Breve historia del Alto Nervión: la Alta Edad Media

En el año 711 un ejército de árabes y bereberes recién islamizados dio el salto a la Península y derrotó a las fuerzas del rey visigodo Rodrigo. En pocos años, el reino visigodo se había disuelto como un azucarillo y los musulmanes controlaban casi toda la Península. Algunos optaron por islamizarse e integrarse en la nueva sociedad; otros se rindieron y mantuvieron su fe católica; otros se enfrentaron y fueron derrotados. El avance europeo de los musulmanes fue detenido en el año 732 en Poitiers por el franco Carlos Martel

Quizá algún contingente musulmán pasó por el Alto Nervión camino de la costa pero su presencia en nuestra tierra no fue más allá. Sabemos que, durante algunos años, los nuevos gobernantes musulmanes cobraron tributos en tierras alavesas (dentro de las cuales no se incluye el Alto Nervión), pero muy pronto dejaron de pagar. Desde entonces, los musulmanes se limitaron a realizar razzias por la zona de la Llanada Alavesa con cierta frecuencia, no siempre con éxito.

Así, estas tierras fueron objeto de las atenciones del naciente Reino de Asturias, que trató de controlar todos aquellos territorios que escapaban al poder musulmán. Las crónicas y documentos de la época, muy escasos por otra parte, ya no hablarán nunca más de vascones, sino que por primera vez se identifican con nombre propio algunas comarcas.

La primera cita pertenece a una crónica redactada a finales del siglo IX pero referente a las campañas de repoblación del rey Alfonso I de Asturias (737 – 757) con población procedente de la zona de Miranda de Ebro y ese entorno. En ella se dice que territorios como Karrantza o Sopuerta fueron repoblados, a diferencia de Orduña, Ayala, Álava y Bizkaia, “que fueron siempre poseídos por los suyos”. Se especula sobre la naturaleza de esta cita. ¿Significa que no fueron nunca conquistados por los musulmanes o solo que no fueron objeto de la atención de las políticas de Alfonso I? ¿Estos territorios son demarcaciones artificiales creadas ad hoc por los cronistas asturianos del IX o eran realmente unas entidades identificables y percibidas como tales por sus naturales ya en el siglo VIII? Además, ¿qué límites exactos tenían cada una de estas entidades? ¿Qué se entendía por Orduña o Ayala en aquella época? Por ejemplo, parece claro que Álava era solamente la zona de la Llanada y Bizkaia la llamada “Bizkaia nuclear” entre el Nervión y el Deba.

En todo caso, en el siglo VIII se estaban transformando y deshaciendo las antiguas estructuras políticas, económicas y sociales. Es un momento de cambio, que no se produce de la misma manera y al mismo tiempo en Euskal Herria, sino que cada comarca marcará su propio camino en función de la proximidad a la amenaza musulmana, al emergente poder asturiano, al entorno pirenaico, etc.

La aparición de nuevas formas de asentamiento y ocupación del espacio parece haber sido uno de los fenómenos más importantes del siglo: hablamos de la aldea. La aldea, tal y como la hemos conocido, es posiblemente una creación de este momento, aunque ocasionalmente pudieran estar sobre asentamientos más antiguos, como ocurre en La Encina.

La arqueología ha mostrado cómo fue en este siglo cuando unas comunidades se asentaron en torno a las actuales iglesias de Lendoño de Arriba y Zedelika. Estelas recuperadas en Luiaondo, Menagarai y La Encina también podrían datar de esta época. Posiblemente, se trataba de comunidades aldeanas que pusieron en marcha nuevas estrategias de aprovechamiento del espacio, gozando de amplia autonomía respecto a cualquier tipo de poder político. Solo con el tiempo se irían destacando algunos caudillos locales.

El control de los monarcas asturleoneses sobre las provincias vascas no fue muy grande. Nada sabemos de Bizkaia y Gipuzkoa: solo con Álava parece que tuvieron ciertas relaciones, lugar en el que ya había un conde en el siglo IX, nombrado por el rey astur entre los jefes locales.

En el año 864 la monarquía asturleonesa contaba con un representante en la zona de Ayala: el conde Diego Porcelos. Tenía funciones administrativas y judiciales, de modo que se fue haciendo con la titularidad de bienes comunales e iglesias, que eran las principales fuentes de riqueza de la época. De esta manera, el conde Diego tenía los monasterios (es decir, iglesias particulares) de San Vicente de Añes y Santiago y San Juan de Uzuza, que podría corresponderse a Ozeka. En 864 el conde los donó a la abadía de San Félix de Oca, vinculada con la monarquía astur, que ejercería su control sobre los mismos.

Por aquel entonces, había una extensa red de poblamiento a los pies de la Sierra Sálvada: entre otros topónimos correspondientes a montes, arroyos, bosques, etc., aparecen las actuales aldeas de Lexartzu, Luxo, Erbi, Soxo, Madaria y Salmanton. También figura Urzaniko –hoy caserío de Añes-, Pando, Angulo, Eversa y Salvada –que debió ser también un poblado-.

Casualmente, en aquel mismo año de 864 una mujer llamada Elduara y sus hijos donaban numerosos bienes en Retes de Tudela a la iglesia de Santa Maria de Tudela, los cuales había obtenido el difunto marido de Elduara cuando se estableció en el lugar. Es decir, elementos repobladores del reino astur llegaron hasta este lugar, que pareció ser zona de contacto entre godos y nativos.

