de un solo tiro. Las balas eras de plomo y el calibre creo que era de 11 mm. Esta era la ayuda que nos mandaba el gobierno socialista francés. También nos ayudó una batería de 155 mm que no se de dónde tiraba pero tiraba bien.

Al atardecer subió a relevarnos una compañía del batallón Bakunin, de filiación anarquista. Justo en el momento de hacer el relevo cuando nuestro capitán les indicaba donde estaban las posiciones enemigas, una bala le atravesó la cabeza al capitán del Bakunin muriendo en el acto. Hacía tanto frío que a varios que no se preocuparon de secarse los calcetines se les helaron algunos dedos de los pies. Bajamos a Barambio y en el pueblo, esperándonos, había un camión cargado de bolsas con chocolates, galletas, coñac (…) El UGT 3 tuvo cerca de una veintena de muertos a consecuencia de aquellos combates, aunque solo se han podido confirmar los nombre de 15 de ellos: el teniente Deogracias Galache; el cabo Toribio Larrea y los milicianos José Gómez, Eusebio Gutiérrez, José Magalet, Demetrio Peña, Jesús Carballo, Antonio Fernández, David Fernández, Eugenio Sáez del Solar, José Suárez, Ciriaco Estévez, Ángel Orúe y Manuel Abejón. El batallón sufrió 161 bajas entre enfermos y heridos.». Tengamos en cuenta que un batallón completo contaba con 630 miembros. Aquel día al menos 10 individuos fallecieron en los hospitales de campaña de Amurrio y Baranbio.

Los siguientes días fueron tranquilos. El 9 de diciembre el bando sublevado comenzó el relevo de la columna Gutierrez, que consumó al día siguiente. Ahora la defensa quedó al cargo de la Agrupación del comandante Ruiz de la Cuesta, del Regimiento de Caballería Numancia, formada por el Escuadrón 1º de ese regimiento, y dos compañías del San Marcial y del Sicilia.

 

La ofensiva finalizó el día 11. El ejército republicano realizó un último intento por avanzar hacia Izarra y dominar el puerto de la Barrerilla: por aquí atacó el Amayur mientras el Leandro Carro lo hacía por Sobrehayas. Pero ambas fuerzas fueron rechazadas con bajas numerosas.

En adelante, el frente quedó estable hasta finales de mayo, cuando se produjo una nueva batalla en el sector. Las posiciones avanzadas de los republicanos estaban en San Pedro, Sobrehayas y Txibiarte, en todo el cordal que une estos montes. Los rebeldes estaban desde el alto de San Martín pasando por Uzkiano hasta el pinar próximo a San Pedro, quedando en su poder la Barrerilla.

Según un informe de la UPV, en estos enfrentamientos se produjeron algo más de medio centenar de muertes en el lado republicano y bastantes menos entre los rebeldes. Sin embargo, las bajas fueron muy numerosas, y no pocas se debieron a enfermedades contraidas por la adversa climatología y las penosas condiciones que tuvieron que soportar en el ataque y defensa de las posiciones.

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