A lo largo del siglo X, la influencia navarra fue creciendo en las provincias vascas. Sin embargo, el condado de Álava quedó unido al de Castilla bajo Fernán González y seguramente lo mismo ocurrió con el Alto Nervión. De este modo, en el año 964 Don Jimeno y su hermana Doña Marina donaban la iglesia de San Victor y Santiago de Gardea al monasterio alavés de San Esteban de Salcedo.

A principios del siglo XI, Sancho III el Mayor llevó a Navarra al periodo de máximo esplendor y extensión que había alcanzado y alcanzaría nunca. Su reinado constituye el único momento histórico en el que los siete herrialdes de Euskal Herria permanecieron unidos bajo un mismo poder político. Pero ello no fue el resultado de un plan preconcebido ni de ello se deben sacar conclusiones extemporáneas. Simplemente, la situación del momento, y las habilidades de Sancho como monarca, permitieron la expansión del reino de Navarra, la cual no duró mucho.

Los reyes navarros procedieron a una reestructuración eclesiástica y administrativa de los territorios bajo su control. En primer lugar, pretendieron sustraer los monasterios de sus propietarios y ponerlos bajo la autoridad del Obispo o de las órdenes religiosas, con las que se había asociado Sancho el Mayor. En segundo lugar, en nuestro ámbito territorial, crearon las tenencias de Llanteno y Tudela, encomendadas a Lope y Galindo Vellacoz, de los Velasco alaveses. Estos fueron tenentes también de Mena, Colindres, Barakaldo, Uharte y Somorrostro. Los tenentes eran los encargados de recaudar impuestos, defender el territorio, impartir justicia y mantener la paz. Por cierto, que es posible que Lope Velázquez fuese el padre de Iñigo López, primer señor de Bizkaia, y relacionado también con Sancho III.

En el año 1076, el asesinato del rey Sancho IV en Peñalén trajo el desmembramiento del reino de Navarra y su reparto entre el reino de Castilla-León y el de Aragón. El rey Alfonso VI de León se hizo con Álava, Bizkaia y parte de Gipuzkoa, y por supuesto también con todo el Alto Nervión.

En el año 1095, con ocasión de la consagración de la iglesia de San Pedro de Laudio, se hizo un convenio entre el obispo de Calahorra, Don Pedro Nazar, y los “potestades, caballeros, rústicos y mujeres de Ayala” acerca de la percepción de los diezmos de ciertas iglesias del valle, cuyos límites se describen así: “que de aquel río que viene de Angulo a Vidizával [Ibaizabal] y de la otra parte de Munitegui abajo”. Señalar que este último término, desconocido, podría estar relacionado con el barrio Muñetegi de Lekamaña, documentado en 1849.

En este documento se documentan las iglesias de Quejana, Perea –actual Beotegi-, Arispaldizaca –Respaldiza-, Murga, Olabezar, Amurrio, Derendano, Mariaka y Orube –posiblemente San Mamés, en Larrinbe-.

Por aquel entonces, Lope Sánchez era tenente en Ayala y Mena. Ya lo había sido bajo dominio navarro y lo era ahora bajo dominio castellano. Lope también controlaría la zona de Orduña y proximidades: en 1075 donó el monasterio de Santiago de Langreiz –actual Monte Santiago- al de San Millán, con sus manzanares en tierras de Orduña, posesiones en Tertanga y en otros muchos lugares de Álava.

Aunque a principios del siglo XII no todas las localidades del Alto Nervión se han documentado, a buen seguro todas ellas existían ya. Generalmente, la aparición de un pueblo en la documentación se produce mucho después de que se hubiera creado. Como ejemplo, el pueblo de Lezama no se documenta hasta mucho más tarde, a pesar de los restos románicos de su iglesia, de esta misma época. Sin embargo, no sabemos gran cosa acerca de los habitantes de esta tierra, de sus vidas, de sus casas, de cómo estaban organizados.

Por otro lado, por esta época el valle de Laudio ya tenía un señor diferente al de Ayala, personajes familiarmente vinculados al señorío de Bizkaia y con intereses tanto en Álava como en Castilla. Posteriormente, en 1134, el reino de Navarra fue restaurado y volvió a controlar Álava de nuevo por unas décadas hasta la conquista militar por parte de Castilla. Sin embargo, las diferentes entidades que componen el Alto Nervión pasaron al dominio castellano unas décadas antes, y lo hicieron de manera definitiva.

Los nombres propios de la historia de este periodo son los de los reyes, señores y tenentes. Todos ellos estaban emparentados entre si y servían a quien les favorecía, atendiendo siempre a sus propios intereses. El resto, es decir, casi todos los habitantes de esta comarca, eran súbditos de un rey, que en cualquier caso, navarro o castellano, les era ajeno y lejano. Suponemos que, en caso de tener un mal señor, estarían predispuestos a un cambio, y viceversa. Pero considerar que los habitantes de aquel entonces tenían algún tipo de identidad nacional remotamente parecida a la nuestra es un error histórico de gran calibre. Faltaba mucho para eso.

 

 

 

 

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